martes, 12 de marzo de 2013

LA CRISIS DE OCCIDENTE III: Sobre el comienzo de una Era -acerca del final de la "Edad de los Metales"-.

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SOBRE ESTAS LINEAS: Hacha de talón y anillas procedente de Chañe. junto a un cuchillo de cobre hallado en Cuéllar (fechados en el Bronce Medio ibérico, propiedad del Museo Arqueològico de Segovia -al que agradecemos nos permita divulgar la imagen-). Comenzamos el artículo de hoy recogiendo en foto algunas de las primeras armas calcolíticas que se difundieron en nuestro país, hace más de cuatro mil años. Armamento que por aquel entonces revolucionó el Mundo Antiguo, hasta el punto de generar una nueva Era -la del Bronce-. Edad nacida desde el Calcolítico que en el Mediterráneo se inició al menos en el V milenio a.C. hallando su cumbre hacia el 3000 a.C.. Milenio este en el que surgen las grandes civilizaciones cúpreas (como Egipto, Creta o las Orientales), promovidas por medio del descubrimiento y manejo de esas nuevas armas de metal. En el artículo de hoy disertaremos sobre el cambio de Era en nuestros días y el nacimiento de una Edad nueva -ajena al mundo del metal-; tras el advenimiento y desarollo de la época atómica y la del plástico.
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BAJO ESTAS LINEAS: Panteón de la familia materna de mi mujer, en las montañas japonesas (templo de Kgakurinji). En la imagen, una ceremonia de "osenko" por nuestros difuntos, ritual común de honras que se lleva a cabo limpiando los sepulcros y quemando incienso al visitar las tumbas familiares. Japón ha sido el único país que ha sufrido el golpe de las armas atómicas; aunque sus habitantes han sabido convivir con la memoria de un hecho tan terrible. Sin ningún rencor por aquel horrible hecho, han aprendido a corregir los defectos de la historia (propia y ajena).
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Por ello, tras el trágico suceso bélico de agosto de 1945, aquella población comprendió que había finalizado una Era y comenzaba una época muy distinta. Cambió sus hábitos y costumbres, reconociendo que el Mundo desde aquel día ya era diferente, logrando rehacerse como nación en apenas unos decenios. Conservaron sus tradiciones, junto a gran parte de su arraigo cultural, consiguiendo alternar la Edad Atómica con formas de vida y creencias ancestrales. Siendo este admirable país un ejemplo a seguir en momentos de crisis o de derrota; habida cuenta que los japoneses aceptaron los hechos históricos sin odio y sobre todo, reconociendo sus errores. Gracias a su enorme cultura, lograron los nippones rehacerse en pocos años, adaptándose a un Mundo nuevo (en el que las guerras no tienen cabida).
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a) Concepto de las Edades -o la Era-:
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Con gran criterio y razón muchos nos preguntan por qué hablamos de lo que no sabemos (política, economía y largo etcétera...) . Pero es que es así el Mundo hoy en día, donde todos opinamos y apenas nadie conoce siquiera el significado de cuanto expresa. Antaño la vida era muy diferente; tanto que para escribir lo que pensaban, habían que estudiar durante años aquello de lo que opinaban . Pero hoy basta con abrir una página, ponerse al mando de un teclado y decir cuanto se quiere. Por ello no deja de ser muy cierta la frase que nos dice como todo avance es en gran parte también un retroceso.
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De estos hechos y situaciones y del cambio de Era desearíamos tratar; pues aunque nada sé de política y menos conozco de economía, creo que algo entiendo de arqueología e Historia. Datos con los podríamós quizás explicar algunos hechos que se van sucediendo en nuestro Planeta. Situaciones que a mi juicio parten del fin de una Edad (la de los metales) y del comienzo de otra (la del plástico o la atómica). Todo lo que convulsa las Sociedades, que durante milenios han vivido en un sistema metalúrgico y que han de prepararse para una organización nueva, en donde ya los objetos plásticos o el armamento "invisible" dominarán al hombre .
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El inicio de este artículo lo hemos ilustrado con imágenes de hachas de la Edad del Bronce ibérico (fechables entre comienzos y mediados del II milenio a.C.). Deseando expresar con esta foto que -tristemente- las Eras o las Edades se dividen o catalogan conforme a las armas que en ellas se utilizaron. De tal manera, el Paleolítico que arranca en algunas zonas hace más de un centenar de miles de años, tocó a su fin cuando se comenzaron a crear hachas pulidas. Objetos en piedra pulimentada (neolíticos) que aparecen al mismo tiempo que la agricultura hace unos doce mil años. Decenas de siglos después, el rumbo de la Historia cambió cuando se crearon puntas de flechas y objetos cortantes de metal (cobre). Calcolítico que en áreas como la actual Turquía o Irak ya había empezado en el V milenio a.C.. pasando la Humanidad unos dos mil años después a fundir aleaciones cúpreas con un porcentaje de estaño, lo que lograría crear armas de bronce y generar la revolución que trajo al Mundo civilizaciones tan prodigiosas como Egipto o Mesopotamia.
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Todo lo que hemos narrado perduró hasta la aparición del Hierro, forjado como acero. Un invento que se descubre hacia el siglo XIV a.C. en zonas próximas al Cáucaso, por medio del uso de hornos de carbón en las fraguas; pero que tan solo se difunde y perfecciona desde fines del XIII. Dando así comienzo a la Edad del Hierro, que genera la aparición de los nuevos pueblos que gobernarían en Mundo Antiguo euroasiático -como lo fueron por ejemplo, el fenicio o el indoeuropeo (entre otros)-. Quienes sirviéndose de ejércitos armados con el nuevo metal invaden y dominan primero el área Oriental mediterránea, para pasar a extenderse finalmente por toda Europa (llegando hasta el Atlántico los púnicos hacia el 1000 a.C., mientras los celtas sobre el siglo VIII a.C. alcanzan nuestra Península).
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Posteriormente, Grecia y Roma aportan y mejoran notablemente la tecnología del hierro y la de fundición del bronce, alcanzando sus diversas formas de acero y múltiples aleaciones cúpreas. Ganando con ello la posibilidad de desarrollar enormes ejércitos, con gran cantidad de soldados perfectamente armados y debidamente "protegidos". Todo lo que se completó en época romana con las nuevas corazas de acero flexible, fabricadas en láminas muy finas; siendo sus forjadores capaces de crear petos o armaduras poco pesadas que ensamblaban a modo de escamas (o con mallas fuertes y muy ligeras).
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Llegáronse así hasta la Edad Media, época en que la regresión tecnológica y la caida de Roma hizo que se volvieran a utilizar pesados medios de defensa y burdos sistemas de armamento (desde enormes lanzas poco manejables, a grandes escudos de madera). Pese a todo, los árabes importaron de nuevo a Europa (en el siglo VIII d.C.) nuevamente altas técnicas de forja y del metal; armas con las que los musulmanes en muy pocos años consiguieron conquistar practicamente toda la Península Ibérica. Formas de guerrear valiéndose de ligeras cotas de malla y de sofisticadas espadas, que los cristianos hubieron de imitar -en gran parte- para evitar ser vencidos por los llegados desde Asia Menor y del Norte de África. Siendo estas nuevas formas de guerrear las que generaron la Baja Edad Media.
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Tras ello y al terminar de este periodo del medioevo, se daría paso a la última Edad de metal: El de las armas de explosión, que aparecen a fines del gótico. Un armamento impolsivo que se internaría en Europa por manos de los bizantinos y sobre todo por la de los árabes, quienes ya en el siglo XIII usaban la pólvora como método de defensa (o de destrucción). Nueva fórmula química que a mi juicio inicia la Era Moderna, cuando desde el siglo XIV empiezan a utilizar belicamente este "polvo negro" para realizar grandes voladuras (o para disparar). Todo lo que conlleva sin lugar a dudas al final de la Edad de los Metales cortantes y al comienzo del armamento de "implosión". Era que teoricamente se iniciaría tras la caida de Constantinopla (o bien con el Descubrimiento de América); pero que en mi modo de ver viene totalmente marcada por ese nuevo invento para guerrear, consistente en un explosivo (que hasta entonces se desconocía).

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ARRIBA: Preciosa foto tomada hace no mucho por mi mujer en el dolmen de Candeeira, situado en Redondo (Portugal). Fechado entre los milenios IV al III a.C., es un ejemplo de lo que el eneolítico y calcolítico produjo en el Atlántico, generando la maravillosa civilización megalítica hispano-lusa que se desarrolla hace seis mil años en estas tierras (plenas de minas de cobre). No muy lejos de este dolmen se hallan múltiples cromlechs que constituyen verdaderos observatorios astronómicos -como el de Almendra, en Evora-, igualmente fechados entre los milenios IV al III a.C.. Siendo estos monumentos ancestrales la muestra de la importancia y del gran avance que esa cultura de los megalitos ya había logrado en aquel tiempo. Una civilización que hemos de suponer se asienta y desarrolla en el litoral atlántico ibérico, gracias a la búsqueda de los primeros metales (y del ámbar) realizada de seguro por gentes procedentes del Oriente Mediterráneo (de población migratoria vinculada probablemente a Egipto, o a Mesopotamia).
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Curiosamente, este tipo de monumentos y megalitos también se dan en Japón, aunque en fechas mucho más recientes, desarrollándose los enterramientos en dólmenes desde el siglo VI d.C.. Siendo ese estilo de inhumación la que aún siguen las grandes familias nobles -como la imperial-, quienes no se incineran al igual que el resto de la población nippona. Enterrándose aquellos de origen más antiguo, en grandes túmulos, como recuerdo de un pasado no muy lejano y procedente del Continente asiático. Lugar desde donde llegaron al archipiélago japonés la religión que marca este ritual de conservación de los difuntos en dólmenes -Como dato curioso expondremos que una parte de estos grandes túmulos imperiales se hallan aún sin excavar, pues al pertenecer a la Familia Real se consideran restos sagrados y no exhumables (al estar aún en uso)-.

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BAJO ESTAS LINEAS: De nuevo el templo de Tsukíono Kgakurinji, donde se hallan los sepulcros de mi familia japonesa. Como podemos ver, la preciosa decoración de este templete en mucho recuerda inspiradamente a los megalitos y es que como hemos dicho, los túmulos son otro tipo de sepulcro nippón, considerado como el más antiguo -antecesor al de cremación-. Lo que se debe a que la entrada del budhismo y del ritual de incineración indoeuropeo, fue posterior a la época llamada Kofún (de los túmulos, que se iniciaría trás el periodo Yayoi), que comprende del siglo III, hasta el VII, de nuestra Era. Por su parte, la Edad de los Metales es igualmente muy tardía en el país japonés, tanto como la llegada del Hierro, fechándose entre los siglos III a.C. al II d.C. -con la mencionada etapa Yayoi-. Todo lo que explica que quizás la misma cultura que importa el metal desde las zonas de China o Korea, fuera la que poco después llevase hasta el archipiélago estos túmulos funerarios. No llegando el budhismo hasta el periodo Asuka, en fecha curiosamente muy cercana a la conversión al catolicismo de Hispania (a mediados del siglo VI d.C.).

