jueves, 27 de septiembre de 2012

Capítulo adjunto al anterior



AL LADO:
Foto mía en Alemania hacia 1968, con unos siete años. En este país se exigía mucho a los niños, pero también me quedé asombrado de lo pacientes que eran y de lo que les toleraban. Por ejemplo, en vez de darme un cachete o increparme por meter las narices en las jarras de cerveza de la gente mayor, les producía risa cada vez que hacía el ademán de robarles un chupito y lo celebraban con fotos. Lo que más me llamó la atención era su forma tan distinta de paciencia, en la que observaban los motivos que los niños tenían para actuar de modo diferente, al ser de otro pais. Se partían de risa con lo golfillos que éramos los nenes españoles y celebraban de veras nuestro carácter. Fue entonces -con solo siete años- cuando me dí cuenta que el verdadero tesoro y la suerte de ser español consistía poder tener un sentido del humor muy diferente y más alegre, llevando la "cultura en la sangre" (como decía Lorca). Porque por esos años ya viajaba yo con mi guitarra, tocando hasta cosas "der Flamenquito" y siempre contando chistes (como hacen -o al menos hacían- los españoles desde su niñez).
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ABAJO:
En 1966, año que ingresé en el colegio, disfrazado de indio y con mi perrito, el Kabul. Me tuvieron que comprar este traje de apache por Navidades, para que volviera al cole pues tras unos días de asistencia decidí que ya había acabado mi periodo académico. Ello ocurrió porque mis padres me preguntaron antes de matricularme si quería ir a estudiar (junto a mis hermanos). Tenía entonces cuatro años y respondí que sí, consintiendo voluntariamente en ir al centro; pero al poco tiempo me quedé horrorizado de que hubiéramos de hacer lo mismo a diario. Tras unas semanas asistiendo, expuse claramente que ya no me apetecía ir al colegio durante un tiempo y lo razoné explicando que: Había ido al cine, al circo, al médico y hasta al parque; pero a ninguno de esos sitios había que volver diariamente y menos, ¡A esas horas!. Nada, no hubo forma de convencer a nadie y tuve que estar desde los cinco hasta los diecisiete años en el mismo sitio. Un colegio del que en la entrada anterior algunas cosas contábamos (que en estas hemos de ampliar, matizar o aclarar -para evitar equívocos-).


 
 
ANTES DE COMENZAR: .

Previamente a reiniciar el estudio sobre el idioma nippón, me veo obligado (por alusiones) a comentar algunas cosas, referentes y referidas a nuestra anterior entrada. En ella contaba cómo un profesor de mi colegio soltaba unos sopapos de cuidado, lo que parece haber trastocado algunos recuerdos. Y es que en verdad en aquel centro educativo que se distinguía por la anarquía y el libre albedrío del colegial, hubo quien intentó hasta poner órden entre los que campábamos a nuestras anchas -cachondeándonos a todas horas del magnífico profesorado que teníamos (unos benditos -dicho sea de paso-)-. Profesores, en su gran mayoría estaban maravillosamente preparados para educar y enseñar; pero que normalmente se veían incapaces de hacerlo, porque aquellos nenes que éramos nosotros pereferíamos la juerga y el antro, al ambiente de colegio.

En este estado de desesperación, el directorio había decidido autorizar a uno de los profesores de gimnasia (ex-luchador, para más datos) a intentar disciplinar un poco aquel caos. Pero les puedo asegurar que ello era como pretender organizar y educar a un rebaño de cabras neuróticas, iletradas y con almorranas. Pese a toda esta situación, los profesores permanecían pacientes y sumisos (creo que por desesperación), mientras el alumnado éramos impacientes, descarados y a cual más golfo. Por lo que no había bicho viviente que lograse allí un mediano equilibrio, para que aquello se pareciera a un centro escolar y no a los Sanfermines (al ser el ambiente festivalero, de calle y taurino, el que imperaba en las clases) . En este cachondeo pleno, como digo, autorizaron a un profesor a poner algo de orden; pero el pobre "menda" yo creo que no se aclaraba y soltaba unos "lechones" a diestro y siniestro, que te dejaban en éxtasis. Lo digo porque puedo dar fé de se perdía hasta la visión durante unos segundos, si el "soplamocos" te venía de lado; aunque si te lo daba de frente, te dejaba achatadito, achatadito... . Vamos, que durante el resto del día ya parecías Moncho Alpuente apoyando la cara en el cristal de una pecera.

Debió ser por ello que aquel era el jefe de disciplina del lugar donde menos disciplina he visto en mi vida (el colegio donde estuve desde los cinco hasta los diecisiete años y del cual omitimos el nombre...). Un profesor con aspecto de guarda-espaldas de casino y que tenía las manos como dos hogazas de pan -pero del que fabrican en cantimpalos para rellenarlo con cien chorizos-. Manos con unos dedos que parecían "pililas" de burro acachondado y con unos brazos de tal "pegada", que ya la hubiera querido para sí King Kong, el día que se puso tan bruto en Nueva York... . De ello y con este tipo suelto por el colegio, dada la anarquía reinante en el mencionado centro, no se sabía nunca al que le iba a tocar el bofetón. Pues era tal la desidia y el atraso de castigos o disciplinas a poner, que el jefe de aquello que no existía, tenía más descontrol que un mono con zapatos. Por lo que tan solo iba aplicando y suministrando justicia, cuando se le "pelaban los cables" (es decir, un par de veces al día); momento en el que normalmente y al "tun-tun" -nunca mejor dicho- soltaba el "lechón" de turno al primero que le pasaba por delante.

Así y por cálculo de probabilidades, debió ser por lo que a mí me tocó una vez. En la que tuve el honor de degustar sus "reveses". Bofetones que tras experimentarlos me hicieron comprender por qué en ese colegio nunca hubo niños con piojos: Pues de las tortas que el susodicho soltaba, estos parásitos del cuero cabelludo desaparecían; pero como antes se decía: " Salían despedidos a maricón el último" (tanto que aquellos bichitos antes de anidar en una cabeza, se cercioraban muy bien de que el parasitado no fuera a nuestro colegio). De todo ello y desde aquel recuerdo, escribi lo que en la entrada anterior había redactado; no con acritud pero si con una intención que quizás no ha quedado clara: La de mostrar que la anarquía, tanto como la autoridad sin control, no beneficia nunca a nadie y perjudica siempre al que verdaderamente vale.

 
AL LADO:
Algunas de las medallas obtenidas en el año 1973 y 1974; corresponden al primero y al Segundo puesto de Castilla (federación castellana que por entonces era prácticamente casi toda la zona centro). Hasta 1975 estuve entre los cuatro primeros de España en saltos, pese a lo que tras este año me comenzaron a suspender en gimnasia... . Al profesor que me tocó entonces en el colegio, no le caía yo muy bien y tal fue el esfuerzo para lograr que me pusiera un 6 en esa asignatura a final de curso, que hasta cogí manía al deporte y desde entonces dediqué todo mi tiempo libre a la guitarra (una suerte). Nunca más me subieron de un 6 la nota en gimnasia ya hasta que terminé mis estudios (por suerte no se atrevió más a suspenderme porque logré adaptarme). Aunque en mi opinión a una persona que entrena a diario y se encuentra entre los cuatro primeros de su país un deporte, ni se le puede obligar hacer ejercicios que perjudiquen su musculatura ni menos poner un 6 en gimnasia... . Al menos dejar que se ejercite como su preparador le recomienda (sin hacer forzar zonas que le perjudiquen), tanto como lo normal es darle un diez en el colegio, al menos para estimularle y no provocar que termine harto de esta asignatura.
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ABAJO:
Como siempre hay quien dice que si uno se inventa o se imagina, pues rebusqué en los cajones y al fin logré hallar mi libro de estudios. Evidentemente nunca fui una "lumbrera" (como puede observarse), pero el problema es que si tienes nueve asignaturas y te ponen un 5 o bien un 10 en una de ellas, la media total se modifica en unos 0,5 puntos. Es decir, que de habérseme puntuado de otro modo en gimnasia, en vez de un 6,5 (como figura en todo mi expediente) debía tener aproximadamente un 7 (notable) -lo que facilitaba la entrada en cualquier universidad-. Por suerte, quise ingresar en Derecho y era suficiente la nota que llevaba (máxime cuando en selectividad la mejoré), pero si hubiera tenido otra vocación quizás habría sufrido algunos problemas. Estas y otras cosas, han de de superarse con la ayuda del tiempo, porque para un chico de quince años lo más incomprensible es la injusticia... . 
  

