lunes, 8 de agosto de 2011

INTERLUDIO VII: Cuando el arte no es aún Cultura.

SOBRE ESTAS LINEAS: En 1968 en Giëngen (Baviera, Alemania). Estoy junto a Ala Schmied, buena mujer y mejor persona que con la mayor paciencia del mundo soportaba durante horas al día mis "ensayos y composiciones" de piano. Con apenas siete años no dejaba de aporrearlo a todas horas y lo que más deseaba de la vida era poder llegar a ser músico; algo que en aquellas épocas suponía un sueño, pues entonces se consideraba una profesión a la que solo podían acceder unos (muy pocos) elegidos. Hoy, por suerte, el "espectro" de la música es mayor, con capacidad para que muchos más podamos dedicarnos a este bello arte.
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Seguimos con nuestras reflexiones, entre las que hoy intentaremos resolver (o contestarnos) en qué momento puede decirse que es Cultura una obra arte. Escribiendo cultura con mayúsculas puesto que a esta voz le ocurre lo mismo que a la palabra "pública"; término que añadido a cualquier otro sustantivo, nos dará resultados mágicos e intransferibles. Pues no es lo mismo la administración, que la administración pública; red, que red pública, o fé y la fé pública... Y es que en definitiva, esta voz no respeta ni siquiera a la mujer -que se nos queda en pública si la unimos a aquel término tan "estatalizado" y "estatalista"-. Por ello, hoy deseamos hacer lo mismo con el concepto cultural del arte, hablando de la Cultura (con mayúsculas), no de cultura privada, pública, moderna o antigua. Una cultura que significa aquello que nos es: Impertérrito, indiscutible, insustituible, atemporal, ineludible, inolvidable -e incluso, indestructible...- . Es decir: El Mundo de Cervantes, Góngora, Perez Galdós, Machado, Unamuno y otros tantos (en lo que se refiere a literatura). El de los Berruguete, Sanchez Coello, Velázquez, Claudio Coello, Goya o Sorolla (en la pintura); tanto como el de Luis Narvaez, Fernando Sor o Manuel de Falla (en la música).
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Un mundo que para ser considerado Cultura necesita y precisa de una decantación nacida del tiempo. Tanto, que España -nación absolutamente sabia en pintura-, tiene como condición inapelable nunca colgar una obra en su museo principal (El del Prado), sin que hayan transcurrido cien años desde la muerte del artista. Ello nos podrá parecer extraño, pero es un síntoma de la más absulota cultura e inteligencia; puesto que el arte -como el buen aceite-, precisa de una decantación para saber realmente si fue arte. Un hecho para el que es imprescindible el paso del tiempo; años, decenios e incluso siglos, que nos ponen a todos en nuestro lugar y sobre todo al creador. Quien de "aguantar y soportar" aquella prueba de cronología, demuestra que su obra fue arte auténtico (y no moda o artesanía).
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A muchos le resultarán retrógradas mis palabras; lo sé. Pero es que el arte es siempre una involución o una imitación; algo que expresaba Eugenio d´Ors con su frase: "Todo lo que no es tradición, es plagio". Muchos se negarán a reconocer verdad alguna en aquellas palabras del novecentista autor, quien se sentía tan genial que llegaba a firmar "Xenius"... . Aunque para el que no desee admitirlas diremos que un verdadero artista, o bien sigue una tradición, o bien copia y evoluciona sobre lo que imitó a otros. Siendo imposible la creación propia y nacida desde la nada. Pero para todo aquel que afirme que ha hecho algo nunca conocido ni jamás existente, le recomendamos las casas de patentes y registros. Donde podrá "escriturar" una nueva idea, pese a que en unos años esta caducará (prescribe); porque hasta en los Derechos industriales y artísticos, se supone que el autor ha precisado de una tradición y una continuidad socialmente aprendida (e imitada). Sin la cual hubiera sido imposible desarrollar cualquier nuevo invento, proyecto o arte (en este punto se basa la ley de caducidad de Derechos de Autor) .
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Por todo ello, decimos que es sabia la decisión de El Prado, que impide exponer en sus paredes obras de pintores cuya "desaparición" se haya producido con menos de un siglo de antelación. Al igual que recta es la posterior decantación que lleva el mismo museo, al colgar las obras de aquellos que comienzan a entrar en El Prado, en un salón o emplazamiento diferente (el de baile). Allí, en el Casón del Buen Retiro, permanecen las pinturas de los artistas "más recientes" (a la espera de pasar al museo central). Pintores en espera entre los que actualmente pueden verse aquellos que vivieron aún en el siglo XIX, e incluso de coetáneos a Goya. Por cuanto, finalmente para llegar a tener un cuadro expuesto en este gran museo, seguramente habrán de pasar al menos unos ciento cincuenta (o doscientos) años, después de la muerte del autor.
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Y me digo yo: -¿Es eso ser un retrógrado?-. Pues creemos que no, ya que solo se trata de ver y de catalogar el arte con un enjuiciamiento claro y sabio. Aunque, tristemente, si costumbres como esta de El Prado nos parecen retrógradas, es tan solo porque la sabiduría quizás ya sea "algo de viejos" (poco novedosa y aún menos interesante).
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Parece que en la música no pudiera seguirse este criterio, puesto que es un arte mucho más joven y -sobre todo- sometido a vaivenes sociales y tecnológicos. De ello, si aplicáramos un criterio similar para dejar entrar en El Real (o en los auditorios clásicos) las obras, estarían ahora comenzando a representarse, estudiarse e interpretarse las de Chopin o Wagner. Tanto como en los conservatorios las óperas apenas aún se considedarían música culta -mientras que Manuel de Falla o Stravynski se tendrían todavía por compositores "amodernados" o en la espera de El Casón del Buen Retiro-. Pero la música es mucho más rápida en la catalogación de clásicos; de tal manera que El Amor Brujo o El Pájaro de Fuego, se han representado a los pocos años después de ser creadas, ya en los auditorios clásicos más importantes del Mundo. Muy por el contrario, apenas en ningún Museo Nacional de pintura importante, existen cuadros de artistas coetáneos a los compositores antes mencionados (ni siquiera se llega a Klimt o a Degas en aquellos que esperan en salas de impresionismo o modernismo, lejos de los clásicos) .
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BAJO ESTAS LINEAS: A los veinte años, tocando una guitarra flamenca. Era en esta edad y en este tiempo, cuando existía una auténtica confrontación entre los clásicos y los amantes del rock y del pop. Llegándose en algunas discusiones a muy desagradables términos y a "luchas" verbales que incluso acababan con amistades de largos años... . Una de las más terribles en las que participé -quedándome solo frente a todos-, se produjo en la universidad, hacia 1980 (años en que me tomaron esta foto). El motivo de aquella discusión versaba sobre si el rock era o no cultura y si los rockeros eran los equivalentes a Mozart, pero en el siglo XX. Unos párrafos más abajo explicamos como terminó aquella polémica en la aulas de Derecho y las conclusiones que he ido obteniendo con el paso del tiempo (mucho, pues se trata de treinta años).

