domingo, 19 de agosto de 2018

TIERRA DE LAS GENTES LIBRES (Parte primera: Vivencias familiares)


Desearía dedicar esta primera parte del artículo a mis padres;
que abrieron a todos su casa,
proporcionando un hogar y una familia a quienes lo necesitaban

ÍNDICE GENERAL: Pulsando el siguiente enlace, se llega a un índice general, en el que se contienen los artículos de "Añoranzas, recuerdos y semblanzas". Para acceder al índice haga "clik" sobre esta linea: http://recuerdosyanoranzas.blogspot.com.es/2015/04/pulsar-sobre-las-lineas-de-enlace-hacer.html
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EL ARTÍCULO puede leerse enteramente o bien de forma resumida (siguendo las letras destacadas en rojo o negrilla).
ESTE CAPÍTULO SE COMPONE DE TRES ENTRADAS:
-La primera parte (esta que leemos)
-La segunda parte, a la que podemos llegar pulsando el enlace:
http://recuerdosyanoranzas.blogspot.com/2018/08/tierra-de-las-gentes-libres-parte.html
-DOCUMENTACIÓN ADJUNTA; donde se recogen citas y documentos, página a la que accederemos pulsando:
http://recuerdosyanoranzas.blogspot.com/2018/08/documentacion-adjunta-los-dos-capitulos.html
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, colección completa del “manga” japonés Alcázar; un libro-tebeo de trece volúmenes en los que se relata perfectamente la biografía del rey Pedro I de Castilla. Abajo, frente y dorso de los tomos quinto al octavo de la serie que referimos. Un “comic” intitulado “Alcázar” , cuya autora (Yasuko Aoike) fue premio nacional de “manga japonés”. Observemos en estas portadas al rey D.Pedro, con vestimenta y armas que se corresponden con la indumentaria de la época (al igual que sucede con el resto de personajes). Asimismo, la arquitectura que aparece en sus viñetas es la que se edificaba en tiempos de ese rey castellano. Al que podemos ver en los dibujos habitando en el Alcázar de Sevilla (edificio que reconstruyó durante su reinado y donde vivió de niño) o en los palacios conventos de Tordesillas y Astudillo (qué el mismo patrocinó). En los diferentes volúmenes del manga, se representa al monarca idealizado y vestido de distintas formas; siempre con ropas coetáneas a su tiempo (en moda hispana, árabe o judía, pero con arreglo al estilo del sigo XIV).Todo ello, unido a la absoluta verosimilitud biográfica del argumento histórico que sigue la serie Alcázar, da cuenta del valor social y cultural que contiene (ya que gracias a este “manga” una gran parte de los japoneses conocen a la perfección la vida de Pedro I).
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1- AQUELLAS HISTORIAS DEL REY DON PEDRO:
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Recuerdo desde mi primera infancia oír a mi padre hablar del rey Don Pedro. Era yo muy pequeño; tanto que fue imposible comprender bien las razones de esas conversaciones. Pasado algún tiempo y de adolescente, fui dándome cuenta por qué aquel monarca históricamente tan atractivo, era para mi progenitor la síncresis de España. El rey de la catarsis hispana, donde todos los defectos ibéricos habían quedado cristalizados; criogenizados en la vida de este personaje que apenas gobernó veinte años y que tan solo vivió siete lustros. Un Don Pedro muerto a manos de su propio hermanastro, Enrique de Trastamara; quien pasó a la Historia matando a “su Abel”, aunque esta vez en los infiernos y no en el Paraíso. Llegando como sucesor ese “Caín” que Castilla y los reinos vecinos decidieron elevar al trono. Un hermano bastardo, origen de la dinastía Enriquez; quien apuñaló por traición al rey verdadero -tirando sus “despojos” al campo, tras mostrar su cabeza en una pica-. Resultando que fue Pedro I el único monarca decapitado, de la Península. A excepción de algunos reyes godos -de bárbaras costumbres-; quienes también mataban al que relevaban en el trono, para coronar a un nuevo gobernante sobre la tumba del asesinado... .
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Es así, como vive en mis recuerdos la figura del rey Don Pedro, del que tanto hablaba mi padre. Narrando mi progenitor el daño que hizo su hermano bastardo -Enrique, por entonces solo conde de Trastamara-; cuando se refugiaba en Gijón, levantando a la nobleza asturiana y provocando continuadas guerras civiles. Conflictos armados entre castellanos, en los que finalmente logró dar muerte al rey. Cuando un traidor francés (llamado Duguesclin) ofreció al monarca su ayuda y el hermanastro aprovechó esa ocasión para esconderse, esperándole en emboscada asestándole varias “puñaladas traperas” -como todas los crónicas relatan-. Todo ello, nos contaba mi padre como si lo hubiera vivido; y además añadía, que nuestros antecesores fueron quienes más hicieron por ayudar a Don Pedro; pretendiendo salvarle o cambiar el rumbo de su vida (aconsejándole para que no tomase algunas de las peores decisiones que aquel joven rey finalmente llevó a cabo).
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A decir verdad, de niño yo escuchaba aquellas historias como el que oye una fuente. Sin prestarle mucha atención y sobre todo, sin saber que ese manantial y sus aguas, tenían propiedades culturales -sino curativas-. Siendo ya de mayor, cuando me interesé por estudiar la vida e historia de aquel Pedro I, y supe entonces cómo en verdad el último caballero que dio refugio a ese rey se llamaba Garcí Morán (al parecer hijo del gijonés Alvar González Morán). Un asturiano que para protegerle abrió las puertas de su castillo, en el Montiel manchego; pese a lo que D. Pedro fue asesinado diez días más tarde, en la conocida traición urdida por su hermanastro Enrique. Todas estas circunstancias me acercaron a la lectura biográfica de Pedro I; lo que se acrecentó tras la aparición del cómic japonés llamado “Alcázar” (a mediados de los años ochenta). Un “manga” ya referido y que fue editado durante un decenio, en diferentes volúmenes; logrando un gran éxito entre las japonesas -al presentar a Pedro I como una figura romántica-. Así fue como muchos amigos nippones me preguntaban acerca de la Historia, vida y lugares en que habitó aquel monarca castellano (del que en Japón lo sabían casi todo). Lo que me obligó a ampliar mis conocimientos sobre este interesante rey y su época.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, fotografía de mi padre, en los años y reuniones en las que hablaba del rey Don Pedro. Abajo, mi mujer junto a la estatua orante de Don Pedro, tal como la exhibe el Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Esta pieza en mármol de los siglos XVI al XVI, es la única estatua que existe del monarca y perteneció a su sepultura, levantada casi cien años después de su muerte, en el hoy desaparecido Monasterio de Santo Domingo de Madrid. Allí encargó su nieta Catalina la primera tumba que tuvo Pedro I, hacia el año 1547; unas ocho décadas después de que muriese en Montiel asesinado por su hermanastro Enrique. Ya que tras matarle y proclamarse rey, el bastardo deja el cuerpo del asesinado junto al castillo, clavado en unos maderos; tirando su cabeza al campo (tras haberla pinchado durante días en una pica). Al marchar Enrique y sus huestes de aquella fortaleza; los caballeros más fieles a Don Pedro recogieron aquellos restos, para enviar su cráneo a Sevilla, llevando secretamente el cuerpo a la Puebla de Alcocer.
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En una iglesia de Alcócer estuvo enterrado Don Pedro, hasta que los Trastamara necesitaron legitimar su dinastía (de origen bastardo); cuando el nieto de aquel que lo asesinó, decide casarse con Catalina de Castilla (nieta de Pedro y del rey de Inglaterra; huida en las Islas Británicas). Es así como sube al trono de nuevo la famillia real legítima de Castilla -llamada Casa de Borgoña-, en la figura de Catalina de Castilla, hija de Constanza (primogénita de Pedro I); que contrae matrimonio con Enrique III, el nieto del que mató al rey en Montiel. Siendo por entonces (en 1547) cuando mandan traer sus restos a Madrid y levantar una tumba al monarca asesinado; aunque los misterios de este cenotafio no terminan aquí. Pues no sabemos por qué las piernas de la estatua están partidas, rectificadas y colocadas en posición orante (pareciendo que antes era una estatua yacente). Así como también resulta obvio que la cabeza no pertenece a la misma pieza, siendo quizás un busto del rey que las hijas guardaron en Inglaterra y que más tarde ponen sobre la estatua en imagen (que encargan probablemente a la familia “Bruselas”).
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Además, los restos de rey no descansaron finalmente en aquella tumba; debido a que el monasterio de Santo Domingo fue desamortizado hacia 1869 y la estatua que vemos, comprada por el Museo Arqueológico Nacional (al que se entregó una caja con huesos, junto a la escultura de mármol). Sabiendo los directivos de este museo que la talla representaba a Don Pedro, dedujeron que los restos óseos eran del mismo rey. Por lo que deciden mandarlos enterrar a Sevilla, hacia el año 1870; cuando escribe el que se encarga de recibirlos en la ciudad del Guadalquivir (Luis Montoto): “me mandaron aquella caja en un paquete por ferrocarril, y por su envoltorio más bien parecía higos de Fraga o pasas de Málaga. Al abrirlo comprobé que se trataba de los restos de Pedro I y me encargué de disponerlo todo para darles sepultura en la catedral sevillana...”. Así fue como, tras casi exactamente quinientos años, el rey Don Pedro descansó finalmente en el panteón Real de Sevilla; junto a sus antepasados más ilustres.