 
 
Tal como decía, la anarquía es el peor de los sistemas (peor aún que la autocracia); ello porque solo termina beneficiando a los que son más fuertes y sobre todo los que más protestan
. Nunca velando por el débil, ni protegiendo al que realmente necesita ayuda. Ello era lo que tristemente se vivía en aquel colegio donde pasé tantos años, centro en el que nunca comprendí cómo se llegó a ese grado de falta de respeto hacia los profesores y de cachondeo generalizado. Situación que fue progresiva, porque cuando mis hermanos (que eran mayores) estudiaron él, su ambiente fue muy distinto; guardándose confianza y cariño entre los alumnos y quienes les preparaban. Pero a comienzos de los años setenta, la "cosa" comenzó a degenerar (ya que no tiene otra palabra) y allí los niños se subían a la chepa de los profesores, como el que se sube al tranvía.

En este ambiente, el director de disciplina estaba como una verdadera chota y no se aclaraba de a quién había que soltarle los guantazos. Creo firmemente que le pasaba como a la vaquilla que ponen en el ruedo para ser toreada por los mozos en las fiestas; todo el día pensando a quién darle y quíen lo merecía, para al final meterle el "soplamocos" al primero que se acercaba. Evidentemente soltaba muchas galletas, pero estoy seguro de que gracias a ellas hubo varios niños pseudo-delincuentes, que rectificaron (y que quizás por sus efectos hoy son dignos ciudadanos). Aunque tristemente y como digo, en la anarquía siempre el que pierde es el que vale; puesto que cuando se tienen cualidades o condiciones, se precisa de una Sociedad bien estructurada que las haga llegar a buen fin. No de un sistema arbitrario, en el que "al que le toca, le tocó". Pués de otro modo: Qué hubiera sido Einstein en una Sociedad basada en la recogida de cocos; sinó la historia de un fracasado idiota, que se caía a diario de las palmeras (por estar todo de contínuo despistado y pensando en bobadas numéricas...).

Así veo yo como este director de disciplina del colegio, que tenía unas manos como sartenes y daba unas "tortas" que te nublaban la vista; andaba intentando imponer algo de autoridad, donde ya no se podía. Y en esa desesperación cometía mil tropelías: Dar bofetadas al que no las merecía, suspender al buen alumno o incluso dejar libres de culpa y pecado a los más golfos -por lo que se reía con sus gamberradas-. De todo lo que al final salían más beneficiados los más sinvergüenzas, mientras los pobrecillos, o los que de vez en cuando metíamos "la pata", recibíamos las bofetadas que de seguro correspondían a otros (y que tanto se merecían).
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Referido a todo cuanto escribo, recuerdo una magnífica película que se llamaba "El director de Orquesta". Su argumento consistía en que los músicos de una orquesta que debía ensayar para un concierto, se negaban a ser dirigidos. Por lo que se sublevaban ante la autoridad del que pretendía organizar el ensayo; decidiendo cada uno tocar como le venía en gana, cuando y como quería. El director les explicaba que tenía como misión prepararles y llevar a buen fin la partitura, e intentaba convencerles repetidamente de que había que someterse a unas normas. La mayoría de ellos se negaban a obedecer y en la disputa iba creciendo el malestar, tomando en un momento dado el director de orquesta una postura un tanto tiránica y despótica. En este estado y situación de malestar, casi todos los integrantes de la orquesta enfadados con él, comenzaban a hacer sonar sus instrumentos con la todas las fuerzas y en absoluta anarquía (como acto de protesta); promoviendo un terrible estruendo.
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En un instante en que los músicos llegaban a crear ruido inimaginable, el péndulo del reloj de la torre del edificio donde estaban ensayando (una iglesia, o un ayuntamiento) entraba en resonancia armónica con las vibraciones, moviéndose y chocando contra una de las paredes. Haciendo caer un pequeño un muro que se venía encima de una pobre señora componente de la orquesta. Persona situada a un extremo -entre los músicos- y que por su poca relevancia en el argumento practicamente ni había participado de la escena (hasta este momento) -ya que siquiera protestaba-. El director corría hacia ella, para rescatarla de los cascotes y el resto de los músicos -espantados de lo ocurrido-, cesaban de hacer ruido con sus instrumentos al ver que la mujer habia sido aplastada por la pared. Era esta la última escena. Aquello fue una película, pero su argumento y su trama nunca he entendido porqué se repone y se repite, tantas y tantas veces en todo el área del Mediterráneo.
 
 

martes, 21 de agosto de 2012

ESPÍRITU OLÍMPICO, O ÍMPETU HISPÁNICO


Dedicado a Francisco Javier López Garrido (alias "papi"). Amigo de la infancia y apasionado por el deporte; con mi cariño y admiración hacia quien puede entender y disfrutar de lo que para mí es un enigma: El fútbol.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS:
Dos fotografías mias tomadas sobre 1974-5, entrenando en cama elástica (modalidad de saltos en la que estuve entre los cuatro primeros de España, durante los años setenta). Por aquel entonces este deporte era "muy novedoso" y desconocido, debido a lo que comunmente me decían que saltaba en "la colchoneta". Cuando les explicaba que se llamaba "cama elástica" y no "colchoneta", rápidamente lo aprendían, tanto que muchas personas mayores me decían: -"Oye Angel, qué bien saltas en la cámara eléctrica"-.... No volvía a intentar corregirles... quedaba mejor lo de la "colchoneta". Después he visto que en Japón sucede lo mismo. Puesto que allí al golf (que en nuestro país durante mucho tiempo se le denominó "el gol") se le dice "gorfu"; tanto como aquí a Shakespeare se le llama "Chespir". El presente artículo -"recuerdo o añoranza"- va dedicado a uno de los amigos más divertidos (y deportistas) que de niño teníamos en clase: Papi López Garrido. Miembro de la "Peña El Chespir", a la que pertenecíamos todos los políglotas de nuestro colegio (en el que pasé trece años).


Hace apenas una semana acabaron los juegos olímpicos de Londres. En estos días comienza la Liga de fútbol  -antes football, antes "balompié" (me remito a un diccionario de no hace tanto...)-. En este tiempo de "adviento" deportivo yo me pregunto acerca de los gustos por los juegos de equipo. Y es que, a quienes nos entusiasmaba -o practicábamos- otra modalidad ajena y muy diferente al fútbol, apenas nos interesó este que llaman deporte rey... . Posiblemente porque nos resultaba harto difícil comprender qué estética puede tener dar patadas a un balón hasta hacerlo llegar a una red. Pues en el deporte, la estética es fundamental (o, al menos, habría de serlo); tanto que sufre y adolece de problemas similares a los del arte. Quizas de ello derive el hecho cierto por el cual, cuanto más se interesa a uno por la música, menos pueda soportar los llamados "conciertos multitudinarios". Fundamentalmente... ¡Porque no es lo mismo el deporte y el arte, que ir a un estadio a dar saltos y a pegar gritos!.
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Aunque al parecer lo segundo tiene unas propiedades terapéuticas colectivas muy buenas. Al menos y al parecer, los gritos e insultos que se profieren en el campo de fútbol, dicen que serán los que no se dan luego en casa ni en el trabajo. Por lo demás, consideran que aquello de ir a un concierto de rock, te deja tan molido que ya se te quitan hasta las ganas de pensar... . Sea como fuere, algunos son apasionados de ir a gritar al estadio, tanto que no pueden pasar ni un fin de semana sin hacerlo.

