domingo, 27 de marzo de 2011

JULIÁN CORTÉS-CAVANILLAS: Señor, entre señores.


SOBRE ESTAS LINEAS: Interesante foto de Don Carlos de Borbón pretendiente al trono español, como Carlos VII, junto a su hijo y heredero (Jaime). De ellos me habló a veces Julián Cortés-Cavanillas, quien pudo oir la historia de Isabel II contada "de primera mano". Me comentaba que el "colmo del infortunio" para esta reina, fue nacer diez años mayor a "aquel rival". Pues, de haber sido algo más joven, la hubieran casado con D.Carlos de Borbón y no con Francisco de Asís ( que fue un mal marido y un peor compañero para la monarca). De haberse casado Isabel y Carlos -afirmaba Julián-, la Historia de España se habría ahorrado varias guerras civiles, decenas de miles de muertos en campaña y hasta -en parte-, el separatismo vasco-navarro y catalán (pues con D. Carlos al frente, los fueros y tradiciones del Norte, se habrían respetado).
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SOBRE ESTAS LINEAS: La famosa reina María de las Mercedes de Orleans, que murió muy joven y al poco de casarse. Su fallecimiento se dice actualmente que se debió a fiebres de tifus, contraídas -al parecer-, por beber agua de los pozos del palacio de San Telmo, en Sevilla (que se encontraban contaminados por su proximidad al rio Guadaquivir, donde se vertían los detritus de la ciudad). Muy amada por su marido y primo, era hija de uno de los enemigos " mas fuertes" de Isabel II (el duque de Montpensier). El padre de su nuera y su hijo (Luis Felipe) también intentaron coronarse como "reyes de España".

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Me decía Julián, hablando de esta época que tanto conocía: -"Por aquel entonces, a nuestro país le salían más pretendientes, que a una sucia bailando entre soldados..."-.   Se refería a los "pretendientes" al trono (evidentemente), pues no solo estaban los carlistas, con "ciertos" derechos. A ellos, les acompañaban otros como: Amadeo de Saboya, Leopoldo de Hohenzollern, el Duque de Montpensier, su hijo Luis Felipe, el general Espartero y largo etc.. Todos, de una forma u otra, "pretendieron" y ocuparon el puesto de la la reina, sintiéndose en el Derecho de hacerlo por ser "el monarca" una mujer  -no tanto por motivos políticos...-.  ¡Qué tiempos!. Pensemos y reflexionemos un poco para comprender que entre 1474 y 1517, en Castilla y Aragón (España) reinaron Isabel I y  Juana I; reconocidas perfectamente  por todos sus caballeros y súbditos. Incluso, Isabel La Católica, "suplió" en el trono a un hombre, que tenía más derechos como legitimo heredero... . Pese a nuestra historia y a tener una de las mas recordadas reinas en Isabel I, cuatrocientos años después (en 1874), tuvieron que sustituir "a la madre", por su hijo Alfonso XII,  principalmente por la falta de reconocimiento general de una mujer como monarca.

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BAJO ESTAS LINEAS: Curiosa foto-lámina de la familia de Alfonso XII, con las infantas Paz y la reina Maria Cristina (a la izquierda). Entre el rey y la reina, María de las Mercedes, la primera hija y "Princesa de Asturias", entonces (1881). Bajo ellos, las infantas Isabel y Eulalia. (imágenes tomadas del libro de Julián Cortés-Cavanillas: ALFONSO XII).

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Como ya hemos comentado, antes de comenzar cada nueva intervención, incluiremos una lineas en memoria y solidaridad de los afectados por el terremoto de Japón. Para todos los que deseen ayudar o donar algo a estos damnificados, les proponemos dos páginas (una de Cruz Roja y otra de Unicef). Del mismo modo, nunca debemos de olvidar que la mejor ayuda a Japón en estos momentos es: Consumir sus productos (sin miedo alguno), tanto como comprar sus máquinas y sus coches (que son magníficos).
http://www.cruzroja.es/pls/portal130/portal.donante.donativo
http://servidorseguro.unicef.es/web/donacion.html
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Como  decíamos ayer, si la buena educación hubiera tenido nombre y apellidos, esta se hubiera llamado: Julián Cortés-Cavanillas. Porque nunca conocí una persona  más agradable y menos conflictiva, siempre dispuesto a escuchar a todos con una sonrisa y a contestar con un chascarrillo o un chiste (si alguien decía algo desagradable, o inconveniente). Así contábamos en nuestra anterior entrada; que durante los años 1985 al 1988, pude compartir con él muchas reuniones, tertulias y fiestas -aunque tras esta última fecha, comenzó a tener problemas de salud, que le obligaron a ausentarse de las celebraciones-. En esa época, tuve la gran fortuna de que se aficionó a venir una vez por semana a casa de mis padres, donde siempre teníamos una "charleta" que comunmente, se amenizaba con historias sobre Japón (debido a que a Julián le encantaba este país, de donde era mi novia de entonces -quien hoy es mi mujer-). Siempre me arrepentiré de no haber tenido entonces una libretita a mano, para ir apuntando todo lo que narraba Julián sobre su pasado, sobre los reyes, sobre sus amistades y sobre lo vivido por él -Porque era verdadera memoria histórica-. Aunque pese a haber transcurrido casi veinticinco años, me acuerdo de algunas de las historietas que nos comentaba (por su importancia y por lo divertidas que eran).
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Siempre que pude, le hice de "chófer", ya que como no conducía y en aquellos años tenía mas de setenta y siete, le venía fenomenal que alguien le recogiera en su casa de General Moscardó y le devolviera a ella (tranquilo y seguro). Mi intención de llevarle y traerle en coche, no era "humanitaria" (como muchos entendían). Para nada, era cultural y se debía a que en estos trayectos, cuando estábamos a solas y sabía que nadie nos oía, comentaba cosas verdaderamente interesantes -a mi mujer le encantaba viajar con él, porque era un hombre increiblemente ameno y con una conversación agradabilísima-. También en estos momentos (dentro de "tapones" de tráfico o durante largos recorridos), entablaba discusiones conmigo, intentando convencerme para que fuera "más" monárquico... .
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Recuerdo que un día de esos en los que ir de un lado a otro de Madrid suponían varias horas de coche, me preguntó: -"¿Oye, pero tú no eres nada republicano?. Lo que pasa es que no te gustan tanto los reyes, porque te caen mal algunos de sus amigos"- .   
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Yo le contesté: -"No Julián. Yo soy... Monarquicano"-.   A lo que repuso: -"Anda y ... ¿Eso, qué cosa es?"-.   Respondiéndole entonces con ahínco: -"Pues... .Que... . Lo que a mí me molestan no son los reyes (que los ha habido buenos y hasta bien inteligentes); a mí lo que me repatean, son muchos monárquicos; todo el día enredando y snobeando."-
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Se quedó el pobre pasmado, pero como era un hombre rápido e inteligente soltó un chascarrillo aseverando mis "duras" palabras con un: -"¡Los monárquicos, somos fatales. El primero yo, que soy el más monárquico de España!"-. Inmendiatamente le expliqué que lo dicho, no iba nunca por él (que era un verdadero amigo). Sonrió con unos dientes de rata que sacaba bajo la boca y luego comentó que bien sabía que por él no lo decía.... . Continuando con un: -"Mira que eres malo... . Ya sé por quién lo dices y quién te cae mal a ti... . Pero los monárquicos no somos todos iguales. Los hay muy buenas personas..."-.
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Tuve entonces que callar lo que pensaba sobre cómo le habían relegado y jubilado (totalmente) "ciertos grupos" y sectores de la Alta Sociedad. Pues era sabido que Julián estuvo sesenta años haciéndo favores y portándose de maravilla con cuantos seguían a los reyes. Pero en su vejez, tuvo que ver como muchos amigos de la nobleza y parte de la burguesía monárquica, le daban la espalda. Solo por haber cumplido años, estar retirado y haber perdido ya la capacidad para hacerles más favores. Nunca tuvo una queja ni un ápice de amargura, pero para quienes sabíamos quién había sido Julián Cortés-Cavanillas, nos sublevaba ver como había tantos de sus amigos importantes, que ya ni se ocupaban de él, por verle anciano y débil. 
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El día que le manifesté mi poco aprecio por algunos monárquicos, quedó pensativo y quizás dolido por mis palabras. Comentando Julián, tras el momento de silencio que se produjo en el coche (al decir yo lo de "monarquicano"); que quizas, la única ventaja que tenían las Repúblicas, frente a las monarquías, era la de que cada cuatro -u ocho- años, las amistades del Jefe del Estado cambiaban y rotaban. Tras ello, se echó a reir, llamándome "el chorra monarquicano"... . Así era Julián Cortés-Cavanillas, un hombre de una educación absoluta, sin nada amargo, al que era imposible cambiar en su buen humor y que contestaba todas las preguntas, e incluso a las impertinencias (aunque vinieran de un chico de veinticuatro años -como yo-, entonces muy herido y enfadado con algunos sectores de gran poder; por haber tenido graves encontronazos con "ciertos ambientes snobs" y malvados, de la Villa y Corte).
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Pese a ello, me reconoció que "los incondicionales" eran su ilusión, al final de su vida. Dos grandes alegrías había tenido en su existencia: La primera fue cuando Alfonso XIII le había nombrado biógrafo dándole un gran abrazo. La última, cuando hacía pocos años entonces (en 1987), el rey Juan Carlos le había cogido en brazos y llevado hasta un sofá en la Zarzuela, como si se tratara del niño de la casa... . Pero entre todas, una de las grandes ilusiones, eran los "incondicionales", los amigos que todavía conservaba en estos días finales,  cargados de penalidades y problemas. "Incondicionales": Así llamaba a los antiguos amigos, que todavía le trataban y quienes eran por aquel entonces, solo "unos pocos", para un hombre que había conocido a media España y ayudado a la otra mitad. Entre estos que siempre le arropaban, se encontraba su admirado y querido amigo Leandro Alfonso Ruiz Moragas (entonces; hoy D. Leandro de Borbón). Decía que era igual a su padre y que una de las mayores ilusiones que tendría sería la de verle apellidado Borbón -tristemente, el reconocimiento de D. Leandro llegó tras la muerte del escritor-. Contaba Julián que su sobrino (el rey) siempre estaba tratando de que por fin inscribieran oficialmente a Leandro, como legítimo tio suyo diciéndole comunmente: -"Leandro, tú lo que tienes que hacer, es firmar y presentarte como Borbón y pasar ya de los abogados y esas cosas"-.
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Pude en esos años conocer al este hijo de Alfonso XIII -por mediación de a Julián- y tras hablar con D.Leandro y ver que realmente era un "tipo" divertido y castizo, le pregunté al escritor, si era verdad que tanto se parecía a su padre. A lo que Cortés-Cavanillas me lo confirmó, diciendo: -" Se parece muchísimo, anque el rey Alfonso era aún más divertido y animado. Había momentos en los que no podías parar en horas de reirte, de las cosas que decía; con la flema y la juerga con las que las pronunciaba..."-. Muy interesado entonces, le pregunté tras ello, qué tipo de persona era Alfonso XIII, y su biógrafo me contestó: -"Parecido a Leandro, muy similar, pero áun con mas gracia y con más estilo y garbo. Para que te hagas una idea, al lado suyo, Jaime de Mora y Aragón sería un soso y un tío sin gracia ni clase".- (¡Cómo debía de ser, pensé yo para mis adentros!).
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No pude comprobar como fué Alfonso XIII, que según lo que contaba en privado Cortés-Cavanillas, era un hombre simpático y lleno de ingenio. Pero lo que  sí puedo afirmar es que Julián era un tertuliano inmejorable y una persona cargada de humor, ironía y de bondad. De ello, aún recuerdo algunas anécdotas que narraba en las reuniones de casa (donde a veces se "explayaba"); historias de las que alguna desearía recoger, pues son "Historia viva" -y precisamente, muchas, historia del humor más refinado-.
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Así nos comentó, que tras haber ido al Japón de corresponsal, con los "todavía" príncipes (en el año 1972) y a su regreso del viaje, le mandó llamar Franco (para tener con él audiencia privada). Llegó a El Pardo el día que concertaron la conversación y dice que le recibió "cordialmente", saludándole con el "efusivo": -"Como anda por allí, Cortés"-. Ello era la manera en la que siempre se dirigía a él, debiendo saberse que el "Cortés" era como llamaba Franco a Julián y el "allí", suponía Italia, donde el escritor llevaba años. "Cortés" le respondió que le iba muy bien por Roma (donde era desde 1945 corresponsal de ABC). Tras lo que el general le preguntó, cómo había encontrado España.
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Parece ser que aquella cuestión, ya la consideró "Cortés" un tanto compleja y no sabiendo qué contestar - y sobre todo, sin querer decir que Italia estaba mejor-, le respondió, que había visto a nuestro país animadísimo y muy alegre. El general (que ya estaba mayor) no acertaba a entender a qué se refería al decir aquello de "muy alegre", por lo que le preguntó a qué se refería concretamente. Así, Julián le explicó que la española, era una alegría que se veía hasta en las calles. Por ejemplo, que todas las noches de verano, a las dos de la mañana, la Gran Via o el Paseo de Recoletos, estaba aún llenos de vida y de gente, tomando copas y cambiando de un local a otro; mientras, a esas horas la ciudad de Roma estaba desierta. Entonces parece ser que Franco se quedó pensativo un momento y le dijo con tono "semi-enfadado":
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-"¿Ahh... Es eso?. ¡Pues yo le digo Cortés, que todos esos que hay allí a ´las tantas`, son señoritos!."   Julian, al ver un tanto alterado al general, se quedó preocupado y tras escuchar su afirmación le preguntó si creía que realmente estas miles de personas que pululaban por La Gran Via, o el centro de Madrid, a altas horas de la noche, eran señoritos. Tras lo que Franco le contestó, incorporándose sobre la mesa y diciendo exactamente: 
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-" Evidentemente: Son señoritos. Población flotante.... . Esos, no cuentan"-.
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Quedó el escritor con cara y corazón admirado al escuchar aquello y viendo que el general estaba molesto al hablar de los trasnochadores -a los que habían dedicado ya demasiada atención-, entendió que debía derivar la conversación hacia otro punto. De tal manera, siguió en ella comentando que de su regreso de Japón había venido admirado de la organización y la calidad humana de aquel país. A lo que Franco le respondió:
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-"¿Japón?. Un país maravilloso. Está a punto de convertirse enteramente al catolicismo. ¿No lo  sabe; Cortés?"-.  Julián me dijo que en ese momento, lo que no sabia era dónde mirar ni qué decirle; por lo que se le ocurrió comentar en tono de despistado, que no tenía esas noticias precisamente sobre el catolicismo y Japón. A lo que ya Franco, un tanto molesto, le advirtió que los gobernantes tenían una información muy superior a cualquier periódico y que -evidentemente-, en pocos años, Japón sería por completo católico... .   Era entonces 1972 o 1973, y parece que fué la última vez que Cortés-Cavanillas habló en privado con Franco. Cuando contaba aquella audiencia, la cara de juerga que "se le ponía" a Julián, era como para haberle tomado cien fotos; porque comentaba que en verdad había sido mucho mas surrealista que cualquiera de sus conversaciones con Dalí (que al parecer, fueron varias y variadas).
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Sobre este último personaje, también me narró una preciosa anécdota que se desarrollaba durante un vuelo Nueva York - Madrid, en el que viajaban en los asientos de primera: Dalí y el hijo de un afamado banquero de los años sesenta, junto a Julian. Decía que durante el vuelo, se les acercó Salvador Dalí para exlicarle que venía de Arizona, donde estaba planteando construir el "Templo Crustaceo"... . Así, al poco de despegar del J.K.Kennedy,  el pintor les dijos si querían ver los planos de su templo crustaceo y el escritor, y el hijo y heredero de un famosísimo banquero, contestaron que sí. Allí mismo, Dalí desenrolló los planos de algo pintado y que mas bien parecía un cangrejo mecánico, andando sobre el desierto, construido de metales (con cruces y símbolos religiosos por doquier). Les fue explicando a los dos españoles las funciones y significado del "Templo Crustaceo de Arizona", lo que parece, era incomprensible para un simple mortal. Pese a ello, al hijo del banquero  le entusiasmó la idea, tanto que pasaron horas hablando del tema. Antes de llegar a Madrid el rico heredero le dijo al pintor que en el aeropuerto le estaba esperando su padre y que tenía mucho interés de que hablara con él, por ver si le patrocinaban el maravilloso proyecto de Arizona, desde el banco familiar.
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De tal manera, aterrizaron en Barajas y al salir de frontera allí estaba el mencionado magnate, que tras saludar a su hijo, recibió la noticia de que había volado junto a Dalí y que deseaba presentárselo, tanto como explicarle el proyecto del Templo Crustaceo (que era la última maravilla daliniana). Así llegó hasta el banquero, Dalí; que junto a Julián, fueron invitados a comer  y a subirse al amplio mercedes que traía para recoger a su hijo. Cargaron el equipaje de todos en un taxi (que les seguía) y llegaron al banco. Allí pidió el presidente que les prepararan el almuerzo para todos (él, su hijo, Dalí y Julián); con el fin de que mientras comían, el pintor expusiera lo que era el Templo Crustaceo, por ver si se podía patrocinar por alguna entidad financiera relacionada con ellos. Contaba Julián, que la reunión y lo concerniente al templo, duró bien poco, pues la conversación entre Dalí y el banquero fue bastante breve.
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Pues el pintor comenzó exponiendo que había encontrado en el hijo del financiero, uno de los hombres mas inteligentes del Mundo; ya que a todos había explicado el Templo Crustaceo y nadie lo entendía. Pero que el heredero de aquel magnate, tan solo en unas horas, e incluso en unos minutos, había captado y comprendido todo el significado, tanto como la importancia del proyecto de Arizona. Ello, lo corroboró Julián, quien dijo que ciertamente, tras haber intentado atender durante largo tiempo las explicaciones de Dalí, poco o nada comprendía; mientras su compañero de asiento, lo entendió todo rápidamente. Tras aquello, comenzó el pintor a exponer de nuevo, qué era y en qué consistía el Templo Crustaceo; explicando detenidamente todos los pormenores a su posible patrocinador (ante el hijo,  quien animaba al artista a que hablara de una cosa y de otra....). Trascurridos unos minutos y antes de que pasaran al segundo plato, dijo el financiero que ya "lo entendía todo y bastante bien".  A lo que Dalí le felicito. Tras eso le preguntó el pintor, qué le parecía la idea y el proyecto. Entonces, y ante el asombro de todos, el anfitrión dijo severamente:
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-"Que, qué me parece lo del Templo Crustaceo.... Me parece una imbecilidad..."-.  Los comensales quedaron mirándose, con un gesto de "horror". Todos, menos el artista, pues Dalí, en décimas de segundo, le contestó al banquero con un acento catalán más marcado que de costumbre:  -"Oiga... Es verdad que el inteligente no es su hijo.... Lo es Usted..."-.   La carcajada fue general (hasta al camarero que les servía, parece que se le cayó la bandeja de la risotada) y la amistad entre el financiero y el pintor parece que desde ese momento se perpetuó.  
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Estas y otras cosas eran las que Julián nos contaba una tarde sí y otra también, haciendo mas que amena cualquier tertulia o reunión en casa. Pudiera parecer fácil ser así, realmente no lo era, porque entonces, Cortés-Cavanillas tenía mas de setenta y siete años, con grandes problemas de salud (y profesionales). Además, entre sus amistades, había sufrido tremendas deslealtades. Pese a ello, nunca tuvo un mal comentario ni un mal gesto hacia nadie. Porque Julián era un verdadero señor (de los pies a la cabeza), para quien lo mas importante era ser educado y fiel, agradable, ameno y culto (hasta límites insospechados). Sean estas palabras a la memoria de quien era tan buena persona y tan divertido amigo; pese a que se distanciaba en casi cincuenta años de edad conmigo y en más de cincuenta y cinco, con mi mujer (la japonesa con la que le encantaba hablar horas y horas sobre el Sol Naciente y sus emperadores).  