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b) De la Edad de la pólvora, hasta la Era del plástico:
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Como decimos -a nuestro juicio-, aquella época a la que denominan Moderna hubiera de haberse llamado "edad de la pólvora". Pues bien es seguro que las armas de fuego prodigaron los cambios y las conquistas que se producen desde el siglo XV, llegándose a formar por aquel entonces nuevamente Imperios. Reinos de mastodóntico tamaño que -como el español- logró conquistar territorios con la extensión de Sur América, en tan solo cuatro décadas. Todo ello debido a los ejércitos defendidos con espingardas, trabucos o cañones y que sin lugar a dudas fueron los que motivaron las transformaciones que se suceden en Oriente y en Occidente, entre los siglos XIV al XVI.
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Cambios motivados por un nuevo armamento, que hasta entonces había sido de hierro (o de acero) y que por vez primera en la Historia pasa a ser de explosión. Un método de ataque que ya no cesa en su evolución, aumentando en fuerza y técnica hasta el siglo XVIII, periodo en el que se generan auténticos ingenios terribles impulsados por pólvoras para producir daños al enemigo. Máquinas más o menos sofisticadas y enormemente virulentas, que con la implosión de este "polvo negro", disparaban o reventaban a los adversarios (granadas, cañones, pistolas y etcétera). Siendo ya en este centenio de las luces cuando se comienza a estudiar con elementos químicos; generándose en el posterior siglo verdaderos sistemas sofisticados de milicia, entre los que destacó la aparición de la dinamita o TNT (hacia 1865).
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De este modo, en el siglo XIX se crearon máquinas terribles de matar a gran escala, lo que Alfred Nobel consideró que solo pararía en su evolución el día en que se descubriera un arma capaz de acabar con el Mundo. Algo que hubo de esperar al menos seis siglos desde la llegada de la pólvora -y unos cien años desde el TNT- en un continuo devenir hasta la aparición de estas bombas que han cambiado nuestra Era, en la nuclear. Edad, que tal como decía el sabio sueco inventor de la dinamita, al poder para exterminar el Planeta pueden por fin terminar con las guerras.
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Pero antes de tratar sobre esta nueva Era en que vivimos y sus efectos en nuestra Sociedad, hablaremos de las consecuencias que la pólvora tuvo en Asia, como ejemplo para comprender mejor el cambio que otras civilizaciones experimentaron ante la aparición de los mencionados trabucos, arcabuces o cañones. Ello, para entender la importancia que la llegada de nuevos métodos de defensa produce en las culturas, algo que podremos estudiar también claramente en hechos históricos del Japón. Isla en la que debido a un naufragio sufrido por navegantes lusos (hacia 1543) arribaron a sus costas algunos portugueses que utilizaron por primera vez en aquel archipiélago sus espingardas, para cazar. Lo que motivó que los japoneses -quienes hasta entonces no conocían las armas de fuego- copiaran e imitasen con exactitud aquellos trabucos (por millares, en poco tiempo). Algo que produjo que en tan solo cincuenta años -trás los referidos hechos-, el reino del Japón estuviera ya unificado gracias a ejércitos armados con las nuevas técnicas. Dando así comienzo el Periodo Edo seis decenios más tarde de lo que narramos (en 1603); etapa con capital en Tokio y fecha desde la cual esta nación no conoció más guerras interiores (a excepción de las contiendas de poder entre generales, para sucederse en los mandos).
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Si preguntáramos a un japonés por qué finalizan las guerras civiles precisamente cuando aparecen las armas de fuego en su país, seguramente nos dirá que ello en parte se debe a que aquella forma de luchar nada tenía que ver con el concepto de batalla feudal. Es decir, que la pelea usando trabucos y arcabuces era más bien obra de la soldaresca burda y de gentes de poca honra; careciendo de principios de honor y de la fuerza equilibrada. Para entenderlo mejor habremos de visitar algunos campos de batalla nippones donde los enemigos se reunían incluso para comer juntos antes de entablar la lucha, como si de un torneo general y a muerte se tratase. De lo que aquellas nuevas guerras libradas con armas de fuego debieron de carecer de sentido ritual y formal para los verdaderos militares nippones. Por lo demás, era evidente que en la batalla librada con pólvora y explosivos, tan solo ganaba aquel que más dinero tuviera para armamento y munición. Todo cuanto propició la unificación de Japón y la práctica inexistencia de guerras civiles desde aquel periodo Edo, que se origina a los pocos decenios trás la llegada de las mencionadas espingardas portuguesas.
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SOBRE ESTAS LINEAS: Grabado tomado de un libro japonés del siglo XVII en el que vemos a los guerreros de Nobunaga con las armas de fuego en sus manos. Fue la aparición casual de este armamento de pólvora, el hecho que logra acabar con las guerras civiles japonesas; dando así comienzo un periodo de paz interior denominado Edo -que unifica el Estado y termina con las innumerables luchas feudales (entre los distintos daimios o señores de la guerra)-. A muy pocos kilómetros de las costas en las que en 1543 naufragaron estos portugueses que importaron las armas de fuego a Japón (en Tanega-shima y unos trescientos años después), la isla de nuevo vió la llegada de occidentales que con sus cañones navales "provocaron" el Periodo Meiji (obligando a abrir sus fronteras por la fuerza a través de la una flota aliada). Más tarde, igualmente en ciudades del Sur bastante próximas a los mencionados lugares, daría allí comienzo la Era Atómica (en agosto de 1945). Cuando las bombas nucleares fueron arrojadas en Nagashaki e Hiroshima, iniciando una nueva Edad histórica. Época en la que por fin una gran parte del Mundo ha decidido no volver a entablar más guerras.
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BAJO ESTAS LINEAS: Casco de gladiador, imitación del hallado en Pompeya (del siglo I d.C.) y perteneciente al Museo de Reproducciones de Valladolid -al que agradecemos nos permita divulgar la imagen-. En este ornamental yelmo que seguramente utilizaban los luchadores a modo de adorno (más que como verdadero protector en la lucha) podemos ver el sentido de la guerra y de la muerte que los antiguos conservaban. Habida cuenta que un simple gladiador se tocaba con semejantes "galas" para lucir su rango, no como esclavo de la arena, sino como hombre de honor. Debido a que su entrenamiento y trabajo comprendía la muerte como final casi obligado, aunque se practicaba como un ritual de milicia y religioso. Tanto, que hasta los funerales más importantes se habían de celebrar con esos juegos circenses, en los que algunos hombres se enfrentaban para morir, por el fin de honrar al fallecido. Ofreciendo así vidas humanas en un funesto juego, como si de flores (u otros honores) para el difunto se entregaran. Esta mentalidad y mente, cuya crueldad hoy en día se nos hace incomprensible; hasta no hace tanto fue entendida por algunas castas o gentes que consideraban la guerra o la lucha como necesaria para la mejora de las personas, y sobre todo de las Sociedades.

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Tal como decimos, a mediados del sigo XIX se comienza a experimentar con grandes explosivos hallándose por entonces la dinamita, todo lo que sucede a una carrera armamentística de gran precipitación.
Siendo por aquel entonces cuando comienzan los acorazados, años en los que también el destino del Japón vuelve a cambiar ante la aparición de occidentales en la costa Sur del archipiélago. Esta vez en una guerra llevada a cabo por una coalición compuesta por Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Holanda. Quienes atacan el territorio nippón con el fin de abrir el país hacia el exterior; ya que desde la configuración de Edo y la expulsión de los cristianos (en 1639), había sido cerrado para los no japoneses -impidiendo igualmente salir de aquel territorio a sus ciudadanos, so pena de muerte-. Finamente y tras un lustro de batallas navales, Japón se siente derrotado por aquellas nuevas armas y navíos de acero europeos, decidiendo abrir las fronteras que hasta entonces habían permanecido herméticas. Siendo este el inicio del segundo periodo japonés ampliaménte conocido (el Meiji, que comienza en 1868); momento en el que la nación del Sol Naciente se abre por primera vez al Occidente moderno.
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Sabido es cómo desde mediados del siglo XIX, en todos los lugares del Planeta se sucede la carrera de armamento que culmina a principios del siglo XX. Un hecho que se une a las teorías expansionistas que autorizaban a las naciones a ocupar otras tierras y lugares; con el fin de dominarlas, mejorarlas o simplemente para proporcionar alimentos a su población. Siendo así como se inician las épocas coloniales decimonónicas, en las que Europa se dirige hacia África y el Sur de Asia -mientras Japón lo hace igualmente sobre diversos lugares del Continente más cercano-. Por cuanto explicamos se llega a la creación de los primeros ejércitos del siglo XX, que eran auténticas máquinas militares capaces por primera vez de exterminar y aniquilar a centenares de miles de personas; tanto como podían conquistar centenares de kilómetros cuadrados en un solo día.
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La marina de buques acorazados, el nacimiento de la aviación, la creación de carros de guerra, las bombas lanzadas desde el aire y las nuevas armas de gran exterminio (químicas entre otras); llevarán pronto al Planeta a la Primera Guerra Mundial. Conflagración de la que no sale con intención plena de cambiar, sinó más bien con un interés morboso por lograr armarse de nuevo y de manera más potente. Llegándose muy pronto a la Segunda Guerra, en la que el exterminio es de tal magnitud que por fin cesan de una vez por todas en las repetidas grandes conflagraciones de los siglos XIX y XX. Psicosis bélica que para y culmina con la creación del famoso arma que Alfred Nobel mencionaba, capaz de terminar con el Planeta (que no es otra más que la atómica). Bomba que tristemente también fue experimentada en Japón; como si el destino de las guerras y de las épocas históricas que esas nuevas armas marcan, nunca se apartase del Sur de este país del Sol Naciente.
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Trás los sucesos que narramos, los japoneses pronto comprendieron que una nueva Era había nacido; cambiando su forma de Estado, sus costumbres y hasta sus religiones, comenzando un periodo de síncresis con Occidente que aún no ha dejado de crecer. Muy por el contrario, Europa -ni gran parte de América- llegaron a entender hasta hace poco que vivíamos ya en una nueva Edad: La del plástico o la nuclear, nacida quizás de la de la pólvora, pero muy diferente a la de los metales. Una época que parte de aquellos primeros días de agosto de 1945 cuando en verdad ya la Era había cambiado, iniciándose totalmente un nuevo periodo histórico. Etapa a partir de la cual el Planeta no volvería a entrar en guerra absoluta (al menos en enfrentamientos mundiales), generándose desde entonces una situación por la cual el eje del Mundo iría situándose paulatinamente sobre el Océano Pacífico. Desapareciendo en varios decenios la importancia estratégica y económica de Europa, que va siendo sustituida por Asia. Pese a ello, hasta llegar a ese momento en el que el centro del Mundo se va posicionando entre Tokio-Pequín y California-Washignton, se sucede casi medio siglo de modificaciones y cambios radicales en la Historia y en el Planeta. Habiendo sido los últimos lustros unos cincuenta años en los que definitivamente se pasará desde la Edad de los metales y la de la pólvora, a la del plástico y la atómica.

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ARRIBA: Busto de Nefertiti, mujer de Akhenatón (Amenofis IV), escultura que fue hallada en las ruinas de Amarna, en 1912. Lugar de los márgenes centrales del Nilo, y nueva capital fundada por ella y su esposo; donde se encontró la talla (junto a otras esculturas de Akhenatón, también destruidas y enterradas tras la revolución que acabaría con la herejía de este faraón) . Rey de Egipto que curiosamente gobierna en un periodo extraño y que termina por ser de tremendas revoluciones: Primero religiosas, tras los nuevos cultos monoteistas impuestos por él y más tarde de guerra civil, ante la mencionada herética filosofía que no fue aceptada por los sacerdotes del Nilo. En mi opinión y tal como explicaremos, Amenofis IV y su extraño comportamiento que le lleva a proclamar una nueva religiosidad (en la que se llamará a sí mismo Akhenatón), es el producto de las convulsiones que el nuevo metal recién descubierto (el hierro) comienza a producir en el Mundo Antiguo.
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BAJO ESTAS LINEAS: Otra vista del templo de Kgakurinji, en Japón. En primer término las tumbas de nuestra familia (que mucho tiempo me esperen, antes de "trasladar allí mi residencia"...); al fondo el valle y montañas de Tanigawa, y en medio las vías del tren Sinkansen (Tokio-Niigata). Japón es un caso manifiesto de síncresis entre la vida más antigua y las innovaciones más actuales; habiendo de vivir sus habitantes entre estos dos mundos formados por su pasado ancestral y el presente más moderno, o actual. Todo lo que han conseguido quizás al haberse visto obligados a cambiar de Era de un día para otro y sin apenas tiempo para reflexionar. Teniendo que dejar a un lado en años o meses ciertos modos de vida antiguos y hasta creencias ancestrales; para sustituirlas por una nueva Sociedad impuesta por las necesidades fehacientes. Pese a ello, no han perdido el arraigo cultural ni menos el sentido de su civilización, todo lo que les ha logrado convertir en una Nacion moderna, con un pleno de sentido espiritual y nacional (cuyos bienes materiales son creados y coordinados con el fin de lograr una mejor educación; tanto como un grado de moral y simbolismo, mayor entre sus conciudadanos).