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Sobre ellos y ello, hace unos días contaba a unos amigos un sucedido ocurrido en Oviedo (no hace tanto). Algo que comenzó cuando un lunes nos avisaron de que un conocido de la familia había sufrido un terrible infarto y estaba gravísimo en la UVI. Tras recibir la noticia, mi padre quedó afligido y preocupado ya que le comentaron que "el asunto" tenía muy mala pinta, al ver los médicos que el ingresado no podía mover su brazo izquierdo -que aparecía con un color grisáceo y en pleno hematoma-. Preocupado y pensativo estaba esa mañana mi progenitor, comentándonos (con algo de broma, para quitarle hierro a la situación) si el motivo de aquel ataque al corazón, no habría sido que el día anterior perdiera el Real Oviedo (por un penalty, injustamente pitado). Porque aquel amigo suyo de la infancia que se encontraba con tal insuficiencia cardiaca, era un forofo del Oviedo; y es que en verdad, en el Carlos Tartiere, la noche antes se habían vivido momentos de infarto... A las pocas horas supimos que esa era realmente la razón de su ingreso en el hospital. No solo eso, sinó que el "caso médico" quedó felizmente solucionado ya que pudo determinarse lo sucedico durante el día anterior -en el que efectivamente había estado en el estadio sufriendo y viendo como su equipo perdía por culpa de un terrible árbitro-. Hecho este que (tal como comentó a los médicos) le obligó a tomarse "unos cubatas" y a estar casi una hora alteradísimo.
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Tras aquello, y al regresegar a su casa (con una castaña de mil demonios) se quedó dormido en el sofá; vestido, cargado de pena y tristeza; sin querer hablar con nadie. Horas después amaneció con un terrible dolor en el costado izquierdo, que le subía por todo el brazo. Al remangarse, vió que tenía el antebrazo más negro que el futuro de su equipo -que ya era decir...-. Entonces comprendió el origen de aquello que parecía claramente un infarto, producido -de seguro- por un terrible e injustificable penalty. Recordaba como tras aquello tuvo que tomarse varios cubatitas y después de casi una hora de griterío, llegó al hogar abatido y roto (tanto como para que quedar en insuficiencia cardiaca). Al despertarse, viendo su costado izquierdo dolorido y ennegrecido, pensó que iba a morir por culpa de aquel árbito. Viéndose así, llamó rapidamente a su mujer; quien creyendo que el infarto provenía del disgusto en el Carlos Tartiere, lo llevó a toda prisa a la clínica. Allí, le ingresaron y le encontraron finalmente el diagnóstico al preguntarle:
-"¿Es usted zurdo?"- a lo que él asintió.

Tras lo que el sabio médico le volvió a cuestionar: -"¿Y... Qué hizo ayer con el brazo, porque me han dicho que pasó la tarde en fútbol?"-.
En ese momento y con gran vergüenza recordó que había estado realizando cortes de manga durante más de una hora, con todas sus fuerzas, mientras insultaba al árbitro... . Efectivamente y por suerte, aquellos terribles hematomas de su brazo y del costado no procedían de una insuficiencia cardiaca (eran el fruto de una noche de pasión en el estadio, insultando desde las gradas...). Y es que, por qué no decirlo: Uno de los deportes preferidos por los españoles es este, "el corte de mangas", estilo libre y desde la grada.


AL LADO:
Fotografía mia a los doce (o trece) años de edad, tomada de uno de los primeros carnets de asociado-ferederado, cuando ingresé en el Canoe Natación Club. Allí estuve al menos tres años entrenando cinco veces por semana, en el equipo de saltos que lideraba y preparaba Jose Luis Hidalgo y al que pertenecían las futuras promesas olímpicas. Años más tarde -hacia los dieciseis- tuve que dejar el deporte porque me era imposible compaginarlo con los estudios. Ya que exigía al menos tres o cuatro horas diarias de entrenamiento y por aquel entonces, un campeonato (aunque fuera de España) no era excusa para aplazar exámenes.
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ABAJO: La ciudad de Giengen (am Brenz), donde me enviaban algunos veranos. Dista apenas una hora de Munich y tuve la suerte enorme de que en ese año de 1972 me tocó irme a Baviera a con la familia Schmidt. Por aquel entonces, los alemanes ya habían inventado la tele a color y no paré de ver los juegos olímpicos en ella. Durante mi estancia allí, en una ocasión me llevaron a los estadios de la ciudad para presenciar la olimpiadas; algo que fue un sueño para mí. Tanto, que ese día decidí hacerme olímpico y llegar a competir entre ellos. Hoy -cuarenta años después- me planteo y reflexiono sobre cuánto bien pudo hacerme aquella idea y decisión tomada en Munich 72.




El siglo XX resucitó por completo una de las costumbres griegas más bellas: Las Olimpiadas. Dicen que cuando los helenos celebraban sus Juegos paraba toda actividad bélica, dirimiendo sus causas en los estadios. Pese a ello, el Mundo de hoy no ha llegado aún a este "refinamiento"; tanto que con Olimpiadas o sin ellas, la gente sigue tristemente en sus guerras. Por su parte, otra de las carácterísticas de los juegos griegos era que los deportistas competían sin ropas, algo que hubiera tenido gracia de no ser porque estaba prohibida la entrada y la participación de mujeres. Por lo demás, si se iniciara hoy en día una Olimpiada a "la griega", quizás habría que cambiar modalidades. Por ejemplo, la del fútbol, que como todos sabemos consiste en "veintidós hombres en calzoncillos corriendo detrás de una pelota"; cambiándola por otra que como bien sabemos es: "Veintidós hombres en pelota corriendo tras un calzoncillo" -donde el gol consistiría en ponérselo (arrebatándolo a los contrarios)-. Igualmente en piscina se podría instituir la modalidad de "nadar y guardar la ropa", mientras en saltos no sé si "el tema" iba a ser peor entre los hombres o para las mujeres...

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Referido a ello, una de las cosas que más díficil se me hacía enteder de los griegos es que hicieran el deporte desnudos, tanto que en idioma heleno "gymnos" -(), origen de nuestra palabra "gimnasia"- se traduce por: "sin ropa", "sin vestir". Término que es paralelamente distinto a sus voces derivadas, "Gimnetas" o "Gimnopedia", que se refieren a los soldados, a los ejercicios militares y a la soldaresca (algo que debe explicarse quizás porque los griegos, desnudos, estuvieran "muy bien armados"...). Sea como fuere, los juegos deportivos sagrados que comienzan en la ciudad de Olimpia antes del siglo IX a.C  -hasta llegar a crear los eventos olímpicos, con registro de vencedores desde el 776 a.C.-, es un hito heleno. Tanto como lo fue su filosofía o su arte; quizás un hito inspirado en otras celebraciones similares, anteriores y comunes a diferentes civilizaciones predecesoras; pero que los griegos supieron conservar, escribir y cultivar.

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Aunque lo mejor del deporte que los griegos consideraban imprescindible en la educación del jòven, es su "espíritu". Puesto que del "espíritu olímpico" es algo de lo que todos debemos aprender. Ya que aquel significa el intento de superación, sublimado y tan solo centrado en la idea de competir y ganar. ¿Ganar el qué?... -puede uno plantearse-. Pues ganar, simplemente ganar y competir; sin más ánimo de lucro, ni beneficio que este: Prepararse, superarse, disciplinarse y llegar a ser uno de los mejores en lo que se hace. Tristemente, el deporte hoy en día ha cambiado mucho esta "cara amateur" y de simple competición, por la de profesionalidad. No digo con ello que no sea bueno que haya quienes vivan del deporte y hasta se hagan ricos con su trabajo. Pese a todo, la belleza está en realizarlo por simple placer; pues el deporte es como todo y no es lo mismo hacerlo por vocación a practicarlo por dinero -o como una obligación laboral-.