sábado, 26 de marzo de 2011

JULIÁN CORTÉS-CAVANILLAS: La lealtad, la bondad y la buena educación.

Desde el pasado terremoto de Japón, comenzaremos nuestras entradas pidiendo ayuda y el recuerdo para los damnificados de este trágico suceso (tanto como a los que hoy se han producido en otros seísmo). Hay múltiples formas de colaborar con la Cruz Roja (para enviar  dinero, objetos y alimentos de primera necesidad a damnificados en estos terremotos).
Muchas gracias a quienes así lo hagan.
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Sobre este párrafo: Retrato inacabado de Julián Cortés - Cavanillas, pintado por Betsy Westendorp hacia 1985-1986 (ver www.betsywestendorp.com). Poco después de esta fecha, Julián comenzó a sufrir enfermedades que le impidieron ir a posar, para que la pintora terminase la obra. Recuerdo que Betsy se portó maravillosamente con el escritor y periodista; como una gran amiga, siempre atendiéndole, con mucha cortesía y sobre todo en la última etapa de su vida (cuando Cortés-Cavanillas estaba enfermo y apartado de las élites, a las que antes había pertenecido).
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BAJO ESTAS LINEAS Y SOBRE ELLAS: Un ejemplar del libro sobre Alfonso XII escrito por Julián y que me dedicó al poco de entablar amistad. Le conocí hacia 1977 en casa de Betsy Westendorp, pero no sería hasta 1985 cuando volví a verle; tras ello Cortés-Cavanillas, se aficionó a venir semanalmente a comer a casa de mis padres y a tener tertulias allí. De él debo decir, que -tal como mis padres y hermanos afirmaban-: Era una de las personas más educadas y más agradables que nunca habíamos conocido; un tertuliano nato, siempre con una sonrisa y una anécdota curiosa en cada conversación. Se hizo tan acostumbrada su visita a casa, que tristemente nunca nos hicimos fotos con él  (algo que siento profundamente, pues por aquel entonces Julián era un viejecito divertido y entrañable, que a mi mujer le encantaba, ya que siempre le contaba anécdotas de su viaje y experiencias en Japón -junto a los reyes-).
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Si alguien he conocido educado y leal, este ha sido Julián Cortés-Cavanillas. Lo que digo tiene un doble valor: Primero porque vivo en Japón, donde la lealtad y la educación se lleva a límites "insospechados". Segundo, porque nunca he sido monárquico (tampoco republicano). Por ello, la admiración que me despertó  Julián -un hombre entonces, de una ideología distinta a la mía-, goza de un verdadero mérito por su parte. Y es que Cortés-Cavanillas era un hombre de otra época, con el que incluso, pude comprender por qué -o cómo-, el padre de mi madre (y sus hermanos) adoraban a Alfonso XIII.
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Como digo, mi abuelo y sus hermanos tenían pasión por Alfonso XIII y algunos en la familia (muchos, incluso tras haber sido "liberales"). Pero para mí era un rey que tristemente nada me complacía y así se lo hacía saber al pobre Julián, quien fue uno de sus más cercanos colaboradores, y hasta amigo... . Nunca se molestó por aquello y me explicaba una y otra vez anécdotas y razonamientos sobre su reinado, defendiendo a quien él tanto quería, con la mejor cara y con la mayor educación. Recuerdo -por aquel entonces, en mi juventud-, que le manifestaba entender como  Isabel II levantaba algunas pasiones, porque era de "pura raza ibérica" y un personaje interesante. Tan amada por su pueblo -y tan odiada en otras ocasiones-; con una vida de las más tristes que nadie pueda tener y rodeada de gente que se solo se aprovechaba de ella, resultaba un monarca intersante. Incluso, le explicaba a Julián, que comprendía a los admiradores de Alfonso XII: El rey del romanticismo, de la meticulosidad y la "pandemia" de un fin de época, que entonces toda Europa vivía . Pero me costaba creer que Alfonso XIII hubiera sido  un gran rey, como Cortés-Cavanillas afirmaba. Él, una y mil veces, me explicaba los motivos por los que este monarca pudo ser una de las causas vitales para mis abuelos y sus hermanos. Tanto que el padre de mi madre dicen que fué apresado y muerto en el 36, fundamentalmente por manifestar su lealtad a la Corona; mientras poco antes, mi abuelo paterno puso por nombre a su hijo, nacido en el año 1931: Alfonso. -Eso, que algunos, anteriormente habían tenido ideas muy liberales...-.
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Pero pasemos a Julián Cortés-Cavanillas, a quien recuerdo perfectamente como y dónde lo vi por primera vez (debió ser hacia 1978, porque yo aún no conducía y tuve carnet en 1979, tras cumplir los dieciocho). Me acuerdo que fué un sábado, a altas horas de la noche. Sonó el teléfono y me llamaba Betsy Westendorp, pidiéndome si me podía acercar hasta su casa con un disco de música polaca (de los siglos XV y XVI), en el que yo había encontrado por aquel entonces los acordes que posiblemente eran el origen de la Marcha Real (o de Granaderos). Me dijo Betsy que alguien quería escucharlo y se trataba de una persona con la que habían cenado allí ("un señor muy importante, recién llegado de Italia", literalmente), que investigaba todo sobre la Casa Real.  Estaban hablando sobre música, y se había quedado muy interesado por ver si era verdad que el himno pudiera estar entre las partituras polacas del siglo XV (como yo entonces afirmaba....). Pedí a mi hermano que me llevara hasta la casa de la pintora y así conocí a Julián Cortés-Cavanillas, cuando todavía él era un periodista y escritor famosísimo. Oímos el disco que yo llevé y observó, que efectivamente había muchos acordes comunes con los del himno español, aunque concluyó que podía ser quizás un hecho casual, pues le faltaban cadencias o notas más iguales, para considerarlo el verdadero origen de la Marcha Real.
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Para terminar, comentó que igualmente le había pasado con una ópera, que algunos consideraban la fuente de inspiración del "Cara al Sol"; narrando Cortés-Cavanillas que ese himno se había compuesto primero con letra vascuence y se llamaba "Amanecer en Cegama"; siendo obra de Juan Tellería ( compositor nacido en Cegama). No recordaba Julián bién la ópera en la que decían podía estar "inspirado" el Cara al Sol y preguntándome sobre ello, le comenté que quizás se refiriera a la Gran Marcha de Aida. A lo que replicó que,  exactamente era esta; quedándose algo sorprendido por que yo lo hubiera acertado. Más tarde, recuerdo que siguió la conversación y la tertulia hasta altas horas de la madrugada, en la que Julián contó (entre otras) una anécdota verdaderamente divertida. Narrando como en sus primeros días en Roma, cuando llegó como corresponsal de ABC hacia 1945, tuvo que esperar a que le dieran un piso, viviendo en una pensión. Allí, no podía hacerse ni un café por las noches, mientras escribía las redacciones. Así que ya harto de no tener donde poner agua a hervir, salió una de las mañanas a comprar una cazuela eléctrica. Y como todos los españoles creemos que hablar italiano, consiste en acortar las palabras y ponerle "zetas" e "ies", entró en una tienda de electrodomésticos y pidió:
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-"Per favore.... Un cazzo elettrico"-. Ni que decir tiene, que el dependiente de la tienda, hace mas de sesenta y cinco años, cuando vió entrar a un señor bajito y trajeado, preguntando por un "cazzo elettrico" , no sabía donde mirar; menos qué explicación dar a un hecho "tan significativo". Hasta que uno (que al parecer, era cliente) le preguntó para qué necesitaba aquel "cazzo elettrico", a lo que Julián le dijo que para hacer café.... ¿Hacer café, con aquello? -ya sabemos todos lo que significa "esta palabra" en idioma de Petrarca-... Los italianos no podían parar de reirse... Al igual que nosotros, de cuanto nos contaba Cortés-Cavanillas, esa noche  de 1978, en casa de Betsy.
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Recuerdo que al salir de allí, mi hermano me comentó si sabía quien era ese señor tan simpático con el que habíamos hablado horas. Yo lo desconocía y me comentó que se trataba del biógrafo oficial de Alfonso XIII y de gran parte de la familia real, habiendo sido unos de los grandes colaboradores de los reyes en el exilio (a más de Secretario General de ABC).   Yo no podía dar crédito a lo que me comentaba, porque aquel señor con el que habíamos estado hasta altas horas de la madrugada, más parecía un humorista escritor (del tipo de Alvaro de la Iglesia), o un bohemío del Gijón, contando anécdotas y chistes sin parar. Tras lo que mi hermano me apostilló: "-Es que si algo tenía Alfonso XIII, era ser simpático; y este Cortés-Cavanillas, debe ser muy del estilo...-" . De ello tengo guardo una gran pena, pues años después vino mucho Julián por casa, y siempre contaba anécdotas increíbles y divertidísimas. Aunque, tristemente, nunca se me ocurrió hacer un cuadernito con lo que nos narraba -que a veces era genial-. Así, que cuanto ahora escribo, lo guardo en la memoria y es solo lo más relevante de todo lo que nos fué transmitiendo Cortés-Cavanillas, en comidas y tertulias (durante sus últimos años).
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Pues fue unos siete años después (en 1985) cuando volví a encontrárme con Julián en una cena. Allí le comenté que yo era amigo de Betsy Westendorp y que muchos años antes le había conocido en casa de la pintora; afirmaba acordarse de la velada y de lo que hablamos sobre la ópera y la Marcha Real (dejándome admirado de su memoria). Antes de despedirnos, me dijo "que le enviara muchísimos recuerdos a la aquella encantadora dama y conocida común". Al día siguiente telefoneé a Betsy y le comenté mi encuentro con el escritor, tras lo que quiso saber de él, pues se había enterado que estaba ya un poco mayor y muy retirado de la profesión (tenía por aquel entonces mas de setenta y cinco años, Julián). Me dijo Betsy que le quería hacer un retrato, pero que como Cortés-Cavanillas no conducía, debía haber alguien que le trajera y le llevara a su estudio, para que posara. Me ofrecí a hacerlo y a llamarle para comentarle que comenzaría a recogerle semanalmente en su casa de General Moscardó y trasladarle hasta la de la pintora. Entonces recuerdo que Julián se quedó muy pensativo y comentó:
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-"Dile Betsy, que yo ya estoy totalmente retirado y no aparezco ni escribo en ningún sitio. Así que si me hace el cuadro, no puedo corresponder, ni sacarlo en las revistas, ni hacer nada para promocionarla. Y es que un retrato de ella vale millones, así que no puedo ir a posar"-. Le comenté aquello a la pintora, quien se enfadó terriblemente; le telefoneó ante mí diciendo que ese, precisamente, era el momento de hacerle un cuadro; ahora que tenía tiempo para ir y que nadie les molestaba por las tardes. Tras echarle una pequeña bronca la artista, parece que Julián aceptó el retrato e ir a posar, para lo que fui haciendo yo de chófer algunas tardes.