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Así pues, para determinar lo que es cultura (o clasicismo) en la música, su criterio varía bastante y es altamente más rápido que en otras artes -sobre todo en las espaciales-. Ello debido seguramente a que este (nuestro arte temporal) es mucho más joven, vulnerable y "cambiante" que otros. Una disciplina que -como decimos- es muy posterior a la pintura. Pues verdaderamente, tal y como la conocemos, la música nace -o renace- desde la creación de los instrumentos con trastes y a raiz de las afinaciones modernas (la "bien temperada" de fines del XVII). Ya que las "otras músicas" anteriores a esta, se consideran o bien populares, o bien religiosas. No habiendo prácticamente más vestigios que aquellos de música sacra y del pueblo, en un pasado del que nada o muy poco nos ha llegado -por ser irreconstruibles sus afinaciones y sus instrumentos, tanto como por no haberse escrito las melodías-. Así "la música clásica" comienza en lo que llaman El Barroco, que se sucede cuando el barroquismo en la pintura y la literatura estaba más que superado, comenzando ya entonces el Rococó o el Neoclasicismo en aquellas otras. Al igual que el romanticismo musical "cuaja" casi cinco decenios después de que ese movimiento hubiera nacido en otras artes; tanto como el impresionismo melódico o compositivo, llega en los años en los que en pintura ya existían expresionistas y hasta los "dadaistas y fauvistas" -...aquellos raros "ismos" del siglo XX-.
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Por ello, el criterio para determinar un clásico en la música (una "pieza culta") no es igual al de la pintura, que deja decantar durante decenios o siglos los cuadros y las esculturas de un autor. Llagando a ser normal que muchos de los compositores vean sus obras representadas, estudiadas y admitidas como clásicas, aún en vida (algo que resulta quizás imposible en las artes espaciales). Un hecho que les llega muchas veces gracias a que este arte del sonido precisa además del intérprete; quienes verdaderamente "llevan a los altares" las obras y las culminan definitivamente como "piezas cultas". Pese a lo cual, la permanencia de aquellas en la Historia de la Música, solo dependerá realmente del valor que tienen (y no de la prontitud con la que les llegue el éxito).
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Por todo cuanto decimos, la frase aquella que dice "el rock es cultura", creemos que puede ser un poco "temeraria". Pese a que parece ser que la primera que la pronunció y la puso de moda -al menos en España- , fuera una famosa ministra de cultura; quien se sirvió de este precepto para gastarse una parte de los fondos públicos destinados a cultura y contratar al grupo de Rock más caro y famoso de entonces... . Hace ya más de treinta años de ello y recuerdo las enormes discusiones que tuve con mis compañeros de clase en la universidad, pues tan solo por decir que nada de cultural me parecía aquel recital de rock, casi me hacen salir por la ventana del aula. No solo eso, sino que les advertí de que aquello era una simple argucia para atraerse el voto de la juventud (ya que la famosa ministra era de un partido de Derechas). Pese a ello, las acusaciones de retrógrado y hasta de "facha", por expresar libremente como me parecía fatal que la administración pagara y subvencionara el Rock, fueron terribles. Lo mínimo que tuve que oir fue la expresión "carcamal" en agradables tonos de abucheo, mientras les argumentaba que quizás algo más que ellos sabía de música (dado que además de estudiar Derecho, llevaba desde los seis años estudiando guitarra y desde los quince, piano...) .
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Lo peor se sucedió cuando un compañero univesitario me increpó afirmando que aquel grupo de rock eran "los Mozart del siglo XX". A lo que le pregunté públicamente si había oído a Stravinsky, a Manuel de Falla, a Granados o a Turina; o que si para valorar a aquellos "Mozart del siglo XX" también se tenía en cuenta a Bartók, a Prokofiev a Skriabin o el Carmina Burana de Orff (habiendo de prescindirse -evidentemente- de todos los intérpretes y directores clásicos...). Creyose el estudiante de Derecho y "defensor del rock" que me estaba pitorreando de él, dándole nombres inventados; tanto que afirmó parecían más bien los de políticos centroeuropeos y rusos (quizás se refería a Bakunin...). Por lo que dijo que además de ser un "carca", yo era un desestabilizador... . Recuerdo como me largué de clase, enfadado, entre los abucheos de todos. El resultado fué el no ir a la facultad -al menos entrar en clase- durante unos días, por ver si los ánimos de aquellos fans rockeros se calmaban. Y todo ello, por defender la música clásica comentando que el Estado no había de "subvencionar" o contratar a sus expensas al más famoso grupo de rock de aquella época... .
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Pasaron los años -treinta va a hacer ya de lo que narrábamos antes- y el "panorama musical" mucho ha cambiado. Mucho no: Muchísimo; pues si hace tres décadas "concierto" se llamaba a aquello que interpretaban señores de frac y con partituras al frente. Hoy "se le dice igual" a espectáculos tan desconcertantes como el que puede dar un chico cargado de tatuajes, vestido en camiseta y calzones, completamente "colocado", pegando gritos y dando saltos en el escenario -cual un canguro con dolorosas almorranas-. Aunque "lo mejor" de todo es que comúnmente se anuncian y comentan en las noticias, como si aquello fuera un evento cultural inigualable (similar al estreno de La 9ª de Beethoven).
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En lo que se refiere a estos "conciertos", muchas veces los observo con detenimiento y en ellos veo todo el totemismo que analizan en sus obras etnógrafos e historiadores de la talla de Frazer, Cambell o Gómez-Tabanera. Tratándose de explicar por qué en el interior del hombre existe un "homo tribalis" que le es inevitable e ineludible. Algo que estoy seguro es el que le lleva a desear de vez en cuando pegar saltos, moverse epilépticamente y revolcarse -como si se hubiera sentado en un hormiguero-. Un comportamiento con el que quizás descargan toda la adrenalina contenida, pero que no parece realmente muy artístico (ni menos, muy estético).
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Al mirarlos, comúnmente, me he preguntado de dónde puede proceder este instinto tan "moderno" para necesitar brincar al menos semanalmente (en plan orangután); un comportamiento sin el cual muchos ya no pueden ni vivir. Asimismo, "me digo para mis adentros", por qué desde hace una décadas toda la música precisa ya de una síncopa continua y continuada. Sonido "chunda-chunda" que se suele hacer con una repetitiva batería y que a veces es tan machacona que destroza las bonitas melodías del pop o del rock. A lo que he creído en alguna ocasión encontrar la solución en ese enigma. Respuesta que se basa posiblemente en que el niño y el hombre de hoy -incluso desde antes a nacer-, oye de continuo sonidos semejantes (que corresponden a ruidos de motores, golpes y traqueteos). Por lo demás, "la música" con la que los psicólogos afirman, primero se familiariza el humano; es el del corazón materno (que tanto puede parecerse a las mencionadas baterías rítmicas). Por lo que es seguro que los hijos de las mujeres que trabajan duro -o hacen ejercicio-, en el interior de la madre escuchan un "golpear" mucho más fuerte y acelerado.
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Quizás este sea el motivo por el que la música popular es siempre muy asincopada y acompañada de tambores (o batería); ya que las embarazadas en la antigüedad y en los lugares sin recursos, trabajan casi durante los nueve meses de gestación. Al igual, habría la posibilidad de pensar que la música atractiva para los hijos de madres con embarazos calmados -quienes no se "movieron" mucho durante la espera-, quizá pueda ser más sutil, lenta y melodiosa. Sin precisar ni gustar tanto del machaqueo, del "pum-pum" y el "chunda-chunda" (tan similar a un corazón acelerado...), los nacidos de madres que han podido descansar durante la gestación.
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Desde luego ello explicaría el por qué hoy en día todos precisan la síncopa, sin la cual no entienden la melodía; puesto que desde hace años la mujer ocupa puestos de trabajo y se mueve en los embarazos -sin permanecer en reposo, como antaño-. Además las madres ahora están en su gran mayoría orientadas para asistir a gimnasios y hacer ejercicios de preparto. Ello, junto a una sociedad de hoy, rodeada de sonidos de motores; puede provocar que los niños ya nazcan "amando" aquellos golpes y síncopas que han oído desde antes de nacer (tan parecidos a los de una batería)... . De tal modo, no sería nada raro pensar que en ello está la razón de tanto "chunda-chunda" actual; similar -como dijimos- a toda la música folklórica antigua, que también suele llevar este tipo de tambores a ritmo de infarto... Por ello, quizás a uno, cuando no entiende mucho lo de la batería y le gusta más la música clásica (que el pop, o el rock), le miran como a un "bicho raro"; llegando a colgarle el carteilto de pijo (pese a que la realidad sea todo lo contrario; ya que la clásica o culta es mucho más barata y accesible).
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Finalmente nos queda por dilucidar si tal como dijo aquella ministra: "el rock es cultura". Una difícil pregunta, pues para conocer qué es o qué no es cultura, se precisa la decantación del tiempo y de la Historia. Pese a ello, podemos contestarnos que, seguramente, "una parte del rock" (muy pequeña) será tenida el día de mañana por "Cultura". Aunque el resto (la gran mayoría) solo habrá sido una moda de un tiempo o canciones "pasajeras". Lo mismo sucede en parte con la música clásica, de la que solo nos llegará una porción muy escogida de cuanta hay en cada tiempo. Pese a que las obras de arte "cultas o clásicas", al precisar de unos medios técnicos muy depurados, ya nacen con un carácter mucho más permanente. Pues no puede ser lo mismo aquello que a un chico de veinte años se le ocurre melodiar en un par de días; que el trabajo que un compositor lleva a cabo durante meses -o años-. Pese a ello, ni toda la música clásica es buena (y culta); al igual que tampoco toda la moderna -pop, rock y etc- es de mala calidad, ni carente de misterios y recursos artísticos. Hay bueno y malo en "ambos lados", aunque el porcentaje de piezas cultivadas pueda ser el mismo que existe en el caso de visitar y comparar las obras del Prado, con las que se exponen en El Reina Sofía.
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Eso sí, a los amantes del rock, pop -y de tantos otros nuevos movimientos-, solo les pediría que comprendan que nosotros (los que gustamos de lo clásico) podemos entender y conocer un poco mejor la música. Teniendo un juicio y una comprensión mucho más acertada y global de cuanto oímos, debido a que el mundo culto exige de mayor información y formación. Por lo que cuando algún amante del mundo clásico te comente que un tipo de música "moderna es "inaudible" o terrible, al menos ha de respetarse su opinión. -No siendo tan respetable esa eterna monserga que parlan los que dicen no poder escuchar la música culta, por ser un aburrimiento. Ni menos "aquellos tantos" quienes argumentan que los que la oímos, es solo para hacernos los finos y elegantes...- .

domingo, 7 de agosto de 2011

INTERLUDIO VI : El arte que no es industria; desaparece...

ARRIBA: Hace muchos años; una foto junto a mi amigo el empresario japonés Sr.Takaoka. El mundo de la industria y de la empresa, me ha enseñado que el arte no ha de ser tratado de un modo muy distinto ni ajeno a este. Es más, si consiguiéramos llevar las artes al terreno de la industria, quizás gran parte del trabajo que se desarrollase en las empresas, sería mucho más feliz. Pese a ello, existen artes "incapaces para" industrializarse.
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Durante casi veinticinco años tuve la dicha de ser "vecino lejano" de Luis García-Berlanga. En las reuniones de su Comunidad (a las que asistí a veces de niño), me llamaba la atención que en repetidas ocasiones el director de cine, aseverase una frase con sorna y repetidamente, para significar que habíamos que dar otro arreglo a lo problemas. Así, muchas veces decía Berlanga -" Eso es como lo de mi profesión, que si la llevamos a Industria, pues se arregla"-. (Entonces, me decía yo para mis adentros: -¿Y... Qué sería aquello de su profesión y de la Industria?-). Con el tiempo supe que el cineasta se refería a que el Mundo del Cine solo podía arreglarse si se "excluía" del Ministerio de Cultura y se llevaba al de Industria (como una actividad empresarial). Algo, que para aquel famoso director, posibilitaría generar un verdadero negocio del Séptimo Arte, libre de yugos, servidumbres y lazos sociales; ajeno a la política y solo con una actividad de cara a los espectadores. Así me llamó mucho la atención como Berlanga cada vez que había un problema, siempre nos sugería que era peor el de su profesión, que solo debía tratarse de forma "industrial" y estaba siempre sometida a un "filtro cultural".

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Aquel razonamiento, en principio puede parecernos una aberración, debido a que las artes han de subvencionarse conforme a su teórica "utilidad" social. Pese a ello, y por haberlo oído en boca de el genial director, lo estuve recapacitando ya en edad madura; tanto que llegué a la conclusión de que quizás D. Luis García-Berlanga tuviera muchas razones. Pues no todas las artes son iguales. De tal manera, un libro de poemas, las novelas de importancia, las obras de teatro destacadas, o la música antigua y clásica; pueden y deben subvencionarse (con el mismo criterio con el que se restaura un edificio del medioevo). Pero posiblemente subvencionar las nuevas películas, pudiera llevarnos a grandes confusiones y "diferencias" sociales; pues también nos hemos plantear si el Estado ha de promover la creación de discos de Rock, Pop (o todo tipo de música actual...). Llegando a concluir que cualquier creación, idea y nueva actividad que realicemos -en la que afirmemos, se trata de un arte-, deberá estar apoyada por la Administración.