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Por todo ello, la gran lección del deporte es la de la disciplina y la superación. Siendo su segunda gran enseñanza aprender a ganar y sobre todo, saber perder (lo que debe uno dominar en la vida). Finalmente, gracias al deporte se comprende que no todos somos iguales y se obtiene la humildad suficiente para conocer que hay gente que nace superdotada. Pero en él también se aprende que una persona con menos dotes termina por ganar, si trabaja más que aquel otro nacido con mayores posibilidades. Pudiéndose superar al que la Naturaleza tanto regaló, gracias a la disciplina, a la perseverancia y a la constancia -aunque (evidentemente) si aquel otro trabaja tantas o más horas que nosotros, siempre nos ganará-. Dicho esto, se comprenderá por qué para mí una de las cosas más importantes fué el deporte; que me enseñó a ganar y a perder; a tener perseverancia y a continuar (siempre, intentando dar tanto como podía). Para mayor aportación, mi deporte contenía "algo de riesgo" y bastante de estética (ya que los saltadores tenemos que hacer ballet en el aire); lo que completó la autodisciplina y el autodominio que aquella modalidad de piscina y de cama elástica me fue imponiendo. Todo lo que luego traduje a la guitarra y a cuanto fui haciendo en la vida.

AL LADO:
El día en que me llevaron los Sres. Schmitdt a Munich en 1972 y fuimos a ver las olimpiadas, tras visitar el Zoo (tristemente, no conservo fotos junto al estadio). Aquel fue el momento en que decidí definitivamente ser olímpico. Poco después ingresé en el Canoe Natación Club (gracias a Fernando Bacher), donde Jose Luis Hidalgo me estuvo entrenando. A los dieciseis años, dejé el deporte y lo cambié por la guitarra, instrumento con el que había comenzado a los cuatro -o cinco- y que me permitía tenerla en el cuarto para tocar e interpretar, mientras estudiaba (el deporte era imposible compaginarlo con los exámenes -al menos por aquel entonces-)
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ABAJO: Foto mía hacia 1974, saltando con unos trece años. Lo que se ve en el lado inferior (a la izquierda) y que parece una oveja; era mi perrito, al que le encantaba verme dando saltos. Tanto, que en cuanto me descuidaba se metía en la cama elástica, provocando tremendas caidas y choques.




En Alemania, además de unas maravillosas olimpiadas, tuvimos que vivir un episodio terrible, que prefiero no anotar ni relatar mucho -cuando vimos el asalto a la piscina y el secuestro de los pobres deportistas de Israel ( a los que desde aquí enviamos nuestra memoria)-. Pese a ello, toda mi ilusión no se apagó y seguí queriendo ser olímpico algún día; deseo con el que regresé a España. Durante ese año vi varias entrevistas de televisión en las que hablaban algunos de los muy meritorios medallistas  de nuestro país (que por aquel entonces solían ser uno o dos, por cada olimpiada). Aunque con estupor pude escuchar la de uno de ellos, que había ganado una medalla en la modalidad de "marcha" (en esos juegos o en un mundial). No recuerdo su nombre -aunque si me acordase, tampoco lo diría-, porque sí tengo en la memoria cómo aquel hombre, tras explicar la dificultad que precisaba ese deporte que consistía en andar sin llegar a correr; dijo que necesitaba al menos tres o cuatro horas diarias de entrenamiento (a más de subvenciones).

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Después, el locutor, explicándole que estaba ante las cámaras y podía dirigirse a la Nación, le "invitó" a que como medallista les dijera algo. Expresando en su mensaje o petición lo qué deseaba o necesitaba para su deporte (dinero, ayudas etc). El campeón solo contestó, que rogaba que se extendiera el conocimiento de lo que era la "marcha"; ya que entrenaba a diario desde las seis hasta las nueve de la mañana (antes de entrar a trabajar). Pero que como apenas nadie conocía que aquello de andar y no correr era un deporte, mientras practicaba por los arcenes de las carreteras, los que pasaban a estas horas intempestivas en vehículos y a su lado, le decían las mayores burradas (entre las que se distinguía: "Chato, deja de menear así las caderas, que me estas poniendo a miiiilllllllllll..."). Rogando a toda España, que por favor a los de "marcha" no les soltaran este tipo de "piropos" durante las madrugadas cuando iban entrenando -desde los camiónes o los coches-. Que solo hacían un deporte, y nada "raro"... . Entonces, mirando aquella entevista comprendí que por aquí no había mucho espíritu deportivo y quizás iba a ser difícil llegar a unas olimpiadas... .
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Pero volviendo a la historia que narrába y como decíamos, regresé de Munich en verano de 1972, con los once años allí cumplidos y el deseo de ir a Moscú 80 (pués para Montreal 76, iba a ser demasiado jóven y muy pronto). Para ello, me puse en manos de uno de los profesores de gimnasia que era un genio de la enseñanza y una buenísima persona, llamado Fernando Bacher Buendia. Un hombre tan bueno, como cariñoso al que todos los niños le decían en plan de chufla: -"¿Fenando, Ba a acher Buen dia"-; y solo contestaba con una sonrisa, o comentando "Yo no soy Mariano Medina" (quien por entonces era el "hombre del tiempo"). Aquel me preparó durante unos meses y me presentó al campeonato de Castilla en 1973, donde con sopresa vimos que estaba yo entre los dos primeros (por entonces Castilla, comprendía desde Andalucía hasta Cantabria -incluida-, tanto como Madrid y La Rioja).

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Posteriormente y viendo que estaba entre los cuatro primeros de España (durante 1973 y 1974), sabiendo que yo quería ir a unos Juegos, me pasó al Canoe donde preparaban al equipo olímpico, dejándome en las manos de su amigo Jose Luis Hidalgo. Ya que el problema de la cama elástica residía en que por entonces era tan novedosa que no se contemplaba como modalidad olímpica. Debido a ello, había de pasarse al trampolín-piscina si alguien deseaba ir a los Juegos, o competir a escala internacional federada y bien organizada. La disciplina en piscina era mucho más dura, máxime cuando yo era "camaelastiquero" y el salto de trampolín se hacía a veces peligroso. Ya que la técnica es tan diferente que -en ocasiones- tras dar el salto, volvía a caer sobre la tabla (habida cuenta que la perfección en cama elástica es no desplazarse del lugar en que se está, y menos hacia delante). Sea como fuere, los años 1975 y 1976 fueron felices, estando el primero de Castilla también en trampolín y no pudiendo ir a los campeonatos de España por celebrarse en Junio (época de exámenes).



AL LADO:
Celebrando mi decimoprimer cumpleaños en verano de 1972 con mis amigos en Giengen. En estos días comenzaban las Olimpiadas de Munich, que fueron (tras las de Mexico 68) las más mediáticas de la Historia. No solo por la buena organización, sino también al incorporarse en ellas nuevos sistemas de medición y cronógrafos, que permitieron revolucionar el sistema de records. A ello se unía la recién inventada en Alemania, televisión a color.

ABAJO:
La educación alemana por aquel entonces era muy completa y compleja, exigiendo a los niños jugar con la música, con el deporte y con el ajedrez. Celebrando enormemente cada vez que un menor ganaba una partida a alguien de más edad. Por suerte para mi adaptación, en esos días yo ya tocaba la guitarra y mi padre (gran aficionado al ajedrez) me había aleccionado durante horas y dias sobre este juego -que en principio, tiene mucho de técnica y gran parte de empática-. Hoy en día, la incorporación de la música clásica y el ajedrez en la educación del niño, está casi olvidada (pero hace tan solo cuarenta años era muy normal).