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Así conocí a Julián, quien tuvo una especial predilección por mi amistad, porque le presenté a la que entonces comenzaba a ser mi novia (mi actual mujer); quien al ser japonesa, le despertaba una enorme admiración. Poco después llevé a casa de mis padres a Cortés-Cavanillas, donde desde entonces y hasta su enfermedad, no faltaba una semana en la que nos reuniéramos y nos diviertiéramos, haciendo tertulias y contando historias. Le encantaba estar entre gente joven y a pesar de tener ya setenta y siete años, se divertía contando sus experiencias y aventuras  a todos. En especial las ocurridas en el país del Sol Naciente, que narraba con verdadero arte a mi  novia japonesa (-entonces, hoy mi mujer- que en esos años no había cumplido los veinte). Teniendo la virtud de poder sentar en la misma mesa a tres generaciones (abuelos, padres e hijos), e irles contando historietas a todos, sin aburrir nunca a nadie, porque con una enorme atención seguíamos siempre las aventuras y anécdotas que nos relataba Cortés-Cavanillas.
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Normalmente trataban sobre su vida, que comprendía fundamentalmente desde que había publicado su primer libro: "Alfonso XIII (Causas y episodios de una revolución)". Obra que editó en 1931 y con la que tuvo un enorme éxito; llegando a los cincuenta mil ejemplares de ventas en solo un par de años. Parece que tras ello, su amigo el Doctor Florestán Aguilar, le llevó a Roma a conocer a Alfonso XIII en el exilio, quien le hace su biógrafo oficial ya en 1933, cuando Cortés-Cavanillas solo contaba vienticuatro años  (que eran casi los mismos que yo tenía por aquel entonces, cuando sucede lo que narro -en 1986-). Su amigo Enrique González Fernández, que también le conoció por estos años, narra que poco después -en 1935-  Alfonso XIII fué padrino de su boda, tanto como de su primer hijo (Alfonso Cortés- Cavanillas, también un destacado periodista, que durante tiempo llevó los informativos de TVE). Pero pasemos a algunas anécdotas que recuerdo narraba de esas épocas:
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La primera, que nunca podré olvidar es la que contaba sobre la casa de su amigo Florestán Aguilar, que al parecer era el médico de Alfonso XIII. Decía Julián, que este afamado doctor, vivía en Madrid, en la calle Fernando VI, precisamente en la casa modernista que hoy es la SGAE (Sociedad General de Autores). Allí, en ese palacete a la "última moda de entonces", tenía su casa Don Florestán y al parecer, un día, mientras Julián y sus amigos estaban en aquel domicilio, una persona del servicio doméstico sufrió un extraño accidente. Consitió ese percance en que una chiquita, mientras limpiaba las ventanas y las cristaleras, se resbaló y en su ropiezo tuvo la desgracia de que uno de los muchos "chirimbolos" que decoran las balaustradas de esta casa modernista, se le introdujo por aquella parte donde entonces se creía que "vivía la honra". Tras recogerla, Don Florestán se apresuró a curarla y al reconocerla, vio. que no había sido mas que un pequeño golpe en zona nobilísima, sin producirle daños; pero que infortunadamente, le había roto aquella minúscula zona en la que muchas familias asentaban el honor de las hijas....
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La chica no paraba de llorar y llorar, sin saber como iba a contar a sus padres y a su novio lo sucedido y tanta pena les dio a todos, que el doctor Aguilar dispuso que se le hiciera un certificado oficial. Dictando el escrito que tan solo aquel percance (con un "chirimbolo" de la barandilla de su casa), había sido la causa de esa "terrible rotura"; por lo que la pobre infortunada, era pura y casta. Tras eso parece que  pidió también, que certificaran Julián y el resto  de los amigos que estaba en ese momento allí, haber presenciado el accidente. De tal manera, el médico extendió su "acta" y los amigos firmaron una carta de autenticidad de los hechos, con la que aquella pobrecita  -"así herida"-, pudo presentarse ya tranquila ante el novio y sus padres. Tras aquello, contaba Julián, que Don Florestán (con alguna sorna), les comentaba que aquella chiquita había mejorado muchísimo de carácter y estaba muy tranquila y alegre... Sin saberse por qué...
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Aunque quizás, el misterio se resolvió cuando a los pocos meses -o semanas- otra mujer jóven de la limpieza, sufrió un idéntico incidente (que igualmente hubo de certificar Don Florestán, con un mismo diagnóstico e historial al del anterior). Desde aquello, contaban muchos, que diariamente iban chicas y chicas, para intentar colocase a trabajar en la casa del Doctor Aguilar... . Casi sesenta años después (hacia 1987), mientras una tarde andábamos con Cortés-Cavanillas por la calle Fernando VI, viniendo de una fiesta; al pasar ante la SGAE, Julían nos dijo:     -"Mira, esta es la casa de Florestán y esos herrajes que ves en las escaleras, son los chirimbolos, gracias a los que nunca faltaban chicas muy interesadas en trabajar para el hogar de mi buen amigo...."- 
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Puede parecernos fácil ser así, pero estamos narrando anécdotas de un hombre que nació en 1909 y que en a mediados de los ochenta, ya tenía casi los ochenta (y valga la redundancia). Haciendo siempre reír a todos, con sus anécdotas y su sentido del humor. Recuerdo que una vez le pedi por qué no me contaba una de las "mas fuertes" que le había oído mencionar a Alfonso XIII de sí mismo y me dijo que tenía "una" que era "incontable", pero que se "iría de la lengua": Se trataba de un día, en que comiendo en Lhardy el cocido y los callos (que era el menú preferido de este rey), tuvo que compartir mesa con un profesor de Filosofía que era un pedante. Harto ya de pedanterías del "sabio", le preguntó con cara de serio en un momento en que aquel tan docto, se había callado:   -"¿Oiga profesor, eso de la Filosofía que nos cuenta, cree Usted que se le puede echar al cocido, o es más partidario, que lo pongamos en los callos?"-. Se produjo un momento de incertidumbre y tras ello, dicen que la carcajada de todos los que estaban en la mesa, fué sonada.
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Como ya dije al principio, Julián Cortés-Cavanillas, sentía una predilección y amistad especial por la que entonces era mi novia y ahora mi mujer. No solo por ser japonesa, sinó también por la cultura que ella tenía ya con solo diecinueve años y poder conversar así sobre el Pais del Sol Naciente, al cual tanto admiraba el escritor. Uno de los viajes que decía mas se había divertido en su vida, fué el que había hecho como corresponsal en 1972 hasta Japón, con  los reyes (entonces príncipes). Narraba mil anécdotas y casi todas imitando a los japoneses, lo que provocaba enormes risas; pues cada vez que contaba como se le había acercado un nippon para regalarle, preguntarle o pedirle algo, se levantaba de la silla, ponía cara de "chinito" y se movía como si estuviera embutido en un kimono. Las historietas eran múltiples y todas terminaban refiriéndose al Emperador a la Emperatriz y a costumbres del baño, o cosas cotidianas de los japoneses. Le habían encantado las geishas (porque narraba que fué invitado a una de las mejores casas de Kioto) y las imitaba tocando el samisén, cogiendo el ABC y haciendo con el periódico que tañía la guitarrita japonesa, dando con la boca con el sonido "a lata" de aquel instrumento, mientras cantaba en un perfecto castúo unas canciones que se inventaba en "su japonés".
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Pues Cortés-Cavanillas era de Badajoz y sus orígenes estaban cercanos a Medellín; y por ello, le había dicho una y mil veces Alfonso XIII, que seguramente tenía algo que ver con el conquistador (Hernán), tanto como con el marquesado del Valle de Oaxaca. Comentando Julián que una y mil veces el rey en el exilio le expuso que debería hacerse la genealogía, pues de tener tronco en Medellín con el conquistador, le podía rehabilitar títulos. Al final de su vida, el escritor me confesó que había sentido mucho no haber tenido tiempo para investigar este punto de su pasado, pues le hubiera encantado encontrar entronque con Hernan Cortés, al cual él admiraba profundamente.
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Una de las cosas de las que también hablaba comunmente Julián era del significado de los Emperadores del Japón y de su admiración por aquello. Yo entonces no le comprendía, ni entendía su admiración por estos hechos. Tampoco su devoción hacia Alfonso XIII, del que decía que era el verdadero rey, pues fué el único caso en la Historia de Europa que nació ya monarca. Hablaba de su señorío, de su simpatía, de su forma de ser en el exilio y de mil cosas que le contaba en Roma (mientras fué su asesor). Tristemente, no le hice el caso que hubiera debido, apuntando los hechos que me relataba sobre el rey Alfonso. Solo recuerdo un día en que le pregunté cual era la esencia de la monarquía y me contestó que tenía un significado espiritual y cultural. Que por ello, una figura como el Emperador de Japón, o la reina de Inglaterra, era el ideal a seguir (lo otro, lo que hacíamos en España, "descafeinando" la institución, era "complejo"). Me explicó sobre todo ello, que se trataba de desvincular la cabeza del Estado de algo "material", y así, poniéndola en la Corona, se trataba de crear una figura cultural o histórica (inmaterial e inaccesible) que representara al Jefe del Estado. No lo comprendí.
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Años más tarde me fui ya a vivir a Japón y allí conocí a alguien que también hablaba de cosas parecidas. Le comenté que "aquello" de considerar a un hombre dios por haber nacido en una estirpe, era inconcebible en Occidente. Me contestó que efectivamente; que eso era quizás para nosotros, una gran injusticia: Considerar a alguien superior, solo por el nacimiento... . Pero prosiguió diciendo, que aquello, era el vivo ejemplo de la vida, que estaba llena de desigualdades e injusticias (ya desde el momento de nacer). Aunque gracias a aquel dios que los japoneses tenían en su Emperador, se había creado esa nación. Por lo cual, ya la injusticia merecía la pena... . De lo que se concluía que posiblemente, la peor injusticia quizás era la de que otros países no hubieran podido cometer el mismo "error" y copiar ese ejemplo, para ser como Nippon. Pues quizás la gran pena del Mundo, era que solo una pequeña parte de la humanidad podía nacer en un país tan organizado, bien estructurado y maravilloso como el Japón... . Tras ello, me dijo si había comprendido algo del significado de su país. Me dejó pensativo aquello... .
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Después oí decir algo similar a los ingleses, quienes ven en su reina el origen de sus ancestros y la cabeza espiritual de su Nación. Tras ello, sentí mucho no haber podido respetar de joven un poco más a Julián Cortés-Cavanillas y a sus ideas, entre las que estaba que la monarquía mejor era la teocrática. No sé si tendría razón, pero puedo asegurar que Inglaterra y Japón funcionan y que tienen un enorme sentido de Nación, de su pasado, de la solidaridad y de su Sociedad. Vaya esta última frase en petición de disculpas al desaparecido amigo y de cuantas tardes le discutía a Julían, diciendo que la monarquía era solo un atraso. Él, con la mayor educación me expresaba sus pareceres y nunca dejó de respetar mi punto de vista. De veras, era un hombre educadísimo y "en el buen sentido de la palabra, bueno" (como diría Machado).  