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2- AQUELLAS LEYENDAS DEL REY DON PEDRO:
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Hace algunos días publiqué en mi página LEYENDAS DE LA MOTA DEL MARQUÉS, un nuevo capítulo; esta vez referido a Pedro I y a sus andanzas por tierras cercanas a La Mota. Ese artículo, intitulado EL REY DON PEDRO Y SU LEYENDA EN JAPÓN, ha suscitado ciertas “dudas” sobre lo que yo deseaba “decir” o “sugerir”. Debido a que la historia de aquel monarca resume un problema de amantes y desposorios, que le llevaron al “derrocamiento”. Una triste biografía que se fragua desde que su padre (Alfonso XI), abandona al príncipe Pedro al poco de nacer; poniéndolo al cargo de su madre, ayudada por un tutor que el mismo progenitor nombra -llamado Juan Alfonso de Alburquerque-. Tras ello, el rey Alfonso marcha a vivir junto a su amante (Leonor de Guzmán) con la que tuvo diez hijos; nueve de ellos varones. Jamás regresó con verdadera la familia y así fue como el heredero se crió en absoluta soledad; junto a su progenitora y bajo la tutela de Alburquerque (quien no sabemos si tuvo alguna relación con la madre de Don Pedro, pero que en todo caso actuó como padre).
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Tres lustros después, Alfonso XI muere apestado (en 1350) y a los quince años de edad sube al trono su sucesor; aunque las primeras decisiones sobre gobierno las tomarán su madre y el citado Alburquerque. Quienes actúan de un modo que condicionará el odio visceral de los nacidos de Leonor de Guzmán hacia su hermanastro, el nuevo rey. Primero, cuando Alburquerque manda apresar algunos de esos hijos bastardos del antiguo monarca; para evitar sublevaciones -según él consideraba-. En segundo lugar, porque la madre de Pedro ordena matar a la amante y progenitora de los diez vástagos, en venganza por los años de felicidad que tuvo con su marido Alfonso. Tras ello, las sublevaciones se siguen y la rama bastarda comienza a ser apoyada por caballeros cercanos al condado de Trastamara, en Gijón. Título de Enrique (primogénito de los hijos de Leonor -aunque no el mayor-) que contaba con una facción de asturianos que le seguían como pretendiente al trono de Castilla. Así fue como se inició aquella trágica historia; cuando Pedro I contaba apenas dieciséis años; comenzando entonces su triste biografía plena de traiciones, guerras, sublevaciones y amores -que terminó con el asesinato del rey en Montiel (en 1369)-.
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Una historia que resumimos en unas pocas frases; pues es tan corta en tiempo como enrevesada en acontecimientos, y tan breve en años como larga en hechos. Así sabemos que Pedro había subido al trono en 1350, y queriendo primero pactar con sus hermanos integrándolos en la Corte, no lo logra (debido a las terribles decisiones que tomaron su madre y su tutor). Tras ello, en 1352 ya le vemos camino de Gijón, intentando aplacar las sublevaciones de sus hermanastros y conociendo a Maria de Padilla; una bella noble castellana, con la que nunca se casó, a la que siempre amó y de la que tuvo su primera hija un año más tarde. Cuando aplaca el levantamiento, los sublevados en Gijón pusieron como condición para llegar a un acuerdo, que Pedro olvidase a María de Padilla y se casara con Blanca de Borbón (sobrina del rey de Francia). La francesa aparece en 1353 para desposarse en Valladolid, sin dote alguna y de la mano del segundo hijo bastardo de Leonor y Alfonso X -Don Fadrique; del que se dijo que hasta la había preñado en el viaje desde la frontera gala...-. Por unos y otros motivos, Pedro huye de su esposa un día después de la boda; al parecer argumentando que ella venía sin dote y que además, no habían consumado el matrimonio. Así es como regresa el rey a Toledo, junto a su amante (María de Padilla) a la que deja embarazada de una segunda hija.
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Tras diversas discusiones y conversaciones, Pedro I manifiesta que no va a volver con Blanca de Borbón; motivo por el cual su tutor (Alburqueque) decide crear una “Liga” para vencer y convencer al rey sobre sus confundidas decisiones. A esa verdadera sublevación de su propio “ayo”, se suma incluso la madre del rey, quien también apuesta porque su hijo vuelva con la francesa y deje de gobernar (pasando los asuntos de Estado a ella y Alburquerque). En esta situación, los bastardos llaman a los infantes de Aragón y a cuantos enemigos tenía Don Pedro, para coaligarse y llegar asediarlo (con la clara intención de destronarle). Rodeado de enemigos y tras verse muy mermado en sus fuerzas; decide el rey casarse de nuevo, proponiendo como esposa a la hermana de uno de aquellos nobles más fuertes, entre los que se habían sublevado. Celebrando una nueva boda en Cuéllar en 1354, donde se desposa con Juana de Castro. Pero el mismo día del matrimonio le comunican que los Pérez de Castro habían apresado a muchos de sus hombres, por lo que se vio obligado a huir (para salvar su vida y la de los suyos). Refugiándose rápidamente en Castrojeriz, donde viene al mundo una tercera hija, de los cuatro vástagos que tuvo con María de Padilla. En esta difícil situación, las traiciones e intentos de pactos se suceden; hasta el punto de que cae preso en Toro, cuando su propia madre le invita a visitala en aquella ciudad (donde le estaban esperando sus enemigos). Pese a ello, salta el cerco de Toro y queda en libertad; luchando ya de por vida junto a quienes le apoyaban y frente los sublevados. Guerreando contra sus hermanastros, de los que mata a dos en combate. Pero en 1369 cae en una trampa urdida por su Enrique (el primogénito de los bastardos); quien le apuñala aprovechando la confianza que Pedro I había puesto en Duguesclin -para que este francés le sacara del sitio al castillo de Montiel, donde se había refugiado diez días antes-.
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Esta de antes, viene a ser en cuatro párrafos la historia del rey del que tanto hablaba mi padre y sobre el que hace unos días escribí en mi blog de LEYENDAS:
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, dos fotografías mías con cinco y siete años, tomadas en 1966 y 1968 el Colegio Santa María de los Rosales (donde nos hacían regularmente un archivo de imagen con el uniforme). En este centro escolar estuve los doce cursos que duraba entonces toda la formación; desde que entré en “Parvulos” en octubre de 1966 y hasta que salí de allí en 1978, al acabar COU y selectividad (siendo la primera promoción en cursar el B.U.P.). Conservo grandes recuerdos de su profesorado, que era magnífico -salvo alguna excepción-. Pese a ello, guardo un cierto sabor amargo de algunos de sus alumnos; quienes se creían tan importantes como para no saludarte ni conocerte, cuando les ves años más tarde -aunque que les hubieras ayudado de mil maneras durante la niñez-.
Abajo, una fotografía de la entrada a la casa de mis padres; recién estrenada (en octubre de 1969). Mi padre fue arquitecto y aquel chalet que construyó era su capricho. Quería que fuese “la casa de todos” como él decía y la mantenía abierta noche y día. Las puertas exteriores (cancelas) carecían de cerrojos y las interiores nunca se cerraban; por allí llegaba todo tipo de personas, a todas horas. Los fines de semana venían unas veinte amigos cada día (a comer, merendar, cenar o charlar) y en verano la cosa se multiplicaba hasta por dos -principalmente cuando se “abría” la piscina-.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado; uno de mis sobrinos divirtiéndose en el jardín de sus abuelos (año 2003). Abajo, fotografía mía saltando en la cama elástica, modalidad en la que estuve entre los primeros de España, a mediados de los setenta. Tal como digo, la casa de mis padres más parecía un club que un chalet privado -con una piscina de veinte metros y hasta cama elástica, que todos disfrutaban-. Allí se reunían los amigos de mis progenitores y los nuestros; juntándonos a veces hasta cincuenta personas, un sábado de verano “normal”. Muchos días no sabíamos quién había dormido en el chalet y al despertar nos encontrábamos tres o cuatro invitados desayunando (quienes de madrugada decidían no irse y a veces se quedaban allí semanas). A ello ha de sumarse los extranjeros que se instalaban durante meses y aquellos que huían de sus problemas familiares o preferían no volver a sus hogares. Pues mis padres acogían allí a todos; a unos para dar alegrías y a otros para darles consuelo... .
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3- HONI SOIT QUI MAL Y PENSE (que la vergüenza caiga sobre el que “piense mal”):
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Tal como digo, la casa de mis padres fue el “club” para muchos, pero también el “consuelo” de otros. Y es que, allí estuvo ese hogar: Siempre abierto, y para todos. Durante los meses de calor ofreciendo el jardín y lo que hubiera, en unos años en que apenas había piscinas en Madrid. Tanto como en el invierno, con su chimenea a todas horas encendida; atendiendo a quienes abrían la puerta para pasar un buen rato con nosotros. Así era aquel chalet; para muchos su lugar de diversión, para algunos su psiquiatra y para otros, su lugar de refugio. Pues muchos amigos que pasaban malas épocas o sufrían desgracias, venían por allí; sabiendo que en esa casa siempre había alguien con quien charlar y otros con los que divertirse. Principalmente mis padres; siempre atentos con esos chicos que tenían enormes problemas en sus familias, y con sus propios amigos -cuando se divorciaban, se encontraban mal de dinero o habían perdido a alguien de familia-. Pero, realmente, mis progenitores no sabían muy bien que con esa actitud tan generosa estaban abriendo la “espita de la envidia”. Porque cuando aquellos jóvenes que tenían grandes problemas familiares, regresaban a sus casas -contando que la nuestra era maravillosa-; sembraban el odio en la suya, que se sentía comparativamente agraviada... .