Todo cuanto relato, me hizo tener "algo de suceso" entre mis compañeros de colegio; lo que destacaba más al existir una cama elástica allí y donde a veces me dejaban entrenar a solas o en los "recreos" (sobre todo en época de campeonatos). De tal manera, cuando estaba preparándome para unos de España y el día antes del campeonato se me ocurrió llevar el equipo de gimnasia al colegio (que entonces era camiseta y pantalón láster blanco). Como de "esa guisa" debíamos concursar, era menester entrenar así vestidos y no tuve mejor idea que ponérmelo y comenzar a practicar durante un "recreo", delante de todos mis compañeros.  Por lo que tal como aparezco en las fotos de abajo, salí a realizar ejercicios en la cama elástica. Tras ello, con algo de horror vi como en las ventanas de aquel gimnasio se asomaban algunos de los más gamberros del centro. Quienes al verme de esa manera vestido y subir a la lona para ponerme a saltar, comenzaron a decir procacidades y yo a escuchar las mayores burradas imaginables... . Me hice el sordo, pero era inevitable oirlas. Destacando sobre todas las que me soltaba uno de los más golfos -compañero, que luego se metió a cura y ahora es fabricante de muñecos para niños-. A quien se le oía afirmar a todas las niñas, que yo me encontarba en situación de "plena indecencia". Aquello era pura mentira y lo único que sucedía fue que el pantalón de deportes era láster y blanco, por lo que se "marcaba" mucho. Debido a lo que "aquel paquete" provocado por el uniforme deportivo, fue el motivo de juergas y bromas del mencionado gamberro (después sacerdote...); que desde las ventanas del gimnasio me soltaba las mayores procacidades, ante los risoteos de las compañeras de mi colegio.

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Yo no sabía dónde meterme, ni cómo demostrar que aquella acusación de estar en situación de "indecencia" era completamente falsa. Qué hacer en estos momentos de la vida, creo que es uno de los misterios de ella. Tanto que me preguntaba  -con catorce años y ante las miradas de todos y todas-, cómo podría salir dignamente de aquel problema. Saltaba y saltaba, dando piruetas y más vueltas; solo pensando en no ser visto, ni menos observado en "aquella parte". Zona que ese "golfo" afirmaba que estaba en postura desmesurada e indigna... . De todo aquello, recuerdo la tremenda vergüenza que pasé, sin poder demostrar que la "acusación" era falsa -¿y, cómo hacerlo?- ya que solo era producto del diseño del pantalón... . Puedo asegurar que si te dicen algo tan horrible a los trece años y frente a tus compañeras de estudio, uno prefiere desaparecer antes de enfrentarse a la realidad. Sin saber ya ni qué hacer, no dejaba de caer en plancha sobre la cama elástica, para hacer ver que era imposible que aquello "estuviera duro", a menos que me arriesgara a "rompérmelo" contra la lona. Pero nada, aquel golfo seguía con sus procacidades y las niñas riéndose y afirmando ver lo que no existía. Así, llegó un momento en el que me hice el lesionado y salí como pude desde esta terrible situación, simulando una caida... . Apenado (voz que no viene precisamente de pene) y pensando, que allí y entre aquellos que me observaban, no había mucho "espíritu olímpico".


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS:
Dos fotos mías saltando hacia 1974-75 con el uniforme "oficial" de gimnasia. Consistía en la normal camiseta y pantalón láster (de tirantes), junto a zapatillas blancas. Una vez, en la jornada previa a un campeonato de España se me ocurrió llevarlo al colegio y entrenar así vestido; aquello fue terrible. Las procacidades que un golfillo comenzó a soltarme desde las ventanas del gimnasio, me hicieron pasar uno de los momentos de mayor vergüenza en mi juventud. Aquel compañero de colegio que profería esas gamberradas, terminó pocos años después metiéndose a sacerdote (no me extraña... era un "pecador de la predera").




Pero no acabaron allí las desgracias en el colegio a cuenta de la cama elástica. Ello porque ya a los quince y dieciseis años se pasaba a ser alumno de otro profesor, que no era ya el preparador de gimnasia que "me tenía en palmitas" (Fernando Bacher), sino precisamente su "oponente". De tal manera, cuando comencé el siguiente curso vi como aquel nuevo profesor de deportes advertía de que en el nuevo sistema, la cosa iba a ser dura y no se tolerarían bobadas. Por lo demás, ese hombre era el jefe de disciplina colegial y al que todos los niños tenían más que miedo, horror. No tardó en llegarme el turno de probar su dureza, debido a que en el primer mes (o evaluación) ya me había suspendido... . ¿Suspendido en gimnasia, yo?... Me preguntaba sin dejar de lamentarme y sin nada entender. Llevé las notas a mi padre, quien ante el asombro de ver un 4 en deportes, me dijo que le enseñara mi última medalla al profesor, pues él tampoco lo comprendía. Así lo hice y aquel al que llamaremos "" (por no desear mencionar su nombre y perjudicar su recuerdo) teniendo mi medalla de campeón de Castilla en la mano, afirmó que yo hacía muy bien mi deporte pero muy mal la gimnasia. Así que con ese recado me mandó para mi casa, donde se "meshaban" los cabellos ante una situación tan incomprensible.

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Pocos días después, aquel "" me vio en un pasillo y me dijo: -"Oye, tú; ven para aquí"-. Tras ello y profiriendo la frase -"Pereda eres un imbécil"-, me soltó un bofetón que me dejó con las orejas dando palmas por bulerías. Yo con la mitad de la cara completamente dolorida, le respondí dicendo que no era "Pereda" y antes que me diera tiempo a explicar el error y a pronunciar mi nombre, ya me había soltado otro sopapo en el lado contrario, mientras replicaba -"Y este segundo por listo"-. En ello y mientras me intentaba recuperar del estado de "K.O.", le expliqué que yo era Gómez-Morán y no Pereda, a lo que replicó que le perdonase y que fuera a buscar al tal Pereda para quitarme a mí los bofetones y ponérselos al que los merecía... .

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La cosa es que solo se me ocurrió ir a mi amigo y advertirle que le buscaba "la autoridad" para soltarle un par de tortas, y que si deseaba presentarse ante "ella", quizás se las indultaran porque yo me las había llevado puestas. Claro que al tal Pereda, solo de verme como traía la cara -con los dedos del profesor de deportes marcada-, le entraban sarpullidos y tembleques. Por lo demás, el "buscado" no entendía la razón de aquella cuenta pendiente con el "departamento" disciplinar del colegio, asegurando que no había hecho nada (pero nada de nada). Así que el tiempo pasó y al tal Pereda no le dieron torta alguna a cuenta, ni parecía que tenía "algo pendiente" como para que le castigaran. Todo lo que me hizo pensar que en verdad el profesor "" no debió confundirme con Pereda (al que muy poco me parecía) sinó que en verdad deseaba darme un par de tortas y lo hizo de esa manera. Bofetón que posiblemente se debió a mi reclamación por el suspenso y a la medallita que le había llevado unos días antes (todo lo que le había sentado a "cuerno quemado"). Entonces me di cuenta que por aquel entonces, había muy poco "espíritu olímpico". Meses después, harto de la disciplina de gimnasia y de porblemas con los exámenes, dejaría al deporte para dedicar mis horas libres a la guitarra (decisión de la que nunca me arrepiento).
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Pese a este triste final de mi vida deportiva, siempre he creido que una de las mejores cosas que hice en mi juventud fue dedicarme a entrenar y a competir. Algo que te da un espíritu deportivo, gracias al cual siempre admiras e intentas imitar al que es superior en condiciones a ti. Un hecho que la educación física hace manifiesto y por el cual aprendes que aunque haya personas con unas mayores dotes, si se trabaja, se puede lograr lo mismo -o más- que aquellos. Todo lo que confirma y conforma el espíritu olímpico, del que mucho se ha perdido al introducir el mundo profesional dentro de los Juegos. Unas Olimpiadas que deberían ser para conceder protagonismo a los deportistas a quienes muy pocos hacen caso, ni apenas salen en los medios de comunicación cada cuatrenio. A los que por lo menos, una vez cada cuatro años se les debería dar la oportunidad de obtener un reconocimiento social (sin que otros deportistas del circuito profesional les hagan tanta "sombra").