martes, 22 de marzo de 2011

ÁNIMO, JAPÓN


Ayer regresaron desde Tokio los españoles -y sus familiares-  que desearon volver de Japón. Tras su aterrizaje,  fueron sometidos a un análisis de radiactividad, tanto como se examinó obligatoria y minuciosamente, el equipaje que traían.

El resultado que obtuvo la Agencia de Seguridad Nuclear fue: Que carecián de contaminación radiactiva alguna y no había indicio de radiación (sobre ellos o sus equipajes). Esta es la mejor noticia que podían darnos a quienes tenemos a nuestras familias y amigos en Japón, que hemos vivido diez dias terriblemente en vilo. Oyendo horribles afirmaciones procedentes de políticos de Centroeurpoa, quienes dictaban con seguridad, que los japoneses estaban sufriendo contaminación radiactiva, que sus autoridades escondían.

Como ha podido verse en el análisis de quienes llegan de Tokio, el gobierno japonés no ha mentido y quienes tenemos allí familia (o amigos) hemos podido dormir ayer tanquilos (por fin). Por lo demás y tal como decían las autoridades nipponas, el problema de la central de Fukushima, puede solucionarse en breves fechas.

Queremos mencionar como verdaderos protagonistas y héroes de cuanto ha sucedido a los trabajadores de TEPCO, que voluntariamente han querido trabajar en la central de Fukushima, para evitar el accidente nuclear. Poniendo en riesgo su vida y su salud; quienes son un ejemplo de bondad, dedicación y sentido verdadero del deber y la moral. Quienes han conseguido solucionar lo que pudo ser un terrible acontecimiento.  A ellos nuestra gratitud y nuestro deber, de por vida.

Igualmente, realizaron y siguen en una labor heróica, humanitaria y magnífica; los soldados y voluntarios japoneses, junto con las patrullas llegadas de otros paises. Muchos de ellos extranjeros, que sin atender los "consejos" que les llegaban desde Centroeuropa "invitándoles" a huir del escenario del maremoto; siguieron con sus labores para el rescate de supervivientes y recuperación de cadáveres. En lo que tristemente siguen, puesto que lo único realmente catastrófico que ha sucedido en Japón, ha sido un terremoto-maremoto, que ha sesgado mas de ocho mil vidas y ha dejado mas de quince mil desaparecidos (a más de producir terribles destrozos materiales, que han dejado sin hogar ni enseres a casi setecientas mil personas).



¡Ánimo, Japón!


PARA QUIEN DESEE ENVIARLES AYUDA, HAY MÚLTIPLES FORMAS DE DONAR DINERO O ALIMENTOS.

ENTRE LAS MAS FACILES, QUIZÁS SEA ESTA QUE PROPONEMOS:

VER: http://www.groupon.es/deals/oferta-nacional/ayuda-a-japon/287648


domingo, 20 de marzo de 2011

Agradecimientos y petición de ayuda a los damnificados en Japón


Solicitamos colaboración para ayudar a los damnificados por el terremoto y maremoto del Japón. Entre las opciones existentes para donar alguna cantidad, propongo la que Groupon ofrece en internet, convirtiendo cada euro en otro más, que se donará a la Cruz Roja japonesa.

VER:
http://www.groupon.es/deals/oferta-nacional/ayuda-a-japon/287648




Agradezco sobremanera la actitud serena, profesional y recta que tras la catástrofe natural han tomado las autoridades españolas. Desde los miembros de su gobierno, a todos los de la Oposición (tanto como la mayoría de los mandatarios); quienes se han limitado a apoyar a una nación asolada por fenómenos tan terribles. Colaborando y ayudando a Japón, en la medida de sus posibilidades; sin intentar aprovechar tan nefasto y triste momento para iniciar debates sociales, ni hacer política en unos dias tan tristes y de luto.

Igualmente agradecemos al pueblo español el cariño y apoyo que nos transmiten -y a todos los amigos que nos han hecho llegar sus condolencias-. Viendo en lo afectados que se sienten, la bondad y la claridad de gentes solidarias y buenas.

Algo que tristemente ha contrastado con quienes (desde otras zonas de Europa) han aprovechado la ocasión para generar un ambiente sensacionalista y catastrofista; lo que ha sumado más dolor al ya existente. Debido a que estas noticias que de allí nos llegaban, han creado una tremenda incertidumbre durante semanas. Cargando de dudas a los japoneses añadiendo terribles problemas a una sociedad, que en esos momentos se encontraba sumida en el caos de la desgracia. Culminando todo ello (casualmente), en la pérdida de confianza en las bolsas y el derrumbe innecesario de muchos valores japoneses... . Respetamos el derecho de hacer política y negocios, con los acontecimientos de actualidad; pero nos parece terrible que se aprovechen situaciones como esta, para realizarlos con toda prisa y efectividad. Sin esperar siquiera a que un pueblo se reponga durante unas semanas, recoja sus fallecidos, sepa realmente qué le ha sucedido y tras ello, pueda reaccionar y recuperarse.

Por lo demás, desearía incluir para contrastar a lo anteriormente dicho, el apoyo -en silencio y con amistad-, que otras naciones han prestado en este tristísimo suceso. Destacando el que han dado paises como Estados Unidos, Inglaterra o China (entre otras); que se han comportado como grandes amigos (y aliados) de Japón.

Sin más y sintiéndome una vez más, orgulloso de la nación a la cual pertenezco (España) y también de aquella en la que vivo largas temporadas, Japón: Que soporta estoicamente una situación tan horrible, sin queja alguna (ni siquiera hacia el sensacionalismo que han hecho algunos políticos europeos). Agradezco mucho a todos los españoles su colaboración y su apoyo con el pueblo japonés.








domingo, 6 de marzo de 2011

LORENZO DÍAZ: El último tertuliano


SOBRE ESTAS LINEAS: Foto de Lorenzo Díaz en su página web, en la que podemos consultar su obra escrita, sus colaboraciónes y últimos trabajos: http://www.lorenzodiaz.com/web/index_new.asp?Tipo=BIen
BAJO ESTAS LINEAS INCLUIMOS LA IMAGEN DE UN LIBRO DE LORENZO DÍAZ QUE HABLA DE LAS TERTULIAS; LOS CAFÉS Y LAS TABERNAS.
Como ya dijimos en entradas anteriores, es Lorenzo Díaz uno de los últimos "tertulianos puros", criado y recriado en la cultura que nos dejó y legó la Generación del Medio Siglo; transmitiendo la herencia de la de El 27, la de El 14 y la de El 98. Tiene en sí las características del tertuliano perfecto: Una rapidez instantánea en el comentario, un enorme caudal de datos que combina con su dominio de "las culturas hispanas" (desde la más intelectual, hasta las totalmente cotidianas o de folklore). Y sobre todo, una gran ironía, memoria y agilidad en el lenguaje, para practicar el "sofismo tertuliano" (usando sus conocimientos para convencer a quien le atiende, "demostrando científicamente" sus ideas). A ello se le suma, una voz muy llamativa y alegre, que junto con su risa pegadiza y de cascarrabias, hacen de Lorenzo uno de los últimos componentes de una maravillosa etapa cultural que se inició tras la Edad Romántica (pero que actualmente está muriendo): La cultura de los cafés y las tertulias, o la "Era de los bohemios" -una segunda Edad de Oro de las artes españolas (que comprende desde 1870 hasta 1970, aproximadamente)-.
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BAJO ESTE PÁRRAFO: Fotografía de la pintora Betsy Westendorp, quien me presentó a Lorenzo Díaz hace unos treinta años. Betsy es una de las personas que más me ayudó y que siempre me puso en contacto con personas interesantes del mundo del arte y de la cultura. La conocí hace mas de cuarenta y tres años (cuando tenía yo unos seis) porque sus hijas eran compañeras y amigas íntimas de mis hermanas, tanto como su ahijado fue entonces mi compañero de pupitre. Tras ello, cuando fuí más mayor y supo de mi vocación por la guitarra, me aconsejó que continuara con la carrera de Derecho y me sacara las oposiciones (como "buena madre"). Pese a ello, nunca dejó de presentarme a periodistas, artistas y personalidades que conocía en el mundo del arte (animándome siempre a seguir con mi música). Betsy Westendorp y sus hijas, son, a más de mi "familia adoptiva" en el arte, unas personas maravillosas por su bondad, elegancia y buen gusto. VER: http://www.betsywestendorp.com/spanish/spanish.htm