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Así fue y ello ocurrió en numerosas ocasiones. Además, para mayor desgracia; aquellos chicos que tenían tantos conflictos paternos eran comúnmente hijos de personas muy destacadas (socialmente hablando). Por lo demás y como “la cabra tira al monte”; esos niños a los que tanto se les quiso y tanto se les ayudó en casa, cuando cumplieron una edad, parece que comenzaron a comprender que su sitio era “otro” -que nosotros éramos “poca cosa”-. Y debido a que no hay peor enemigo que un amigo que te envidia; fue como yo decidí dejar de tratar a muchos. Principalmente a algunos de mis compañeros de colegio, quienes a veces se sentían tan superiores que te hacían el favor de tratarte. Pudiendo comprobar pronto la maldad típica de la “alta sociedad” de entonces; cuando aquellos “examigos” se acercaban a mis hermanos y a mis padres para contarles que no entendían por qué yo no les trataba... . Hablándoles de que quizás fuera por haberme dedicado a la guitarra (convirtiéndome así en un “declasé”). Todo lo que demuestra no solo un gran retorcimiento; sino además, el poco valor que daban a la cultura estos jóvenes de las élites españolas -de los años setenta y ochenta-. Algo que me llevó a terminar en Japón y a determinar no tratar más con muchos de los que compartí mi infancia. Aunque para ellos, la casa de mis padres (mi hogar) fue como la suya; incluso más que eso, pues era el único lugar de refugio y de ilusión que tuvieron durante su niñez -o en su adolescencia-.
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Para que entendamos a qué viene el anterior discurso; expondremos que el mayor problema de introducir en tu casa a un individuo ajeno a tu familia, es el espíritu crítico que toma acerca de todo ve y escucha allí. Ejerciendo a la postre un papel de juez sobre lo que ha visto, o acerca de lo que en ella se ha hablado... . Como si uno en su propio hogar no pudiera expresarse libremente, solo por estar presente aquel niñito, que se sentía hijo de alguien tan importante. Es más, lo peor del caso es que aquello cuanto se dijo y cuanto se hablaba en presencia de uno de esos monicacos; quedaba como impreso en un magnetofón de los antiguos. Que no solo distorsionaba el sonido original; sino que además lo descontextualizaba, deformando su verdadero sentido. Unos hechos que a la larga se hacían insufribles, al observar cómo las conversaciones de tu casa -o de tu familia-, se trasladaban con la peor fe a los círculos más delicados. Todo ello, junto a comentarios totalmente indiscretos y expresados con las ideas más sibilinas; a las que añadían todo tipo de maldades. Conociendo así el resto de los mortales, los defectos y rarezas de los tuyos; algo que tan solo se debía a haber abierto la casa a esa “panda de ingratos” (pues tristemente no tienen otro calificativo).
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Acerca de ello, recuerdo como uno de los casos más sangrantes, el de algunos compañeros de Santa Ma. de los Rosales. Quienes venían a casa “pidiendo refugio”, cuando sus padres les imponían una educación durísima. Y a los que tras años dándoles hogar y consuelo; luego veías en una reunión comentando con la mayor frivolidad todo lo que pasaba en nuestra familia. Riéndose de nuestros problemas, de nuestra forma de ser o bien opinando sobre lo que ocurría en casa de mis padres. Viniéndome hoy a la memoria como esos “niños tan necesitados”, después de pasar temporadas entre nosotros, destacaban con sorna los comentarios que mi progenitor solía hacer acerca la Historia o de su vida. Especialmente cuando hablaba del rey Don Pedro; añadiendo que él era de Oviedo y como buen asturiano, creía en las personas libres. Diciendo que en su tierra no hubo nunca grandes nobles y que la gente salía adelante por lo que valía; lo que sucedía en tierras de infanzones (como las de Asturias; donde había que pelear por tu lugar en la Sociedad). Poniendo como ejemplo de ello a Sabino Férnández Campo -entre otros muchos-; al que él tanto admiraba. Ante esas palabras -que en verdad creo que eran muy didácticas para un chico-, estos compañeros míos de colegio se sentían agraviados; pensando que sus padres eran amigos de los reyes y que el mío admiraba más al secretario, que al propio monarca... . Así, entre mofas y ruidos, pasaban a contar a todos públicamente, cuanto en mi casa se decía. Unos hechos que hoy también me llevan a recordar el lema de la jarretera; que dicta cómo “algunos malpensados” siempre serán una vergüenza (HONI SOIT QUI MAL Y PENSE).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado; una fotografía mía de hace bastantes años: Ensayando en Japón, antes de tocar en público. Como se verá, muchos de los lugares donde te contrataban para tocar la guitarra, carecían sillas y teníamos que estudiar en la habitación, sobre el tatami (tal como hacían los japoneses). No fue fácil adaptarse a una cultura tan distinta y -además- tan exigente. Mi padre me decía que la obligación del hijo de un profesional, era ser un profesional. A mí, la vida de abogado -o de opositor- me horrorizaba, así que antes de terminar la carrera la abandoné y me dediqué a la guitarra y a la Historia. Cuando llegué a Japón vi lo difícil que era vivir sin ser un “profesional libre”, máxime habiendo sido educado en ese ambiente. Pese a ello, salí allí adelante y logré dedicarme a los negocios (gracias a la ayuda de muchos). Porque de la guitarra clásica ya a mitad de los años noventa nadie podía subsistir, al ser un mundo que había aniquilado la “música espectáculo” (que a pesar de contener muy poca música y mucho ruido, es la que desde entonces se consume y se promociona). Abajo, el ayuntamiento de Oviedo y su plaza. Mi padre conservaba como uno de los mejores recuerdos de su infancia, haber salido a saludar en los balcones que vemos en la fotografía (a la derecha en la imagen). Allí parece que le llevó su madre, vestido de Napoleón durante unos carnavales del año 1926 (cuando él tenía cinco años).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos fotografías de mi padre vestido de Napoleón, a los cinco años aproximadamente-. Así le sacaron para que saludase desde los balcones del Ayuntamiento, durante unos carnavales. Pocos meses después murió su madre (mi abuela Pepita Cima) y por ello conservaba tan buen recuerdo de aquel día. Una vez me dijo que tan solo se acordaba perfectamente de su progenitora en esta ocasión; pues falleció tan joven, que él apenas tenía memoria de muchos más hechos. Mi padre nació en 1922 y su madre murió en 1927, dejando cinco niños y a su marido viudo. La vida antaño era terriblemente dura. No solo las enfermedades se llevaban a las personas en plena juventud; también las guerras y otras calamidades provocaban las más tristes situaciones familiares.

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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado; una fotografía de mi abuela paterna Pepita Cima, probablemente disfrazada para el mismo carnaval (pocos meses antes de que falleciera).
Abajo; los padres de mi abuela pepita en los años en que se casaron. Por entonces él fundó Industrias Cima; una de las empresas españolas más antiguas, todavía en activo (aunque desde 1942 pasó a la familia Zuloaga). Mi bisabuelo paterno fue un caso de aquellos “hombres libres” de Asturias de los que tanto hablaba mi padre: Nació en Colloto y emigró a los catorce años a Cuba; a su regreso estudió junto a su hermano químicas y con el dinero de sus negocios en Hispanoamérica, creó hacia 1880 Industrias Cima. El logro mayor de esta empresa fue descubrir el sistema de champanización de la manzana; algo que al parecer se produce después de enviar un barco cargado de sidra a Argentina y perderse la carga. Cuando a medio camino, el navío sufre una enorme tormenta y revientan las barricas. Así, a los pocos días les llega el mensaje de que tras la galerna, había estallado casi todo el envío de Cima que llevaba el navío. Esta circunstancia, que pudo ser un terrible disgusto, la aprovechan para un buen fin, al suponer que el “batido” de las fuertes olas había provocado la gasificación en las cubas. Y a través de sus conocimientos de química inventan un nuevo sistema para champanización de la manzana (centrifugándola y sin necesitar azúcar, como hasta entonces se hacía). Ello es lo que hoy se denomina “sidra al champán” asturiana, cuya primera fábrica fue la de Sidra Cima que mi bisabuelo instalaría en su lugar de nacimiento (Colloto, una pedanía de Oviedo, a unos cinco kilómetros del centro de la capital)
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4- LA CASTILLA DE LOS HOMBRES LIBRES:
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Mucho se ha escrito acerca de “la Castilla de los hombres libres”. Entre todos, fue el fallecido Julio Valdeón quien más empeñó tuvo en mostrarnos y demostrarnos el modo en que las Tierras de Campos, eran el origen más inmediato de la libertad de Derechos hispanos. La base histórica para razonarlo, fue considerar que Castilla se conforma como un reino cuando se va repoblando; entregando derechos y propiedades a los colonos que bajan desde tierras galaico asturianas, para vivir en estas zonas fronterizas (por entonces peligrosas). Así, a cambio de que se establecieran en áreas recién conquistadas, proporcionaban a los recién llegados, fueros, libertades y propiedades; todo lo que originaría una “burguesía campesina” castellana. Un “cuarto estamento” nacido como tal desde el siglo IX y cuyos Derechos consuetudinarios acabaron cuando el Estado Moderno erradica estos beneficios otorgados a los colonos durante la Reconquista. Ello explicaría revoluciones como la de los Comuneros (de 1521); donde los hidalgos reclamaban los fueros y privilegios históricos. La idea así expuesta, es absolutamente lógica; pero igualmente es también cierto, que el resto de la Península se fue configurando del mismo modo: Repoblándose por gentes llegadas desde zonas cristianas situadas más al Norte; a las que se les daban fueros y propiedades, a cambio de que habitasen y rehabilitasen estas nuevas áreas ganadas a los árabes y bastante inestables. Por todo ello, la fórmula de colonización de Castilla, es la misma que se siguió en Extremadura, en zonas de la Mancha y hasta en Andalucía (donde es común ver topónimos y apellidos que aluden a ese origen norteño de las gentes establecidas durante la Reconquista).