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Por lo demás, las inaguraciones y clausuras de estos Juegos han pasado a ser de ambiente discotequero. Tanto, que en los últimos vimos a Paul MacCartney tocando un piano, mientras Daniel Barenboim -genio entre los genios de la música- tocaba (o portaba) la bandera olímpica... . Por ello y ante todas estas escenas yo me pregunto si algo quedará del verdadero espíritu olímpico, o todo será ya de "ímpetu hispánico". Aunque aun nos queda esperanza, pues la paraolimpiada que en estos dias comienza es -seguramente-  el evento que mas conserva esa "espiritualidad antigua".




AL LADO:
En mis comienzos de salto. Hacia 1972, con unos doce años cuando me preparaba para competir y conseguí en unos meses estar entre los primeros de España.
ABAJO: Una de mis últimas fotos como saltador. En 1976, ya poco antes de cumplir los dieciseis años y de dejar de entrenar con Jose Luis Hidalgo en el Canoe.












miércoles, 25 de abril de 2012

RECUERDOS DE "EL CAFÉ GIJÓN"

Al LADO: Imagen del Periodista y escritor Mauro Muñiz en la presentación de uno de sus muchos libros que fueron galardonados con prestigiados premios. Nacido en Gijón y muy vinculado al Instituto Jovellanos, colabordor de ABC donde se hizo famoso por su columna "Señor Presidente", fue uno de esos casos extraños que produce Asturias de hombre con criterio y con crítica individualizada y aislada. Tanto que mientras vivía Franco era un conocido militante de Izquierdas (lo que le valió expedientes, despidos y mil problemas) pero tras la muerte del dictador, poco a poco se fue escorando hacia la Derecha, terminando casi en el lado opuesto al que comenzó... . Ejemplo clásico del "iberismo numantino", siempre en la individualidad y en la rebeldía, tuvo enorme celo por defender su ideología de justicia. Tanto que narraba como llegó a dirigir un periódico en 1969 que tan solo salió a la luz en una ocasión (ya que tras su primer número fue suspendido y prohibido en un día... ¡Toda una proeza!). En la presente entrada rendimos un pequeño homenaje a este simpático gijonés ya desaparecido, asiduo de las tertulias madrileñas de los sesenta y setenta, e isustituible en las reuniones de El Café Gijón.

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BAJO ESTAS LINEAS: La casa de mis padres recién construida en 1968. ¡Era entonces toda una modernidad, pero los vecinos la llamaban "El Bunker"!. Como estaba a las afueras de Madrid ello impedía ya a mi progenitor frecuentar tanto el Gijón; pues antes de veniros a vivir a ella, fácil era pasar una tarde o una mañana a tomarse un cafelito por el Paseo de Recoletos. Pero al mudarnos a Pozuelo, el café quedaba "un poco lejos", lo que motivó que decidieran trasladar algunas de sus tertulias al jardín de casa. Ello pronto se convirtió en un contubernio, donde las reuniones a veces se prolongaban hasta altas horas de la madrugada -y en ocasiones durante días, puesto que había un cuarto preparado para todo aquel que por la "castaña" u "otros motivos intransferibles", no pudiera regresar hasta su casa-. Uno de los lugares preferidos para reunirse al principio con los pintores, poetas y amigos del Gijón, era un patio sito tras el estanque que vemos en la foto, pues el ruido del agua cayendo por las bancadas impedía a vecinos y ajenos escuchar "el contubernio". Mas parte pasaron a la parte principal, donde yo solía acompañar a los poetas con mi guitarra, interpretándoles comunmente de fondo en sus recitativos la música que más me gusta: Recuerdos de la Alhambra (para todo aquel que desee escucharla, recomendamos esta magistral versión de Johannes Moller, http://www.youtube.com/watch?v=dUZQhW10K8w donde podrá entender las buenas tardes que pasábamos con los de El Gijon, compartiendo amistad y arte).

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Nos llega la noticia de que el Café Gijón está pasando algún "apurillo" y que de ello depende quizás su pervivencia.
Claro está que la crisis nos afecta a todos, pero muy triste sería que Madrid se quedara sin uno de los lugares con más encanto intelectual y con mayor solera cultural. De ello, nos atrevemos a hacer una propuesta, que como tal ha de ser seguro imbécil. Puesto que ya los griegos decían que lo más fácil es dar consejo; a lo que ha de añadirse que el aconsejar no solo carece de dificultad alguna, sinó que además es gratis. Por lo que no costando nada y siendo tan sencillo, habría de considerarse idiota a todo el que se atreve a opinar en caso ajeno. Aunque lo peor que tiene el asunto es que además, el aconsejado ha de quedar agradecido -pese a que comunmente como se queda es boquiabierto, al escuchar o leer tanta insensatez-. Pero como tantos años llevo de consejero en una empresa japonesa, ya debe ser esta una profesión adquirida y de ello me atrevo a dar consejo.
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El mio sería convertir al Gijón en un club, con unas cuotas reguladas en diferentes tipos (conforme lo que cada pagador desee recibir); por medio de las que sus "miembros" pudieran tener algunos privilegios en el café. Y no entrercomillo "miembros" por un motivo raro ni sensual, sinó porque realmente cuando hablo de club, no me refiero a un lugar con instalaciones cerradas, ni a cambiar el Gijón o a limitarlo. Sino simplemente a utilizar sus salones, o comedores para crear "ambientes culturales". Es decir, poder presentar libros, dar conciertos, recitales e incluso conferencias en ellos; en actos bien organizados y al modo antiguo. Refiriéndome al "modo antiguo" a una forma clásica de estos eventos: El llamado Salón francés. Donde se organizaban recitales en reuniones, mientras los asistentes podían estar tomando sus cafelitos, sus tapas o su copitas y participaban charlando con el músico. Fiestas donde escuchaban conferencias, recitativos de poemas o presentaciones y lecturas de libros, organizadas del mismo modo. Algo que se podría hacer en el Gijón creando un club con esta finalidad, que permitiera continuar la actividad del café pero a la vez diferenciar a un un público respetuoso y relajado, que quisiera asistir a estos eventos. Sin ruidos, pero también pudiendo disfrutar de la música o de la poesía y la literatura, degustando un vasito de vino, un te o un cafelito (con tostadas o tapitas). Y es que así el arte es muy distinto, y los artistas, conferenciantes y poetas, podrían quizás volver a tomar contacto con el público. Pues no es lo mismo sentarse en una sala a escuchar lo que nos dicen o lo "que nos tocan" (menuda expresión), que ir a un salón donde poder charlar relajadamente con un escritor, un músico o un poeta.
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Pero volvamos a las tertulias del Gijón y a alguna de las tardes que se trasladaban hasta casa de mis padres sus componentes. De ello recuerdo una muy en especial que se celebró en una noche de verano, cuando en Madrid tiene ese problema de que a veces "refresca". Debió de ser en 1984, cuando tenía yo veintidós años y al poco tiempo de haber terminado la mili -tras quince meses en Sevilla en los que no paré de leer sobre Tartessos y de tocar la guitarra (dentro y fuera del cuartel)-. Era uno de esos atardeceres de Julio, en los que tras regar, todo huele a flores y a hierba; cuando al caer la noche se hace verdaderamente incomparable el "tacto" del aire en nuestra tierra. Sobre ello, en Japón muchas veces les digo y les cuento a quienes vienen a escucharme tocar: -"En España la guitarra suena diferente, porque el aire es más denso y el viento más fino; por eso el cielo es tan azúl y tan rosa y por ello mi país es una nación de pintores. De pintores y de guitarristas, porque allí la guitarra se puede tocar más suave"- (muchos japoneses se quedan pensativos, seguros de que les estoy engañando, pero todos sabemos que lo que digo es verdad. Tan cierto como lo antes manifestado: "Que lo peor del verano en Madrid es que por las noches refresca"...).
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Continuemos con ese atardecer de verano de hace casi treinta años, donde hasta casa de mis padres se llegaron los amigos de una tertulia de periodistas. Los capitaneaba Pepe Quereda; habitante del Café Gijón, con residencia en su barra y pasaporte en vigor entonces para entrar en todas sus mesas. Y es que Pepito era "un fiera" pues cuando uno menos se lo esperaba se arrancaba a recitar, normalmente sus versos de "Melancolía". Para ello, si estaba yo cerca me pedía: -"Angelito toca Recuerdos de la Alhambra"-, y si veía que "el patio" se ponía un tanto serio rápidamente le echaba culpa a la música, solicitando: -"Nene, cámbiame el fondo a unas Soleares, que me estás dejando a la gente ´deprimía`..."- . En estas lides estábamos cuando ya había entrado la noche y "la fresca", decidiendo los periodista asistentes hacer menos caso a las artes y más a su profesión comenzando a hablar de sus experiencias y vivencias. Muchos de ellos eran de la radio, quienes comenzaron a comentar historias y anécdotas que en sus años de trabajo en ese medio habían pasado; siendo tales los sucesos que relataban que aún puedo recordar algunos. Refiriéndose la mayoría a concursos y concursantes que antaño participaban en los muchos programas de radiofonía, donde las personas llamaban por teléfono o bien se presentaban a premios de cante, de adivinanzas, de conocimientos y etc.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, dedicatoria de José Quereda a mi padre y abajo: Contraportada del libro "Diente de León". A la izquierda podemos ver su retrato en dibujo del pintor Miguel Granados (amigo de Pepe y de mi familia y del que algún día hablaremos, pues de este "personaje" puede escribirse un libro sobre sus anécdotas e historias).