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Hemos intitulado esta entrada como "el último tertuliano", queriendo aludir claramente a la figura de "el último mohicano"; el representante de una época y heredero de una "casta", que -creemos- ya toca a su término. Puesto que Lorenzo es el claro exponente de la cultura de los cafés y de las tertulias, esa que defendían y describían como "la mas auténtica", los artistas y literatos de las generaciones comprendidas entre 1880 y 1980. Una cultura a la que pertenecieron personajes tan importantes como, Joaquín Costa y Leopoldo Alas "Clarín", de la que tomaron el relevo: Valle-Inclán, Pio Baroja y los Machado (entre otros). Heredada luego por Ramón Gómez de la Serna, por Verdaguer o Eugenio D´Ors; potenciada y reverenciada por Ortega, Manolete, Zuloaga, Belmonte y Rusiñol. Seguida por Lorca, Alberti, Neruda y por cuantos frecuentaron La Residencia de Estudiantes (o por casi todos los miembros de El 27). Continuada por los escritores y pintores del Medio Siglo -entre ellos: Cela, Martín Santos, Ana María Matute, o Delibes-... .  Una cultura de las artes y las letras, que -a nuestro entender-, ahora expira tras haber sido "aparcada" a principios de los años ochenta. Cuando las costumbres cambiaron y las gentes dejaron de salir a las tertulias y a los cafés, para dirigirse hacia las discotecas y los pubs, en busca de "colocación permanente" y del gran "meneo" en el cuerpo (moviendo el esqueleto, aunque evitando todo ejercicio de la mente durante su ocio).
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Pero pasemos a Lorenzo Díaz, a quien conocí hace casi treinta años, en casa de la pintora Betsy Westendorp. Yo tendría entonces unos veinte años y él "algunos más"; aunque, sobre todo: Los dos teníamos, treinta menos que ahora. Fue aquella, una cena a la que también asistió el escritor asturiano Marino Gómez-Santos, por lo que recuerdo que la primera parte de la veleda se centró en la figura de Leopoldo Alas "Clarín". Debido a que Gómez-Sántos había escrito una de las biografías más importantes y extensas sobre aquel escritor; estuvo comentando que  el padre (y el tio) de mi abuelo, habían sido amigos y discípulos predilectos del creador de La Regenta. Algo conocía de todo ello (por lo oído en casa) y cambiamos impresiones sobre Don Leopoldo Alas, del que Gómez-Santos lo sabía todo; mientras Lorenzo recuerdo que comenzó a realizar algunos comentarios divertidos e interesantes sobre la figura de La Regenta y las sociedades decimonónicas. La cosa es que nos pusimos pesados hablando de Alas "Clarín" y en aquel momento Lorenzo Díaz, desvió sabiamente la conversación, explicando que aquello que sucedía en " La Regenta" era algo muy "reciente" y que aún se vivía en "la calle". Tanto, que era casi igual a lo que había ocurrido recientemente entre el actor más famoso de Europa y una principiante actriz española. Se refería a uno de los galanes de mayor importancia que tuvo el cine francés en los setenta (del que omitimos el nombre, por lo que hemos de narrar ) y una danzarina que entonces comenzaba a salir en las pantallas del destape hispano; quienes vivían un extraño romance...
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Aquello acaparó la atención de todos y con gran arte, Lorenzo, comenzó a explicar como el poder de las mujeres sobre los hombres y su significado a lo largo de la Historia, no era solo un tema del ayer, y que lo narrado en Vetusta era pura sociología ibérica. Aquello era "el día a día" hispano;  exponiendo que la mencionada actriz española, significaba una "Regenta de los ochenta" (una nueva Ana Ozores, de "Clarín"). Capaz de enamorar a todos, dominarlos y hacerles infélices, a la vez que generaba un estado de insatisfacción y envidia plena, en todo el país (incluoso en sí misma)... . El asunto se puso divertido y continuó narrando el tertuliano Lorenzo que esa joven actriz (entonces) de Murcia, había enamorado locamente al cineasta más famoso de Europa, y lo dominaba como a un perrillo faldero. Tanto que cuando no atendía a sus órdenes, entraba en cualquier supermercado, compraba una lata de fabada, para  meterla en su bolso y así -con el bolso cargado de peso, girándolo con gran inercia-, le daba "collejas" en el cogote, gritando como una loca: -"¡O me llevas a cenar a Maxim´s esta noche, o no vas a recibir de mí más que bolsazos de fabada, en una semana...!"-. Eso mientras estaban los dos en la playa del Mar Menor, a plena luz del día y ante la atónita mirada de cuantos les rodeaban.
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Aquello -nos explicaba Lorenzo Díaz-, era un caso claro de "nueva Regenta" murciana; una evidencia de que "las cosas" no habían variado tanto como pensábamos. Y el hecho que demostraba todo ello, era que en cualquier lugar y reunión de nuestro país, solo se hablaba de esta relación entre el actor francés y la mencionada bailarina. Opinando todos, reopinando, despellejando, criticando y envidiando (sobre todo; pues tanto él como ella, eran dos auténticos "apolineos", dignos de criogenizarse para que no envejecieran...). Así llegó pronto a convencernos, con su "sofismo tertuliano", de que lo que nosotros hacíamos era lo mismo que en el libro de Clarín realizaban los ciudadanos de Vetusta (exactamente lo mismo): Cotillear, envidiar, intrigar e intentar reírse de la situación.  Al ver un galán del cine, de tal fama y categoría, tratado como "un peluche" por una veinteañera; que le maltrataba en público y hasta le propinaba bolsazos (con lata de fabada, incluida). Verdaderamente puedo decir que la cena paso de estar bastante aburrida, a convertirse en un foro más que divertido, en el que todos opinaban y comparaban situaciones. Añadiendo unos que era verdad y que poco o nada habían cambiado las cosas desde que "Clarín" escribiera su "Regenta"; mientras otros, discutían y decían que nada tenía que ver aquella Ana Ozores, con la actriz murciana que había enamorado al mas famoso Galán de Europa... .   Terminó la velada a altas horas y llevé a Lorenzo hasta su casa, justo frente al Parque de El Retiro. Ello  porque me cayó fenomenal desde esta noche y además, porque solo hay una cosa que este periodista y sociólogo no sabe, ni sabrá nunca hacer: Conducir.
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En el coche me comentó que estaba dirigiendo entonces el programa cultural de radio nacional "El Ojo Crítico" y me pidió música para escucharla. Le envié una cinta de mi Tartessos (entonces recien compuesto) que emitió muy cortesmente; fué la primera vez que oí mi música en la radio y aún recuerdo la alegría de escucharla. Días más tarde, me dijo que iba a emitir otra vez obra en otro programa suyo y que me llevara una cinta a la radio, donde íbamos a charlar sobre tauromaquia (era precisamente un coloquio sobre Ignacio Sánchez Megías, del que se celebraba el centenario). Pero me "engañó" y me pidió que también llevase la guitarra a la emisora. Con gran sorpresa, estando en el aire y hablando sobre los toros en la Historia Antigua (Creta y etc.), dijo Lorenzo a toda la audiencia que iba yo a tocarles en directo la guitarra y allí hice lo que pude por tres veces (pues nada llevaba preparado). Yo creo que ese día Lorenzo no recibió una gran impresión de mi persona, pero por aquel entonces era yo un chico de veintidós años, "recien salido" de la mili y terminando tercer curso de Derecho (lo que me impedía tener siquiera horas para estudiar guitarra). Pese a ello, yo nunca he sido un intérprete y tan solo me limité a tocar en Japón mis obras, porque nadie las interpretaba.
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Pero pasemos a Lorenzo, que en casa también entabló amistad con mis hermanos y mis padres: Con mi hermana Mico, por socióloga. Con Tere, por vivir casi al lado y por afinidad de amistades.  Y con Mario, por "las risas que juntos hacían" y los cotilleos que se intercambiaban. Finalmente, se acercaba "Loren" cománmente cada temporada a las reunioncillas y a comer las cosas que le preparaba mi padre. Quien aprovechaba la venida del gastrónomo para cocinar y disfrutar siempre de algo nuevo. Lo mejor eran sus paellas, que cuando se hacían para Lorenzo,  debían prepararse al menos con tres jornadas de antelación (y una caja de vino). Me explico: Se compraba el jueves, una caja de vino junto a todos los pescados y mariscos, que el viernes por la tarde se ponían a cocer hasta sacar lo que él llamaba "el fumé". Mientras salía o no el famoso "fumé" que tardaba unas quince horas al fuego; había de vigilarse y en cada viaje a la cocina con este fin, se le daba un trago al vinito (para catarlo y ver si era bueno)
; pues los dos eran "caldos": Uno, el que se había traído para beber el domingo y el otro, con el que hacía el areoz (por lo que había de probarse todo muy bien, ya que venía Lorenzo Díaz). Una vez obtenido el "fumé" a altas horas de la madrugada del viernes, el sábado por la tarde se comenzaba a preparar la paella, troceando los calamares, los carabineros y todo cuanto se le iba a echar en el arroz. Esta preparación igualmente duraba horas, en las que también se abrían unas botellitas, para inspirarse en la buena elaboración de los ingredientes.
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Finalmente, el domingo de mañana, se recogía a Lorenzo y en esa hora ya se ponía todo a cocinar, mientras se abría y probaba el vino, que se iba a degustar con la paellita... . Pero como siempre venía Lorenzo con algunas botellas y había que ser muy cortés; lo mejor entonces era, que nos termináramos aquel vinito que se había comprado el jueves para el arroz y que bebiéramos del que el ilustre gastrónomo traía como obsequio. Este solía ser el ritual (con algunas variaciones) de la paella; tras el que se producía la tertulia, en la que Lorenzo intercambiaba datos, cotilleos y "nuevas" con toda la familia... . Por cierto, que un día quiso impresionar mi padre al gastrónomo y le preparó la paellita cocinada con agua de Vichy Catalán, diciéndo: -"Te voy a cocinar un arroz.... Un arroz, que no has comido en tu vida"-. Cuando lo probamos, concluimos todos que además de no haberlo comido nunca en su vida, jamás lo iba a comer (ni Lorenzo, ni nadie). Porque aquello era lo mas terrible de todo cuanto habíamos catado en nuestra existencia.
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Todavía recuerdo la cara de Lorenzo al probar aquella paella cocinada con Vichy Catalán; era todo un "poema épico" y nos miraba, sin saber qué hacer; preguntándose por qué le había tocado a él aquella experiencia... . Mientras, el gesto de cachondeo generalizado en la familia era terrible; nos mirábamos sin saber como comunicar a mi padre que aquello que habia cocinado era un "insuperable" (por asqueroso). De tal manera, Lorenzo quedó en suspense unos segundos, mientros todos mirábamos aquella carita de dolor que ponía al tragar la paella cocinada con agua de Vichy Catalán... Poco después ya rompimos a reir, diciendo: -"Lorenzo, puedes tirarla, no te preocupes, no hace falta que te comas eso"-. El pobre, respiró... . Mi padre, por su parte, ni se inmutó y solo comentó: -"Pues ya sabemos que la paella no se puede hacer con agua de Vichy Catalán. Qué raro, yo creí que iba a salir buenísima y muy saladita"-... . Miro a su plato y prosiguió: -"Aunque no está tan mal, del todo"-. Así que como la había hecho él,  hasta se tomó un plato; eso sí, bien regado con vino para quitarle el sabor que tenía (una mezcla de sabor a agua de mar, con jarabe de balneario). Todo ante las carcajadas de los asistentes, que no podíamos ingerir ni un gramo de aquel "invento".
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Tenía nuestro Lorenzo costumbre de venir por casa al menos una vez por temporada y en las comidas y en las sobremesas, hemos disfrutado de buenas tertulias y de mejores chascarrillos.  Ello, hasta que la casa, se "deshizo" y fuimos ya faltando de este Mundo algunos de la familia -que no debieran de haberse ido tan pronto-. Por ello, ya me cuesta mucho llamarle para vernos; aunque no hace "tanto", tuvimos un último encuentro en casa del Editor Ramón Acal, donde comimos divertidos. Allí recuerdo que entre las cosas que Lorenzo contaba, narró una verdaderamente divertida (que espero no se me enfade por desvelarla, pues es bastante privada):
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Empezamos a comentar en ese almuerzo que Lorenzo siempre ha tenido unas novias y unas mujeres impresionantemente bellas. La más famosa entre aquellas fué, Conchita García Campoy; pero su primera mujer debió de ser muy guapa (pues su primera su hija, lo es) y otras tantas que le he visto, siempre eran verdaderamente atractivas. En ese momento, el gastrónomo nos confesó una "terrible" historia, a cuantos compartíamos mesa. Contando que una de las más "llamativas" compañeras de su vida, fue su novia durante la universidad, con quien estudiaba sociología. Narraba que era espectacular en su altura y sus proporciones, tanto que habiendo llegado a su facultad un nuevo y anciano profesor francés (jubilado de La Sorbona), se quedó prendado de ella. Parece ser que tanta fue la insistencia del vejete y tanta fama tenía aquel catedrático de Francia, que Lorenzo terminó harto de uno y del la otra (del profesor y de la novia, que bobeaba con el anciano). Hecho este que aprovechó el viejecito para llevarse a Paris a aquella "prenda", prometiéndole colocación y honores en La Sorbona. Pero el asunto no terminó bien, porque la mujer del catedrático francés, se enteró de "aquello" y se puso por medio. El anciano amante gabacho llegó a intentarlo todo para poder llevar a cabo su vida con la joven "importada" desde España y cuando ya no pudo más, viendo que su mujer le iba a impedir "comenzar" una nueva relación, se cepilló a su esposa (en el mal sentido de la palabra; porque la asesinó, para poder vivir junto a aquella ninfa hispana). Aunque parece ser que el asunto no terminó mal del todo, porque le absolvieron o le cayeron pocos años (por demencia senil o por la edad) y salió pronto de la cárcel, para poder continuar con su romance... .
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Y es que... . Lo que no le pase (o no sepa) Lorenzo Díaz, es difícil que a alguien le pase (o alguien lo sepa)... . 

sábado, 5 de marzo de 2011

QUÉ FUE DE LAS TERTULIAS Y DEL CAFÉ (Los años setenta: Las tertulias se trasladan a las casas y los salones)


SOBRE ESTAS LINEAS: Reunión en casa de mis padres en 1986. De izquierda a derecha: El Sr. Yamaguchi (consejero cultural de la Embajada del Japón); tras él estoy yo, junto a la que después sería mi mujer (al fondo). Del otro lado, la poetisa Carmen Conde (pocos años después de haber sido nombrada primera académica de la Lengua) y en primer término, con corbata, mi hermano Mario.
SOBRE ESTAS LINEAS Y BAJO ELLAS: Dos fotos del rinconcito que había en casa de mis padres donde se reunían para hablar y hacer las tertulias, tras las sobremesas de invierno. Allí se cantaba, se bebía un buen vino y se compartía el calor de la leña, friendo choricitos a la lumbre. Todo ello, acompañado por la guitarra y el anecdotario que los invitados traían en cada ocasión. Los más mayores que asistían a estas reuniones, nos decían que en casa no hacía falta televisión, porque la mejor y más entretenida imagen era observar el fuego, mientras se narraban historietas, se  discutía de política, se cantaba; o se contaban anécdotas divertidas.
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Ayer veíamos como las tertulias y los cafés fueron disminuyendo desde mediados de los años setenta, para desaparecer casi por completo un decenio después. Porque a principios de los noventa ya apenas casi nadie se reunía en cafés y clubes, manteniendo aquellos foros que hasta los años sesenta, prácticamente gobernaron el mundo de la cultura. Es verdad que aquella disolución de las tertulias y los cafés, se debió en gran manera a los fenómenos mediáticos, como la televisión o la radio. Pero más lo es, que las formas de divertirse variaron completamente en los años finales de los setenta; tanto que desde la década de los ochenta en casi todos los locales se sustituyó la música por "enlatada", desapareciendo de escena aquellos músicos que hasta entonces tocaban en lugares públicos (mal o bien, pero en directo y en vivo).  Los cafés pasaron a ser cafeterías y en aquellas -que se decoraban a colorines y con plásticos-, la música emanaba de unos altavoces, que cada año fueron subiendo de volumen. El hecho cierto es que hacia 1985, ya en casi ningún local de moda en Madrid podía siquiera hablarse (por la intensidad de los decibelios musicales) y que la gente salía solo a mirarse, moverse y "colocarse"; no ya a pensar, discutir y relacionarse hablando -como había sido común hasta estos años-.