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c) Cualquier tiempo pasado "no" fue mejor:
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Los versos en los que el gran poeta y guerrero del Renacimiento (Manrique) cantaba al pasado, afirmando que cualquier tiempo anterior fuera mejor, no pueden leerse como una verdad ya en nuestros días. Quizás lo era a fines del Gótico, cuando los ejércitos y los Estados comenzaban a convertirse en enormes masas de personas anónimas, que paulatinamente perdían el espíritu feudal de honor para convertirse en soldaresca. Pero no lo es ahora, bastando "volver la vista atrás" tan solo unos años para darse cuenta que hasta hace muy pocos decenios medio Mundo estaba en lucha. No hablamos de la Segunda Guerra Mundial -que parece un tanto lejana-, sinó simplemente de los años sesenta o setenta; en los que el Sur de Asia, gran parte de Hispano América o de África, se rompían en terribles confrontaciones. Y aunque es verdad que aún hoy la paz no vive en todos los lugares; si vemos un mapa de zonas bélicas actuales  comprarándolo con otros de guerras de tan solo hace veinte (o treinta años), nos quedaríamos asombrados con la proliferación de batallas que antaño se producían a diario -tantas, que hoy paises como España han podido prescindir de un ejército obligatorio, dotándose de un número minúsculo de profesionales militares para su defensa-.
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De tal manera y por fortuna, hasta la Guerra Fría ha terminado, y con ello se ha producido el comienzo de una unificación paulatina y definitiva del Globo Terráqueo. Aglutinación que seguramente contiene la finalidad de llegar muy pronto a formar una única Sociedad -algo impensable apenas hace unos veinte años-. Pese a que -evidentemente- ello tiene también sus desventajas, ya que no todo puede ser perfecto y menos aún lo es ampliar el campo de competencias. Siendo una de las peores consecuencias de esta llamada "globalización" el ajuste necesario de unas formas de vida a otras, para poder lograr que el Mundo se cohesione. Precisándose para ello unificar el mercado y las Sociedades, con el fin de que definitivamente y por los consabidos intereses económicos compartidos, no se produzcan más conflictos entre paises, que los puramente comerciales.
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Esta unión de las Naciones se ha logrado en un periodo de unos cincuenta años de ajustes, entre cuyas cumbres estuvo la creación del Mercado Común (la Unión Europea) y la caida del Telón de Acero -tanto como la apertura continua y continuada de los paises y economías comunistas, que fueron hacia un "pseudo" mercado libre-. Lo que evidentemente obliga a competir a naciones como España, con un sistema de producción y comercio mucho más complejo y costoso; junto a otros que (como China, por ejemplo) son capaces de fabricar y vender un mismo artículo a precios diez o veinte veces menor. Todo lo que ha provocado la crisis productiva y empresarial en el Mediterráneo europeo, tanto como el posterior derrumbe económico. Hechos estos que no son más que los síntomas de un ajuste y que realmente no son una enfermedad en sí, sinó más bien su sintomatología. Por cuanto confundir la crisis financiera con la verdadera bancarrota de un país (que solo llega en momentos de destrucción de la Nación), es como identificar la fiebre, con una enfermedad. Siendo la subida de temperatura corporal un baremo o síntoma que puede lograr que realmente el cuerpo no llegue a contagiarse -a enfermar del todo-. De un mismo modo que las fluctuaciones de las bolsas pueden servir para curar la economía antes de que se sucedan males mayores y sin retorno.
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Pese a ello, hay quienes creen que lo que expresamos tan solo son unas simple teorías; por lo que vamos a intentar demostrar que son hechos ciertos e históricamente probados. Tanto que se han repetido siempre en los momentos de cambios de Era, como sucedió tras la llegada del Hierro. Una época que -como dijimos- se inicia en el siglo XIV a.C., cuando en las montañas del Cáucaso se halla el método de fundir este metal y se van descubriendo a su vez la técnicas para lograr templarlo (endurecerlo, creando así el acero). Tiempo en el que se suceden todo tipo crisis y de movimientos políticos extraños.
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Tanto que en Egipto aparece un rarísimo faraón, hijo y marido de princesas de Mitani. Nos referimos a Amenofis IV, casado con Nefertiti, nacida en el territorio mitanio tan cercano a las zonas donde por aquel entonces estaba apareciendo el nuevo metal. Hierro, casi desconocido en el Nilo por esos años, y que aún no se lograba forjar con la suficiente fortaleza como para superar el mejor bronce. Lo que sin lugar a dudas hubo de producir en Egipto y en cuantas grandes civilizaciones había, un enorme desasosiego. Inseguridad nacida de ignorar cuál sería del futuro en el Imperio del Nilo tras la aparición del nuevo armamento; lo que probablemente llevaría a ese Amenofis a generar una nueva sociedad y a adaptarse a unas filosofías y religiones cercanas a los pueblos que estaban en posesión del "secreto del Hierro".
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Creencias muy parecidas a las que hubo en el Creciente Fértil desde el siglo XVI a.C.; basadas en monoteismos que se relacionaban en gran parte con los cultos de pueblos como el amorrita, el hurrita o los pre-hebreos; cuyo padre Abraham ya promulgaba estas religiones de alianza con una sola deidad. Siendo a mi modo de ver la crisis de la aparición al hierro y el intento de adaptarse a un nuevo tiempo (el que nacía por entonces), los motivos de las reformas que este "faraón hereje" impone en esos cultos monoteistas que pretendió establecer (tomando el conocido nombre de Akhenatón y siguiendo unas filosofías muy cercanas a las que posteriormente hicieron nacer a Israel). Rey de Egipto que llega a trasladar la capital homónima a su persona, hasta el lugar que hoy es Amarna y que al final vió como su pueblo renunció a aquella herejía. En un ideario de adoración a una sola divinidad; filosofía que como decimos, muy probablemente procedía de influencias llegadas del lugar en el que se estaba descubriendo por entonces el hierro: Las tierras muy próximas a Mitani (nación de su esposa, Nefertiti).
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ARRIBA: Foto mía tomada durante el verano de 1977 en Japón, en un templo cercano a Niko y ciertamente próximo a Tsukíono (donde están nuestros sepulcros familiares). Cuando fuí a Japón con tan solo dieciseis años, pensé que jamás volvería allí por ser un país muy lejano. Era por entonces aquella, una Nación quizás menos rica que España y donde una gran parte de la población aún vestía en kimono (al menos entre los más mayores). Jamás creí que regresaría y menos pude pensar que sería me segunda pátria (donde incluso tengo tumba .... Algo muy importante para los japoneses...). Pero el Mundo en tan pocos años se hizo "tan pequeño" y se unió tanto, que hoy en día hasta en Japón es común encontrarse con extranjeros allí establecidos.
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Del mismo modo en nuestros días que se pueden comprar y vender en las montañas nipponas, los mejores productos hispanos (desde el aceite de oliva más puro a los jamones de bellota -que ayudamos a exportar-). Todo lo que ha de ser una fuerte competencia para su mercado, pues los japoneses que antaño vendían aceites de soja y otros vegetales (sin apenas comparación con los nuestros, infinitamente mejores, como es el de oliva): Aunque su mercado hoy se ve "asediado" por los magníficos zumos de aceituna que introducimos los españoles. Algo muy similar ha ocurrido en nuestras tierras, donde la llegada de miles de productos procedentes de Asia, de América o de Europa, han hecho desaparecer parte de la producción de España. Unas empresas que en nuestra nación han de reorganizarse y "reenfocarse", con la intención de crear unos productos mejores que los que vienen de fuera (o a menor precio). Con ello, imitando la fabricación del mercado exterior, llegaríamos a regenerar las industrias de nuestro país.

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BAJO ESTAS LINEAS: De nuevo el templo de Tsukíono, donde jamás pude imaginar que iban a terminar mis días... . Pero el Mundo es hoy más pequeño que nunca y no hay que asustarse por tener la tumba a quince mil kilómetros de dónde uno ha nacido. Pues ello viene a ser como el que hace un siglo venía al mundo en un pueblecito del centro de Castilla y terminaban enterrándolo en Sevilla. Y es que en verdad se tardaba mucho más hace ciento cincuenta años en ir de Soria a Bilbao, que hoy en llegar de Madrid a Tokio.

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Los decenios y los reyes que continuaron al mencionado Akhenatón y a su esposa Nefertiti, fueron de una manifiesta inestabilidad; hasta que se alcanzó ciertamente la Edad de Hierro. Era en la que se equilibra en Nilo con la llegada de los grandes Reyes del Imperio Nuevo de la dinastía XIX (como Seti I y Ramsés II). Momentos en los que precisamente en Anatolia se destruye el imperio Hitita. Caida de Hattusa que con toda probabilidad se produjo por la aparición del mismo acero, que provocaría seguramente las luchas intestinas entre aquellos de Hatti (beneficiendo ampliamente a Egipto). Pese a todo, a fines del siglo XIII y comienzos del XII, los llamados Pueblos del Mar (hombres del hierro navegantes que procedían de estas zonas de Anatolia), atacan repetidamente Egipto, asediándolo en tiempos de Ramsés III. Todo lo que en mi opinión se debe a migraciones tras la Guerra de Troya (que se fecha hacia el 1212 a.C.) y que en verdad marca el final del Bronce y el inicio de la Edad del Hierro en esta zona oriental del Mediterráneo.
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Siendo así, como tras el nacimiento de la nueva Era férrea también cae Micenas; heredera del imperio y de la cultura minóica; cultura que desaparece en ese tiempo posterior a Troya. Surgiendo por entonces los pueblos indoeuropeos y por ende, los griegos. Asimismo en los mismos siglos y más el Sur de Anatolia (en las costas cercanas a Canaan) se producen igualmente migraciones en ese tiempo, de gentes venidas desde el mundo semita, del Creciente Fértil (o de su desierto) y del área del antiguo reino Hitita. Naciendo de ello Fenicia y el mundo púnico, que navegaría y dominaría en el Mediterraneo y el Golfo Arábigo, fundando gran parte de las ciudades costeras al Oeste de Malta. Surgiendo en este mismo periodo los pueblos indoarianos pastores, que generarían los indogermanos y las migraciones celtas que igualmente se extenderían por toda Europa central (llegando hasta nuestras tierras hacia el siglo VIII a.C.). Finalmente, de las gentes huidas de Egipto y de los micenios escapados de la Creta o Chipre asediada por los dorios; nace igualmente el mundo israelita (probablemente de forma paulatina y ya desde tiempos de Akhenatón, en que los monoteistas perdedores de la guerra de Amarna, debieron buscar refugio entre los asentados en el Creciente Fértil).
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Cuanto hemos visto se produce en apenas tres siglos (desde la Guerra de Troya hasta la venida de los Celtas a la Galia), generando lo que posteriormente sería Europa y el Mediterráneo -con Grecia y Roma como hijas directas de esta etapa y de los pueblos del Hierro-. Pero los datos recogidos y enumerados de la Antigüedad los hemos mencionado porque son hechos muy similares y comparables a lo que se vivió entre los años de las luces y nuestra época actual en Europa. Casi trescientos años en los que desde fines del XVIII se comienza con enormes progresos y una tremenda escalada militar, naciendo grandes tecnologías armamentísticas que culminan con la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas (etapa de cambio radical del Mundo y que podríamos comparar con la de Troya).
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Tras Napoleón los avances en armamento no cesaron, llegándose en cien años a crear ejércitos capaces de devastar gran parte del Continente, algo que sucedió en la Primera Guerra Mundial. Guerra semejante históricamente  a la caida de Micenas y al declive de Egipto con las invasiones de Los Puebos del Mar (tras el nacimiento de la poderosa Fenicia). Culminando aquella celeridad militar heredada de la revolución Francesa y del centenio XIX, ya en nuestro siglo pasado y en la Segunda Guerra Mundial; que situa ya un nuevo orden semejante al que se sucede en la Antigüedad tras la Invasión Doria (en el Mediterráneo Oriental y con el nacimiento del mundo griego, hacia el siglo X a.C.). Momento en el que el avance de los pueblos indoeuropeos por toda Europa se hace imparable, al igual que la civilización púnica se comienza a extender por el Mediterráneo Sur. Periodo de guerras y cambios que en principio pudieron generar épocas de grandes incertidumbres, migraciones y crisis; pero que finalemente crean Sociedades muy avanzadas y civilizan a toda Europa, dando origen a culturas conocidas por justas y cercanas a la nuestra (la Griega y la Romana; que nacen poco después, en el siglo VIII a.C.).
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Por todo cuanto decimos, la época que vivimos no es tan ajena ni distinta a otras, sinó más bien podemos considerar estos años nuestros como muy semejantes a los que hubo entre el siglo X y el VIII a.C.. Momentos en los que se generaba un "nuevo orden mundial", originándose las civilizaciones del Mediterráneo (de las que procedemos cultural y cívicamente de manera directa). Épocas en las que igualmente los súbditos de los nuevos Estados -o sistemas entonces emergentes-, veían con ojos críticos a sus dirigentes, acusándoles de malvados o de falsarios. Algo que hasta entonces había sido impensable, puesto que la crítica del tirano o del gobernante ni siquiera se planteaba (ya que suponía una muerte segura, al no existir la política hasta la creación de Fenicia, Roma o de Grecia). Tal como sucedía hasta las Guerras Mundiales en Europa, donde los Estados en una gran mayoría estaban gobernados por gentes que incluían un porcentaje de psicópatas (o de asesinos), a los cuales nadie se atrevió a contrariar jamás -Refiriéndonos en lo que expreso a esos locos gobernantes, que practicaban entre el siglo XIX y mediados del XX la tiranía de un modo tal, que provocaron centenares de miles, y hasta millones de muertos-.
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Cuanto narramos a día de hoy sería ya impensable, pero hace solo sesenta años fue un hecho cierto. Tanto que Europa hasta hace cincuenta años aún se dejaba manejar por gentes que llegaron a provocar decenas millones las bajas en guerras o exterminios (que apenas duraban un lustro). Por todo ello, no es extraño que saliendo de estos periodos de convulsión y de cambios, aún haya entre los que nos dirigen un pequeño porcentaje de gentes con una "moral distraida". Pese a ello, estos "distraidos en sus deberes" nada tienen que ver con aquellos "otros" que guiaron el Continente o el Mundo durante cientos de años; llegándolo a conducir de continuo a guerras fraticidas incomensurables. Por cuanto hemos de plantearnos que "ningún tiempo pasado fue mejor" y que si hay pequeños problemas, habrá que darles solución, pero nunca dejar de creer en el sistema que hemos creado (con gran sacrificio y trabajo). Sin desviarnos jamás del camino de progreso y unión que ya el Mundo ha tomado; para lo cual es siempre necesario creer y confiar en la Historia, tanto como respetar las instituciones. Pues la Historia nos enseña cómo se pudo incluso acabar con los asesinos que quisieron gobernar el Mundo durante el comienzo de la Edad del Hierro, o en pleno siglo XX (porque siempre son muchos más y mejores, las gentes de bien, que "esos pocos" que dañan a los demás).