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Pese a estas ayudas, parece más cierto que si el Cine fuera subvencionado como una industria (a modo de la empresa), quizás la capacidad de conceder préstamos y ayudas del Estado fuera mucho mayor. Es más, asimismo habría un control y exigencias para la permanente función del negocio, con el fin de que los contratos se prolongaran por el mayor tiempo posible; tanto como para intentar que su actividad laboral no cesara . Consiguiendo quizás que unos consorcios (o cooperativas formadas por determinados grupos de directores), estuvieran siempre en activo, creando películas y cortos en una industria en la que se pretendería la máxima actividad continuada -para salvar sus puestos de trabajo fijos-. Algo que en el caso de las subvenciones no ocurre, ya que ello solo supone recibir un dinero del Estado; que solo espera y desea que el gasto para las películas sea el mínimo (no el máximo y con el mayor coste posible, para generar más trabajos...).
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El asunto, entendemos que puede parecernos -así visto y expuesto-, excesivamente pragmático y tratado de un modo poco "romántico". Pués al hablar de "verdadero arte", quizás hay que tener siempre en cuenta que estamos refiriéndonos al mundo de lo inútil, de lo inmaterial, de lo nunca rentable y de aquello que siempre va a ser una "carga social". Porque el arte y el artista han de estar apartados, incomprendidos y hasta al margen de la Sociedad, para tener calidad. Aunque esa visión del creador maldito y sin reconocimiento es absolutamente novedosa. Debido a que un estereotipo nacido a principios del siglo XIX, "gracias" a los problemas sociales y espirituales que esta centuria trajo al Mundo. Cien años en los que se pasó desde el absolutismo (derrocado en 1789) al Imperio Napoleónico; para finalmente llegar al nacimiento de las filosofías marxistas y a las ideas anarquistas -que afirmaban como los Estados eran el mismo origen del mal y la explotación humana-. Años en los que el arte se funde con esas tendencias y se convierte en un referente de las turbulencias sociales decimonónicas, naciendo los llamados pintores malditos (como Gaugin o Van Gogh). Un siglo en el que también surgen unas tendencias músicales, una literatura y unos movimientos creativos, que van en contra de todo lo creado en el pasado.
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Es en estos años, cuando arte y maldición se unen en un mismo término; hasta el punto de que cualquier creador de éxito social llega a ser despreciado (tildado de académico decimonónico) . Sus nuevos movimientos artísticos, finalmente pasarán a servir a las ideologías nacidas a fines del siglo XIX y principios del XX. Pese a lo que muchos de sus más insignes "maestros" habrían de morir en el anonimato, la pobreza y la marginación social; aún habiendo sido verdaderos genios de sus artes. Algo que sucede fundamenmtalmente a cuantos defendieron "tendencias" anarquistas -como Valle Inclán-; o a los que prodigaban una ideología radical de izquierdas. Quienes si nacían en un "lado" de Europa, morían en la pobreza (o en persecución); mientras si vivían en el extremo opuesto europeo ,obtenían los mayores éxitos, reconocimientos y aplausos -algo que igualmente sucedió si "giramos el espectro" hacia la Derecha y cambiamos el Oeste por el Este-.
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Desde estos años y esas épocas, artista y maldición parece que se unieron en una palabra análoga, que tristemente ya no pudo separarse. Ello, porque el arte convencional, el arte socialmente aceptado o el éxito artístico; desde mediados del siglo XIX fué sinónimo de mediocridad. Un hecho un tanto absurdo, ya que en todas las épocas el gran artista y el genio habia tenido que subyugarse y someterse al poder (o al poderoso), para poder conseguir sus fines: Crear su belleza. De ese modo se reconoce a Goya junto a Carlos IV y Fernando VII; a Velázquez en el Obrador del Palacio de Felipe IV; a Miguel Angel pintando para el clero y trabajando para Papas tan duros como Julio II; a Leonardo fabricando armamento diseñando para Ludovico Sforza y Francisco I; o a Piero della Francesca desarrollando su filosofia y su teoría de la estética, en "casa" de Federico de Montefeltro. Pese a ello y aunque estos artistas se "sometieron" y a "grandes tiranos", con los que compartieron hasta su amistad -techo, mesa y mantel-. Nadie duda ni niega que Goya, Velázquez, Miguel Angel, Leonardo o Piero della Francesca, sean genios.
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Del mismo modo, tampoco se preguntan que fué del creador en la Antigüedad o en la Edad Media; pues en le era de las Catedrales o en Roma sucedió igual que en el Renacimiento -tanto como en Grecia, o en Egipto-. Civilizaciones donde los retratistas (en piedra o pincel), los arquitectos o los simples ceramistas; hubieron de servir siempre al poderoso (así como al rico), para poder realizar sus obras. Además aquellos que les compraron sus obras y a los que tanto se critica en otras facetas de su boigrafía (léase, Papas, reyes, faraones, emperadores, señores o condotieros). En lo que concierne a su relación con grandes artistas, siempre se considera y denomina que actuaron de justos y benefactores "mecenas". Tanto como se reconoce que en su vida al menos hicieron esa gran obra: Patrocinar a los genios de su época.
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Tras este repaso desde Egipto hasta nuestro siglo XVIII, en el que vemos como prácticamente todos los creadores trabajaron para el Poder, o para los que dirigían la religión; se llega a una pregunta: ¿Por qué en el XIX se pierde este valor y nace un nuevo "arte maldito"?. A lo que habríamos de contestarnos con dos respuestas: La primera -ya explicada- expone el conocido hecho del nacimiento en este siglo de nuevas corrientes políticas antiestatales (o contrasociales) que hacen al creador posicionarse en contra del Poder. Aunque una segunda es más simple y se basa en la pérdida del valor industrial del arte; pasado en ese momento el artista a ser un creador y nunca un fabricante. Un hecho que hasta mediados del siglo XIX no se había producido prácticamente en la Humanidad, debido a que siempre el arte había sido un artículo de consumo (de ello su nombre: "artificio"). Consecuentemente, el retrato egipcio era ante todo una efigie creada en un taller, con un proceso de fabricación por etapas, llevado a cabo con las manos comúnmente de anónimos y con un fin similar al que hoy tienen las fotos de familia (para conservar al poderoso en la memoria social, para servir al recuerdo de los parientes o para llevar el Kha y el Bha -almas del difunto- al más allá). Y es así como el templo o la Pirámide -en Egipto- se realizaban casi del mismo modo que una obra pública romana, para perpetuar la grandeza del espíritu imperial. Un carácter que también tuvieron muchos de los edificios sagrados y públicos en Grecia, al igual que los retratos grecorromanos en mármol, que sirvieron para memorizar la imagen de sus líderes y de sus dioses.
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De tal manera, aquellos edificios cargados de columnas, capiteles y bajorrelieves; tanto como esas esculturas que representaban a las deidades y los poderosos de su civilización; estaban "fabricadas" de un modo industrial y con un fin puramente social (hasta el punto de hacerse varias obras o réplicas de un mismo tema). Igual sucedió en el Taller del Renacimiento y sobre todo en el del Barroco, donde el encargo de la figura de un santo, se aprovechaba para pintar -o esculpir- a la vez varias réplicas casi iguales del mismo cuadro; de las que solo el "maestro" (primer pintor) del Obrador terminaba meticulosamente las obras principales. Siendo comúnmente acabadas o hechas casi en serie otras muchas por los oficiales. Segundos de "abordo", quienes en su mayoría eran artistas más jóvenes que el maestro contrataba para suplirse y que cada año iban aprendiendo una nueva técnica de cada parte del lienzo (o talla). Así hasta llegar normalmente a dominar las técnicas y saber pintar toda una obra; podrían abrir estudio propio. Oficiales que fueron verdaderos artesanos y a quienes en muchas ocasiones se les especializaba en un tema o en una zona del cuadro (pies, fondos, o flores etcétera); siendo su vida durante muchos años muy semejante a la de un simple orfebre (o un ceramista).
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Llegados a este punto, habríamos de plantearnos cual sería la frontera entre un artista y un artesano; cuya respuesta consideramos es la siguiente: Artesano es aquel que produce un arte (artificio), que puede ser aprendido o copiado prácticamente de forma igual por otros. Mientras artista es solo aquel que crea una obra o genera un objeto que nadie puede imitar (en su carácter o en su técnica). Pues la copia de lo hecho por la mano de un verdadero artista, es solo eso: Una imitación. Mientras la réplica de aquello que el artesano hace, sería "Artesanía". En todo ello, El Taller -del Renacimiento o del Barroco-, plantea serias dudas. Pues no podemos poner una franja exacta en las labores que realizaban allí los pintores, ya que muchos solo sabían colorear telas, dar tonos de carne y pinar flores o fondos. Mientras el maestro a veces solo retocaba -simplemente- el trabajo de todos. Un problema sobre el arte y la artesanía que plantea qué es lo artístico y cual su frontera con "lo industrial". Algo que quizás nos resuelve el mundo del Cine, en donde está muy claro como existen varios "oficios". Unos de artista (director, fotógrafo o músico); junto a otros de artesano (atrezzistas, decoradores, cámaras, iluminadores, maquilladores etc) y varios de simples trabajadores (los técnicos y asistentes de este séptimo arte).
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Así, entendiendo que el Cine es casi como "un Taller" renacentista, comprendemos las palabras de Berlanga, cuando afirmaba que la mejor solución para esta disciplina artística era la de incluirla en el ministerio de Industria y separarla del de Cultura. Pues seguramente, lo más positivo para este arte hubiera sido ser tratado como una empresa (fijándose en su producción, no en su significado). Pretendiendo de ese modo que el dinero y los puestos de trabajo que el cine generase fueran altamente protegidos por el Estado (no su purismo, ni su temática). Algo que quizás hubiera permitido defenderse abiertamente contra las importaciones y realizar una política abiertamente de empresa en ese mundo -favoreciendo un producto español y defendiéndolo a toda costa frente a otros-. Ya que es mucho mejor proteger que subvencionar, o como dicen los chinos: "Enseñar apescar antes que regalar peces" . Tratando a la industria del cine como una gran empresa que genera millones de beneficios y no como una ruina artística a mantener... .
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Unas empresas bien defendida en las que para importar a nuestro país un producto que ya se fabrica en España, habrían de pagar cánones y pluses de imposición (para evitar la competencia a nuestra industria). Con lo que las películas extranjeras hubieran sido sometidas a múltiples tasas, que las hubieran hecho más caras y menos vistas que las nacionales -dejando a un lado esa "farsa artística" llamada "doblaje"; que tristemente se permite en España, sin haber educado y acostumbrado al público a oír la verdadera versión. Algo que educa muchísimo en materia de idiomas, tanto como protege completamente al cine nacional-.
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Pero por fin, volveremos a nuestro mundillo y entramos de nuevo en el "problema de la música"; un triste tema que cada día plantea más polémicas (que parecen carecer de soluciones). Habiendo de plantearnos si la música también puede ser industrial. A ello la respuesta es evidentemente: Sí. Aunque hay algunos géneros y estilos que pueden ser "industrializables", mientras otros nacen incapacitados para ello. De tal manera los tipos de música capaces para ser llevados al espectáculo (sin problemas) entran en el mundo de la industria. Mientras aquellas otras que nunca son ni serán espectaculares; están incapacitadas para industrializarse. Nos explicamos: El Rock, el Pop, la ópera o los conciertos de las orquestas; de los que pueden realizarse conciertos o recitales ante aforos de miles de personas. Precisan una "parafernalia" empresarial y son en sí mismo, una industria. Pero los conciertos solistas, tanto como la música religiosa o antigua, la barroca o la contemporánea -que pocas veces reunen a más de cien personas y cuya "entrada" no paga los gastos de escena (ni menos el caché)-; son artes nunca industriales, ni industrializables. Ante ellas solo tenemos dos opciones: La primera es dejar que desaparezcan por falta de interés; y la segunda solución pasa por subvencionarlas y potenciarlas -con apoyo de medios y de prestigio social-, para que no se pierdan.
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Volviendo nuestra preocupación por la guitarra y las letras (artes muy poco industriales...); ya decíamos ayer que los años setenta y ochenta eran tiempos felices para la Cultura (con mayúscula). Ello, porque entonces vivían entre nosotros un gran número de intelectuales de renombre. En literatura, por ejemplo: Vicente Aleixandre o Camilo Jose Cela, tanto como Dámaso Alonso, Lázaro Carreter, Buero Vallejo, Blas de Otero o Claudio Rodríguez (junto a un elenco casi infinito de escritores del mayor nombre, entre los que se encontraban figuras como Delibes o Matute -que llegaron hasta nuestros días del siglo XXI-). Igualmente entre los músicos vivos y activos en los setenta y ochenta, estaban inmortales como Segovia, Yepes, Saez de la Maza, Joaquín Rodrigo, Krauss, la Caballe, Carreras ( al margen de Domingo, Los Romero, Bitteti, Paco de Lucía o Sanlucar; de los que aún hoy disfrutamos en activo junto a otro elenco de grandes nuevos guitarristas).
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Pese a ello, esta generación, parece que se acaba, ya que los grandes guitarristas (que son los únicos que van quedando como músicos más destacados) tienen entre los cuarenta y los setenta años. Su arte se disipa al parecer porque ya no es un gran negocio; y mientras antaño todos asistían pagando lo que fuera a los conciertos de Segovia -en la Alhambra-, a los de Yepes -en el Real- o a los de Paco de Lucía y Manolo Sanlucar (allí donde tocaran). Hoy, la guitarra, apenas despierta ni atrae al grán público. Quizás ello se deba a que en las televisiones cuando se habla de "conciertos", normalmente se refieran a "recitales" dados por chicos de menos de treinta años, con apenas conocimientos musicales ni técnicos y que se acompañan de instrumentos tan fáciles de manejar como las baterías o las guitarras eléctricas (algo que ya nada tiene de "concertante"). No solo eso, sino que apenas se oye en los medios de comunicación la guitarra -ni la música clásica hispana-, por lo que no existe una costumbre ni una necesidad creada de escucharlas. Ello quizás por considerarse que "no vende" y como "no vende", pues no interesa... .
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Un criterio mercantil para valorar las artes que quizás lleve a la desaparción de la generación de Oro y de verdaderos músicos y guitarristas que tuvo España (desde comienzos del siglo XX hasta hoy). Pero no nos preocupemos por promocionar la verdadera cultura, porque es aburridísima -a casi nadie le interesa-. Además es seguro, que dentro de cien años todos van a taratear las canciones de este verano, al igual que muchísima gente recordará cuantos triunfos tuvimos en el deporte. Mientras dentro de un siglo, ya nadie sabrá quienes eran: Manuel de Falla, Albéniz, Granados, Turina, Rodrigo, Segovia o Paco de Lucía... . ¿"Un mundo feliz"?.