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Con todo ello, los motivos argumentados para que Castilla fuera “la tierra de hombres libres”; serían los mismos para considerar igual a Extremadura, la Mancha, Andalucía y hasta a la mayor parte de Aragón. Donde el sistema de repoblar -cuando expulsaban a los musulmanes- era casi idéntico al que se siguió inicialmente en tierras de León o de Palencia (aunque con siglos de diferencia). Por lo demás, la realidad histórica deja ver que en todos esos lugares antes citados, aquella supuesta “libertad” de los campesinos debió ser muy limitada. Pues las tierras de Castilla, Extremadura, la Mancha, Andalucía y del mismo Aragón; estaban bajo la amenaza continua de las razzias de enemigos, durante toda la Edad Media. Lo que obligaba al pueblo a depender absolutamente de la protección que les daban los “señores”. Unos hechos que se manifiestan en los miles de castillos que pueblan los campos hispanos; desde la Cordillera Cantábrica hasta Tarifa y de Gibraltar al Pririneo, donde no falta una fortaleza cada cuarenta o cincuenta kilómetros. Mostrándose con ello, el modo en que esos colonos debían pleitesía a su feudo, cuando llegaban a tierras recién conquistadas. Máxime, porque esos señores que elevaban sus castillos, en zonas de fronteras con los sarracenos; eran precisamente los más valientes y duros (por no decir agresivos).
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Todo ello muestra una realidad histórica por la que Castilla nunca pudo ser esa “tierra de los hombres libres” (que muchos defienden). Unos hechos que además se argumentan con otras circunstancias mayores, nacidas del clima o el paisaje y que hacen imposible la organización territorial en minifundios, en esos campos de los que hablamos. Ya que tanto Castilla, como Extremadura, Andalucía y la mayor parte de Aragón; basaban su economía en el cultivo masivo de cereal y en el pastoreo. Precisándose pues, grandes pastos y enormes extensiones agrarias, que solo pueden trabajarse de un modo cuasi esclavizante. Donde el señor, es a su vez el dueño de los bosques y montes, en el que alimentaban el ganado; pero asimismo es propietario de las grandes franjas de tierra dedicadas al trigo o a la cebada. Un sistema económico heredado desde Roma, que apenas cambió durante la Edad Media, ni hasta el siglo XVIII. Basado en una clase de campesinos unidos a esos cultivos, de un modo semejante a los esclavos romanos; lo que hace imposible pensar que Castilla fuera la tierra de los hombres libres (sino más bien una zona tan deprimida y dura como lo fueron Extremadura, Andalucía o La Mancha). Porque en verdad, un clima y orografía tan duros y semejantes -como son los de esa franja comprendida desde Palencia a Tarifa-, hacen más por asimilar culturas y por crear civilizaciones paralelas; que todas las leyes y normas que queramos darnos.
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JUNTO ESTAS LÍNEAS: Mapa de la trashumancia mediterránea, según Braudel (tal como lo publica Marisa Ruiz Galvez, en su libro “Europa atlántica en Edad del Bronce” -Barcelona 1998 fig 108-; a la que agradecemos nos permita divulgar la imagen). Estos caminos sabemos que son de origen neolítico; en el mapa podemos observar cómo en ocasiones tienen una enorme longitud, aunque no traspasan la Cordillera Cantábrica. Del mismo modo, suelen parar en el Ebro, sin cruzar la cuenca. Por su parte, Cataluña, Navarra y el área vascongada, tienen sus propias rutas (muy cortas, debido a la proximidad de la alta montaña). A estos caminos por donde trasportaban el ganado desde tiempos inmemoriales; he añadido dos más, marcados a color: El jacobeo y la Vía de la Plata. Como vemos claramente, El Camino de Santiago es ajeno a estas rutas pecuarias; mientras el de la Plata nace -seguramente- desde las vías de trashumancia.
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Pero además, parece evidente que si desde hace seis mil años, las gentes viajaban por esas vías de norte a sur (y viceversa), trasladando el ganado a mejores pastos; aprovecharían asimismo para llevar mercancías y novedades de unos a otros lugares. De ese modo, parece indiscutible pensar que la Península desde esos tiempos hubo de estar tan unida como bien comunicada (comercial y socialmente -incluso en sus lenguas-). Aunque ya vimos que hay zonas que quedan fuera de esas largas rutas de trashumancia; áreas que parece que tienden a un aislamiento mayor y una cultura e idiomas más propios. Siendo fácil observar, que los caminos del ganado no pasan a Portugal, ni suben hasta Galicia; ni menos traspasan la Cordillera Cantábrica. De igual forma, que en las zonas de Cataluña, Navarra y de vascongadas, la trashumancia no procede del Sur y tiene un corto recorrido interior -como hemos dicho-. Finalmente, parece que no hubo esta actividad en Cantabria, Asturias ni tampoco en Galicia; lo que se explica por el clima, que no precisa trasladar el ganado más que desde el alto de la montaña, a sus faldas (tal como hacían los “vaqueiros de alzada” cada invierno y verano). Asimismo, las lluvias cantábricas y la orografía del terreno implicarían un sistema de explotación en minifundios; dividiendo en pequeñas parcelas las propiedades, que normalmente el hijo mayor heredaba. Debiendo buscar los restantes vástagos otras tierras y su medio de vida (a través del matrimonio o bien emigrando).
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SOBRE Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos imágenes del paso de Luna, junto al embalse del mismo nombre; entre León y Asturias. En las fotografías podemos ver las montañas de la Cordillera Cantábrica, que separan a Castilla de las tierras del Principado. El río Luna y esta zona se denominó así, al haber sido la frontera con los de la Media Luna, durante los primeros tiempos de la Reconquista. Recordando la Historia que tras abrir los cristianos este paso, les fue factible llegar con sus huestes hasta la meseta. Debido a ello, algunas de las mejores y más antiguas familias de los posteriores reinos de Castilla y Aragón, tomaron el apellido Luna; en memoria de aquel lugar y de aquella gesta (siendo este el origen que daban a sus blasones linajes tan importantes como el de Álvaro de Luna, sobrino del famoso Papa Luna). La importancia estratégica de ese paso, se comprende al viajar a Asturias, viendo el modo en el que desde este punto comienzan las montañas cantábricas. Observando que detrás de ses cierre de Luna, el clima y la luz cambian repentinamente (apareciendo normalmente nubes en cualquier época del año). Además desde este punto se modifica el terreno y lo que hasta entonces había sido la planicie abierta de León, se convierte en altos y picudos montes (intransitables antaño).
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Solo con viajar por esta zona de Luna se comprende la dificultad que los árabes tendrían para acceder y dominar el otro lado de la cordillera; que por lo pequeña y escarpada, dejarían pronto de asediar (provocando con ello que Asturias se convirtiera por entonces en el refugio y lugar de unión, para todos los que deseaban luchar contra los invasores). Algo muy parecido debió suceder en época romana; pues los textos clásicos hablan de la dificultad que tuvieron los latinos para conquistar Cantabria y el actual Principado. Cuyas guerras con Roma fueron algunas de las más crueles y largas que vivieron las legiones. Por todo ello, parece que los territorios del Norte no fueron del todo conquistados ni menos, bien romanizados; conservando un carácter muy distinto al del resto de los iberos peninsulares (tesis histórica que mantiene Barbero y Vigil; que parece absolutamente probable y probada).