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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: En la foto superior de nuevo en Nikko, en verano de 1977; cuando jamás pude imaginar que este país nippón iba a ser prácticamente mi patria. Abajo, la entrada del templo de Tsukíono y sobre esta las tumbas de mi familia, donde me espera seguramente con mucho cariño una de las mejores personas -quizás la más buena y más inteligente- que conocí en mi vida: Ichitaro Onozuka, el padre de mi mujer (tristemente fallecido con tan solo sesenta y cinco años; hace ya casi un decenio).

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BAJO ESTAS LINEAS: Mis amigos japoneses me preguntan cosas tan raras como la de qué han de ponerme sobre la tumba el día que me muera... . Al principio no me gustaba nada este tipo de cuestiones, pero al final y como les despierta tanto interés, les diré que no estaría mal colocarme una de estas esculturas que tanto se veneran en templos como el de Tagata (o en las fiestas de Kanamara...). Al menos así, no será tan triste.

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miércoles, 6 de febrero de 2013

LA CRISIS DE OCCIDENTE II: Sobre la desaparición del "Estamento Intelectual" (o profesional).


EN LA IMAGEN JUNTO ESTE PÁRRAFO:
Taller de un numismático en la Antigüedad, tal como lo reproducía el Museo Arqueológico de Valencia en su exposición sobre la Historia del dinero (institución a la que agradecemos nos permita divulgar la imagen). En la entrada de hoy trataremos sobre la aparición de diversas formas de progreso y los hechos históricos que se suceden a consecuencia de estas nuevas situaciones sociales -generadas por el avance-. Comenzando por analizar las aportaciónes y modificaciones que la moneda originó desde el momento de su aparición en el Mediterráneo.
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BAJO ESTE PÁRRAFO: Semis de Cástulo; ceca ibero-romana de la actual Cazlona (Jaén) que presenta un toro en su anverso. La difusión de sistemas de cambio regular y regulados (como las acuñadas) facilitó la creación de una nueva Sociedad, basada en el comercio y la estabilidad. Promoviéndose así el nacimiento de "castas recientes", quienes para sobrevivir ya no precisaban de una expansión bélica permanente; sino que muy por el contrario se beneficiaban de un estado de paz -en el cual podían intercambiar y vender sus productos-. Ello provocó el nacimiento de una clase social similar al "Cuarto Estamento", entendido en Roma como el de "ciudadanos" y que a fines de la Edad Media quiso renacer como burguesía. Estamento que muy a su pesar no logró volver a regenerarse en Europa hasta bien entrado el siglo XVIII, cuando la Ilustración reconvirtió la Sociedad a sus formas originarias. En la presente entrada analizamos lo sucedido y lo que sucede con los cuatro estamentos, que en nuestros días adolecen de un profundo desequilibrio, ante la casi desaparición de uno de ellos: El intelectual (o profesional).
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A) El nacimiento de la primera "Clase Media":.
Comenzamos el artículo de hoy ilustrándolo con monedas, con el fin de razonar los pormenores y las consecuencias que este "invento griego" tuvo, desde su difusión por los helenos en Lidia, hacia el siglo VII a.C. -poco después de expulsar a su rey Midas de esta tierra que hoy es Turquía central-. No vamos a entrar en disquisiciones acerca de si fueron los lidios los creadores de la numismática; o si más bien los egipcios mil años antes ya cambiaban sus productos valiéndose de un patrón oro -igualmente acuñado (aunque forma de anillos) que los funcionarios del Estado nilota también ponderaban y tasaban-. Ni menos en discutiremos si los lingotes cúpreos con los que comerciaban durante la Edad del Bronce, en el Oriente Mediterráneo, en Mesopotamia o en el Mundo Hitita; eran también otras formas de moneda. Pese a lo que sí hemos de destacar que cada vez que en distintas épocas y en diferentes Sociedades surge un sistema de cambio regulado y aceptado; allí se sucede el progreso. Un avance que a su vez hace nacer unas castas dedicadas al comercio y a la producción. Clases y oficios que terminarán en muchos casos por convertirse en un Cuarto Estamento, que dominará un área social (de poder y de prestigio).
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Así debió suceder ya en el Egipto de los faraones, hace más de cuatro mil quinientos años; donde una parte de sus ciudadanos fueron a vivir a las urbes desarrolladas con el fin de trabajar en la producción y en los "servicios". Convirtiéndose un día aquellos que de este modo se organizaban, en personas libres con gran capacidad económica; tanta que pronto tuvieron cierta autonomía para generar una casta -que aún estando por debajo de la sacerdotal y de la aristocracia-, controlaba una parcela de poder importante. Cuarta "clase social" (al margen de la espiritual, la dominante y la esclava) a través de la que es seguro que Egipto logró una estabilidad suficiente y permanente como para llegar hasta la Edad del Hierro con un cierto proceso de continuidad y sin grandes alteraciónes -al margen de las acontecidas con los sucesos del Tera Santorino, en el siglo XVI a.C.; cuando el mencionado volcán generó el gran cataclismo que hizo entrar en regresión todo el Levante Mediterráneo (incluyendo el Nilo, que cayó en manos de los Hicsos)-.
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Unos dosmil años después de que aquella civilización del desierto crease las pirámides, se originará en el Mediterráneo Norte la Hélade (como tal). Otra cultura que florece curiosamente a la vez que nace la moneda, junto a los sistemas de cambio y producción. Fórmula de comercio (nacida en Lidia según parece) y establecida como es sabido por medio de valores en metales acuñados, que cincelaban a su vez castas de comerciantes y de productores; generando todo ello un tipo de burguesía o de "clase media alta" dominante. Todo lo que narramos conllevará a la proliferación del ciudadano libre y a la consecución de la Ciudad-Estado, que como sistema basado en esos cuatro Estamentos (Aristocracia, Sacerdocio, Pueblo -esclavo- y Ciudadanos) logrará con el florecimiento de los periodos clásicos, el máximo esplendor en la Historia. Sucesos y sistemas de orden que de un modo muy semejante se llevaron a cabo en Roma -siglos más tarde-, generándose allí igualmente una Sociedad basada en patrones semejantes; lo que conllevó a la bonanza de los siglos de "la paz romana" y del Imperio unificado. Hechos estos que además nos pueden explicar por qué a Hermes o Mercurio, se consideraba además del dios del comercio y del transporte, "el mensajero del Olimpo". Puesto que bien era sabido que una Sociedad que produce y que comercia, era próspera; prosperidad que la conduce hasta los mismos dioses. Todo lo que además nos enseña que la mitología no es precisamente un cúmulo de fábulas narrando de manera fantasiosa la historia de un lugar y sus leyendas; sino muy por el contrario, algo que nos transmite la alegoría de unas realidades profundas, verdaderas y experimentadas.
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ARRIBA: Mural egipcio perteneciente al interior de un sepulcro y en el que podemos ver los escribas junto a sus ayudantes, midiendo las tierras y pesando el cereal para recaudar impuestos -Tumba de Menena en Tebas Nº68 (agradecemos a las instituciones conservadoras del Valle de los Reyes, nos permitan divulgar la imagen). Esta es una muestra de la institucionalización del "Cuarto Estamento", que en Egipto ya se había establecido como funcionarial, dependiendo del sacedocio y dominando gran parte del "aparato estatal". Gobierno sobre las instituciones que permitía una estabilidad social, habida cuenta que los funcionarios trabajaban como mantenidos con el fin de regular las conductas entre los particulares y la clase dominante -cuidando aquellos de conformar un tipo justicia social y otorgando un equilibrio entre las castas del Egipto Antiguo-.
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ABAJO: Una de las primeras formas de moneda (si así puede llamarse), tanto como de producción hubo de ser la industria lítica. Fabricación de hachas de piedra tallada que durante centenares de miles de años se llevó a cabo en ciertos lugares muy ricos en silex y en diversos minerales cortantes. "Industria" que incluso llegó a exportar sus piezas a miles de kilómetros de distancia, como se ha descubierto al hallarse en Centro Europa bifaces talladas en tipos de roca que tan solo se dan en ciertas islas del Egeo. De ello, la fabricación de estas hachas tuvo que generar una primera clase social de trabajadores (e incluso de comerciantes), quienes las crearían y distribuirían durante el paleolítico. Todo lo que desapareció ante la llegada de las nuevas formas de tallar la piedra (neolítica) y más aún cuando el calcolítico introdujo el cobre y otros metales en la vida de los hombres. Una "revolución industrial" que terminaría con la Edad de Piedra y pasaría a la Era de los Metales; época esta última que ha tocado a su fin en nuestros días (tras la aparición de materiales como el plástico y del armamento sofisticado de implosión -como lo es, el nuclear-).
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B) Las clases sociales en España, hasta el siglo XIX:
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La anterior disertación la hacíamos con el fin de mostrar que el Cuarto Estamento (la llamada modernamente "clase media") es un invento muy antiguo y cuya creación configuró la estabilidad de civilizaciones tan importantes como la egipcia, la griega o la romana. Desapareciendo realmente en la Edad Media (o en las Sociedades medievales); e intentando reaparecer en nuestro país al comienzo de la Era Moderna, pese a lo que las "antiguas castas" lograron parar a la burguesía con el fin de que esta no resurgiera nuevamente en el siglo XVI (como una verdadera fuerza social). De tal modo, tras el Descubrimiento de América ya estuvo preparada Europa para generar una clase de ciudadanos libres y ricos; lo que sucedió en áreas como Flandes o en la Italia del Renacimiento. Aunque otros paises prefirieron continuar con el sistema "clásico" y constituir su nación en base a los tres Estamentos establecidos: Nobleza (guerrera) unida al alto clero; bajo el que se situaba el sacerdocio y caballeros (hidalgos), que a su vez gobernaban sobre "el pueblo" (servil en su mayoría).
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Habiendo sido este el caso de España, que en lugar de generar una burguesía rica tras la llegada del oro de América; prefirió crear una gran milicia. Seguramente un hecho debido y nacido trás la expulsión de los judíos (pocos años antes de la Conquista), lo que hizo que nuestro país se encontrarse sin banca -ni sistemas monetarios "regulados formalmente", con los cuales evitar la devaluación y poder fomentar las inversiones o la creación de riqueza-. Prefiriendo crear una gran clase militar que mantuviera las colonias bajo la fuerza; a generar un estamento de comerciantes que explotara los recursos del Nuevo Continente. Naciendo así un enorme grupo social formado por caballeros o hidalgos, quienes componían una gran parte de la población hispana, y que al pertenecer a la milicia no tenían otras obligaciones con el fisco (más que el cumplimiento de las funciones de armas).
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Estos y otros motivos hicieron que nuestro país se encontrase en el siglo XVII y XVIII poblado de gentil-hombres, caballeros y "aristócratas"; a cual más aruinado y más ruinoso. Puesto que como el uso de las armas obligaba a no trabajar y a no dar otra utilidad a las manos, aquellos que vestían con sable y lucían su bravura, o se iban a la guerra o de lo contrario se veían abocados a pasar más hambre que el perro del Lazarillo. Llegándose de este modo a una situación en la que una gran parte de la población ni pagaba impuestos, ni trabajaba, ni aportaba nada al fisco (más que gastos). Todo lo que hizo que en pleno siglo XVIII se suprimieran los derechos de los hidalgos obligándoles a pagar impuestos, tanto como anulando otras prevendas que estos tenían. Provocando ello que los millones de caballeros españoles que entonces existían, se dieran de baja en sus órdenes, chancillerías o maestranzas (con el fin de que aquel rango no les supusiera más gasto, sin ningún beneficio). Llegándose así al siglo XIX español, en el que una "des-nobilizada clase hidalga" por primera vez en cientos de años se tuvo que plantear que había de trabajar para sobrevivir (ya que ni tenía puesto en el ejército, ni lugar en las colonias de ultramar -que poco a poco se iban independizando-).