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sábado, 6 de agosto de 2011

INTERLUDIO V : El arte que no es espectáculo.

Los años setenta y ochenta, fueron aún tiempos muy felices para la cultura -los sesenta quizás habían sido aún mejores-. No se trata de emular a Jorge Manrique y su "cualquier tiempo pasado fué mejor"; pero si es obligado recordar lo que aquellas décadas fueron en el ámbito cultural. Comencé a comprenderlo entre 1977 y 1979 (a mis dieciseis-deciocho años, aproximadamente), y la concienciación vino mientras tuve una dura profesora de literatura, que nos legó una sólida y magna base lingüistica. Se llamaba Alicia Blëiberg y era hija de un conocido profesor (académico) que trabajaba en Huston -amigo y conocido de la Generación del 27-. Aquella mujer era admiradora de los entonces más innovadores (como Blas de Otero) y su filosofía y lecciones nada tenían de sospechosamente elitistas. Es más, en sus explicaciones siempre había un apoyo y unas preferencias tendentes "hacia la Izquierda" o, en su caso, muy cercanas a la Institución Libre de Enseñanza. Pese a ello, nos enseñaba que el arte, la filosofía y la literatura era para una minoría. "Para la minoría siempre"; aquella que supiera apreciarla y continuarla. Explicando que esa era una de las frases y preceptos más queridos por Juan Ramón Jiménez, quien dedicaba en numerosas ocasiones sus libros de poemas a "la minoría".


JUNTO A ESTAS LINEAS: Juan Ramón Jiménez dibujado sobre Platero por Rafael Munoa, en la edición de Platero y Yo (Aguilar, Madrid 1970). En mi juventud pude conocer algún hijo de los sobrinos (de Zenobia Camprubí) y a personas cercanas al genio literario, y por lo que me narraron debió tener un espíritu muy cercano al de Manuel de Falla (en nada "atento" a las masas). Dedicaba sus obras a "la minoría", sin ser aquello ningún síntoma de "clasismo" (sinó solo de "purismo"). Pero es que el amor hacia "el pueblo" nunca significa ser "populachero" y menos gustar de las cosas vulgares. Sinó muy por el contrario, disfrutar con todo aquello refinado y cargado de buen gusto que "el pueblo" ha creado (en su literatura, música, arquitectura, modas y costumbres). Intentando conservarlas como un gran tesoro cultural.

Hoy sería casi imposible dar una clase en la que se expusieran esos conceptos de minoría y de élite, pues parece que aquello de elegir a los más destacados no debe nunca mencionarse (menos, hacerse). Pareciendo que ya no se debe separar a los que tienen una mayor sensibilidad, ni más condiciones que el resto del grupo. Existiendo el dogma y el deber de dirigirse a todos por igual. Por lo que hacer algo tan solo para unos pocos, puede definirse como un hecho "políticamente incorrecto". Y con todo ello, hemos de replantearnos si personajes como Juan Ramón (o los artistas de la Generación de 98 y del 27) que orientaban y dirigían sus obras solo para quienes pudieran entenderlas; quizás fueron unos ignorantes, o unos tiranos... . Mucho lo dudamos y lo único seguro es que fueron intelectuales de la mayor talla mundial. Pero que al igual que hoy hacen los amantes del deporte, que apartan desde niño a los destacados y solo dejan participar en sus eventos a los más brillantes y excepcionales hombres (sin permitirles doparse ni engaño alguno). Antaño, los verdaderamente creadores y pensadores, no dejaban entrar en "su mundo" al mediocre, ni menos al romo o al torpe. Por lo que sus libros, su poesía, su música y su pintura se hizo para "esa minoría". Con ello, consiguieron que con el paso del tiempo, aquel arte pudiera ser comprendido por la gran enorme mayoría; ya que todos hemos disfrutado de J.R.J, de los del 98 y del 27, del cine de Buñuel, o de pintores como Juan Gris, Picasso o Maria Blanchard.

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JUNTO A ESTAS LINEAS: El arte no es un espectáculo y como demostración incluimos la imagen de una de las más importantes obras artísticas de la cultura hispana: El poema de Ruben Darío LO FATAL (copia de página 148, edición de "Cantos de Vida y Esperanza" que me regaló Carmen Conde -Austral, Madrid 1983-). Recuerdo que cuando Carmen Conde estaba triste, siempre recitaba este poema -a veces acompañándolo con una copita-. Le gustaba que tocara mi guitarra para acompañarla también en su "canto" y al finalizar, siempre concluía que Rubén era uno de los más grandes. Tanto como se empeñaba en regalarme el libro, para que me lo llevara; así llegué a tener cuatro o cinco ejemplares iguales que me daba, tras argumentar que se lo sabía enteramente de memoria... . Ella, al igual que su marido (Antonio Oliver Belmás) habían estado muy unidos al poeta nicaragüense, y me narró algunas anécdotas de aquel, que otro día recogeremos. Del mismo modo había sido gran admiradora y cercana a Juán Ramón Jiménez y siempre hablaba de las minorías "juanrramonianas"... . Fué la primera que me dijo que un buen creador y un intelectual, no era nunca un artista (del espectáculo); ello era como confundir un intérprete con un compositor o a un actor con un dramaturgo. Y es que el arte y el espectáculo son cosas bien diferentes.
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Continuando con lo que tratábamos, a muchos lectores quizás les haya llamado la atención la intitulación que encabeza la entrada, afirmando que "el arte no es un espectáculo"; pues actualmente arte y espectáculo parecen palabras sinónimas. Pese a ello, nada hay más lejos del arte que obligar al que lo crea a hacernos algo espectacular; pues ello supone nuestra intromisión en su privacidad y -quizás- la destrucción de la verdadera plasmación íntima (bella y sublime). Aunque, como decimos, a día de hoy aquello que no es espectáculo no vende -ni se vende- y sin capacidad de darse a conocer, carece de proyección y posibilidades de divulgación (propias del arte). De tal manera, arte y espectáculo son análogos términos actualmente, pese a que así, aunados, van minando la verdadera función del artista. Trabajo del creador que debiera ser el de: Expresar y recoger -en formas temporales o espaciales- el sentimiento de una época y transmitir a las generaciones venideras los parámeros de estética, belleza, creatividad y humanismo, del tiempo y civilización en que vivió.