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Siguiendo con el resto de la Península, diremos que en unas tierras tan áridas como las Castilla, la Mancha, Extremadura, Andalucía y gran parte de Aragón; los cultivos no pueden ser minifundistas (tal como se necesitaría para crear un estamento de agricultores propietarios y libres). Debido a que en verano apenas llueve -alcanzándose durante meses temperaturas superiores a los treinta grados- y en invierno caen hielos en gran parte de sus territorios. Un duro clima que obliga a los pastores a mudarse con el ganado hacia lugares lejanos; viajando en el estío a zonas frescas y desde otoño, hacia las más templadas. Todo ello no solo implica la explotación del campo en grandes extensiones; sino además supone que las tierras debían estar perfectamente vigiladas, jurídicamente reguladas y en manos de “unos pocos”. Una élite de propietarios (ciudadanos o señores) que otorgarían paso y permisos para que el ganadero viajase. Hechos que sucederán en las dos Castillas y en el Sur de España desde épocas Neolíticas; cuando ya existían estas innumerables “carreteras” de trashumancia. Creando una forma de ganadería, imprescindible en nuestras tierras; lo que a mi juicio unificó el Norte y el Sur, fusionando gran parte de la Península desde tiempos anteriores a la Edad del Hierro. Algo que -a mi entender- explica por qué los griegos en el siglo V a.C., denominaban ya a todo el territorio bajo los Pirineos con un solo nombre: “Iberia”(concibiendo que en esa gran extensión, vivían gentes de una misma cultura y civilización). Algo que también explicaría por qué los romanos llamaron a toda ella “Hispania”; apartando tan solo la Lusitania (que curiosamente no comparte las rutas de trashumancia peninsulares).
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Por todo lo antes expuesto, parece normal que Castilla, Extremadura, La Mancha y Andalucía sean una misma cultura y se correspondan con una idéntica civilización (conservando iguales idiomas, costumbres y hasta formas de vida). Mientras sería normal creer que Galicia y el territorio tras la Cordillera Cantábrica, tiene algunos orígenes culturales distintos. Aunque a decir verdad, como la Reconquista se inicia precisamente en estas zonas de Cantabria, Asturias y Galicia; es más que posible que esos rasgos de diferenciación iniciales, entre el Sur y el Norte se hubieran borrado. Principalmente cuando las tierras recuperadas a los árabes fueron paulatinamente repobladas por gentes del Cantábrico. Unos hechos absolutamente evidentes y que podremos observar en las últimas tierras reconquistadas, como fueron las zonas cercanas a Granada. Donde los topónimos norteños y los apellidos vascos, gallegos o del norte se suceden; fruto de aquellas colonizaciones, tras recuperar el área a los musulmanes. Algo que igualmente se repite en provincias como la de Sevilla o Huelva, cuyas sierras y pueblos de denominan “De León”; al haberse conquistado por gentes venidas de este reino. Siendo los nuevos colonos llegados, iguales a sus hermanos de Norte (en sus derechos y formas de vida); sometidos por unas leyes y poderes muy parecidos -desde León a Granada-. Donde el señor tenía una enorme fuerza, pues eran estos guerreros los que en verdad acababan de recuperar las tierras, que después regalaban a los que deseaban repoblarlas (muchos de ellos llegados con las huestes que habían luchado y que decidían finalmente quedarse en las tierras recién tomadas).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado; detalle del edificio que se hizo tras derribar la casa de los Cima en Oviedo; se encuentra justo enfrente de la Catedral. Abajo; La catedral de Oviedo y su plaza; a su lado (nuestra izquierda) vemos el nuevo edificio que hace unos veinte años levantaron en lo que anteriormente era la casa de José Cima.










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JUNTO ESTAS LÍNEAS: Retrato del abuelo de mi padre; José Cima García, Fundador de Industrias Cima. Acerca de su vida y obras filantrópicas, podemos leer las siguientes referencias en internet:
ENCICLOPEDIA DE OVIEDO
ASTURIANOS UNIVERSALES
INDUSTRIAS CIMA
Imágenes en internet
JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos fotos del Cementerio de San Salvador, de Oviedo. El sepulcro de José Cima y de su mujer (Ma. José Fernandez-Quirós), junto al mayor de sus hijos y su nuera. Al lado; Detalle de las lápidas, donde se observa que alguien tristemente ha intentando “limpiarla” con abrasivos Abajo; La tumba de los Cima junto a la de Manuela Campomanes y su marido.







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4- LAS DOS ASTURIAS:
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Narra el mito de Osiris que cuando el dios supremo de Egipto fue asesinado por quienes le envidiaban, su cuerpo fue despiezado en trece partes. Después de aquello, quienes le dieron muerte por traición en un banquete, introdujeron doce de sus trozos en un ataúd; arrojando ese sarcófago de madera en el Nilo. Finalmente, tiraron la decimotercera mutilación directamente al río, al considerarla “distinta”; pues esta “pieza trece” era el pene de Osiris. Un miembro que al caer en el agua fue engullido por un pez nilota, de la especie que en Egipto llamaban el “osirrinco”(al creer que se había comido el sexo divino). Así fue como desapareció el falo de Osiris y el motivo por el cual su esposa Isis, al verse viuda, decide quedarse embarazada de su hijo Horus con un “pene artificial” -un artilugio en forma de “ank”-. Mientras tanto, el resto del dios desmembrado bajaba por el Nilo navegando hasta el delta; de donde salió desembocando al mar Mediterráneo. Flotando de ese modo, el ataúd que guardaba los restos del ser supremo costeó el litoral de Oriente Medio, hasta llegar a Biblos; donde paró en su viaje, quedando varado en las raíces de un árbol. Más tarde aquel sarcófago se hizo uno con el enorme tronco que lo había “fagocitado” y aquella pieza un día fue cortada para realizar el basamento de madera del palacio del rey en Biblos. En ese lugar y en aquella columna inicial del edificio del monarca bibliota, tenía Osiris su verdadero cenotafio y fue allí dónde lo encontró finalmente su esposa. Quien se trasladó junto a su hijo virginal -Horus- a vivir junto aquel padre, convertido en un pilar fundamental del reino de Biblos. Con este mito antes descrito -que primorosamente relató Plutarco-, los egipcios narraban el momento histórico en el que su país se había desmembrado en trece provincias (o “nomos”). Describiendo lo que para algunos de los más tradicionales sacerdotes había sido la muerte del Egipto como Estado unificado, dando paso al feudalismo. Un momento que obligaría a huir a quienes no estaban de acuerdo con este sistema de “nomos”, exiliándose en la colonia faraónica más importante, llamaba Biblos. Donde los nilotas obtenían sus maderas; que por entonces era la materia prima por excelencia -de allí el nombre de “madera”, que en latín significa “materia”-.
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Exponiendo y dejando muy claro que lo anteriormente referido no debe ser tomado como un agravio comparativo, sino como una simple “curiosidad histórica”; continuaremos diciendo que: Cuando en el año 1978 se instaura lo que se denominó la España de las Autonomías, decidieron dividir nuestra nación en diecisiete partes. Creando aquello que llamaban “nacionalidades”, entre las que aparecieron por primera vez nombres como Castilla la Mancha, separada de Castilla-León y dando origen hasta a un Madrid autónomo. Ello, sin tener muy en cuenta que Castillas solo hubo dos (la Vieja y La Nueva) tan unidas como parecidas. Pero además, sin reparar en que si hay una ciudad manchega en España, esa es Madrid; donde yo vi la luz por primera vez y que por tal circunstancia bien sé que es: Mitad Albacete y mitad Valladolid -con todos los defectos y todas las virtudes-. Por su parte, igualmente olvidaron que Asturias había dos: Las de Santillana y las de Oviedo. Por lo expuesto, en esa España de las autonomías quizás tan solo debería haber existido una Comunidad llamada Asturias (comprendiendo el Principado junto a Cantabria). Tanto como una sola Castilla: La Nueva y la Vieja, con capital en Madrid. Todo ello quizás habría aclarado un tanto el verdadero sentido histórico de cada zona; puesto que separar Madrid de la Mancha resulta tan absurdo como hacerlo de Castilla-León; o a Cantabria de Asturias. Y de ese modo, en vez de diecitantas Españas, hubiéramos tenido al menos cinco o seis; que ya son bastantes... .
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Siguiendo con lo dicho y con el problema de la “España dividida”; raro es ver un asturiano nacionalista. Quizás porque esgrimen una frase que dice: “Asturias es España y el resto terreno conquistado”. Un dicho que expresa el carácter de lo que llaman “ser grandón” en esas tierras de sidra y cachopos; palabra cuya traducción a expresiones más castellanas sería la de ser “fardón y fatuo” -o muy poco modesto y bastante molesto-. Sea como fuere, esa frase de que “Asturias es España”, esconde un secreto esencial como es el de que la Península -durante la Reconquista- fue poblándose por gentes que llegaban desde el Norte. Unos como guerreros (interviniendo en las batallas), pero la mayoría como simples colonos; quienes primero venían desde Asturias, Cantabria y Galicia, para luego llegar desde vascongadas, León o Palencia; cruzando unos y otros finalmente el Duero -ese río que tantos siglos hizo de frontera-. Así se fue creando el Extremo del Duero (Extremadura) y la Andalucía, nacida de Al-ándalus; todas ellas repobladas por gentes llegadas del norte (desde Vizcaya a Pontevedra, desde La Rioja a Orense o de León a Soria). Unos hechos que sucedieron no hace tanto tiempo; por lo que es imposible creer que los españoles somos muy distintos en el Norte y en el Sur. Ya que hasta hace quinientos años estábamos todos mezclándonos, unos con otros y en tierras de frontera recién conquistadas.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, los montes antes vistos desde Luna (León), ahora fotografiados desde Lena (Asturias). Se observa claramente la diferencia entre ambos lados; cuando en la imagen vemos una cordillera cerrada, con picos inaccesibles y sombras de nubes -casi permanentes-. Abajo, cabecera de la iglesia de Santa Cristina de Lena (a un lado el que suscribe estas lineas). Esta pequeña joya arquitectónica es Patrimonio de la Humanidad y uno de los más bellos ejemplos del prerrománico asturiano -agradecemos a la Institución Santa Cristina de Lena, nos permita divulgar nuestra imagen-. Las iglesias prerrománicas fueron levantadas por los primeros que acometieron la Reconquista (en el sigo IX a.C.), pero tienen mucho de orientales; todo lo que hace pensar en una continua relación entre los cristianos y los musulmanes de la época. Tanta como para que este recinto nos traslade hacia modelos de otros templos muy semejantes y elevados durante la Alta Edad Media en Siria o en Turquía. Haciéndonos pensar que los primeros reyes cristianos astures, compartían arquitectos con los nobles musulmanes (al igual que compartían mujeres; ya que periódicamente mandaban doncellas de unas tierras a otras; para que así nacieran estirpes mestizas y se mantuviera la paz en ciertas zonas que de ese modo eran colonizadas).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, otro detalle de la cabecera de Santa Cristina de Lena -agradecemos a la institución conservadora de Santa Cristina, nos permita divulgar nuestra imagen-. Observemos en ella los detalles orientales de toda su ornamentación. No hemod de olvidar que en esta época aún Constantinopla era el centro religioso y romano de mayor fuerza; por lo que no es extraño que junto a los árabes llegasen gentes coptas -amigos de los musulmanes-, que pudieran a su vez trabajar para los reyes cristianos de Asturias.