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Pero hasta producirse esta situación hubo algunos factores que marcaron profundamente la Historia de nuestro país; entre los que se halla el Descubrimiento y Conquista de América. Tanto como la expulsión de los árabes en una lucha que perduró unos ochocientos años y que precisamente terminó cuando encontraron el Nuevo Continente. Reconquista que debió conformar la "clase militar" hispana, que durante casi ocho siglos se había formado en la guerra continua y continuada contra el islam. A todo ello ha de sumársele la expulsión y el expolio de los judíos, a quienes se obliga a salir en las mismas fechas con "lo puesto" y abandonando todo cuanto tenían (pues la opción de convertirse quedaba lejana de ser una solución, ya que las familias judeo-cristianas fueron en su mayoría pasadas por el "rulo inquisitorial").
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Sucediendo aquello en el momento en que Europa entraba en la Edad Moderna y quedando precisamente España en cierto modo a la deriva; sin banca y sin posibilidad de crear una "clase intermedia" (o cuarto estamento). Habida cuenta que prefirió mantener un orden social basado en los tres estados medievales (en todas sus reglas y bajo el auspicio de la Iglesia). No siendo precisamente muy cierto aquello que tanto se prodiga afirmando que España fuera el primer Estado Moderno. Sino más en verdad fue la primera nación europea unificada -como tal-; pero con unos costes en esta unión muy importantes, al llevarse a cabo utilizando un método que eliminaba a la burguesía y a los trabajadores del país (clases en su mayoría formadas por moriscos y judíos). Por todo lo demás, el rey Fernando hubo de machacar los fueros de su tierra -Aragón- para lograr unirlo a Castilla; donde igualmente se saltaron todo tipo de formas legales y consuetudinarias, para que ambos reinos formaran juntos el antiguo territorio romano (o visigodo) de Hispania.
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No hablaremos de las tropelías de este rey Fernando que se autonombró V de Castilla -pese a que los consortes carecen de número- y que hizo la vida imposible a cuantos le rodeaban (declarando incapaces a sus hijos y obligándoles a abdicar en favor suyo o de sus vástagos -que apenas conocían y para evitar guerras civiles-). Pero nadie puede negar ya de aquel "Fernando V", que su ambición y afán de protagonismo no conoció fronteras; tanto que muy bien lo describe Maquiavelo como el monarca que se saltó todo uso, fuero o costumbre para lograr sus fines -ya fuera en Aragón, Navarra, Castilla, o entre los vascos-. Unificando la nación de un modo tan ajeno a la ley, que nos dejó en herencia un país que todavía sufre las convulsiones de unas anexiones forzadas y maltrechas.
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Puesto que si algo es verdad, es que España existía mucho antes de los visigodos, e incluso antes de la llegada de los romanos; quienes la llamaron Hispania por ser un territorio ya concebido de manera unida. Una tierra que tras la unión de Fernando, parece que nunca paró en las luchas intestinas; enfrentamientos separatistas que empezaron ya en vida de su padre, prosiguieron durante suya y continuaron desde su muerte -con los Comuneros de Castilla (entre otros)-. Herencia de guerras civiles que igualmente recibió su bisnieto -con revueltas como las de Aragón- al igual que el resto de sus descendientes, quienes hubieron de sofocar levantamientos en Cataluña y hasta en Andalucía (durante todo el siglo XVII). Lo que en verdad creemos se debió a establecer un sistema medieval basado en tres estamentos, sobre una Nación ya plenamente moderna en el siglo XV -como lo fue por entonces España, pero que involucionaron a pasos agigantados tras la expulsión de los judios y con la imposición de la Inquisición-.
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ARRIBA: Portada del libro de Jesús Herrero Marcos, sobre "La iconografía de la lujuria en el románico"; en la foto podemos ver la escultura de dos individuos fornicando, perteneciente a la jamba de entrada en una iglesia. Algo que muestra como la liberalidad y la libertad era mucho mayor en estas épocas del románico que en la "moderna" España de los Reyes Católicos. Quienes establecen un sistema inquisitorial de control sobre el Estado, que llega a anular toda garantía judicial; existiendo la posibilidad de encarcelar y hasta de ejecutar a cualquier ciudadano (por simple denuncia de un tercero y sin posibilidad de recurso ni defensa). Consecuentemente, la Inquisición establecida en época tan tardía como lo era a fines del siglo XV, anuló la remota posibilidad de que en España se formase un Estado Moderno (sin poder lograrse un Estado de Derecho y con "algunas garantías" hasta la desaparición del Santo Oficio con Las Cortes de Cádiz -o tras la muerte de Fernando VII, en 1833-). Ello hizo que probablemente nadie creyese en el sistema estatal hispano, generándose un espíritu anárquico por el cual todos tuvieron alguna certeza de que el pais (o el gobierno central) era tan solo una máquina de extorsionar, nacida para controlar -e incluso destruir- al hombre libre. Un triste destino para una gran Nación como la española, que pudo tenerlo todo y que por carecer de las mínimas garantías judiciales, se vió en la tesitura de que jamás creyeran en su "sistema", ni en sus élites.
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ABAJO: Lámina del Príncipe de Viana, del archivo de la Corona de Aragón en Barcelona (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). Sucesos como la "rara" muerte del jóven Príncipe de Viana, primogénito del padre de Fernando el Católico, sembraron la duda acerca de esta familia y sus intenciones. Ya que al morir el hijo mayor del rey Juan, de forma tan extraña y tras haber sido inhabilitado por su padre, dejando libre el trono de Navarra; cayó sobre aquellos la sospecha de su asesinato (por su mano o por la de su mujer, la madre de Fernando, que odiaba a este vástago del primer matrimonio de Juan II). Monarca que llegó a sentarse posteriormente en el trono de Aragón; pero que se proclamó primero rey de Navarra, tras librar una guerra con quienes apoyaban la candidatura de su propio hijo. Pues al enviudar de Blanca de Navarra optó por desheredar a los descendientes de su mujer (a quienes legítimamente les correspondía esa corona). Trás todo lo que este padre de Fernando el Católico contrajo nupcias en esos años con Juana de Trastamara; quien algunos señalan como la envenenadora del famoso Príncipe de Viana, para que su hijo Fernando fuera finalmente rey de Aragón y de Navarra.
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Estos y otros hechos -en mi opinión- crearon un muy mal caldo de cultivo durante la unificación de España realizada por los Reyes Católicos; siendo Hispania un territorio que siempre se había concebido como uno y en lo que parece no hubo diferencias durante la Reconquista -sintiéndose todos de una misma tierra-. Cierta "unidad" de los reinos crsitianos que se ve trastocada con el advenimiento de Juan II (quíen llegó a forzar a los navarros y catalanes bajo su mando) y sobre todo trás la subida al trono de su hijo Fernando de Aragón (hombre ambicioso donde los hubiera). Ejercienzo aquel una fuerza absoluta para reinar sobre todo el territorio, de lo que posiblemente España pudo desde entonces tener verdaderas fracturas o deficiencias insalvables (algunas de las que hemos heredado hasta hoy). Al verse en aquella unión tan solo una intención de medrar y de ganar más poder por parte de los que defendían el gobierno central; en vez de considerar que Hispania siempre era un territorio así concebido, cuya unión hace la fuerza.
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De ello, la infinidad de guerras civiles e intestinas libradas por Isabel y Fernando para dominar todo el territorio bajo su mandato; luchas que no dejaron de sucederse -incluso tras la muerte de aquellos-. Pues siquiera al final de sus días, este rey paraba en sus intrigas y en sus "nuevos planes". Tanto que cuando estuvo casado "El Católico" con Germana de Foix -en segundas nupcias-, deseaba por cualquier medio tener hijos con la jóven franco-navarra, a la que pretendía dejar embarazada alimentándose tan solo con criadillas de toro (muriendo de una indigestión por tan fuerte dieta alimentaria). Suponiéndose que llego a nacer un vástago de ambos y al que al parecer pusieron por nombre Juan de Aragón; niño que desapareció del "ruedo histórico" con el fin de no provocar más guerras civiles en Castilla o en los reinos vecinos.
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C) La España del XIX, sus problemas de identidad y el "renacimiento" de la Clase Media:
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En la situación antes descrita llegamos al siglo XIX español, en el que no había existido un tiempo para "las luces", ni menos una Ilustración y siquiera un triste amago de Revolución Industrial. Todo ello provocó que la Sociedad hispana alcanzara los albores de la Edad Contemporánea conformada aún en tres estamentos, que de algún modo se correspondían con los estados medievales ("el militar, el religioso y el pueblo") y sin apenas una pequeña burguesía que le diera el ánimo de prosperar. Siendo tan solo con la llegada de los franceses invasores, cuando se aviva el sentimiento pátrio; pues hasta entonces el patriotismo fue visto principalmente como la expresión de nuestras obligaciones hacia los dos estamentos superiores. O lo que es lo mismo: Como un modo de lograr ser admitido entre los funcionarios... . Es decir, que mientras en Francia, en Alemania o en Reino Unido, el patriota se tenía por un individiuo intachable y ejemplar, que defendía unos valores de igualdad, de fraternidad, de tradición o del grupo. En España, el que proclamaba su amor por la patria tan solo se le reconocía como alguien que trabajaba para la monarquía o para la Iglesia (sin inculcarse al pueblo este sentimiento de cariño hacia su país). Situación muy triste que ha llevado a confundir al que se declara español y amante de España, como un retrógrado o un reaccionario; mientras que aquellos otros europeos que abiertamente expresan su admiración por el lugar que les dió origen, son tenidos como patriotas al mando y defensa de las causas más nobles.
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Todo cuanto explicamos ha podido motivar el tremendo deterioro que aún no supera España y que a día de hoy fracciona todavía una tierra que ya estaba unida hace más de dos mil años (y bajo el mismo nombre de Hispania). Explicando algunos que esta España en la que vivimos, es simplemente un "invento" de los Reyes Católicos, o fue en su día un medio para que la Iglesia gobernara sobre media faz del Mundo (habida cuenta que casi toda América, e incluso las Filipinas eran hispanas). Algo que para nada es así; pues aunque no queramos verlo, Hispania es y ha sido desde los tiempos más inmemoriales una tierra unida, que compartía ya desde sus albores determinadas civilizaciones o culturas autóctonas y propias. Tanto que todos los iberos escribían con un mismo alfasilabario, "inventado" en el Sur (hacia el siglo VII a.C.) y divulgado por todo el Levante y la Meseta. Sistema de escritura utilizado hasta la romanización plena de la Península, en esta tierra donde convivieron durante siglos diversas culturas como las púnicas, las orientales o los celtas; quienes llegaron o se establecieron en la llamada Iberia, durante la Edad de Hierro. Lugar conocido desde el calcolítico por sus riquezas, en el que prosperaron y se mezclaron durante siglos las diferentes civilizaciones, dando como fruto la posterior Hispania romana.