SOBRE ESTAS LINEAS: Carmen Conde en casa de mis padres en 1986, junto a mi mujer y a mí. Teníamos entonces veinticinco y diecinueve años, mientras la escritora era de una generación muy cercana a la de 1927. Esta poetisa se negaba a autodenominarse "artista" y se decía "intelectual"; reconociendo que en aquellos años el arte ya se había confundido totalmente con el espectáculo. Y es que el espectáculo triunfa cuanto más público asista, mientras el verdadero arte puede nacer solo para quienes tengan capacidad de disfrutarlo (auque sea un reducida minoría).
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Pese a ello, muchos no comprenden (ni ya comprenderán nunca) que "el espectáculo" y "el arte" son cosas muy diferentes; tanto que en ocasiones al convertir una creación en algo espectacular, esta pierde gran parte de su "esencia". Ello es lo que sucede en parte con la música clásica, nacida en salones y pequeños auditorios de concierto y que al interpretarse en grandes auditorios (incluso, en estadios) se desvanece o se convierte en algo ajeno al mundo propio del artista. Y es que no es lo mismo ver un cuadro, que la foto ampliada de un cuadro; ni menos una estatua que su fotografía tridimensional. Por lo que oír la música clásica sometida a auditorios "solo dignos" del pop o del deporte -en ocasiones a través de altavoces-, llega a transformar lo que fue un deleite de minorías y de élites, en algo sin intimidad y carente de su verdadero sentido. No sé si me entienden, pero creer que puede trasladarse al mundo del espectáculo la música clásica, es como aquel que piensa que lo mejor para leer a los clásicos de la literatura, es llevarlos a la pantalla... . Un error, pues tras conocer el argumento ya sí que muchos jamás leerán esos libros, debido a que su curiosidad por la trama ha quedado saciada.
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Pues la curiosidad, la intimidad o la participación del que observa o se deleita con el arte, es parte de este. Es decir, que el que disfruta del arte, también es una "porción" de aquel; de tal manera, de las condiciones en las que lo haga (psíquicas, emocionales y físicas) dependerá totalmente lo que la obra le transmitirá. Consecuentemente, si un músico de calidad nos diera un concierto en el salón donde tocaba Chopín (en París); en el que apenas cabían cuarenta personas -con las que el maestro muchas veces cenaba y charlaba antes de sentarse al piano-; la percepción y audición de la música sería muy distinta a la que recibimos en un auditorio. Ello, porque la música clásica (en su mayor parte) está hecha para interpretarse ante una minoría cercana (y educada). Por lo que -a excepción de las misas o las óperas-, tocarla en grandes espacios, sin contacto humano entre el intérprete y público, supone ya desvirtuar su valor; la esencia para la que ha sido compuesta, rompiendo gran parte de su significado. Entonces es cuando se llega la conclusión que gran parte de los jóvenes tienen sobre lo clásico, cuando tristemente nos dicen repetidamente: "Aquella música es un rollo y una pesadez". No nos extraña, pues es como escuchar un recital de Rock realizado en un pequeño salón y con los cantantes vestidos de frac y el público de corbata (un "sinsentido"...).
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Habrá muchos que consideren mis palabras "clasistas" o elististas; a lo que respondería que lo único que pueden ser es: "clasicistas" y "reclasicistas". Por cuanto la música ha de representarse en un entorno al menos "similar" para el que ha sido creado. De ello, intepretar a Bach en guitarra eléctrica o en sintetizadores, puede ser muy experimental y muy "novedoso", pero nada de auténtico tiene y de seguro muy poco nos va a transmitir sobre la "elevación" que contiene la música de este genio alemán. Asímismo, tocar en un estadio de fútbol a Beethoven es poco más o menos como mostrar la Goiconda en mitad de ese campo de juego, con unas cámaras y pantallas que aumenten el reflejo de su imágen (para que todos los asistentes lo vean). Todo aquello desvirtúa el origen y la esencia del arte, que se convierte en espectáculo, pero pierde su carácter humano y humanístico. Llegando a poder convertirsde en "el aburrido concierto", del que hablan todos los jóvenes.
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Volverán muchos a acusarme de "elitista y clasista", al reivindicar conciertos para cincuenta (o menos) personas, en salones y no en auditorios. Pero no es así; nunca lo he sido. Hasta tal punto que algunas de las cosas que más me atraen en el arte, son las que ha creado "el pueblo"; siendo un verdadero entusiasta del folklore. Con el que sucede exactamente lo mismo que en lo clásico: Pues si lo trasladamos de su entorno, hacia otra esfera; llevando al espectáculo la música, las danzas, los cantes, los bailes y las costumbres populares; veremos como comienzan a desvirtuarse. No habiendo nada más ridículo que los múltiples "espectáculos" de folklore que la Sociedad moderna a creado -entre los que pueden destacar aquellos que celebran "las geishas" en Japón, ante centenares de turistas que les aplauden mientras ven la "ceremonia del te" (sin comprender nada de cuanto presencian)-. En España ha sucedido algo muy similar con la música del Sur, llegando a afectar terriblemente al purismo y a "la verdad" del Flamenco los espectáculos que se han creado queriendo transformarlo y "renovarlo" (llegando a verdaderas aberraciones "fusionistas", uniéndolo al jazz, al pop, al rock y etc.).
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Por cuanto seguimos expresando, tal como en nuestra anterior entrada decíamos, desde 1960 hasta el fin de los años ochenta, fueron tres grandes décadas para la cultura. Años en los que todavía el arte no era espectáculo. Un tiempo en el que aún vivían parte de los intengrantes de la Generación del 27; en los que Picasso, Dalí y Miró seguían pintando y en los que podía asistirse a una conferencia de Dámaso Alonso o de Lázaro Carreter; tanto como tomar un café en el Gijón, junto a Camilo José Cela, Ana María Matute o Buero Vallejo. En lo que respecta a la música quizá estas décadas fueron aún más llamativas, pues aún daban sus conciertos, Segovia, Yepes, Saez de la Maza y Pastor. Mientras Joaquín Rodrigo, Halffter o Moreno Torroba (entre otros) seguían componiendo. Por su parte, el trio de Krauss, Carreras y Domingo (tanto como La Caballé), dominaba la escena internacional. A la vez que desde 1970 comenzó a nacer la gran generación de los guitarristas flamencos, encabezada por Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar.
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De tal manera, para quienes no comprendan del todo el significado que España pudo tener en el mundo del arte en la centuria pasada, diremos que de los diez primeros pintores del siglo XX, al menos cinco son españoles -al igual que entre los diez mejores escritores, habría que incluir a varios de España-. Pero sobre todo, entre los diez primeros compositores del siglo XX, cuatro son seguro nacidos en nuestro país, tanto como entre los diez principales cantantes del mismo siglo, cinco pueden ser considerados igualmente españoles. Aunque, principalmente, entre los diez primeros guitarristas de ese siglo XX, ocho serían de nuestra nación (al igual que hubo uno de los más grandes violoncellistas y diversos artistas más que hacen su lista innumerable). Un verdadero Siglo de Oro, que parece va convirtiéndose poco a poco en latón y esperemos no termine en "artistas de hojalata". Eso sí, la hojalata es muy buena para efectos especiales en el espectáculo (y sobre todo muy barata)... .

jueves, 4 de agosto de 2011

INTERLUDIO IV: Ante un nuevo (e inadvertido) Siglo de Oro en la música española.

JUNTO A ESTAS LINEAS: Francisco de Tárrega, concertista y compositor, quien consideramos inicia el primer Siglo de Oro de la música española. Una de sus principales obras es RECUERDOS DE LA ALHAMBRA, de la que hemos recogido en internet una preciosa grabación de Andrés Segovia realizada en 1927, cuando el intérprete no tendría mucho más de treinta años y apenas nadie había oido ni podía tocar esta difícil pieza de Tárrega. VER:
http://www.youtube.com/watch?v=aUrqgdHcSTo&feature=related