Entre los asistentes a la cena recuerdo que estaba un asturiano llamado Mauro Muñiz, periodista y sindicalista a quien creo le afeitaba los bigotes Hanna-Barbará; pues era tal cual el pistolero de sus dibujos (cayéndole por lados de la cara dos mostachos que parecían dos gatos persas enfurecidos). Simpático como nadie, comentó que uno de los problemas mayores que tuvo en esos programas de radio sucedió tras dar el premio en un concurso de canción española. Puesto que el ganador recibía (además de una suma de dinero) el derecho de ir a cantar a la televisión, recientemente estrenada por aquel entonces. Así fué cuando Mauro, felicitando al que había vencido con el pasodoble "Julio Romero de Torres", le advirtió de que cuando lo cantara en la tele, no podía hacer el gesto de ponerse a torear en el momento que la letra decía -"Fue a Sevilla, a copiar las maravillas, de Murillo y Rafael"-. El ganador del concurso, se quedó parado y le replicó en tono adusto: -"¿Pero oiga es que Ud. no sabe por quién lo dice la leltra?"-. Mauro no daba crédito y le volvió a aconsejar que en la televisión en ese momento no toreara, que no era ni propio ni menos eso lo que el letrista refería. Pero antes de que terminara la frase el listo concursante le preguntó: -"¿Es que Ud. no conoce a Fermín Murillo?". Entonces, el periodista quedó perplejo y no entendiendo la pregunta, le dijo extrañado: -"¿Fermín Murillo?"-. A lo que el inteligente vencedor del concurso replicó: -"¡¡Espero que al menos sepa quién es Rafael el Gallo!!. ¡Porque trabajando en la radio, parece mentira no conozca Ud. a Fermín Murillo; un torero tan famoso...!"-.
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Fue también Mauro el que comentó uno de los casos deportivos más insólitos conocidos; se trataba de un ciclista español de los años cuarenta-cincuenta, quien había participado más de dies veces en el Tour de Francia. Desconozco el nombre (él lo mencionó, pero mi memoria no llega para tanto) y al parecer fue uno de los ciclistas más fotografiados hasta entonces en la llamada Vuelta a Francia, aunque siempre llegaba entre los últimos. La razón de esa gran cantidad de fotos se debía a que en las semanas de competición engordaba bastantes kilos, tantos como para que a los galos les llegara interesar ver de continuo imágenes de él en los periódicos. Aunque el motivo de aquella gordura, al igual que aquello que le llevaba a apuntarse anualmente en el Tour, no era otro más que en los menús de carretera (y por las noches) daban pollo -"rara y cara avis" aún en España por aquel entonces-. Le encantaba el pollo y abusaba tanto de las bolsas y las cenas, que salia con seis u ocho kilos de más. Siendo por ello uno de los deportistas más fotografiados hasta entonces en el Tour (aunque llegara el último), pues nadie podía creer que tras semanas dando la vuelta a Francia en una bici un ser humano pudiera engordar un solo gramo... . Pero así era la España de entonces.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, la casa de mis padres recién terminada hacia 1968, como podemos observar era de lo más moderna. Abajo: A la derecha, el soneto que Pepe Quereda siempre recitaba en toda tertulia. De su libro Diente de León, nunca dejaba de rapsiodarlo (estuviera donde estuviese) y nada más verme con la guitarra ya estaba declamándolo. En nuestra entrada de hace unos meses, hablábamos también sobre algunas anécdotas de José Quereda. PARA LOS INTESERADOS VER: http://recuerdosyanoranzas.blogspot.com.es/2011/01/fauna-y-flora-de-el-cafe-gijon-vi-la.html


En aquella reunión cuando se mencionaron los premios radiofónicos, hubo decenas de anécdotas, hasta los que tristemente la memoria ya no me alcanza. Aunque sí recuerdo a uno de los asistentes que comentó tres historietas que le habían sucedido y que tenían verdadera gracia. La primera era sobre una pregunta, en la que se cuestionaba lo siguiente a varios participantes en un concurso: -"Famoso general y noble francés que tras morir fué devorado por las ratas"-. Evidentemente, la respuesta era Napoleón, pero todos los presentes se quedaron callados y muy pensativos si tener respuesta. Mientras, el tiempo corría y los concursantes se miraban preguntándose quién podría ser; hasta que en un momento, un señora lista y pizpireta preguntó con tono muy seguro, sabiendo que posiblemente acertaba: -"¿Pudo ser el barón de Roquefort?"-. La carcajada en el estudio de radio y entre los oyentes parece ser que fue monumental.
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No menos lista y pizpireta debió ser aquella otra que concursando en un prorgrama de cobertura nacional le cuestionaron qué era el cloruro sódico. Ella se quedó parada y muy triste por no saberlo, pidiendo al presentador que le proporcionara alguna pista (ya que necesitaba la olla express que regalaban al que acertara la pregunta). El paciente periodista -que creo era, Boby Deglané- accedió a darle más datos y para hacerlo fácil le dijo que se trataba de algo blanco que se tenía en todas las cocinas; pero aquella concursante no era capaz de dar con el cloruro sódico. Tras ello, le dijo que estaba guardado en una caja, que se esparcía y que era como granitos. A lo que la mujer volvió a replicar que no sabía de qué se podía tratar. Ya cansado, el presentador le advirtió que le iba a dar una pista infalible diciendo: -"Señora, pero si es lo que Ud, usa y echa a diario en la cocina y seguro que su marido le pide que se lo lleve a la mesa y le ponga más, unos granitos blancos que siempre le pide que le traiga su marido, y que está en un botecito..."-. Viendo que la pobre ama de casa no era capaz de resolverlo ya le dijo: -"¿Que le echa Ud. a los huevos?"-. A lo que la otra contestó: -"¡Ya caigo...!. ¡Qué dificil era! . Polvos de talco."-.
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Evidentemente, si uno se presenta a un conscurso de ámbito nacional y sabe que millones de peronas le han oído comentar lo de los polvos de talco, pues quizás tenga que comprarse un traje de buzo para poder salir a la calle al día siguiente. Aunque no le debió pasar lo mismo a la pobre mujer que telefoneó a un concurso sobre el que también comentó mi hermana Ma. José en aquella reunión; quien había oído otro caso insòlito por la radio. Al parecer se trataba de resolver una adivinanza a cambio de que le regalaran al que telefonease acertando, una gran cesta de Navidad llena de frutas. Para ello la pregunta a descifrar era: "Parte del cuerpo humano con nombre de fruta, que tienen los hombres pero del que carecen las mujeres". La oyente que llamó, se hacía la remolona y solo decía: -"Mire, yo se lo digo fuera de antena, pero es que me da vergüenza, me da vergüenza..."-. Los presentadores le advirtieron de que no había por qué avergonzarse y que el concurso era el concurso, así que diera la respuesta o dejara paso a otro. En tanto aprieto se vió, que la señora ya muy mayor respondió: -"El platanito"-. A lo que los que dirigían el programa respondieron: -"No señora, no y después de esto ya no hace falta que nos llame nadie más... Era la nuez"-.
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Estas y otras eran de las cosas que se hablaban en las noches de verano, junto a gentes de El Gijón, en un jardín que ya no existe y entre personas que ya no están. Pero todo ello existió y como tal está (al menos en mí). Puesto que la vida no es más que la memoria; los recuerdos, y de entre aquellos, lo que uno desee sentir. Por lo que de gran importancia sería que al menos se pudiera conservar aquel café que hoy parece ser está en peligro de desaparecer; porque como un día se cierre, junto a él se cerrarán parte de las memorias de algunos de los mejores que puplularon por nuestras tierras.