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De todo ello que exista una cultura ibérica, completamente autóctona y diferenciada en todas sus vertientes al ser completamente distinta de otras civilizaciones mediterráneas. Dividida en diversos tipos de iberismo y que hoy se corresponderían de algún modo con las regiones o las Comunidades Autónomas. Siendo las "célticas" (más o menos puras) aquellas que cubren el flanco Galaico-Cántabro-Asturiano; tanto como las más antiguas y auténticamente iberas, las que se situarían en el Pirineo Navarro y en los valles de las zonas vascas. Mientras los celtíberos se extendían por las varias Castillas, haciendo frontera con la Turdetania (la Tartessos de antaño, hoy Andalucía). Quedando la zona oriental con un área Norte, colonizada principalmente por griegos -en la parte que cubre Cataluña-; mientras en el Sur y bajo Valencia sus conquistadores fueron fundamentalmente púnicos, a los que se deben fundaciones como Akra Leuke o Cartago Nova. Área de Murcia que de nuevo vuelve a hacer frontera con el Tartessos de antaño y que tiene frente a sí archipiélagos como el Balear, islas que igualmente gozaron de colonos y visitantes diferentes a los peninsulares. Todo lo que muestra este crisol formado por las distintas culturas que generaron el mundo ibérico; un mundo ibero que siempre fue concebido como una unidad social y territorial -desde los tiempos más remotos-. Puesto que en su base todos los pueblos que habitaban la península tenían unas costumbres y unos orígenes muy similares.
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BAJO Y SOBRE ESTAS LINEAS
: Escritos por mi mano y para las investigaciones sobre LOS TEXTOS IBÉRICOS; podemos ver los diferentes alfasilabarios que se utilizaron en la Península. Desde el primero o tartessio (que se inicia hacia el siglo VII a.C. en la zona Sur); hasta el celtíbero que se extendía aún en el siglo I d.C. por la Meseta y zona central (principalmente en la ribera del Ebro). Igualmente, bajo estas lineas se observa el denominado alfasilábico Oriental, usado principalmente en las cercanías de la actual Comunidad Valenciana; junto al Meridional, que es el que utilizaban en épocas muy posteriores a Tartessos, en el área de la Andalucía de hoy. Como puede comprobarse en nuestra Península, los iberos escribían antes de la llegada de los romanos, utilizando un alfasilabario particular creado por ellos mismos; lo que obliga a suponer tuvieran un idioma unificado y diferenciado -tal como ocurría por ejemplo, en Etruria-.
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EN LAS IMÁGENES -ARRIBA Y ABAJO-:
Sobre estas lineas fotografía de los famosos toritos de Guisando (en El Tiemblo), junto a San Martín de Valdeiglesias; lugar donde curiosamente juró como futura reina, Isabel de Trastamara, antes de contraer nupcias no autorizadas con su primo Fernando y de proclamarse monarca de Castilla ("sustituyendo" a la legítima heredera). Estas esculturas que se consideran verracos-bóvidos de granito pertenecientes a la cultura vettona, se tenían como mágicas aún en tiempos modernos -tanto que diversas enfermedades endémicas (como las epidemias de peste), se llegaron a atribuir a la veneración de las gentes hacia aquellos "becerros-. Tallados en granito entre los siglos VI al I a.C., han sido halladas por centenares en el área que cubre el territorio Vettón (Cáceres, Salamanca, Ávila, Zamora, Segovia y etc). Zona de España en la que aún abundan las dehesas de cerdo ibérico y de ganado vacuno bravo o de carne y lugares cuya afición a las corridas y al cuidado de estos animales, se mantiene hasta nuestros días.
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Abajo -en la foto- uno de los toros de Costixt (decorado de forma mironiana por mí); fechado hacia el siglo VI a.C. y propiedad del Museo Arqueológico Nacional (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). En esta población Balear se hallaron también santuarios con toros votivos, al igual que otros tantos bóvidos se han encontrado en los diversos yacimientos de estas islas, de época postalayótica. Demostrándose en ello que el culto al toro era también seguido en aquella zona tan alejada de la anterior (en pleno centro de Castilla), pero igualmente poblada por iberos. Siendo innumerables las figuras con exvotos vacunos halladas y las piezas que representan de modo sagrado al astado entre los siglos VI al I a.C., en Baleares o en toda la Península. Donde del mismo tipo e igual época, han sido encontradas esculturas en Levante, en Andalucia, Extremadura, Castilla -e incluso repartidas por el Norte de España-. Pudiendo decirse que la veneración al toro ha sido una constante de nuestros ancestros; costumbre ibérica que llegó hasta nuestros días en la forma de múltiples festejos y fiestas populares dedicadas al astado.
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De tal manera, esta Península de iberos, desde hace algunos siglos parece que desea desintegrarse, descomponerse o desvincularse; pese a que siempre fue concebida como una unión cultural, en la que tan solo se diferenciaban claramente los lusos (entre sus muy diversas tribus). Una inercia y tendencia de separaciones que se incia con virulencia en nuestra tierra principalmente desde el tiempo del rey Fernando y de su esposa - Isabel de Castilla-. Quienes llegaron a aglutinar por la fuerza aquello que naturalmente está y nació unido (cultural, intelectual y geográficamente). Puesto que España -junto a su "madre" Iberia-, eran ya una civilización unificada mucho antes de la aparición del cristianismo.
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Por todo lo expuesto, vemos que ha sido un tremendo error considerar el origen de nuestra nación en la Reconquista y en una sola -o común- religión. Dado que ocho siglos antes a la gesta de Don Pelayo ya denominaban los romanos a nuestra Península, Hispania. Pero es que además no puede concebirse una España sin influjos árabes, venidos directamente de Asia Menor o del Norte de África. Continentes y civilizaciones desde donde nos llegaron algunos de los más importantes avances, tanto como nuestras primeras culturas -y quienes nos aportaron los mayores logros (incluyendo el Cristianismo, que en la Península se internó desde el litoral norteafricano)-. Siendo así que los sirios, los fenicios, los judios y los cartagineses hubieron de ser algunos de nuestros mas eficientes colonizadores; tanto como los griegos, los egeos y los frigios lo fueron. Siendo aquellos quienes importaron todo avance oriental que el Mediterráneo fue regalando desde el calcolítico, por sus riberas.
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Unos y otros llegaron a estas tierras durante siglos, formando un "crisol cultural" en la Penísnula que fundiría y uniría definitivamente las civilizaciones del Egeo, con las del Levante mediterráneo. Aglutinando a su vez al resto de gentes que naturalmente la habitaban, o que alcanzaron a pie este fin de Europa. Llegando muchos hasta Iberia en tiempos de la Edad del Bronce (o en la férrea), buscando sus riquezas de mineral y dando así nombre a lo que debió ser "hesperia" (); que como siempre digo, significó desde sus orígenes "el atardecer" o "el extremo Occidente" -al igual que hubo de significar Hispania (a mi modo de ver sus etimologías)-.
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Formándose con todo ello una cultura compacta y unificada peninsular, nacida de aquellos colonizadores venidos por mar, quienes unidos a los habitantes autóctonos, se mezclarían finalmente con los que posteriormente fueron arribando por tierra -durante las últimas etapas del Hierro-. Siendo los más tardíos en haber aparecido, esos indoeuropeos a los que llamamos celtas; quienes errando durante siglos, toparon definitivamente con el "fin del Mundo al Oeste" -en su milenario caminar desde el Cáucaso hasta el más remoto Occidente-. Todo lo que conformó España; lugar de mil culturas pero de una sola civilización; del mismo modo que Anatolia (hoy Turquía), fue nación de un centenar de pueblos y gentes, que finalmente formaron y conformaron un solo tronco -tan enormemente rico como plural en sus diferentes formas-. Siendo así, que desde los tiempos más remotos Iberia e Hispania fueron palabras casi análogas, tanto que las fronteras de los iberos se pudieron delimitar casi exactamente en los mismos lugares en los que pusieron las de los hispanos.
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Pese a cuanto hemos dicho hasta aquí y a los más de dos mil años de Historia común y unificada, desde el siglo XV la Nación hispana comenzó a sufrir una extraña crisis de identidad, empezándose por entonces a producir el "síndrome" del individualismo (o del separatismo). Sentimiento que hasta ese momento no había aparecido sobre "la piel de toro"; tanto que durante los años de Roma -o en la misma Edad Media-, tan solo se habían marcado fronteras por motivos religiosos, o simplemente económicos. Aunque -como decimos- es a comienzos de la Edad Moderna y tras haber violado los monarcas y sus gobernantes los diferentes fueros y leyes consuetudinarias de cada zona; cuando se llega crear un nacionalismo particular y muy específico en cada área peninsular. Espiritu de independencia y separación muy reaccionario, que personalmente considero procede de una aglutinación realizada por medios bélicos y de poder; juntando forzadamente una España que realmente hubo de unirse a través de simples acuerdos. Pactos de concordancia y estabilidad que en verdad comunmente dieron la posperidad y la fuerza a nuestra Nación; entendida ya desde hace milenios como una cultura en común y sin fisuras.
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A todo ello, hemos de sumar el hecho cierto de que esta unificación culminada por los Reyes Católicos, se basó principalmente en la fuerza que la Corona toma al asumir todo el poder; obligando al país a un solo culto. Control absoluto sobre los estamentos, que se procuró especialmente desde el Santo Oficio y que de forma totalitaria impedía a nadie oponerse a los designios del rey. Siendo tal el poder del monarca en nuestras tierras, que bien puede decirse cómo hasta los Reyes Católicos muchos de los hombres nacían libres; pese a que tras la llegada del Estado Moderno, los venidos al Mundo en España ya nacieron al servicio de su país -más aún con el Estado impuesto por Carlos V-. Siendo así, que desde entonces existe un carácter independentista y separatista, que actúa como revulsivo contra el poder central; conformado en una "especie de animaversión" hacia el "sistema central" y contrrio a todo Gobierno de la Nación. Sentimiento muy negativo hacia su propio Estado, que en diversas ocasiones impide a los españoles autogodirigirse; cayendo históricamente el país en la anarquía, o en el desgobierno. Puesto que debido a tod lo antes expuesto, los españoles tienden a considerar como mejores políticos a los que se enfrentan contra el propio poder, o bien al que no desea cumplir con sus obligaciones nacionales.
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SOBRE ESTAS LINEAS: Un dibujo que no hace mucho hice de la fachada del Monasterio Burgalés de Las Huelgas. En la parte alta me he permitido realizar dos gráficos en los que podemos ver -a la izquierda- cómo se distribuían los Estamentos en la España del tiempo de los Reyes Católicos. Con una gran pirámide social de alto vértice (debido a la gran riqueza de los dirigentes), en la que gobernaba el país una picuda y ordenada "clase dirigente (superior)" -formada por nobles y clero-. Bajo ellos, una segunda clase compuesta por "hidalgos", caballeros, funcionarios y sacerdotes -de menor importancia- eran liderados y mandados por el anterior grupo. En la base de los anteriores "estamentos" y con grandes diferencias sociales, se situaba el "pueblo llano"; en su gran mayoría libre pero con grandes prevendas serviles que les impedían siquiera separarse de las tierras en las que nacían.
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Estas clases sociales se mantuvieron casi del mismo modo en España hasta el siglo XIX, por motivo de la práctica inexistencia de una Ilustración ni de una Revolución Industrial eficiente. Llegándose así hasta los tiempos en que Napoleón ocupa el país, sirviéndose el francéds del paso que concede el rey Carlos IV a las tropas galas para ir contra Portugal (provocando el invasor un sentimiento nacionalista, hasta entonces practicamente desconocido en España). Junto al cuadro de Estamentos que hemos analizado (a su derecha), he pintado un gráfico con la división de clases en las Sociedades Medievales; para comparativamente observar cómo aquel orden del medioevo no es tan diferente al que en España se instituye en la Edad Moderna -que permaneció casi igual y de manera estable, hasta hace unos doscientos años-.