Imagen inferior: Detalle de la cueva bajo el templo de Santa Cristina de Lena (al lado mi mujer, para que comprendamos el tamaño de su entrada). Sin lugar a dudas esta pequeña caverna sería un refugio para los habitantes de la zona, donde ocultarse cuando llegaban enemigos. Más tarde, pasaría a ser un culto eremita, en memoria de las salvaciones logradas gracias a la protección dada a los lugareños; y finalmente sobre esta, construirían Santa Cristina.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, detalle de una preciosa pared, junto a la Catedral de Oviedo. El aspecto de este pequeño altarcillo que vemos en la calle Alfonso II nos recuerda al culto de los dioses lares romanos. Se trata de la entrada a San Tirso el Real de Oviedo; una obra del prerrománico asturiano que se atribuye al arquitecto Tioda. Aunque esta parte de la fachada fue rehecha en 1679, tal como dicta la lápida más abajo del nicho escultórico; donde vemos una pequeña figura que parece un emperador romano aunque sin lugar a dudas rememora a Alfonso II, quien donó el templo. Abajo, otro de los maravillosos monumentos prerrómanicos de Oviedo. En este caso la cripta de Santa Leocadia, bajo la catedral -agradecemos al cabildo catedralico nos permita divulgar nuestra imagen-.
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Tras lo expuesto antes de las imágenes, añadiremos que a mi juicio, solo una zona de España es “un tanto” diferente: La que apenas fue romanizada, ni tampoco islamizada. Nos referimos a la franja del Cantábrico y que precisamente marca el camino Francés de Santiago. Una ruta que deja tras de sí la cordillera comprendida desde los Pirineos hasta Galicia y que posteriormente se usó también como frontera contra los musulmanes, en los albores de la Reconquista. Tanto es así, que el Santo Patrón de España en un principio fue San Millán (con culto en La Cogolla riojana); hasta donde llegaban las huestes carlovingias para prestar apoyos a los cristianos hispanos. Pero tras sucesivas ampliaciones del territorio reconquistado, el alcance de esta franja llegó desde La Rioja, hasta el Sur de Galicia; situándose una verdadera frontera en esta linea, desde Francia al Atlántico, donde se guardaba el avance de los andalusíes. Por lo que finalmente, el Santo Patrón fue sustituido y llevado hasta Santiago; en honor a esta protección contra los musulmanes. Pese a ello, aquella ruta que recorría desde Navarra a La Coruña, ya había sido “marca” en época romana. Debido a que los pueblos habitantes tras esa “linde”, fueron mal romanizados. Principalmente el cántabro y el astur, que realmente no admitieron nunca al invasor (tal y como ocurrió siglos más tarde, con la llegada de los árabes).
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Para comprender lo que expresamos bastará leer el gran libro de Schulten, CANTABROS Y ASTURES Y SU GUERRA CON ROMA; comprobándose en el estudio cómo las referidas zonas del norte peninsular no fueron del todo romanizadas. Esta visión histórica sobre las carencias en la conquista latina de los montes cantábricos y los Pirineos; la ampliaríamos perfectamente sumando como segunda lectura SERTORIO. Obra también de Schulten, donde se narra la vida de este general romano, que se tras ser nombrado Pretor de Hispania (en el 83 a.C.), se subleva contra los suyos apoyado por los Celtíberos. A esa rebelión no se adhieren los vascones (debido a sus conflictos con los celtíberos); siendo ello la clave -a mi juicio- para que Roma, cuando vence a Sertorio, tolerase a esos antecesores de los vascos la convivencia en tierras conquistadas. Marchando así los vascones a ocupar y repoblar aquellas zonas que antes fueron las principales aliadas del general sublevado; como las de Huesca y Jaca (donde Sertorio llega a crear una Academia Militar). Siglos después y tras la caída de Roma, los vascones bajarían a los valles que se llamaron en su nombre “Gascuña” (vasconia) y llegarían finalmente a establecerse en tierras que antes habían sido de las tribus celtíberas: Várdulos, Caristos y Autrigones -actuales provincias de Guipuzcoa, Álava y Vizcaya-.
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Por lo demás, los astures y cántabros, a juicio del gran historiador Barbero y Vigil, quedaron en un estado poco romanizado. Lo que les llevó a no admitir tampoco la llegada de los godos, ni la posterior de los árabes. Siendo el propio Barbero y Vigil quien llega a demostrar que la Reconquista nace por mano esas gentes autóctonas del Cantábrico; no por los descendientes de visigodos, refugiados en el Norte de España. Todo lo que se argumenta y se comprende históricamente, dada la poca sumisión que los cántabros y astures habían prestado hacia invasiones anteriores; sin integrarse del todo en la Hispania romana, ni menos en el reino godo de Toledo. Siendo también cierto, que debido a lo escarpado del terreno, a la bravura de sus habitantes y a la pobreza de esta zona Cantábrica. Tan solo algunos romanos se interesaron en conquistarla (en busca de sus minas de oro y azabache); pues ni a visigodos, ni menos a los árabes, parece que les mereció la pena batallar para dominar un lugar tan montañoso, peligroso e infértil.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, mi mujer junto a un escaparate de chorizos asturianos en Oviedo. Abajo, un expositor con “madreñas”, los zuecos asturianos. El origen celta de esta zona de España se adivina en múltiples rasgos; entre ellos en el uso continuado de estas calzas de madera, que para los ganaderos y agricultores cantábricos eran imprescindibles (con el fin de evitar la nieve, el barro e incluso las heces del ganado).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, lugar donde estuvo en enorme roble símbolo de Oviedo y llamado “EL CARBAYÓN” (el gran carvajo). Abajo, mejor fotografía de esta placa rememorando el punto donde se hallaba ese árbol sagrado. En ella vemos como en octubre de 1779 lo derribaron, sin que fuese repuesto por otro nacido de sus esquejes (tal como era normal en estos casos). El culto al árbol sagrado en Europa es típicamente neolítico y donde mejor podremos observarlo es entre los ingleses, que llegaron a firmar su Carta Magna bajo el tejo de Anker. Entre los indoeuropeos (celtas) el árbol sagrado era el roble; también llamado carvajo y al que denominan en Asturias "carvayón" (cuando tiene enorme tamaño). Es el mismo que se venera en Guernica, aunque allí se ha conservado la costumbre y siguen reuniéndose los mandatarios bajo aquel roble sagrado, del que periódicamente obtienen esquejes con el fin de sustituido -en el caso de fenecer el árbol y verse obligados a cambiarlo-. En Oviedo parece ser que deciden erradicar este rastro de culto ancestral en plena Ilustración; un momento en el que muchas de las costumbres antiguas pasan a considerarse supercherías o ritos innecesarios.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, expositor de “bollos preñados” en una panadería de Llanes. Abajo, una imagen de la villa de Llanes. Acerca de los chorizos asturianos, me vienen a la memoria algunas cosas de las que hablaba mi padre. Pues según me contaba, entre las muchas anécdotas que narraba Sabino Fernández Campos, una de sus preferidas era la de un discurso dado en Noreña por Camilo Alonso Vega (de quien fue secretario, antes de pasar a La Zarzuela). Así contaba el conde de Latores que cuando a Alonso Vega le nombraron hijo adoptivo de Noreña (lugar su natal de su mujer, Ramona Rodríguez); en la ceremonia, aquel militar comenzó a hablar con gran elocuencia y seriedad, de este modo:
-He llegado a general y a ministro. He sido galardonado con la Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo; con la Gran Cruz de la Orden del Mérito Militar; con la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio... .-
Tras ello paró y miró a los ciudadanos de Noreña, que observaban extrañados tan seria exposición. Luego, continuó diciendo: -¿Me quieren decir Ustedes qué tengo que hacer en la vida para que en esta zona de España me dejen de llamar “Camilín el de doña Ramonina, la choricera”?-.