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Evidentemente, en todo este "enmudecimiento" y "aculturización" de la Sociedad, mucho pudieron influir los nuevos medios de comunicación (como la radio y la televisión); pero no es más cierto que la radio llevaba "inventada" y emitiendo desde principios del siglo XX y no por ello, los ciudadanos habían dejado de reunirse para charlar y cambiar impresiones en foros de cultura. Tanto como la televisión se difunde hacia principios de los años setenta y aún entonces las tertulias se celebraban con normalidad. El "tercero en discordia" que pudo causar la anomia de los tertulianos, fue el disco y la cassette, que al nacer propiciaron un tipo nuevo de locales donde las personas iban a escuchar música a todo volumen (no a charlar). Aunque tampoco creemos que hubiera mucha diferencia entre las frecuentadísimas salas de fiestas de los años cincuenta y las discotecas de los ochenta -dejando al margen el tipo de música y de danza que allí había-.
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Pese a todo, la televisión como "luz" que ocupa el centro de las casas y que sustituye definitivamente el "hogar" (entendido este como el fuego, o la chimenea), es un fenómeno que se generaliza en los años ochenta. Tanto, que desde ese decenio se hace normal recibir a alguien en nuestra casa, mientras se mira la televisión; algo que solo un lustro antes hubiera sido considerado una carencia de civismo (además de una falta total de educación). Finalmente, se llega a un tipo de relación social en la que apenas se habla; quedándose para escuchar música, ver partidos o, simplemente bailar y beber. Evidentemente, muy distintas eran las formas de ocio de antaño, que aún se han conservado en algunas zonas de España (como Andalucía), donde casi todos saben cantar, bailar y tocar algún instrumento; reuniéndose para danzar a son de lo que los invitados tocan e interpretan. Algo que hoy es inusual en casi toda España, pero que en países como Irlanda sigue siendo lo más normal; pues a los pubs aun suelen llevar los asistentes sus instrumentos, para cantar y tocarlos, mientras toman unas cervezas con los amigos, o con desconocidos.
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Y toda la disertación anterior "viene a cuento", porque aquellas tertulias y reuniones, tanto como las diferentes formas de divertirse, han influido soberanamente en el comportamiento general de las personas. Tanto, que hoy en día, aunque todos saben bailar y moverse al ritmo del chunda-chunda, prácticamente ya es difícil encontrar quienes sepan tocar un instrumento o cantar (a menos que sean profesionales de la música). De manera similar, es raro encontrar un grupo de jóvenes que deseén quedar para divertirse charlando de política, de arte o un tema profundo. Y por todo ello, recuerdo con gran cariño, como en este saloncillo del que arriba recojo fotos (y que tristemente ya no existe), en los años sesenta se reunían mis hermanos para hablar con sus amigos, tomarse un vinito, cantar y hablar de temas culturales y políticos.  Ellos eran algo mayores que yo -mi hermano casi diez años- y por ello pude presenciar cómo eran esas tardes de sábado o domingo de los chicos jóvenes entre 1967 y 1975; con reuniones que descendían directamente del ambiente tertuliano, trasladado a las casas.
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Allí había tocadiscos, pero se ponían tres o cuatro vinilos en toda la noche; mientras comunmente se aprendía en francés (o en inglés), las letras de cantautores famosos que se escuchaban -como Moustaqui, Brasens o Simon and Garfunkel-. Igualmente oían discos con versos de poetas españoles, interpretados por artistas como Serrat o Joaquín Díaz; comentando y hablando de poesía, arte y política. Tras ello, era normal, "sacar" las piezas oidas, a la guitarra y cantarlas entre todos; mientras se arropaban con el calor de una botella de vino y al de unos choricillos puestos a la lumbre. Todo ello, lo hacían hablando de problemas sociales, de literatura, de arte y hasta de filosofía... . Por todo ello digo, que estas reuniones que yo ví entre los jóvenes de finales de los sesenta, eran descendientes directas de las tertulias, aunque se llevaban a cabo a puerta cerrada y en casas (donde se podía hablar de todo). Fiestecillas o tertulias caseras, donde se intercambiaban conocimientos, se discutía mucho y se terminaba comúnmente sacando "El Espasa" varias veces durante la velada, para contrastar opiniones, o afirmaciones que algunos hacían.
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Recuerdo de Sebastían Miranda  -uno de los "tertulianos profesionales" mas importantes que pasaron por casa de mis padres-, que le encantaba este saloncito de reuniones (arriba fotografiado). Un rincón con chimenea en dos alturas, donde se debatía en las sobremesas y en las tardes, sobre lo divino y lo humano. Al verlo Miranda, nos dijo que teniendo "aquello" ya no hacía falta apuntarse a tertulia alguna, pudiéndose importar a casa ese "ambiente". Pese a ello, reconoció poco después que realmente el "secreto" de la tertulia era que se celebraba en lugar público y estaba abierta a nuevos integrantes. Tras lo que afirmaba que ya las verdaderas reuniones de este tipo habían muerto; decayendo muchísimo tras la Segunda República, pero perdiéndose definitivamente a fines de los sesenta. Me acuerdo que le preguntó  mi padre por los grupos y cafés a los que había asistido, entre los que Sebastián Miranda recordaba con mas cariño el de Ortega-Marañon-Belmonte-Zuloaga. Tras ello  nos dijo que ya solo se reunía de vez en cuando con sus amigos en el Nuevo Club. Allí, al parecer les ponían una gran fabada, de la que Miranda tenía por costumbre repetir. Tras ella, siempre venía un arroz con leche, del que el escultor siempre tripetía (o cuatripetía). Comentando que cuando iba por el tercer tazón de arroz con leche, siempre un íntimo amigo suyo (del que solo daremos las iniciales que son A. G. y D-C) le increpaba por las comilonas pantagruélicas diciendo:
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-"No seas bestia Sebastián. Que ya tenemos más de ochenta años y hemos de cuidarnos"-. A lo que el escultor escurría el bulto siempre haciéndose el sordo, colocando la mano tras la oreja, en gesto de no haber oído y contestaba para callarle:
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-"¿De qué me hablas, que estaba bestial?... .¿De aquella época en la que fuiste embajador en Estados Unidos y se dice que tuviste un ´afaire` con Jakie Kennedy?"-.  A lo que su amigo y contertulio, que había sido embajador en Washington, siempre respondía muy enfadado: -"Ya te he dicho una y mil veces, que un caballero español nunca puede decir que esa historia fue verdad; ni menos hablar de ella... . Y mucho menos, un verdadero caballero puede negarla..."-. Tras ello, parece que aquel comensal callaba y le dejaba repetir a Sebastián Miranda cuantas veces quería, de fabada y arroz con leche... .
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Pero sigamos con las tertulias y su paso a las casas. Así se puede considerar  que muchas de ellas pasan en los setenta a estos salones y zonas privadas, donde comienzan a reunirse los integrantes, quizás para hablar libremente (puesto que era el comienzo de La Transición). Aunque el verdadero ambiente permanecía en los cafés, donde a diario se producía la anécdota, el imprevisto y lo nunca visto. Recuerdo sobre ello, que aún en estos años hubo anécdotas que me encantaron y de las que ya pude disfrutar, porque tenía una edad para vivirlas. Entre ellas me viene a la memoria las llegadas de un asiduo al Café Gijón: Pepe Quereda, del que ya hemos hablado en anteriores entradas y al que hemos dedicado una de las primeras (sobre "Fauna y Flora del Café Gijón"). Aunque de él se me habrán quedado varias anécdotas en el tintero, una de las que ahora recuerdo ocurre el día en que Pepito Quereda -que era como todos le llamaban- decidió abrillantarse los zapatos. Pepe, tenía por costumbre calzar chapines de enormes alzas, para ampliar el "espectro" de "caza y captura" en mujeres (debido a que era un poco bajito). Y sucedió que cierto día llegó a casa, desde el café Gijón, con los pantalones completamente quemados en su parte baja y luciendo aquellos taconazos (lo que hizo que nos diera la risa a todos). Le preguntamos cómo se había quemado el final de los pantalones y nos lo explicó ante el asombro de todos:
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Era aquella la época del tergal (tela plástica como pocas) y el limpia no sabía que el pantalón de Pepito era más inflamable que una bolsa del Corte Inglés. Le recomendó un nuevo sistema que había traido para sacar brillo a los chapines, que consistía en un flambeado  a la inglesa... . A Pepe, lo del "flambeado a la inglesa" le encantó y ni corto ni perezoso, puso sus zapatos sobre el cajón del limpiabotas, que le dio la crema inflamable. Tras ello, le dijo que se subiera el pantalón; pero al no querer Pepe que le vieran los tacones con alzas,  pasó "el limpia" a prenderle los zapatos para flambearlos con el pantalón bajado; lo que extendió las llamas por el tergal comenzando a arderle los bajos... . Quereda se puso a pegar más saltos que un flamenco bailando la farruca. Pero lo peor de todo, es que al verlo así, los pintores que había en el Gijón, en vez de ayudarle (para que no se le quemaran los pelillos de las piernas); comenzaron a bailar alrededor de él "la danza de la lluvia" y a cantar melodías Siux, diciendo que aquello era una ceremonia preciosa de los indios americanos. El resultado, es que Pepe Quereda, apareció en casa, indignado contando a mi padre lo malos compañeros que eran los contertulios del Gijón. Aunque también se enfadó con nosotros, pues no podíamos consolarle, porque nos daba la risa ante aquel espectáculo del pantalón chamuscado, los pellilos de las piernas fritos y bajo "todo aquello": Unos zapatos relucientes como dos espejos, con diez centímetrros de tacón.
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Pero las cosas de Pepe Quereda no acaban aquí y siempre recordaré como era en las tertulias; sobre todo, cuando algún personaje importante se sentaba en la mesa. Tenía por costumbre mostrar y demostrar que conocía a "todo el mundo" y que "todo el mundo le conocía". Para ello, "la técnica" que usaba era la de añadir comentarios familiares, sobre aquellas personas de las que hablaba el contertulio famoso, citándolas como gente muy importante. De tal manera si aquel conocido y destacado contertulio, mencionaba a un individuo al que daba gran relevancia, Pepe añadía comúnmente: -"Hombre claro... Mi amigo fulanito. Si es una maravilla... Yo le llamo fulanín."- (y pronunciaba su nombre en diminutivo, a modo de mote, demostrando una gran familiaridad con aquel del que se hablaba). Así una vez tras otra.
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De tal manera recuerdo como un día, siendo ya el cuarto del que se hablaba, como persona muy importante y habiéndose oído en todos los casos anteriores el -"Hombre claro, mi amigo fulanin"- de Pepe Quereda. Aquel hombre tan famoso que se nos había sentado en la mesa, un poco molesto, continuó explicando que le habían presentado al nuevo embajador de Reino Unido, que vendría en unos días a España. Añadiendo que se trataba de un famoso Lord. Pepe Quereda, evidentemente sugirió que le conocía, comentando de nuevo aquello de: -"Hombre, claro; si es este Lord, que ahora no caigo como se llamaba. Un tío encantador al que conocí hace unos días en un tablao flamenco... "-. Entonces, muy enfadado el comensal tan relevante ya le recriminó contestando:
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-"¡Mira Pepe. Es imposible que sepas quién es; porque ayer estuve en Londres con ese Lord cenando y fue él mismo quien me dio la noticia!. Diciéndome que solo la conocíamos en España: El Ministro de Asuntos Exteriores y yo; pues hacía  tan solo unas horas que se lo había comunicado la Corte de Saint James..."-.  Quereda se quedó pensativo  y sin sentirse herido le respondió: -"Hombre, es que tú no sabes cuantos Lords van al flamenco. Y, hay varios que son embajadores. Total, para una vez que me confundo de Lord... Además, es que en Inglaterra hay muchísimos. Como para acordarse del nombre de todos lores"-. Y se quedó tan ancho, mientras el resto de los contertulios no sabíamos donde mirar, porque nos daba la carcajada al ver la respuesta de Quereda y sobre todo, la cara con que se quedó el antipático e importante comensal, que le había intentado "dar un corte", sin conseguirlo.
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Pero aquello era lo normal en Quereda; quien por su simpatía y sus frases célebres, es verdad que entraba en cualquier grupo, tertulia, casa o palacio. Pues sonado fue el día en que hace más de treinta años, alguien le sentó justo al lado de uno de los banqueros más fuertes de España. Que entonces debía ser muy joven, pues el financiero al que nos referimos continúa presidiendo uno de los grupos bancarios mas importantes de nuestro país. De tal manera, sentaron a Quereda junto a aquel procer de la economía, quien le preguntó a qué se dedicaba. Pepe, le dijo que era periodista, pero que en verdad lo que hacia muy bién, era los poemas. El banquero, continuó la conversación en tono ameno, comentando:  -"Sí...  Algo parecido a mí; que soy economista, pero hago negocios... . Aunque he de decirle, Quereda, que lo que más me gusta es la poesía; mi verdadera afición son los poemas"-.
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Al oir aquello Pepe Quereda, le dijo con un tono que todos los asistentes al almuerzo aún recuerdan: -"Pues no sabe cuantas cosas tenemos en común, somos casi iguales: Porque si su trabajo es la banca y su afición es la poesía; mi trabajo es hacer poemas, pero mi verdadera afición es el dinero... Así que a ver por donde empezamos"-. Parece ser que nunca logró consumar aquel atrevido intento de hacer negocios con el mencionado banquero, aunque la conversación que mantuvieron durante la mencionada comida pasó a los anales de las finanzas y de la historia de la poesía.
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Pero regresemos y continuemos con las tertulias y lo que fue de ellas en los años setenta. Un pequeño esbozo que estamos presentando y que desearíamos finalizar con el significado académico de las tertulias y de los cafés. Pues tal como decía Miguel de Unamuno, parece ser que los Cafés eran "la mejor Universidad". La frase nos puede producir risa, pero tiene un profundo arraigo histórico. Ello es al menos lo que me enseñó mi padre, cuando apenas era yo un niño. De tal manera, hacia 1975 -mientras contaba yo unos catorce años-, un día me llevó a la Escuela Superior de Arquitectura, donde había estudiado la carrera y donde era profesor de doctorado desde 1957. Allí enseñaba Vivienda Social (cátedra que "heredó" de su maestro, José Fonseca) y me aseguró ese día que me iba a explicar cómo había de darse clase. Así me subió al aula, donde tras hablar a sus alumnos durante unos treinta minutos sobre la palestra y ante la pizarra, les dijo a todos, que el resto de la clase se daba en la cafetería (como de costumbre).
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Así bajamos a la cafetería de le Escuela, donde me presentó al bedel encargado del bar, quien al saber que yo era el hijo de aquel profesor (al que había conocido de estudiante), me dijo con gran orgullo y señalando a mi padre:
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-"A este gandul, le hice yo arquitecto... . Entró aquí siendo un ´pilinguis` y ya ves donde está. ¡Y todo gracias a mí, porque no sabes como era!. ¡Le tenía fichado y no le permitía suspender ni una!"-.  Mi padre se reía y sin saber cómo modo defenderse de aquellas "acusaciones sobre haber ganduleado por la universidad, de joven"; le dijo al bedel que seguro los había habido peores... . A lo que aquel hombre contestó: -"Hombre claro. Los genios. Los genios son los peores. Y es que no sabes qué querencia tienen los genios al bar..."-.
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Tras este encuentro con el pasado de mi progenitor, llegamos a la cafetería y hasta allí se habían acercado el total de sus estudiantes de doctorado. Siendo entonces, cuando decía mi padre que se producía la verdadera lección y enseñanza; puesto que los alumnos (y más si se tomaban una caña) preguntaban sobre todo y hablaban con plena libertad de cuanto les venía en gana. De tal manera, allí charlaron durante casi dos horas, de lo divino, de lo humano, de sociología, de arquitectura y de mil dudas que le planteaban, hasta que legada casi la hora de cenar, se despidieron. Al terminar aquello, nos dispusimos a regresar y ya cuando salíamos del recinto universitario me comentó mi padre que esta fórmula de ir a la cafetería a enseñar, era una técnica salmantina de dar clase. Me extrañó lo que me narraba y le pregunté qué significaba aquello de "técnica salmantina"; tras lo que me expuso que en su juventud había estudiado en la Universidad de Salamanca (ciencias exactas, donde su padre era notario). Universidad en la que le enseñaron que los buenos maestros (como Fray Luis de León) hacían el llamado "Poste". Acción que consistía en que tras dar las clases, se debía colocar el profesor en una columna del claustro (lugar llamado "el poste") esperando que hasta allí se acercaran sus alumnos. Porque bien era sabido que en este sitio -al aire libre y en privado-, era donde verdaderamente charlaban durante horas los estudiantes con el maestro, preguntando sin problemas cuanto deseaban.
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Finalmente, con los años encontré una famosa frase del que fuera el mas insigne rector de la Universidad de Salamanca (Miguel de Unamuno), en la que el sabio decía aquello de: "LOS CAFÉS SON LA MEJOR UNIVERSIDAD DEL MUNDO"... . Todo aquello me hizo reflexionar sobre el valor de los cafés, sobre la eficiencia de aquellas lecciones y clases, siempre terminadas en la cafetería; tanto como en la forma de generar y aprender la cultura por los cafés y las tertulias... . Un movimiento y una forma de "enseñanza" que fraguó la Geneación del 98, la del 14, la del 27 y hasta la del Medio Siglo. Aunque tristemente, tras los años setenta, las tertulias se fueron perdiendo, hasta haber prácticamente desaparecido.
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IMAGEN BAJO ESTAS LINEAS: Mi padre (hacia 1975) en su foto de carnet como profesor universitario de doctorado -de la cátedra de Vivienda Social, que "heredó" de su amigo y maestro, José Fonseca-. Durante casi cuarenta años impartió clases en la Escuela Superior de Arquitectura y siempre decía que la teórica se debía explicar en el aula, pero la lección práctica y la "de verdad", se enseñaba en la cafetería (hablando allí durante horas con los alumnos). Este sistema de enseñanza parece ser que era común en Salamanca, desde los años de Fray Luis de León; de quien se sabe que tras dar la lección en su clase, salía a hacer "el poste", respondiendo en el claustro las preguntas de sus alumnos durante horas. -Siglos más tarde, Miguel de Unamuno, el rector mas ilustre de Salamanca diría aquello de que: "La mejor Universidad del Mundo, son los cafés".