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BAJO ESTAS LINEAS: Aprovechando otro dibujito mío de El Capitolio norteamericano, hemos indicado dos cuadros más sobre tipos de Sociedad y sus Clases (o estamentos). En primer lugar y a nuestra derecha he situado el gráfico de una Sociedad Contemporánea perfecta -o ideal-. Con un estrato dividido en "cuatro clases", entre las que existe una dirigente picuda y superior (en estado piramidal), bajo la que vemos una "Clase Alta" o de profesionales muy cualificados -que arranca en contacto pleno con la anterior (dirigente)-. Estamento alto que en su parte de arriba tiene igualmente forma piramidal, pero que sigue en su zona intermedia en forma igual a la Clase Media, con la que también contiene permeabilidad (estando en pleno contacto). Ya que esa siguiente esfera (media) es la que cubre gran parte del espectro social y desde la que se pasaría a formar parte de las dos primeras clases (de la Dirigente o de la Alta). Por su parte, bajo aquella gran Clase Media, vemos una zona igualmente picuda que de forma inversa disminuye hacia estratos de menor población; estamento que se correspondería con aquellos que viven cercanos a la pobreza -la parte más baja de la pirámide social y que cuadra tan solo con los que desean situarse al margen de ella-.
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Este modelo social que hemos analizado en los párrafos anteriores es sin duda alguna el más beneficioso y el que contiene los "cuatro estamentos" existentes desde la época Contemporánea. Clases divididas en "dirigente", "alta", "media" y "baja", que están equilibradas y bien marcadas en este gráfico (conforme a sus funciones), y que en toda Sociedad avanzada han de tener una plena permeabilidad social -con un altísimo porcentaje de la población correspondiendo a la Clase Media-.
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Muy por el contrario, la Sociedad hoy en día pretende prescindir de un Estamento (tal como veremos a continuación), lo que provoca una situación similar a la que se observa en el otro gráfico de la misma lámina. Dibujo de la izquierda en el que se describe un Estado que ha prescindido o relegado en parte a la "clase alta" (profesional o intelectual), y que por ello contiene una "élite" en parte descabezada. Luciendo un estamento dirigente ampliamente marcado en forma roma, bajo el que hay una "clase alta" también piramidalmente estratificada y muy dependiente de la superior. Mientras, el resto de la población (con grandes diferencias sociales) ha de situarse como "pueblo" o "clase media-baja"; habida cuenta que carece de prerrogativas o de poder para acceder a otros estados superiores.
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En su cúspide curiosamente veremos que no hay guía (o cumbre), faltando en muchos casos el pico de la pirámide social; habida cuenta que se hace imposible llegar a encabezar o dirigir los estamentos. Un hecho que sucede en algunas de estas Sociedades al haber varias facciones de poder que luchan entre sí por el control del grupo. Lo que se produce comunmente cuando las bases (el pueblo) retiran la confianza a las élites -a continuación explicamos por qué y cuando pueden ocurrir estos hechos que devuelven las Sociedades a situaciones como las que manifiesta el mencionado gráfico; en estado de gran crisis o de posible involución-.
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D) El nacimiento de la élite cultural y la creación del Cuarto Estamento:
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Como decimos, hasta bien entrado el siglo XIX no se modifican los Estamentos en España. Siendo hacia 1850 cuando se reconvierten aquellas clases sociales, hasta entonces intermedias y que habían estado formadas por caballeros (hidalgos), por funcionarios y por clérigos de escasa importancia. Estado medio, que hemos visto marcado en el gráfico que definia las clases sociales en el siglo XVI (en el grupo amarillo y descrito como "clase de caballeros o gobernada"). Grupo que se transforma en gran parte, hace unos ciento cincuenta años en una "casta intelectual". Habida cuenta que el sacerdocio comienza a disminuir en su número, mientras los que estudian se forman ya solo en las universidades y con un carácter seglar (ajenos a las doctrinas de la Iglesia). Pasando muchos de estos a pertenecer a un grupo de neo-ilustrados, quienes por su amplia preparación ejercen un gran poder como funcionarios o profesionales libres. Debido a lo que ya tuvieron mayores conocimientos de Estado que los nobles (o los clérigos) desde mediados del XIX, dominando finalmente desde 1880 gran parte del orden social hispano.
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Todo lo que conllevó a que desde fines del siglo XIX, en nuestro país los sacerdotes pasaran a formar un "estamento propio". Mientras esa nueva clase de profesionales (recien nacida en esa época) generó un grupo que desde aquel tiempo empezó a tomar las directrices de la Nación. Conformando aquellos un nuevo "estado" que correspondía a una "clase alta" o intelectual; nacida así por vez primera en la Historia hispana, y ajena al alto clero. Convirtiéndose en un cuerpo de élite, llegando a gozar de un gran poder en el pais y que a principios del siglo XX aporta ya brillantísimos individuos (del mundo del arte, del pensamiento, de la política o de la literatura). Gentes que relevan a las antiguas clases sociales en el mando de la Nación, llevando a cabo el milagro de reconvertir España en un país rico y próspero. Prodigio logrado por ese puñado de intelectuales, empresarios y políticos de élite, que comenzaron su labor de reconstrucción partiendo de aquella arruinada pátria que en 1898 les habían legado -los "últimos y decimonónicos" dirigentes-.
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Muchos se preguntarán cómo y de qué forma lograron estos hombres del siglo XIX rehacer España en tan solo quince años; algo que se contesta con una simple palabra: Regenerándola. Término que definía su ideología y que aglutinaba sus ideas, por las cuales habían de regresar a la verdadera esencia de la Nación, para lograr volver a convertirla en lo que nuestro país debe ser: La cabeza cultural y económica de una gran parte de Occidente. Puesto que sin España, la hispanidad se hunde y ello significa que la unión entre África, Europa, América y Asia Menor, entra en crisis. Habida cuenta que la esencia geográfica y cultural de nuestra tierra es precisamente esa: Poder aunar las civilizaciones de estos cuatro Continentes, hacia un punto de conversión común e intereses paralelos. Puente cultural que siempre lo fue esta Iberia; lugar de paso para las gentes venidas desde Oriente Medio, de África, de Ámerica y -evidentemente- de Europa.
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Siendo así que para lograr el milagro de "la regeneración", tan solo se precisó dejar el país en manos de una élite. Gentes educadas desde mediados del siglo XIX en la forma librepensadora y que creó hombres y nombres tan ilustres como los literatos: Pérez Galdós, los Bécquer, los Machado, Unamuno, Azorín, los Baroja o Valle Inclán. Guiando España a través de ideologías progresistas y patriotas forjadas en pensadores tales como: Angel Ganivet, Joaquín Costa, Giner de los Rios o Sanz del Rio (entre otros). Generando a su vez movimientos artistísticos y de creación, que basaban la obra y vida del sus integrantes en las costumbres y en el progreso de nuestro país. Movimientos que fructificaron en escuelas nacionales, como lo fue la catalana de pintura; con genios de la talla de: Fortuny, Casas, Urgell, Rusiñol, Anglada Camarasa, Meifren y largo etcétera. O la valenciana, con Pinazo y Sorolla (entre otros), quienes se formaron junto a una pléyade de creadores entre los que destacaron vascos y castellanos que amaron su tierra; lográndose así por aquel entonces individuos de la talla de Aureliano Beruete, o de Ignacio Zuloaga. Todo lo que generó una verdadera élite mundial, que identificaba nuestra nación con la cultura más sofisticada y refinada. Un hecho que culmina logrando mandatarios de la talla política de José Canalejas o de Melquiades Álvarez. Todos hombres que lograron aquel milagro de reconstruir España en menos de veinte años.
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Prodigio regeneracionista que en principio se produjo gracias a la "reconversión" de un estamento social medio, logrando dotar a España de una "clase alta" e intelectual (conformada por funcionarios y profesionales enormemente cualificados). Nuevo Estamento social que como venimos repitiendo nació en la España de fines del siglo XIX, sustituyendo el mencionado viejo grupo de los caballeros (el de los apolillados hidalgos y de los deanes). Generando la aparición de esta nueva Clase Alta (o de profesionales), la creación de un Cuarto Estamento venido al Mundo a través de ellos. Cuarto estrato que surge gracias a los nuevos dirigentes españoles de aquellas épocas y que se denominó comunmente "Clase Media".
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Grupo social que pretendía aglutinar gran parte de la población y que de manera idealista -casi soñada por entonces-, se fraguó en estos años por los librepensadores. Tiempos en los que las nuevas filosofías predicaban la necesidad de que así se establecieran las Sociedafdes justas. Prodigando teorías como la krausista, que afirmaba cómo los nuevos Estados debían establecerse en cuatro estamentos: Dirigente (de poder o de nobleza, entonces), Alta (de profesionales altamente cualificados, e intelectuales), Media (que debía ser la más numerosa, formada por trabajadores con pequeños medios) y Baja (cubierta por trabajadores sin recursos propios). Siendo la utopía por aquel entonces de aquellas élites recien nacidas -quienes componían la nueva "clase alta" (intelectual o profesional)-; que la mayoría de la Sociedad perteneciera a ese "cuarto estamento" al que denominaban "Medio".
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ARRIBA y ABAJO, EN LAS IMÁGENES:
Dos ejemplos de estas élites nacidas entre finales y mediados del siglo XIX fueron Aureliano Beruete e Ignacio Zuloaga. Ambos, cercanos a unas mismas filosofías unidas al Regeneracionsimo y a movimientos como la Institución Libre de Enseñanza. Pensamiento liberal, patriota y culto que logró crear en estos años una verdadera pléyade de hombres ilustres en nuestra nación; quienes fueron capaces de encumbrarla de nuevo y de reconducirla hacia la prosperidad en tan solo unos decenios. Tristemente, las armas de alto poder destructivo -inventadas a principios del siglo XX-, los "nuevos tiempos" y las convulsiones de Europa; trajeron e importaron a nuestra tierra ideologías extremistas, que terminaron llevando a España a una horrible confrontación. Guerra que de seguro no se hubiera producido de haber continuado esos hombres regenaracionistas (tan liberales, como cultos y moderados), al mando de un país que desafortunadamente desde los años veinte cayó bajo el yugo de extremistas y de los radicales. -Sobre estas lineas, el pintor Zuloaga en un autorretrato (que agradecemos nos permita divulgar la Fundación Zuloaga). Abajo, Aureliano de Beruete pintado por Sorolla hacia 1902, obra que expone actualmente el Museo del Prado (institución a la que agradecemos nos permita divulgar la imagen)-
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E) ¿Crisis en Europa, o desaparición de los Estamentos necesarios?:
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Fue así, tal como hemos resumido y gracias a estas gentes ilustres, como España consigue pasar prácticamente en una generación, desde una "sociedad medievalizada" hasta una moderna -lo que se logra entre los años 1885 a 1915-. Hazaña que se volvió a repetir en nuestro país entre los decenios de 1950 a 1980; periodo en el que se evoluciona desde una Nación atrasada -casi analfabeta-, hasta conformar un país moderno, en el que una gran parte de ciudadanos ya tuvieron estudios superiores. Logrando durante estos años que hablamos (hacia 1980), que la Sociedad española ya hubiera alcanzado una estructura cercana a la que habíamos dibujado como ideal -o semiperfecta, en nuestro gráfico de estamentos-. Refiriéndonos a aquella que mantenía la forma de una urna con dos "picos" (correspondiendo aquellos márgenes a las élites y a la "clase baja").