A lo narrado hemos de añadir que lo del mote era una realidad social de Oviedo y sus alrededores; y cuando en Asturias te ponían un sobrenombre, no te lo quitaban ni en la tumba. Tanto que en las esquelas podremos leer todavía, el nombre y apellidos del difunto; pero más abajo el mote (destacado y para que todo el mundo sepa quien es el "finado"; pues a casi nadie se le conocía por el verdadero nombre).
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5- LA ASTURIAS ABANDONADA:
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No es extraño que un territorio tan montañoso y angosto, donde el clima es duro y apenas se ve el sol; haya sido siempre tierra de personas indomables y solitarias. Hablamos de gentes y no solo de hombres, porque en Asturias las mujeres del campo, trabajaron tanto como sus maridos. Quizás más y en peores condiciones, ya que se le asignaban labores de menor importancia, pero de mayor dureza. Una de ellas, fue el cultivo y preparación de los cereales, que era tremendamente penosa hasta la llegada del maíz -venido de América-. Pues el trigo que permiten sembrar esos minifundios escarpados y lluviosos, es solo el salvaje (espelta). Cuya colecta es un verdadero sacrificio; debido a que su siembra, limpieza y molienda, da un trabajo ímprobo -unas cien veces más dificultoso que el cultivo normal de cereales en Tierra de Campos-. Todo ello, unido a la falta de comunicaciones y al sistema heredado de los celtas, que era ya comunal desde los tiempos más ancestrales; llevaría a crear una Sociedad aislada, unida al monte y ajena al resto del Mundo. A esto hay que añadir la forma familiar establecida en clanes (también indoeuropea), donde el mayor heredaba las tierras y el resto debían ir a buscarlas a otro lugar (a través del matrimonio o emigrando). Siendo un hecho que aquel que no era propietario de “prados”, no tenía ni pan; se hizo normal que desde la Reconquista los asturianos hubieran de emigrar a tierras lejanas. Llegando a convertir así las suyas, en las más deshabitadas de Europa, después de algunas zonas de Los Balcanes -que tras las recientes guerras, han quedado totalmente despobladas-.
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Aunque aquel mal de “la necesidad”, también generó el bien de la inteligencia; pues la obligación de “buscarse la vida” que tuvieron los asturianos, les ha convertido en algunos de los más intrépidos exploradores, comerciantes o empresarios (y en algunos de los mejores intelectuales) . No habiendo lugar donde falte una “Casa de Asturias”; que por cierto no existe aún en Japón, por lo quizás habríamos de fundarla allí (un dato que añado al artículo, por si alguien desea apoyarme en este empeño). A lo antes expuesto, hay que añadir que las situaciones históricas vividas por los asturianos tras la Edad Media, son solo comparables con las de Galicia y Extremadura. Otras dos zonas que igualmente fueron abandonadas por la corona, arruinando a su burguesía y obligando emigrar a sus gentes. En el caso de Galicia y Extremadura, sucede cuando Isabel I de Castilla solicitó ayudas para luchar contra La Beltraneja; y al no recibirlas de estos lugares cercanos a Portugal y partidarios de la verdadera heredera, finalmente los sometió a escarnio. Siendo por todos conocido la penitencia que los Reyes Católicos impusieron a Extremadura y a Galicia; tierras ricas y prósperas hasta entonces, pero que fueron estigmatizadas al haber apoyado a Juana -la Beltraneja-. Aunque no es tan famoso el caso de Asturias, que -según decía mi padre- quedó abandonada a su suerte por haber apoyado a Pedro I; cuando este fue asesinado a manos de su hermanastro. Debido a que aquel rey Don Pedro buscó el apoyo de los caballeros asturianos, porque su hermano bastardo era conde de Trastamara (en Gijón); y desde allí comenzaban sus sublevaciones, cuando deseó usuparle el trono . Tantas fueron las rebeliones de los hermanastros, que terminaron por cercar y traicionar al monarca; al que asesinan a traición, tras lo que se proclama rey el bastado, con el nombre de Enrique II (de Trastamara, condado de Gijón).
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Así me lo narraba mi progenitor y la teoría tiene todos los visos de ser históricamente cierta; pese a que apenas se ha hablado de ello. Porque -de forma muy diferente- todos conocen el castigo que sufrió Extremadura por “beltranejos”; y el que recibió Galicia, que apoyaba también como reina a Juana (la sobrina de Isabel, a quien igualmente usurpan el trono). De lo que sucedió en Asturias, tras la muerte de Pedro I todos callan, entre otras cosas por ser un periodo maldito para las monarquías españolas. Donde los bastardos se unen a la familia del monarca y se sublevan con la ayuda de los reyes vecinos, para suplantar al verdadero heredero. Todo, después de que el auténtico rey (Pedro) les perdonase sucesivos levantamientos, hasta que se ve obligado a acabar con los rebeldes. Lo que le valió el apodo de “el cruel”; sin observar quienes se lo dieron, que durante la Edad Media ningún sublevado ha sobrevivido a su traición. Siendo escasísimos los casos en que un rebelde ha sido perdonado, a excepción de estos hermanastros Trastamara. A los que tanto se les consintió, que vivieron y lucharon hasta hacerse reyes; tras arrancarle la corona a cuchillo -pese a su origen bastardo-. Un triste suceso, en el que cuando ese Caín ganó el trono, no tenía legitimidad alguna para ocuparlo. Viéndose desde entonces obligado a conceder prevendas y mercedes a cuantos nobles se las pedían; siendo llamado por ello: Enrique “el de las mercedes” (ya que no le obedecían a no ser que hiciera enormes concesiones). Mientras tanto, parece que con aquel espíritu cainita que le caracterizaba; Enrique II machacó a quienes habían dado su apoyo al verdadero rey (Don Pedro), dejando en el mayor abandono a Asturias -especialmente a los caballeros que fueron más fieles al derrocado-.
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BAJO ESTAS LÍNEAS: La Cruz de los Ángeles, tal como la exhibe el museo catedralicio de Oviedo -al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-. Esta pieza recubierta de metales preciosos y de gemas (muchas de origen romano), es un relicario que porta en su interior la cruz en madera que se supone llevó Don Pelayo en la batalla de Covadonga. Como sabemos, el rey Pelayo estaba casado con la hija del duque de Cantabria, todo lo que muestra desde los tiempos iniciales de la Reconquista, esa unión entre las dos Asturias (las de Oviedo y las de Santillana). Así fue como germinó otra nueva España (esta vez católica) después de que hubiera existido una Hispania romana y otra visigoda; que sustituyó a la España andalusí (pues a mediados del siglo VIII, los árabes dominaban ya casi toda la Península). Con gran desacierto, Claudio Sánchez Albornoz, calificó a Asturias como “el embrión de España”, creyendo que nuestra nación se había fraguado desde los tiempos de Don Pelayo. Sin considerar España, a la Hispania Romana, la visigoda, ni al califato Omeya independiente de Damasco (que prácticamente gobernó todo el territorio, durante siglos). Consecuentemente -a mi juicio- ese “embrión hispano” debió ser en verdad la Iberia greco fenicia y cartaginesa; una Península desde entonces bastante uniforme (al menos cívica, culturalmente y en su idioma) y que dio origen a la Hispania que conquistó y concibió Roma como unida -solo distinta a Lusitania-.
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AL LADO: Fotografía de KARL KRAUSE; el “filósofo de la bondad”, maestro de los grandes intelectuales de mediados del sigo XIX Español. Con su pensamiento basado en la paz y nunca en la revolución, no infundió el odio entre sus alumnos; quienes creyeron en una nueva Sociedad, basada en los principios de la justicia y la fraternidad, a la que se podía acceder sin violencia. La filosofía krausista (hoy apenas mencionada) fue el bálsamo de inteligencia y bien en el que bebieron los españoles que estudian en Heidelberg (hacia 1820) -quienes posteriormente promueven el Regeneracionismo hispano-. Donde este discípulo de Kant, les enseña como un humilde profesor, todos principios y los misterios iniciáticos de las Sociedades Secretas germanas. Con el fin de divulgar sus mensajes, aquel ilustre maestro de Heidelberg fue explicando detalladamente a los extranjeros la organización, el pensamiento y las funciones sociales de las logias alemanas (para que esos alumnos de países lejanos, creasen movimientos similares en sus tierras de origen). Pero aquellas “Sociedades” vieron en el bueno de Krause un “delator” que narraba a propios y extraños las ideas, el organigrama y funciones de la Masonería en Centro Europa; expulsándole de su hermandad, siendo castigado para siempre al silencio y al ostracismo. Ello le supuso la ruina económica la soledad y quedar en el olvido (donde se encuentra hasta el día de hoy); pese a que treinta años después de su muerte, las logias alemanas pidieran perdón públicamente por haber crucificado a uno de sus más fieles “hermanos”... .