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viernes, 4 de marzo de 2011

Cuéntame: QUÉ FUÉ DE LAS TERTULIAS, Y DEL CAFÉ


SOBRE ESTAS LÍNEAS: Antonio Machado, en el Café de las Salesas, donde compartía tertulia con su hermano Manuel. Imagen tomada por Alfonso, el más famoso e inmortal fotógrafo del Madrid de la primera mitad del siglo XX. Las tertulias y los cafés de fines del XIX y principios del XX, fueron el "caldo de cultivo" y "la universidad callejera", que dieron como fruto un nuevo Siglo de Oro en nuestras letras: La Generación del 98, la Novecentista  y la Generación del 27. Medio centenar de genios de la escritura y de las artes, unidos por el tiempo, por las circunstancias sociales de España y -sobre todo- por las tertulias y sus reuniones en los cafés de Madrid.

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BAJO ESTAS LINEAS: La tertulia de los cómicos de El Café Gijón (foto tomada del libro "Aquellos bohemios del Café Gijón", de José Bárcena). A nuestra derecha, en primer término (sentado, con corbata), Lorenzo Díaz; tras él, Pepe Bárcena y detrás de aquel  -de pié- : Jose Luis Coll. Lorenzo Díaz es uno de los últimos "supervivientes" de esta cultura de las tertulias y de los cafés, que consiguió en los años ochenta no morir del todo, pasando al mundo del periodismo hablado. Pues tras el fin de estas reuniones en los cafés y en los clubes, algunos de sus tertulianos lograron que no desaparecieran, gracias a  programas de la radio. Son estos los años en los que Luis Carandell, Manuel Summers, Antonio Mingote y tantos otros, trasladan sus  sobremesas a las ondas hertzianas; para continuar en sus tertulias radiofónicas, narrando aquello que antes comentaban en los cafés y en los restaurantes (tras las comidas o las cenas). Actualmente, es quizás tan solo el programa de Carlos Herrera ("Herrera en la Onda"), uno de los pocos que conserva el " verdadero ambiete tertuliano"; en el que el presentador principal actua de "hombre moderado", mientras los colaboradores, avivan la conversación, dando siempre un toque humano, picante, divertido y culto a cuanto se comenta. Pues la tertulia debe combinar: Un ambiente alegre y cultivado, unido a frases lúcidas y novedosas; junto ideas originales, que transgredan o hagan reflexionar, al que las escucha.
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Quienes crean que al hablar de la "cultura de las tertulias y los cafés" estamos refiriéndonos a una "sub-cultura" o a una "infra-intelectualidad", están  más que confundidos. Pues los literatos, pintores y artistas más importantes de España, en los últimos ciento veinte años, se reunieron y nacieron en ese ambiente. Nos referimos a los integrantes del 98, los Novecentistas y los de la Generación del 27; cuyos lugares de unión, ensamblaje y "aprendidaje", fueron los cafés del Madrid de fines del XIX y principios del siglo XX. Pero para entenderlo mejor, explicaremos detalladamente lo que fueron aquellos cafés, de donde nació su cultura; para exponer luego lo que significaron sus tertulias y sus tertulianos.

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Pues al parecer aquellos lugares de reunión, donde se arreglaba "el mundo" y se pretendía influir en la Sociedad, nacen de los mentideros del siglo XVII, que ya poblaban el Madrid de los Austrias en "época de los felipes". Buena cuenta de ellos da Lorenzo Diaz en su libro "Madrid: Tabernas, botillerías y cafés", explicando como los altos cargos y poderosos de la Villa y Corte, se veían sometidos a diario al juicio y opiniones del pueblo capitalino; quienes en sus mentideros y tabernas, narraban las mas extrañas historias sobre los reyes, nobles, altos clérigos (y de "todo bicho vivente" que fuera digno de mención en las conversaciones "del corazón" de antaño). Cotilleos, leyendas urbanas de la Villa y Corte o "verdades-mentirizadas", que desde época de Felipe II se comentaban, contaban y re-narraban en toda esquina de la ciudad (en cualquier taberna, o en las entonces frecuentadas  "botillerías"). Algo que también era normal en la hora de los chocolates, que servían en las calles "las chocolateras"; quienes aguardaban en frente a los palacios o los edificios oficiales, esperando que bajaran los "funcionarios" (llamados comúnmente archiveros) o el personal de servicio, a degustar el chocolate y contarse las cosas de sus señores. Aunque todo ello, fue transformándose en el siglo XVII del "simple cotilleo y los comentarios sobre las amantes de los poderosos"; a otras reuniones muy diferentes: Las de intelectuales e ilustrados, que ya deseaban generar grupos de presión. Quienes se congregaban en estas tabernas y en las botillería, para intentar tener una influencia sobre el gobierno y los monarcas. De todo ello, nacería decenios después, el café.

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Así con la llegada de los franceses, parece ser que vino a nuestra nación una nueva costumbre, como fué la del café. Considerándose que hacia 1810 se habían extendido en nuestras capitales unos nuevos locales, cuya moda vino de París y cuyas costumbres procedían del imperio Austro-Húngaro. Estos eran los llamados "cafés" o "vieneses", que servían "algo" nacido de la lucha e intecambio cultural entre los austriacos, los húngaros y los turcos. Porque las guerras entre austrohúngaros y otómanos, habían difundido la costumbre anatolia del café, tanto como tomarlo con un bollo hecho forma de media luna, creado o copiado por los vieneses y llamado por ello: "Croissante" (creciente, con la linea que tenía el estandarte turco). Así estos cafés comienzan a abrirse en España en época de José Napoleón (injustamente llamado Pepe Botella) y esa fué una de las pocas cosas que no regresaron a París, cuando después la Guerra de la Independencia, los franceses volvieron tras los Pirineos. Es más, parece que allí comenzaron a reunirse los "afrancesados" en tiempos de la invasión napoleónica, sabÍéndose que tras aquella incursión francesa (después de la restauración de la monarquía fernandina), en esos "cafés" se citaban los intelectuales mas liberales. Un ejemplo de estos fué "La Fontana de Oro" que Benito Pérez Galdós menciona en sus Episodios Nacionales, hacia 1910. Tanto como El Café Príncipe o el de La Nicolasa, donde Mariano Jose de Larra, Leandro Fernández de Moratín o José Zorrila se reunieron, escribieron y recitaron sus versos (entre 1820 y 1840).