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Aunque el diseño de este modelo social ideal mucho ha cambiado en los dos últimos lustros; tanto como para poder considerar que la "clase alta" (la intelectual o profesional), en gran parte ha desaparecido -al menos ha perdido su poder-. Por lo que tan solo quedarían ya en la cumbre del Estado unos estamentos superiores, compuestos por un estrato que dirige y otro que depende en gran parte de aquel más fuerte, para sobrevivir. Clases altas que se situarían sobre una gran masa social, compuesta por la "media y la baja" unidas, pero muy mal diferenciadas y con grandes desniveles económicos y culturales entre ambas. Dirigiéndose quizás actualmente el espectro de estamentos hacia una estructura de clases similar a la de una "cocktelera", que habíamos dibujado en el lado izquierdo del gráfico de El Capitolio. Lo que torna y cambia la imagen ideal del Estado con forma de "urna de votación", por otra muy distinta que se asemeja a una "urna cineraria" (como si aquel diseño fuera el indicador funesto y "curioso" del posible fin de una Sociedad próspera...).
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Pudiéndonos preguntarnos por qué sucede lo antes referido y cuales son los motivos que han podido llevar a la modificación o supresión de una clase alta (profesional o intelectual), arrastrando ello a la "Media" hacia los estamentos más bajos. La respuesta hemos de encontrarla quizás en la misma supresión -o falta de interés generalizado- hacia el trabajo y la labor de aquella Clase Alta; grupo antaño compuesto por funcionarios altamente cualificados, por profesionales de élite y por artistas de gran importancia. Gentes que han sido relevadas de su cumbre por la voluntad popular (no por otro motivo); habiendo sido "cambiados" o sustituidos por un nuevo "estamento de ricos y famosos"; quienes hoy ocupan este espacio social superior -situado bajo la clase más poderosa-. Por lo que ese lugar que antaño ocupaban individuos de élite, como fueron los profesionales mas cualificados del país, los intelectuales y los creadores de primera linea (tanto como los pensadores y los investigadores). Desde hace dos o tres lustros ha sido tomado -al menos en España- por otro tipo de personas, entre los que principalmente existen deportistas, gentes famosas, individuos de dinero y personajes del "papel couché".
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Todo lo que lleva a que en verdad aquella élite, absolutamente necesaria para una Nación y con capacidad de ejercer un control social; ya casi no exista prácticamente -a día de hoy-. Lo que implica que la Sociedad gradualmente se "venga abajo" o se deteriore por falta de "pilares". Generando todo ello una caida de estamentos (o crisis económico-social) que en mi opinión se debe a que la Clase Alta hoy carece de la fuerza y relevancia que ha de tener (al menos en España). No correspondiendo con una élite cualificada aquellos que ocupan un lugar superior y que pueden oriental a los dirigentes, en nuestro país. Quienes simplemente y en su gran mayoría, son hoy un conjunto de famosos, de ricos o de existosos (grupo de gran fuerza y que debe situarse entre los estamentos más altos, pero que no constituye un estrato de profesionales verdaderamente eficientes).
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Todo lo que arrastra en mi opinión a nuestra Nación hacia una permanente duda, sumiéndola en la inseguridad. Dejando a la deriva gran parte del Estado, que habiendo de ser controlado por los profesionales más cualificados, no encuentra patrones. Provocando todo ello que las clases medias -tristemente- se vean obligadas a bajar a estados muy inferiores. Tanto, que si un médico, un ingeniero o un investigador no encuentra ya ni trabajo en una Sociedad como la española; qué puede esperar hallar un individuo con estudios medios (o sin ellos...) .
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De cuanto exponemos, el problema de la crisis económica posiblemente nace de la propia crisis de valores; procediendo de una confusión en la forma de entender la importancia social de los individuos y la de su trabajo. Tanta, que a día de hoy el mejor músico es el que más discos vende, el más grande escritor el que más libros edita, o el pintor más valorado aquel que cobra más por sus obras. Siendo este un confundido "estado de la cuestión"; puesto que basta con recordar casos como los de españoles tales como Bacarisse, Machado o Gutierrez Solana; para comprender que el éxito social y el valor del individuo, muy pocas veces casan o coinciden en vida, durante la Historia. Pese a ello y siendo evidente lo que hemos escrito, actualmente que se ha decidido configurar una Sociedad en la que aquellos que logran el triunfo, se entienden como los mejores. Confundiendo así la capacidad de adaptación al medio, con las capacidades intelectuales o profesionales. Otorgando de este modo el status de élites profesionales -o de clases altas- a quienes sí saben adaptarse, pero no son capaces soportar el peso, ni menos la dirección del país (por el simple hecho de que no están preparados para ello y ni siquiera es ese su deber). Puesto que los deportistas o las gentes del espectáculo tienen un enorme mérito -que nadie niega-; pero ello no significa que su función, ni su trabajo (ni menos su opinión) sea primordial para el control o el gobierno de un Estado.
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SOBRE Y BAJO ESTAS LÍNEAS:
Arriba fotografía de Salvador Bacarisse, uno de los grandes músicos de principios del siglo XX, cuyas melodías aún se escuchan a diario; artista que tristemente las gentes de nuestro país no aciertan a saber quíen es. Bajo estas lineas, el gran Antonio Machado; ejemplo entre muchos de las élites hispanas más refinadas, y quien siempre fue reconocido entre las personas más cultas como un modelo de la "alta clase librepensdadora". Pese a ello, quizás hoy en día hubiera sido tomado como un "simple profesor" muy aficionado a la poesía; habida cuenta que el poeta parece una especie que en extinción en nuestra Sociedad -tan moderna- y a los librepensadores se les envía al psiquiatra... .
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Muy por el contrario, han sido relegados a un segundo plano social los intelectuales, los filósofos, los profesores o los investigadores más importantes; cuyas opiniones, pensamientos y consejos pueden ayudar enormemente a mejorar la Sociedad. De todo cuanto sucede y de seguir situando entre las "clases altas" -o "estamentos profesionales"-, a gentes que viven de la fama o que proceden del mundo de la imagen y del dinero; es muy posible que "la clase intelectual" que ha de controlar el aparato estatal y ha de guiar a la clase dirigente, tenderá a desaparecer. Por todo lo que la "clase media" se vería abocada al submundo; es decir, a desaparecer o a convertirse en "pueblo" de nuevo. Entre otros motivos, porque ese cuarto estamento llamado "medio" y que hoy prefiere elegir como su "élite" a deportistas y famosos; fue precisamente creado por el de los intelectuales (o profesionales).
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Es posible que muchos nieguen cuanto decimos, pero nos bastará recordar cómo hasta hace apenas unos decenios la élite de la música española estaba conformada por gentes muy diferentes a las de hoy. Figuras como Regino Sáinz de la Maza, Andrés Segovia, Narciso Yepes, Segundo Pastor, Moreno Torroba o Joaquín Rodrigo eran los que lideraban el arte temporal en nuestra nación. Mientras, en estos días el espectro musical tan solo se halla poblado por algunas folklóricas, junto a cantantes jóvenes y gentes que pertenecen al espectáculo (ajenas por completo al mundo del intelecto). Ello conlleva que estas "nuevas élites" carezcan de fuerza social para apoyar causas de renovación, e incluso para enfrentarse al poder -si la clase dirigente se confunde en sus decisiones-.
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Por lo demás, el poco interés que despiertan más allá de nuestras fronteras estos cantantes "modernos", hace que hoy en día casi nadie conozca siquiera un creador español vivo; guardando nuestra riquísima nación la apariencia de un país inculto, que rinde tan solo homenaje a artistas de "música ligera". Unos hechos que guardan una especial relevancia desde el punto de vista de la "justicia social"; ya que indican un perfecto desequilibrio, al dejar apartados de las élites a los verdaderos profesionales. Habida cuenta que se aplaude al que busca el triunfo rápido y fácil; mientras las personas que estudian durante años, preparándose concienzudamente -practicando diez horas al día-; son tachados de "aburridos" o de retrógrados, no recibiendo siquiera una pequeña remuneración, ni menos el trabajo que merecerían por su enorme esfuerzo artístico.
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El caso que narramos sobre la música en España es tan solo un ejemplo; pero un ejemplo que bastará para entender qué pasa en Occidente -más aún en nuestro país-. Puesto que si dejamos a las élites relegadas a un segundo plano, el pueblo caerá en picado y pasará a estar compuesto por una gran masa de "clase baja" . Ahora bien, hemos de plantearnos quienes son los que en verdad causan estas situaciónes a través de la que se modifican los estamentos. Hechos que relegaron a las "clases altas" (o los mejores profesionales) para situar en su lugar a gentes "más divertidas" o más atractivas.
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Pudiendo responderse que quizás a los dirigentes, en algún momento les conviene no estar controlados por una "clase alta" profesional (compuesta de profesores, funcionarios cualificados o profesionales de primer órden que pueden restarle gran parte de su poder). Pero en verdad, los que nos dirigen si se ven sin aquellos funcionarios y asesores, rapidamente observarán una falta de seguridad, sientiéndose frente a la "espada de Damokles". Siendo muy por el contrario -tristemente- la Clase Media, la que ha decidido por sí misma, libremente y en su mayor parte; que el mundo intelectual es un aburrimiento, que la Música Culta carece de importancia, o que la Historia, las humanidades y los textos clásicos, no sirven para nada... . Realizando su propia revolución del siglo XXI, en la que un deportista vale más que cien filósofos; y un bailarín, un cantante o un actor de cine, más que cualquier pensador.
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De ese modo y de esta forma tan simple, un médico, un ingeniero o un arquitecto -por muy destacados que fueren- ya no son élite y el Estado ha quedado en parte a la deriva (sin cabeza cierta y caminando hacia esa triste forma de "cocktelera" que habíamos dibujado -diseño que esperemos nunca alcance nuestra Sociedad-). Por todo lo que afirmamos que quienes debemos de ayudar a este estamento de altos profesionales (o de intelectuales), para que pronto logren recuperar el sitio que merecen, somos la Clase Media. Un estrato cuya "vida" y desarrollo depende directamente de esos que son altos funcionarios, empresarios relevantes, pensadores, investigadores y -en definitiva- los profesionales más cualificados. Gentes como los médicos, los jueces, los abogados del Estado, los economistas de gran éxito o los creadores de negocios; que si no se ven apoyados por un pueblo que les otorgue su confianza, les es imposible poder dirigirlo y asesorarlo.
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Por cuanto hemos de plantearnos seriamente si el primer paso para resolver "la crisis de Occidente" no es aquel de recuperar a los profesionales como Clase Alta. Situando a los más cualificados en el lugar que merecen -dejando así a los mejores funcionarios y técnicos que cumplan con sus obligaciones-. Llevando de este modo a buen fin el Estado, que ciertamente tiene sus recursos para regenerarse (siempre y cuando no ongamos en la cumbre social tan solo a cantantes, modelos y deportistas...).