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El único lugar del Mundo en el que pudo haberse compuesto Recuerdos de la Alhambra es (sin duda alguna), España. Ello, porque aquel lugar necesitaba haber llegado a crear y depurar un instrumento con un sonido semejante al del laúd y la vihuela, pero con unos matices "intemperantes" similares al de la cuerda judía y musulmana. Con una caja en el tono similar al de la voz humana (los bajos masculinos y las tiples femenina), pero con el sonido del agua; siendo ello: La guitarra. Además, aquella música, necesitaba como inspiración y eco las fuentes del Generalife con la imagen de la "Elvira" en la Alhambra. Pero sobre todo, precisaba del nacimiento de una generación de compositores incomensurables, como se produce en la España de mediados y fines del siglo XIX; que comienza con una figura como Francisco de Tárrega.
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Dicen que "sobre gustos nada hay escrito", pero yo puedo afirmar que nadie, absolutamente nadie al que le guste la música, podrá negarnos que Recuerdos de la Alhambra sea maravillosa. Para mí es una de las mejores obras que he escuchado (e interpretado) y que tan solo puedo comparar con las más grandiosas composiciones de Bach o Häendel. Es más, debo afirmar que cuando se toca Recuerdos de la Alhambra en paises como Japón, quienes la escuchan sienten y comprenden profundamente todo el significado del palacio nazarí, de Granada y de la verdadera cultura hispana. Una España que por fortuna es producto de un puente entre muchísimas civilizaciones y que han podido dejarnos un crisol de estilos heredados; originando arquitecturas como La Alhambra, las de Toledo, o el mudejarismo (en Aragón y Castilla). Al igual que una música hecha desde el sentimiento de las tres culturas (la cristiano-romana, la judía y la musulmana) con piezas tan destacadas como estos Recuerdos de la Alhambra, el Amor Brujo o Noches en los Jardines de España (a las que acompañan un prodigio de obras nacidas para guitarra y orquesta, desde los años del maestro Tárrega a los del maetro Rodrigo).
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Así es Tárrega el compositor con el que podemos decir -sin temor a equivocarnos- que comienza el Siglo de Oro de la Música Hispana; "era" contemporánea y coetánea a las tres grandes generaciones de escritores -La de "el 98", el Novecentismo y la del 27; en un periodo que ocupa entre 1890 y 1930-. Pero a la que le continúa un Siglo de Plata, que renace en la postguerra, teniendo como "puente" y nexo a Andrés Segovia. Desde el que surgen las escuelas de guitarra clásica con sus tres vertientes (Segovia, Regino Saez de la Maza y Yepes); para culminar con obras como El Concierto de Aranjuez y un sifín de composiciones y compositores que basándose en la música española y en la guitarra, llegan a completar un palmarés de creadores y creaciones muy superior al que cualquier otra nación tuvo en el siglo XX. Como ejemplo citamos algunos de estos músicos llegados tras Francisco de Tárrega en la primera parte del Siglo de Oro: Manuel de Falla, Turina, Granados, Albéniz, Bacarisse, Pittaluga, Halffter, Segovia, Mompou, Esplá, Joaquín Rodrigo y Moreno Torroba (entre otros).
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JUNTO A ESTAS LINEAS: El maestro Joaquín Rodrigo, quien quizás cierra el primer ciclo de la Edad de Oro (y plata) en la Música Española. Comenzando en tras su obra cumbre (El Concierto de Aranjuez) una nueva Era Áurea en la guitarra -esta vez capitaneada por la flamenca que desde los años setenta toma el relevo a la clásica-.
Como decíamos, al Siglo de Oro (de Falla a Joaquín Rodrigo), le continúa uno de Plata (con Yepes y Saez de la Maza); pero que en su otra vertiente viene profundamente marcado por la creación y nacimiento de la verdadera guitarra flamenca. Conformada y confirmada en los años cincuenta y que culmina en los sesenta. Ello debido al interés por el toque (ya no por el cante) en los tras la postguerra y a la evolución del instrumento en el que los flamencos comienzan a interpretar -tanto como a la "herencia musical de escuelas clasicoflamencas (como la de Linares)-. El éxito internacional de la guitarra española hace que en los a mediados del XX triunfen ya figuras como Sabicas o El niño Ricardo y Melchor de Mairena en todo el Mundo. Llegándose finalmente a la cúspide en los años sesenta con la aparición de ese prodigio llamado Paco de Lucía, quien (junto con Manolo Sanlucar) daría un nuevo giro al mundo de la guitarra, promoviendo lo que es sin lugar a dudas una segunda Edad de Oro. Era en la que nos encontramos y en la que apenas en España si hay interés por las figuras de la guitarra que existen, mientras podemos afirmar que vivimos un verdadero Renacimiento, con decenas de primeras espadas (todas españolas) triunfando por el Mundo y revolucionando la guitarra -clásicoflamenca-.
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JUNTO A ESTAS LINEAS: Pepe Romero, uno de los más grandes guitarristas clásicos y flamencos que la Historia ha dado y que vive desde hace cuarenta años en California como catedrático de su universidad. Pepe, junto a su hermano Angel Romero han sido figuras mundíalmente conocidas y en verdad podemos considerarlos glorias nacionales. Les citamos como ejemplo de decenas de guitarristas españoles que en verdad están en la élite de la música mundial, desde los años sesenta. Como muestra de ello, traemos dos portales. En el primero podemos escuchar Recuerdos de la Alhambra de Pepe Romero en un directo. VER:
http://www.youtube.com/watch?v=LrtW99qTk6E  En el segundo llegamos hasta este disco grabado con Philips hace más de cuarenta años, que es un prodigio de visrtusismo, genialidad y expresión. VER: http://www.technodisco.net/pepe-romero/recuerdos-de-la-alhambra--jeux-interdits--asturias-762750.html
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Pese a ello, parece que lo que nos importa (musicalmente hablando) son tres o cuatro "pasmarotes", que no saben ni balbucear y se suben a un escenario solo por carecer de vergüenza. Mientras, entre las "oscuridades" y sin apenas público, podremos escuchar a decenas (por no decir cientos) de guitarristas cuyo sonido es absolutamente personal y maravilloso; músicos que han revolucionado cada uno y en su parcela, un pequeño mundo sonoro. Sobre todo si nos referimos a los flamencos, quienes desde los años ochenta llevan un sistema de evolución y progreso que, siguiendo las bases sentadas en los setenta por Paco de Lucía, modifica, alteran y cambian a diario sus fórmulas sin parar de enriquecerse ni menos de crecer. Puesto que cada año salen (como si de debajo de las piedras fuera) cinco o diez nuevo guitarristas; cuya técnica y sonido hace solo treinta años hubiera sido inimaginable. Todos ellos creando, componiendo y progresando, con una perfección en el toque y un dominio, que les permite llevar programas que incluyen de Tárrega a "las Soleares" y de Rodrigo a "los tanguillos".
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JUNTO A ESTAS LINEAS: Paco de Lucía, quien (con Manolo Sanlucar) en los años sesenta-setenta revolucionó la guitarra, hasta el punto de poderse decir que ha creado un nuevo Siglo de Oro de la música española. Como si de un nuevo Tárrega se tratara, Lucía a propiciado el caldo de cultivo para que decenas (sinó cientos) de guitarristas de la mejor calidad, técnica, gusto y purismo, hayan nacido en nuestras tierras. Para comprender lo que significa Paco de Lucía y el Siglo XX en la música española, invitamos a escuchar este portal de youtube con el adagio del Concierto de Aranjuez interpretado por él. VER:
http://www.youtube.com/watch?v=w8LL1x6J2rU&feature=related . De igual manera, para entender la técnica y capacidad que Lucía tenía con apenas veite años, invitamos a escuchar y ver este video; recordando que en su segunda pieza (que llama Panaderos) es un bolero clásico, del siglo XVIII, fechable hacia la época en la que nacía conformado ya el flamenco. Contemporáneo a Sabatini y con melodías afines a las que inspirarán toda la música española desde finales de ese siglo. VER: http://www.youtube.com/watch?v=xmqR93Us4SI&feature=related
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Y es que sin lugar a dudas estamos ante un nuevo Siglo de Oro de la guitarra (esta vez flamenca), que muy posiblemente termine en pocos años. Pese a todo, lo más incrleíble es que está pasando desapercibido en nuestro propio país, donde se sienten muy orgullosos de tener los cuarenta o cincuenta deportistas más importantes en algunas disciplinas (fútbol, motos, tenis, ciclismo, automivilismo etc.). Pero a quienes parece importarles muy poco, contar con los cuarenta o cincuenta mejores guitarristas del Mundo (y en gran parte, con algunos de los más insignes artistas de nuestra Historia)... .

miércoles, 3 de agosto de 2011

INTERLUDIO III: De la éstética y la estática:

Foto mía del carnet de CANOE N.C., con unos trece años; cuando era semiprofesional del deporte (equipo español de saltos de trampolín, hacia 1973 ). Entonces oía la frase: "que la gimnasia nada tenía que ver con el magnesio", aunque cuando comencé a entrenar en gimnasio ví como había que darse mucho magnesio, para no resbalar... . En la entrada de hoy veremos que la estética y la estática tienen también cosas en común. Sobre todo en lo que se refiere a los valores de lo sublime.
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INTERLUDIO III: De la estética y la estática:

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De niño me decían aquello de que nada tenía que ver "la gimnasia con el magnesio"; auque para mi sorpresa, cuando comencé a ser "semiprofesional" del deporte vi como todos los gimnastas habíamos de darnos magnesio, al comenzar la gimnasia (para no resbalar). Y yo me preguntaba entonces, por qué existiría "tamaño refrán" que a más de incomprensible era imposible. La respuesta estaba quizás en que a los hispanos nos gusta muchísimo "esdrujulear"; y de tal manera intitulo este "interludio" como de "estética y estática". Pues entre ambas (la estética y la estática) parece que nada pudiera haber en relación; más al leer a Kant pronto comprendemos que la diferencia entre "lo bello y lo sublime" se encuentra precisamente en el equilibrio. Es decir, que la belleza tiene una estática (suele ser equilibrada), mientras la sublimidad es estética aunque inestática -y de común, hasta inarmónica-.
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Cuando era jóven (bastante jóven me refiero -entre los quince y los veinte-), me encantaba hablar con viejos (bastante viejos entonces -entre los setenta y los ochenta-). Hoy ya estos no serían ni ancianos y se les llamaría de la Tercera Edad; pero antaño (hace más de treinta) un hombre o mujer de setenta, se tenía por una venerable ancianidad. Recuerdo que tras acabar la mili (a los veintidós) y aburrido en La Facultad de Derecho, casi a diario me escapaba a casa de una ilustre poetisa, que vivía en Ferraz (cerca de la zona universitaria). Allí junto a sus amigos -el más joven de sesenta, por entonces- pasábamos las horas muertas charlando sobre lo divino y lo humano. A ella le horrorizaba envejecer y así lo manifestaba de continuo. Un día, ante sus quejas por tantos años como había cumplido; comenzó a hablar de cuanto había visto y vivido, espantada de ser vieja. Miré a todos lo que allí se reunían (ya dije que el más joven era sexagenario) afirmando que la vejez no deterioraba tanto al ser humano (como ella afirmaba). Entonces, reprochó mis palabras imprecando que yo -quizás- no fuera un esteta; puesto que para ella era una gran humillación verse a diario cada día más torpe, más arrugada y más fea. No sabiendo qué contestar le dije: -"Sí, pero cada día escribes mejor y quizás ello te hace no más bella, pero sí más sublime"-. Me miró con cara de sorna y soltó con el morro retorcido aquello de: -"Angelito, tómate lo que quieras que hoy te invito yo"- (el resto de los asistentes rompieron a reír y tristemente la conversación quedó allí, sin avanzar más sobre cuanto intentaba expresarles). 
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Pues en verdad era así, la estética no está solo en lo bello. Pese a que nos hemos acostumbrado a pensar que lo estético es solo la belleza, olvidando lo sublime. Y ello es como afirmar que la inteligencia son conocimientos; olvidando la creatividad, la intuición o la empatía. Tanto es, que si preguntásemos al común de los mortales qué es lo sublime, no sabrían definirlo (ni menos unirlo y diferenciarlo en sus aproximaciones a "lo bello"). Aunque para quienes amamos la música nada nos cuesta separar "lo bello de lo sublime"; ya que quizás los definió Kant por ser el filósofo de la Era y la nación de los músicos (la Alemania de los siglos XVIII al XIX). Puesto que todos sabemos que los valses pueden tener algo de bello, pero nada de sublimes; mientras Bela Bartok o Stravinsky quizás carezcan de gran belleza, pero están plenos de sublimidad. Y para quienes quiera entenderlo mejor les diremos que Chopin puede ser el gran dominador de la belleza, pese a que las orquestaciones de Brahms o de Wagner, son el ejemplo de lo sublime. Siendo tan clara en la música la franja que divide ambos conceptos, que puede decirse de una bonita melodía, que es la belleza; mientras una nota dada en el vacío (que nos inquieta y nos sorprende), es sublime.
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Cuanto exponemos viene a colación puesto que en la música actual parece que solo se busca la belleza (tanto en la clásica como en la pop o moderna). Teniendo un empeño por ocultar o separarse de lo sublime, que en numerosas ocasiones precisa de "un mundo" pleno de fallos e imperfecciones. La manía psicótica hacia la belleza (sola) del siglo XX evidentemente nace del tiempo de la imagen y del disco. Era esta la nuestra en la que vemos en la pantalla hombres y mujeres en el más auténtico plastificado: Sin defectos. Tanto como oímos unas grabaciones retocadas y limpiadas, que carecen de un solo fallo, arrastre o sonido natural del instrumento (como puedan ser las uñas en la guitarra). Las ecualizaciones intentando lograr la máxima "belleza", han ido dejando al margen lo sublime; tanto que cualquier defecto se ve ya mal en una grabación (pudiendo ser maravilloso). En lo que corresponde a la belleza humana sucede lo mismo, una simple cana o arruga pudiera ser motivo de bajada de un escenario. Y la "puntilla" a todo esto, se la han dado los programas y digitalizaciones como el foto-shop o las ecualizaciones automáticas, que son capaces de quitar hasta las pecas o las notas de reverberación de un instrumento... . Un desastre, porque en mi opinión: Lo perfecto, es lo contrario a lo bueno. Y si alguien tiene muchas dudas, que observe a una mujer con el cuerpo perfectamente operado por estética (ya no digamos que lo toque, pues el plástico es altamente desagradable).
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Pudiéramos plantearnos de dónde nace (o procede) en la humanidad el sentido de la belleza y pronto nos contestaremos que de la necesidad de crear y procrear (de la reproducción natural). Tanto es así, que casi todos los animales la distinguen y en sus ciclos de apareamiento las hembras o los machos suelen cruzarse con los más bellos (o más fuertes). Nos llamará la atención observar si ponemos a un perrito junto a dos hembras (una bonita y otra fea), como el macho se irá hacia la más bella a toda prisa; al igual que la Urogalla sigue al gallo que más canta y al que más vivo color tiene. De ello, habríamos de preguntarnos si el sentido de lo bello (puramente bello) tiene algo de sobrenatural, dado que los animales lo conocen... . Quizás no (o no mucho). Pese a todo, existe en el arte un segundo valor que es el de lo sublime y este sí que nace del espíritu. Procediendo de los conocimientos, de la cultura propia, de los valores intelectuales y hasta de la interpretación de la fealdad en uno mismo.
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Llegados a este punto quizás podamos ver por qué hay una terrible crisis en el arte en el siglo XXI. Arte que no admite. y posiblemente no contiene lo sublime. Ya que parece que solo existe para el hombre de hoy lo bonito y lo feo, creando en base a estos dos conceptos. ¿Y lo sublime, dónde está lo sublime?... . Posiblemente en lo inalcanzable o en lo inconmensurable e intangible; tanto como en lo incrompensible. Como ejemplo para entendernos, podríamos decir que Dali era lo bello y Miró lo sublime; siendo quizás Picasso lo bello junto a lo sublime. Pero a día de hoy esta segunda categoría escapa del arte, porque no se sabe que lo sublime siempre transmite dolor, sufrimiento y hasta desesperación. Dolor, sufrimiento y desesperación que "no gustan" en una Sociedad que no quiere ver lo triste. Pero que además nada tienen que ver con la sublimación de lo horroso, que hoy en día tanto ha querido hacerse; como si lo puramente feo fuera también una manifestación del arte cercana a los sublime. Aunque el mal gusto nada tiene que ver con lo sublime (no nos engañemos).
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Sin embargo, así hoy y en nuestro siglo, persiste el empeño por separar la creatividad en la de "lo bello" y lo "antibello"; considerando que en una escala de valores que juegue con ambos conceptos pueda medirse la creatividad o la estética. Pero en esta estética no hay estática, porque para que algo no sea bello en el arte y tenga valor habrá de ser sublime (nunca feo o "antibello"). Además, lo bello por sí mismo puede llegar a no valer nada desde el punto de vista creativo; mientras lo sublime siempre tendrá un valor artístico. Es por ello que (quizás) en la música clásica debieran de comenzar a abrir las puertas a quienes invoquen un Mundo basado en otros valores muy diferentes a los de la perfección. Teniendo en cuenta que llegar a dar una sola nota con personalidad, vale más que cuanto se pueda estudiar en toda una vida de conservatorios. Personalidad que a veces ha de nacer de cambiar la partitura, los tempos y las notas; para tocar aquello que uno quiere como le gusta. Pues no creemos que Chopin, Mozart ni Beethoven, interpretaran sus piezas siempre de una manera igual y exacta; sinó que muy por el contario cada vez que las tocabam improvisaban (y la modificarían) según el ambiente o el lugar donde estuvieran.
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De ello y siguiendo con esa forma de interpretar la música; como dijimos ayer, un ejemplo claro de lo que se ha salvado de la "hecatombe" del mundo clásico está en la guitarra. Instrumento que desde Andrés Segovia hasta Paco de Lucía (cien años de gloria hispana) ha dado una cadena de profesionales, que sin duda convertirán a España en un nuevo Siglo de Oro musical. Ellos, junto a sus compositores (desde Falla a Rodrigo y larguísimo etcétera), interpretan cada vez y como les viene en gana, piezas clásicas o flamencas. Y es que Andrés Segovia tocaba soleares, tanto como Cañizares (Sanlúcar o Lucía) interpretan el Concierto de Aranjuez: Cada uno a su manera y hasta con sus notas. Como se debe de hacer. Puesto que lo otro puede matar la música, ya que este no es el arte de repetir, sino de componer e interpretar. Puesto que lo imperfecto, si es sublime, siempre será arte.

martes, 2 de agosto de 2011

De música y estética (interludio II):

Foto mía tocando en un pequeño concierto en Japón (año 2010). En mi opinión, el concierto de guitarra nunca debería superar las cincuenta personas de aforo y se debiera celebrar en donde la guitarra tenga un sonido que conserve sus raíces; unidas al patio y al mundo hispano-mediterráneo. Quizás así consigamos promover de nuevo entre los jóvenes el interés por la música culta.

De música y estética (interludio II):