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Aunque antes de que le despojasen de sus facultades académicas y de todos sus trabajos, Karl Krause pudo ser la guia de algunos españoles, entre los que se encontraban figuras como: Giner de los Rios, San del Rio, Joaquín Costa y el propio Leopoldo Ga.-Alas (Clarín). Imbuyendo en estos alumnos una filosofía de paz y reconciliación que hizo posible “el milagro” de final del XIX en España; lográndose gracias a ellos el Regeneracionismo, que dio como fruto un periodo de paz que comprendió más de cuarenta años y que se inició con La Restauración. Un movimiento regenerador del que no solo nacieron intelectuales como los del 98; sino también unos nuevos profesionales -bien formados en las Universidades y con arreglo a normas de una enorme ética-. Todo ello, apoyado por una clase industrial de gran estructura moral, que nacía desde nuevas teorías económicas krausistas, seguidas por banqueros, empresarios y comerciantes; deseando crear una nueva Sociedad basada en la justicia y en la bondad. Este milagro promovido por el Regenaracionismo partió de las enseñanzas del bueno de Krause; quien totalmente ajeno a las teorías alemanas de su época -que preconizaban la superioridad de la raza ária y de la nación germana- creía en un Mundo mejor, basado en el amor y en la paz.
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AL LADO: Tumba de Leopoldo Ga.-Alas (Clarín) -en el cementerio de San Salvador de Oviedo-. Este escritor fue uno de los grandes catedráticos de Filosofía del Derecho, enseñando a sus alumnos los principios del krausismo. Pese al beneficio que para nuestra nación fue aprender y seguir los principios filosóficos de Krause; este hecho ha sido apenas recordados por la Historia. Principalmente porque aquel alemán denostaba los métodos violentos, como modo de cambiar la Sociedad; un principio que chocaba con las ideologías que se fraguan a fines del XIX y que finalmente triunfan en Europa, a comienzos de siglo XX (las totalitarias de Izquierdas y de Derechas). De forma muy distinta, el krausismo español promovió un progresismo pacífico y sin rencores, generando una intelectualidad hispana reflexiva y basada en el bien común.
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Sin instintos de venganza, sin volver sobre los errores del pasado y deseando modificar para bien nuestra Sociedad; llegaron al poder los Regeneracionistas, gracias a personalidades como Joaquín Costa y José Canalejas. Transformando nuestra nación y volviéndola a convertir en una potencia europea; tanto que desde la arruinada España del 1898, se logra que estuviéramos entre los países más destacados del Mundo, ya en 1912. Para conseguir sus fines progresistas, se utilizó el arte y la cultura como medio didáctico; como modo de mostrar el absurdo de aferrarse a las normas decimonónicas. Un ejemplo de ello es la novela de Clarín, LA REGENTA; donde se pone de manifiesto los complejos y la neurosis de una Sociedad aferrada a los valores del siglo XIX. Así fue como el Regeneracionismo prefirió el arte a la revolución callejera y escribir antes que reñir en las plazas... . De ese modo dedicaron su tiempo los krausistas a crear obras literarias, de música, escultura o pintura; promoviendo a su vez nuevas formas de educación y enseñando a disfrutar de las bellezas del campo o del pueblo. Generando amor hacia el folklore y las tradiciones, a la vez que en las ciudades fundaban novedosos centros -como la Institución Libre de Enseñanza- donde se preparaba académicamente a los niños, sin los complejos del siglo XIX.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos fotografías del monumento a “Clarín” en Oviedo; realizado por el escultor Victor Hevia -y que todavía se encuentra en el Campo de San Francisco-. Decimos “todavía”, porque el vandalismo y la dejadez están afectando a toda a estatuaria exterior ovetense; especialmente a estas esculturas de Hevia, que cuando no se ven atacadas por gamberros, aparecen en ocasiones muy deterioradas (ya que un clima tan húmedo obliga a un mantenimiento constante de los materiales en que fueron esculpidas). Así decimos que personajes como Leopoldo Ga.-Alas compusieron el mecanismo que logró la reconciliación de la España decimonónica; donde las guerras y problemas no parecían terminar. Todo ello, tras cincuenta años de enfrentamientos nacionales, llegándose finalmente a un pacto de Estado entre las “muchas Españas”, principalmente gracias a estas ideas Regeneracionistas. Entre quienes las siguieron, hubo personajes de Derechas y de Izquierdas; pero todos se encontraban en un punto común a favor del bien social, el progreso y la paz (sin desear más guerras). Llegando a sacar a nuestra nación de aquel lodazal en que se había convertido desde 1800 y hasta 1875.
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Pues sabido es que nuestra nación tuvo un siglo XIX más negro que el carbón de Asturias (al menos en lo que se refiere a espiritualidad, pensamiento, progreso y avances). Un centenio que comienza con el reinado de un hombre sin inteligencia ni moral alguna (Carlos IV); aconsejado por una esposa perversa y gobernado por un valido absolutamente corrupto (Godoy). A ellos se debió invasión francesa, cuando dejaron pasar las tropas de Napoleón para que atacaran Portugal; tras lo que el emperador galo decidió que era mejor conquistar directamente España (llevarse a sus reyes y poner a su hermano de monarca). Finalmente lograron los españoles expulsar a los franceses; sin ayuda de su nobleza ni de sus reyes (que se ausentaron o apoyaron a José Bonaparte). Pero una vez recuperada la nación, regresó el hijo de Carlos IV; quien no solo era aún menos listo que el padre, sino -además- un rey degenerado y traidor. Así comenzó Fernando VII aboliendo las cortes de Cádiz, para luego matar sucesivamente a todos los héroes de la Independencia (con el fin de erradicar “competidores”). Pese a sus fechorías, murió en la cama en 1833; dejando como heredera a su hija Isabel. Una niña a la que quisieron quitar el trono: Su madre, su hermana, los generales que gobernaban bajo su mandato; y especialmente su tío, Carlos Ma. Isidro. Este último argumentando que una mujer no podía reinar en España; provocando en nuestro país casi cien años de guerras civiles (a las que llamaron “Carlistas”).
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Harto el pueblo hispano de las barbaridades de la Casa Real y de sus gobernantes, decidieron declarar la República en 1873; pero aquello fue ya la traca final de una España convertida en una pista de circo. Pues durante esa Primera República -que duró apenas veintidós meses-, hubo tres presidentes y hasta periodos en que el cargo quedó vacante, porque nadie quería dirigir ese caos. Escapando de España Estanislao Figueras, para no verse obligado a presidir un Estado “cantonal” en el que Sevilla se declaró República independiente, tal como hicieron Alcoy, Algeciras, Almansa, Andújar, Bailén, Motril, Torrevieja y etc.. A lo que siguieron sublevaciones como la de Cartagena, que sacó sus fragatas para bombardear Almería; tal como hizo Alicante, que atacó con su armada a Barcelona, mientras Málaga hacía lo mismo con Cartagena. Todo, a la vez que Jumilla se intentaba proclamar Estado independiente, porque Albacete deseaba declarar la guerra a sus provincias vecinas... . Males de esa República a los que se sumaban otros heredados; cuando aprovechando aquel caos, los carlistas lograban reclutar partidarios para seguir sublevándose en diferentes puntos de España.
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Después de tales desastres y tras el fin de la Primera República, vino La Restauración; donde se llegó al acuerdo de regenerar esta nación -que había sido una de las más poderosas de la Tierra y que llegó a convertirse durante el siglo XIX en un verdadero detritus-. Siendo lo que más contribuyó al consenso entre las partes, la transformación del progresismo radical en un progresismo moderado y culto; capaz de pactar con los monárquicos para sacar de la miseria cívica al país. Por cuanto decimos, los krausistas y su filosofía del bien, fueron esenciales para que España pudiera rehacerse a fines del siglo XIX. Aunque cuarenta años más tarde consideraron aquellas teorías obsoletas y prefirieron seguir las nuevas ideologías que por entonces nacieron en Europa; todo lo que les llevó a regresar al pasado y a decidir odiarse (volviendo a la Guerra Civil). Los hechos que aquí resumimos deberían de destacarse como método de reflexión a los españoles; pues Marx decía que "la Historia se repite dos veces, una como tragedia y otra como farsa". La frase que -aunque muy inteligente- a mi juicio no es cierta; pues la Historia se repite siempre, debido a que su protagonista es el hombre y los seres humanos somos todos parecidísimos, por no decir "los mismos" (con iguales pasiones, virtudes y defectos)
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AL LADO Y ABAJO: Dos imágenes de la plaza de la catedral en Oviedo y la estatua de La Regenta (situamos al lado de la escultura a mi mujer; no solo por lo guapa que es, sino también para conocer tamaños y proporciones del bronce y de la plaza). La novela de Alas “Clarín”, se refiere a la capital principado llamándola “Vetusta” -del latín “Vetus” = “viejo, anticuado”-. Criticando con ese nombre imaginario, los modos de vida tan obsoletos que aún pervivían en la Sociedad asturiana. Unas costumbres y tradiciones seguidas principalmente por la alta sociedad ovetense; que se había quedado anquilosada en las rarezas españolas y los complejos decimonónicos. Frente a ellos, una nueva élite asturiana estaba naciendo desde 1850, imbuida por los principios del krausismo, junto a otras filosofías del progreso y la justicia. Ideologías ya introducidas en Asturias por los ilustrados; debido a que en esta región es donde en verdad se fragua y crece la verdadera Ilustración hispana (junto a la gallega). Clarín fue uno de aquellos intelectuales que lograron educar a los jóvenes en unos nuevos principios, basados en ese amor al prójimo y en la mejora social. Su hijo (Lepoldo Ga.-Alas Argüelles) heredó la cátedra de Filosofía del Derecho y algunos de sus más cercanos colaboradores fueron los Gómez Morán (Ulpiano, Emilio, Luis y Mario), todos ellos juristas y discípulos de los García-Alas.
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