De tal manera, tras la muerte de Fernando VII (al que "Dios tenga en su Gloria" y -sobre todo-, nunca nos lo reenvíe...); ya había varios cafés famosos en Madrid, a los que entonces comenzaron a denominar: Suizos (no vieneses). Parece que el primer "Suizo" propiamente dicho, se abre en Granada y que muy pronto tiene su homónimo en la capital (hacia 1835); situado en La Calle de Alcalá, en el mismo lugar y emplazamiento donde poco después nacería El Casino de Madrid. Aquel Café Suizo madrileño, comenzó a frecuentarse por los miembros de la Academia de  San Fernando (cuya sede, dista pocos metros de su local) convirtiéndose en un verdadero "Ateneo Cultural".  En igual época existía el llamado Café Solito, abierto antes de 1836, muy cercano al anterior y que igualmente se hace un mentidero pleno de intelectuales y conspiradores. Pese a ello, nada tuvieron que ver estos "cafelitos" hispanos de principios del XIX, con los verdaderos centros de reunión cultural y de promoción intelectual que fueron los cafés de París, los de Austria o los de Alemania en iguales años.
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Aunque hacia 1880, parece que la función social de los cafés cambia sobremanera en el ámbito artístico de nuestro país y allí pasan a reunirse las élites progresistas, ya con la intención plena de generar nuevas artes, tanto como verdaderos grupos de presión. De tal manera, una de las primeras obras literarias nacidas de la tertulia y del café, podemos decir que es La Regenta (de Leopoldo Alas "Clarín"); quien frecuentaba diariamente su tertulia, en estos años ochenta del siglo XIX, cuando regresa a Oviedo. Así pude saber -contado de primera mano- como Don Leopoldo, tarde tras tarde iba al Café España que regentaba uno de sus amigos mas cercanos, llamado José Gomez Morán (padre de mi abuelo, Luis Gómez-Morán). Con el que compartía tertulia, que era además de su médico, el hermano de uno de sus mas cercanos discípulos (Ulpiano Gómez Morán). Dicen y parece cierto, que todos ellos fueron contando al escritor, en sus "reunioncillas" diarias, los cotilleos de la capital del pricipado. Chismes e historias que a Leopoldo Alas le inspiraron una serie de ensayos sueltos, que finalmente decide unir, creando así su libro La Regenta; donde narra las verdades del ambiente decimonónico hispano.
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Será esta última generación de novelistas de fines del  XIX (naturalistas), quienes se inspiraban en el ambiente cotidiano su época; los que comienzan a reunirse junto a sus discípulos en los cafés y en los casinos. No solo para charlar, sino más bien para intercambiar ideas y para ir conociendo las "verdades sociales", creando allí las importantes tertulias. Es en aquellos años  cercanos a 1880, cuando nace también el término "BOHEMIO", que se "inventa" (o se recoge por primera vez) por el escritor Henri Murger, en su libro "Escenas de la vida Bohemia". Tras ello, se difunde ese apelativo, para indicar una generación nueva de artistas paupérrimos y urbanos (principalmente parisinos) que viven de un modo cercano a la mendicidad, pese a poseer las "luces del arte y de la sabiduría". De aquellos bohemios de Huger nacieron varias obras y hasta óperas que recogían ese modo de vida de los intelectuales de fines del XIX (como La Bohême, de Puccini).
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Los etimólogos afirman que este término identificaba a esos intelectuales "cuasi mendigos", con los gitanos; a quienes en París les llamaba bohémios en aquella época (por ser en su gran parte, húngaros). Aunque visto que el término usado en el siglo XIX para identificar a los "gitanes" franceses, era el de "zíngaros" (húngaros) y no el de bohemios; personalmente me inclino a creer que esta palabra tiene otro origen. Pensando que más ciertamente pudiera nacer de que aquellos  intelectuales y artistas que vivían y dormían en los los cafés vieneses a principios del XIX; y de ello quizás se les llamase "bohemios" a los que algo similar hicieron en París. No solo por la influencia del café vienés, sino más bien por ser la zona austrohúngara de Bohemia, donde nacieron grandes artistas, cuya vida muchas veces fué paupérrima y se desarrolla cerca de estos locales frecuentados por la burguesía. Sabiéndose que la costumbre de músicos y poetas de "sobrevivir" en el marco de cafés, frecuentados por los ricos, era típica de zonas como Viena, Praga o Carlo Vivari (desde fines del XVIII y principios del siglo XIX).
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Pero pasemos a nuestros cafés, que hacia 1880 se convierten en el foco fundamental de toda la cultura. Siendo curiosamente, Madrid, la capital en la que se desarrolla esta "importante civilización" llamada de las tertulias. En aquellos años, además se acompañan y ayudan en sus ambientes por dos novedades: La iluminación (a gas, fundamentalmente) y la arquitectura de hierro, que resuelve sus apoyos. Pudiendo aumentarse con columnas férreas, el espacio interior de los locales (en los bajos); tanto como crear cenadores o invernaderos exteriores, en cristal y acero. Todo ello, parece que concedió una magia y un atractivo insuperables al ambiente de los cafés a fines del XIX; haciendo de ellos "LA MEJOR UNIVERSIDAD" (tal como opinaba Miguel de Unamuno sobre los cafés). Todo aquello, se combinó con las formas de la arquitectura modernista, que llegaba entonces de París; dando a sus barras, sus lámparas, sus sillas o sus escaparates, un estilo que implicaba los más grandes adelantos de la época, junto a los nuevos pensadores de entonces. Aunando así el hierro (del ferrocarril y de los vehículos a tracción), con la belleza de los movimientos artísticos más refinados europeos, inspirados en estéticas orientales (como el impresionismo o el modernismo).
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De tal manera, hacia fines del siglo XIX, varios de estos locales se extendían por toda la ciudad de Madrid, que distinguía entre el "café de barrio" (frecuentado por gentes normales, trabajadores y personas que iban a tomar allí alcohol) y "El Café", propiamente dicho. Siendo este último, un lugar donde a diario asistían los artistas y bohemios; o bien, un elegante local donde la burguesía y las gentes adineradas tomaban su chocolate o su infusión con croissant (cruasán), mientras hablaban de cuanto sucedía en la Villa y Corte. Por su parte, la fuerza o el poder intelectual de los que se reunían en estos locales residía en que los bohemios que allí se reunían, pertenecían comúnmente a los mundos mas radicales y politizados de aquellos años. Artistas y poetas que emigraban desde sus pueblos o ciudades de origen, hasta Madrid y que a veces subsistían gracias a los cafes y algunas tostadas que les regalaba el "mecenas de turno". Gentes de gran talento e inmensurable calidad intelectual, que comúnmente se iniciaban así: Viviendo casi en la mendicidad (o de lo que les enviaban sus familias) y reuniéndose en estos cafés, donde daban a conocer su pensamiento y sus obras. Integrándose comúnmente en grupos políticos afines al progresismo mas radical y al anarquismo, lo que les "concedía" el título de "personas non gratas" para el común de la ciudadanía. Pese a ello, una gran parte de los intelectuales y de los líderes políticos mas importantes de principios del XX nacen de este ambiente; entre los que pueden citarse a Ramón del Valle-Inclán, o a Pablo Iglesias (quien en sus comienzos vivió en los cafés y de lo que le pagaba Bergamín por sus artículos)
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Sobre los cafés madrileños uno de los mas antiguos que se abrieron y que aún perviven, parece que fue El Comercial; donde dice Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales, que se enteró del asesinato de Prim. "El Comercial" sigue situado en la Glorieta de Bilbao y allí es donde se sabe que Camilo José Cela recreó algunas de las principales escenas de su novela La Colmena (negocio que  desde 1909 esta regentado por la misma familia: Sres. Contreras). Por su parte, el término y denominación de Generación del 98, se fragua y decide en El Café de Madrid (sito entonces, al principio de la Calle de Alcalá), donde asistían muchos de los literatos que la componían. Pese a que las reuniones de aquellos del 98, nunca tuvieron un café ni un lugar concreto y fijo; los hermanos Machado (en su estancia en la capital), frecuentaban y tenían su tertulia principalmente en el Café de las Salesas -donde se toma la foto de D.Antonio, hecha por Alfonso que antes hemos recogido-; aunque hacia 1927 la trasladan a El Café Español.
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Importante sería también destacar la función que entonces tuvieron las horchaterías, entre las que destacaba la llamada Las Candelas, situada en la Calle Alcalá (cerca de su cruce con la recién nacida Gran Vía). Local en el que se sabe se reunían los mas importantes anarquistas de principio de siglo; tanto que fue el último sitio donde se localiza a Mateo Morral (autor del terrible atentado de la Calle Mayor en mayo de 1905) -de quien se decía que era novio (o amigo) de una de las dependientas de aquella horchatería-. Por lo demás, se sabe entorno a este atentado, que pocos años mas tarde, se reunen allí Estébanez Murphy y Pio Baroja, teniendo la intención el escritor vasco de enterarse perfectamente de quien y cómo se había faciliado la bomba y explosivos a Mateo Morral. Comentándose que allí supo Baroja cómo se planeó el frustrado regicidio, saliendo indignado de Las Candelas, culpando a muchos personajes conocidos, de cuantos inocentes murieron en aquel suceso. Por su parte, aquel Don Pio, trabajaba y era socio de otra pastelería-café recién abierta en Madrid, que aún sigue en funcionamiento: Viena Capellanes.
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Para terminar este apartado sobre los cafés, resumiremos las tertulias mas importantes que había en los diferentes locales madrileños, a principios del siglo XX : En el Café del Gato Negro, en la Calle Príncipe (junto al teatro de igual nombre) tenía su tertulia Jacinto Benavente. Ramón Gómez de la Serna se reunía con los suyos en la Antigua Botillería Café Pombo, donde todos los asistentes se sentaban en una mesa larga y estaban obligados a llevar un alto sombrero de copa (tanto como había un buzón permanente en la barra del bar, donde dejar mensajes, críticas y cartas a Ramón). Junto a la Calle Peligros, en el Café Fornos tenía su reunión de filósofos y sabios, Ortega y Gasset, a la que nunca faltaban adinerados, toreros y profesionales de éxito (como Belmonte, Marañón y Zuloaga). Por su parte, el Doctor Marañón hacía sus tertulias en la cafetería Roma, sita en la Calle Serrano y que hasta hace bien poco fué punto de reunión de todo el "Madrid Serranero" (al que denominaban "los progres" como "el bar del pijerío").
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Curiosamente, el habitante mas importante de los cafés, el creador de las "Luces de Bohemia" (Valle-Inclán); se inclinaba -y nunca mejor dicho-, por la Horchatería La Flor y Nata-. La que aún conocí y visité muy viva y activa en sus locales de Arenal y la calle Reina; pues era el lugar preferido de mi madre, por haber sido el de sus abuelos. Posiblemente, fue el que más gustaba a Ramón (del Valle Peña), porque era allí donde mejor ponían la leche merengada con barquillos, y quizás gracias a ella, el pobre Don Ramón María pudo sobrevivir muchas jornadas en las que fue el verdadero actor y protagonista de su Max Estrella. Pese a esta preferencia, el escritor se movía por todos los cafés de la época. Habiendo sufrido el "accidente" que le hizo perder la movilidad en su brazo izquierdo, en una pelea del Café Montaña; tanto como frecuentaba casi a diario el Café Gijón. Este último (El Gijón), fué definitivamente elegido como el local de reunión de los artistas y literatos, desde 1927  hasta 1970; y  allí fueron viéndose las caras cuantos interesados había en las artes y las letras, desde final de los años veinte hasta mediados de los setenta.
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Así vemos que las generaciones de artistas y escritores pasaron y se formaron en estas tertulias y en esos cafés, en los que nacieron y se fraguaron la Generación del 98, la del Novecentismo y la del 27. Más tarde los literatos de Medio Siglo harían igual, tanto como los cineastas, actores y los pintores de la escuela de Madrid, Vallecas o de París (que igualmente se reunían a diario en los cafés -principalmente en El Gijón-). Pese a ello, a fines de los años setenta, aquellas tertulias se van disipando y pasan muchas de ellas solo a mantenerse en las radios. Es Luis Carandell, quien quizás primeramente abre este género trasladado desde los veladores del café, hasta las ondas hertzianas las reuniones de los cafés y finalmente, estas quizás solo las mantienen (con su verdadero carácter humorístico y cultural), Carlos Herrera y Lorenzo Díaz -en Herrera en la Onda-. Puesto que la tertulia tiene como principal eje, el tema del día (como si un "orden del día" se tratara) y los comentarios de ajenos, que participan en ella. Frases y dichos de intrusos, que van siendo comentados y completados por los tertulianos, quienes dominan el tema y han de "redondear" el contenido cultural de lo que se va diciendo, tanto como matizar lo que los ajenos comentan. Finalmente, pueden completarlas comúnmente otros personajes que actúan como incitadores o como "abogados del diablo", provocando a los oyentes y "pinchando" a los participantes; labor que realiza comúnmente  en Herrera en la Onda (cual un Pepito Grillo enfadado) Jose Miguel Rodriguez-Siero....
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Pese a todo, habríamos de plantearnos seriamente: "Qué fué de las tertulias y del café" y por qué murieron a principios de los años ochenta... . Lo que sin duda tiene su respuesta en la sustitución de estas, por"LA MOVIDA". Algo que lleva las reuniones a las discotecas y al ambiente del pub (o de "la marcha"; que entonces era lo último). Siendo desde aquellos años ochenta ya solo lo normal salir para ir a la "disco"; donde ya no se habla, porque no se puede ni oir la voz humana, debido a los decibelios con los que  se "pincha" allí la música. Así, con la "movida" de los ochenta, fueron muriendo las tertulias y los cafés, cuando la "gente" comenzó a relacionarse bailando el chunda-chunda y meneando las caderas (sin ni siquiera precisar charlar ni tener frase mediadora alguna...). Es entonces, cuando una cultura que al menos llevaba cien años desarrollándose en los cafés, feneció en menos de un lustro. Y, prácticamente con ello, desaparecierion todas las tertulias y reuniones de intelectuales, donde se charlaba, opinaba o declamaba. Algo que se sustituyó por el "meneo del esqueleto" y por "colocarse" y "ponerse hasta arriba"; lo que comienza  hacerse en los ochenta cuando salen las nuevas generaciones a divertirse. Un hecho que ciertamente considero que puede ir convirtiendo a quienes lo "practican a menudo" en esqueletos móviles, o en algo tan triste como las gentes que nunca conocieron, o ni siquiera supieron lo que fue una buena tertulia, o un café de la bohemia.