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Antes de continuar con el pasado lejano, desearíamos exponer algunas palabras sobre música (ya que hemos hablado de la que se escuchaba cuando yo era niño -al menos en mi entorno-). Hemos deseado dejar un amplio paréntesis por ver si alguien se interesaba sobre la magnífica obra de Pedro de Santafé: Poeta del siglo XV, cuya vida y muerte, antecesores y descendientes; hasta el estudio que hemos presentado en entradas anteriores estaba prácticamente desconocida. Siendo este un artista del primer Renacimiento por quien tan solo (y que sepamos), el profesor Mariano de Andrés Gutierrez y la profesora Tato Cleofás, se han interesado (estudiando su obra y publicando tesis dorctorales sobre aquel). Advirtiendo del triste abandono en el que se encuentra este poeta y trovador, del cual ni siquiera se sabe "oficialmente" que termina sus días en la hogera, quemado junto a casi toda su familia por el Santo Oficio. Pasamos a reflexionar un poco sobre la música en nuestros tiempos:
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Pues es que nacimos cuando aún un "concierto" era solo de violines, violas y cellos (o, a lo máximo de percusión clásica). Y es que en esos años sesenta en los que vine al Mundo aún vivían personajes como Igor Stravinsky y no hacía tanto que había muerto Don Manuel de Falla: Gloria de las artes y el sonido; de seguro el mejor compositor que ha dado nuestra España, tanto como posiblemente el más grande de los músicos del siglo XX. Pese a todo, fueron aquellos años sesenta cuando no se sabe si por el disco, el afán de perfección en los intérpretes; debido a la difusión de la música como objeto de consumo (no de disfrute), o "el vestirse" todos los clásicos de "tiralevitas" para subirse a un escenario a ver quien lo hacía mejor... . No se sabe si por todo aquello, tristemente la música culta fue muriendo siendo sustituida por la pop y etc.... Hasta llegar a la decadencia de hoy en el que el fantasma de la música culta persigue a la juventud, que en su tremenda ignorancia muchos tienen maravillosos equipos de sonido, pese no saben si Bach es un desodorante o un ambientador.
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Y es que parece evidente que el interés por la música clásica (también llamada culta) ha decaido a cotas abismales; algo que en un principio puede parecernos "asunto sin importancia", pero que de seguro va a terminar dejando sordos a una generación que vaga por las calles portano unos "cascos" cuyo sonido parece el de una minitaladradora. Auriculares que llevan metidos en sus orejas una mayoría de jóvenes y que impide que nadie se acerque a ellos, por lo incómodo de su chasquido; pero que en su mayoría usan como tapones de cera inseparables (impermeables, impersonables e impresenables). Por cuanto antes de quedar sordo oyendo tal "chunda chunda", les diremos que es una pena morir sin haber escuchado maravillas como la Suite Nº 3 de Bach y sus conciertos de Brandenburgo; la 9ª y la 6ª de Beethoven, las melodías de Häendel, las orquestaciones de Brahms, las deformacines de Debussy y el nacionalismo de Manuel de Falla (o la belleza del Concierto de Aranjuez y del Concertino de Bacarisse).
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Pero curiosamente, en esta nuestra época para llegar a escuchar aquellas obras que antes hemos mencionado, solo se precisa apretar un botón (sin más). Aunque antes (antaño), la gente teníamos que ahorrar meses para comprar el disco, o para llegar a ver el esperado concierto que pasaba en nuestras vidas como una hora de gloria (que a veces se recordaba por siempre). Pese a lo fácil que se halla la música en internet, ya nadie o casi nadie escucha a los clásicos; quizás por eso mismo, porque está al alcance de todos y ya nada cuesta. Las estadísticas y los números hablan y si mirásemos el porcentaje de entre aquellos quienes tienen un aparato (ordenador, móvil etc), que les permite oír música y los que escuchan algún clásico, el resultado sería = épsilon. Habiendo quedado la música clásica (entiéndase culta) en un armario que parece el de los disfraces de las fiestas de los abuelitos y que por aburrimiento, sorpresa o pereza, nadie ya abre (o que solo interesa quienes se quieren dedicar a este mundo).
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Lo más curioso es que el pop el rock y otros movimientos son los únicos que se escuchan; tanto que puede oirse en las noticias de las emisoras nacionales (TV o Radio) la comparación de grupos de Rock de finales del siglo XX con los compositores clásicos. Llegando a decirse con toda normalidad que "fulanito" es el Mozart del siglo XX (ello sin tener en cuenta que en ese siglo que nos antecede vivieron -solo en España- figuras como: Manuel de Falla, Joaquín Rodrigo, Salvador Bacarisse, Granados o Turina...). Podríamos pensar que todo ello se debe a un complot contra lo culto, aunque caeríamos en la triste "baza" del inquisidor, quien nunca se da cuenta de que los hechos sociales suceden por algo (no porque la gente se "acomplote" o se "acomplete").
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Y es que mucho de esta decadencia y "muerte" del mundo clásico en la música se ha motivado por el perfeccionismo y la manía de hacer todos lo mismo y mejor cada vez. Puesto que lo perfecto es contrario a lo bueno. De ello, que muchos imperfectos cantantes del pop o del rock, nos hayan podido ganar la partida a los de "lo culto". Simplemente por ello: Por ser imperfectos y carecer de manierismos, haciendo las cosas a "la pata la llana y como salen". Ya que el ver a un hombre vestido de frac, subido en una tarima de un teatro, normalmente con una gran dosis de stress escénico, e interpretando siempre cosas muy parecidas (con una exactitud milimetrica); puede llegar a ser aburridísimo. Así, nos podíamos plantear si Beethoven, o Chopin eran personajes con carácter de profesor (o de maetros), parecido al que hoy nos imponemos entre los músicos. Pregunta sobre la que llegaremos pronto a la conclusión de que tanto uno como el otro eran del "pop" (en su estilo y en su época), generando revoluciones "antisociales o antiacademicistas" en su arte.
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Consecuetemente, quizás el único mundo del clásico que se ha salvado de esta situación de desinterés entre los jóvenes, está en la guitarra y ello seguramente por efecto del flamenco (y porque los guitarristas suelen interpretar sin partitura, algo que ya llena de rescura y cambios a un sonido). Figuras como Paco de Lucía -que ha revolucionado todo el sistema de pulsación, acordes, armonías y medidas flamenco-clásias- y cuantos le han precedido y seguido en el flamenco clásico desde fin de siglo XX, han creado una escuela en la que puede decirse que estamos ante algo similar a la Italia del Renacimiento (salvando las distancias y refiriéndose a la guitarrra). Centenares de chicos jóvenes existen (sin ser apenas escuchados) cuya calidad es inimaginable y en una magnitud y perfección que este fin del siglo XX y principios del XXI ha sido sin lugar a dudas un Siglo de Oro de la Guitarra (como lo fueran en las letras el de la Generaciónes del 98 y del 27). Aún no conocemos cual es el siginificado y magnitud de figuras como Paco de Lucía o Manolo Sanlúcar, pero el tiempo y la historia les juzgarán y de seguro junto a ellos a los compositores que hubo en la España del siglo XX, que ocuparan el Olimpo de los sonidos. Todo ello, porque su perfeción no necesita de lo perfecto sinó de lo inalcanzable (muchas veces pleno de defectos).
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Animémonos pues, que quizás el mundo de la música culta reviva gracias a quienes llevan lo popular al terreno del clasicismo.

viernes, 29 de julio de 2011

inteludio

Para cuantos parientes nos leen: Nos gustaría poder disponer de más datos, fotos, e historias antiguas familiares, con el fin de ir ampliando cuanto narramos.

Añadimos algunas de las una canciónes que se oyeron en las muchísimas reunines de los años sesenta, que se celebraban en casa; comenzando por la que se llama "Padre e hijo" y que hace no mucho un sobrino nos recordó.
http://www.youtube.com/watch?v=wWONUCxPwuw&NR=1

Esta otra me la enseñó a cantar  mi hermano Mario en el castillo de Trujillo, cuando yo solo contaba diez años. Es Suzanne de Leonard Cohen : http://www.youtube.com/watch?v=otJY2HvW3Bw .Algunos de los estadunidenses que venían a España en 1970 la cantaban, y de entre ellos la prima de Huntie Bukley la recitaba, cuya voz era prodigiosa de oir bajo la cúpula de los castillos góticos.

Otra de las que mes se escuchaban cuando yo era niño fue este Bridge Over Trubled Water de Simon y Garfunkel, que considero quedará como un clásico de la música (al igual que hoy existe Greenleaves o Scarborough Fair): http://www.youtube.com/watch?v=GYKJuDxYr3I

de igual modo Scarborough Fair es un clássico del siglo XV o XVI, que fue superado por Simón y Garfunkel, quienes hicieron quizás la versión más bella de la historia en esta melodía que ha sido cantada desde al menos hace quinientos años:  http://www.youtube.com/watch?v=nWu6ney5hYQ&feature=related

Uno de los más bellos poemas los tenía "Leaving on a Jet Plane", de Peter Paul and Mary. La versión cantada por aquellos tres fué unsa de las más bonitas canciones que nunca he oido: http://www.youtube.com/watch?v=nWu6ney5hYQ&feature=related POEMA
No tan bella como la de Peter Paul and Mary era la versión de John Denver, aunque en internet no existe la original de los tres y quizás la  más bonita que podemos oir es esta de Denver (tristemente muerto en accidente de aviación): http://www.youtube.com/watch?v=vLBKOcUbHR0
una versión preciosa de Peter Paul and Mary: http://www.youtube.com/watch?v=zzVdEyHicz8

Otra de las más bonitas canciones que se oian en los años sesenta era le Meteque de Georges Moustaki, que "los cultos" siempre traducían mientras fumaban...:  http://www.youtube.com/watch?v=rYtfoRw6lTo

Tras traducirte Le Meteque, siempre ponían "los progres" Ma Liberté" de Georges Moustaki, otra preciosa melodía que no necesitaba ya de interpretación: http://www.youtube.com/watch?v=G4TBlPc18SM


Otras de las más bellas melodias era Bright Eyes, de Angel Claire Garfunkel, que a mi parecer seguro estuvo dedicada a los ojos brilantes del Maestro Rodrigo (uno de los grandes genios de la música del XX). Art Garfunkel en mi opinión es una de las voces más sobrenaturales que el siglo XX dió. Junto con su amigo y compañero Simon, realizaron las más bellas canciones imaginables y las mejores versiones de los clásicos o populares : http://www.youtube.com/watch?v=a502RejLz8s    http://www.youtube.com/watch?v=mh7S2aIHF7c&feature=related


Pese a ello, de cuantas canciones he,os comentado, cuando voy con mis amigos japoneses al karaoke, tan solo puedo encontrar esta divertida de Denver (que es preciosa): http://www.youtube.com/watch?v=MWzeInQaUk4

Aunque por suerte en todos los karaokes japoneses está siempre una de las más bonitas melodías del siglo XX: Knooking on Heavens door de Bob Dylan. http://www.youtube.com/watch?v=5_swaxOidGU

Pero tristemente apenas no se encuentra quizás la más bella canción de los sesenta: Bloowing in the Wind. Cuya versión más bonita es seguramente de Joan Baez, y que quizás supera a la de Dylan: http://www.youtube.com/watch?v=DFvkhzkS4bw

Ello fueron algunos ejemplos de lo que se cantó a fines del siglo XX. Era que fué una cumbre de la canción y de la melodía; seguramente siguiedo un movimiento que se "revolvía" contra la música culta, que en esos años tristemente agonizaba (habrá que preguntarse quién mató a la música clásica. Si sus hijos, sus padres sus enemigos o sus amigos más fanáticos...  Pues quizás la muerte se la dió aquel horror llamado Concierto; un esectáculo creado "para muchos"...). Esperemos que un dia resucite. Mientras tanto hay otros que consiguieron acercarse a su belleza más sublime.
A cuantos se pregunten por qué un guitarrista clásico o flamenco (como yo) puede admirar tanto a algunos músicos de pop (solo a algunos). Diremos que la Luz es luz; aunque nos ciegue. Y de ello, nos debemos plantear cómo y por qué alguien de apenas veinte años (y sin casi conocimientos musicales), puede crear tanta belleza. La solución puede estar en que la vida quizás se creó (y se genera) persiguiendo la belleza y cuanto de sublime esconde el Universo. Por ello, hemos de reflexionar de continuo quienes habrán de gobernar nuestros corazones.