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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, en el jardín que comentábamos de casa de mis padres, mi mujer y yo el día de nuestra boda. ABAJO: Las últimas tertulias y reuniones ya las hicimos con japoneses; en ellas mi padre a veces intentaba explicar a los nippones lo que estudiaba sobre el indescifrable idioma ibérico, pero aquellos no entendían nada. Recuerdo un día, en los que tras varios minutos de exposición sobre los estudios de iberismo, uno de los asistentes japonés, tomó el cuaderno de mi padre con todos los apuntes y le empezó a darle cabezazos a la carpeta. Mi progenitor no daba crédito y me preguntaba literalmente: "¿Por qué se había liado el nippón a darle cornadas a sus estudios?". Yo tuve que explicarle que se trataba de una actitud de respeto a lo que aquel se quedó pensativo y me dijo: -"Vamos... Que este señor no se apellida Mihura"-. Y es que en verdad, Mihura es un apellido japonés. EN LA IMAGEN: Mi padre (a la derecha) y en el centro una pariente japonesa junto a mi mujer (a la izquierda). Foto de una reunioncilla, cercana ya a los últimos días de mi progenitor. Pese a ello, veamos con qué arte sujeta la botellita; con igual garbo con el que organizaba las tertulias todavía.
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lunes, 7 de noviembre de 2011

COMO APRENDER JAPONÉS EN UN MES, SIN ESTRÉS (Parte primera: Sin salir de casa).

BAJO ESTAS LINEAS: Foto de la preciosa villa de Antequera, pueblo que vió nacer al gran guitarrista Francisco Márquez Méndez; quién a la "antigua usanza" entre los clásicos del Flamenco tomó el nombre de Paco de Antequera. En nuestra anterior entrada rendíamos homenaje a este maravilloso guitarrista, bueno entre los mejores como persona, y genial amigo y contertulio (desaparecido tristemente en el año 2000). Con él y junto a sus amiguetes japoneses, tuve el honor y la gran suerte de pasar muchos dias en el País del Sol Naciente -donde daba conciertos de continuo-. Son muchos los recuerdos que de Paco me quedaron, pero entre ellos el que más me hace sonreir aún, es el de su interés porque yo escribiera un libro para conseguir que aprendieran un porquito de japonés, los Flamencos y la gente que estaba de paso por Japón. Paco había vivido en ese país largas temporadas, casado con un bella e inteligentísima japonesa, quien le había indicado los primeros pasos en el idioma y en la forma de vida. No tenía problema alguno para moverse por toda la nación, ni para comunicarse con los japoneses, utilizando divertidísimas reglas nemotécnicas para recordar las palabras, los nombres de las estaciones, los transportes y los lugares donde debía bajar y subir en los trenes. Comenzamos hoy con el recuerdo de este entrañable amigo, del que damos de nuevo unos portales, para quienes deseen escuchar su guitarra, o saber más sobre la vida de este magnífico guitarrista:
http://www.youtube.com/watch?v=HhO2CGoWliU http://www.youtube.com/watch?v=I4Bv-SgHtlg&feature=related http://www.youtube.com/results?search_query=paco+de+antequera&aq=f http://www.youtube.com/results?search_query=paco+de+antequera+francisco+marquez&aq=f
http://www.tristeyazul.com/artistas_flamencos/panteq01.htm

http://www.facebook.com/group.php?gid=140619439309646&v=wall

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La inteligencia natural de Paco de Antequera, era solo comparable a su increíble gracia y sentido del humor andaluz. Con esa sorna sabia, digna del mismo Séneca, el antequerano siempre me decía: -"Angelito, tú lo que tienes que escribir es un libro ´pa` los que vienen aquí de paso; ´pa` que no se pierdan, por ejemplo... Que esto del Japón y el japonés es ´mu duro y mu difisil`. Yo te voy a orientar sobre como tienes que hacerlo, que a ti te va a salir muy bien, porque estás ´mu preparao`... Pero que ´mu preparao`, como mi primo el de la Renault"-.
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Nunca supe si en verdad tenía un primo en la Renault, o si aquello lo decía de chufla, como una gran mayoría de las cosas a las que el genial Paquito se refería. Aunque muy cierto era que aquel gran guitarrista sí que tenía la intención de que yo escribiera un librito, enseñando japonés de la forma más fácil para recordarlo: Con palabras españolas similares. Ella, era una técnica muy común y usual entre los hispanos que hace veinte años vivíamos en Japón, pero el maestro de maestros en reglas nemotécnicas lo fué Paco. No solo porque se acordaba de las más extrañas frases, con sonidos semejantes a otras en castellano; sino porque no se le olvidaba estación o destino alguno, simplemente con oirla una vez. En la entrada anterior hablábamos de como tenía "traducidas" una por una las estaciones de Tokio, de las que ya dijimos como por ejemplo: Ueno, para él era clarísimamente, "Bueno"; tanto como Hamamachuho, significaba: "Ha mama-o chucho"; Yamanote "Ya machote"; Sibuya, "Cebolla"; Meguro, "Mu-negro"; al igual que Ikebukuró clarisimamente podía "traducirse" como "Y qué búcaro". Cosas que hasta se razonaban filosóficamente, puesto que la penúltima estación significa en japonés "ojos negros" (me-guró), y de allí su nombre: "mu negro" -según deducíamos-. Al igual que la última citada, se interpreta al castellano como "vaso del estanque" (Ike-bukuró), que evidentemente dice lo que su nombre indica: ¡Menudo búcaro!. ¡"Y qué búcaro"! .
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Como ya dijimos, Paco conseguía algo que muchas veces no logran hacer ni los japoneses mas listos: Ir de una punta a otra del pais, sin perderse. Además, comúnmente iba escuchando las conversaciones de los de al lado, de las que a veces sacaba conclusiones muy interesantes. Llegando a afirmar (y hasta a demostrar) que el Japón había más leperos que en Lepe; algo de lo que uno se daba rápidamente cuenta, nada más oir "el acento y el habla" de los que nos rodeaban. De todo ello, la conclusión última era la de que había de escribirse un libro para aprender el japonés, desde el "andaluz". Le prometí hacerlo y comencé a preparar datos, aunque tristemente, entre unas ocupaciones y otras dejé aquel interesante proyecto de lado. Tanto, que nunca llegué a enseñar a Paco los primeros capítulos que ya tenía preparados y que seguramente le hubieran encantado.
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SOBRE ESTAS LINEAS: Foto de Paco de Antequera en su juventud, durante el tiempo en que fuera declarado por la crítica musical, como mejor guitarrista Flamenco de los años sesenta. Hasta la llegada a escena de su homónimo (Paco de Lucía), junto a "su compadre" Manolo Sanlucar -quienes renovaron por completo el mundo musical-, el de Antequera había sido la primera figura de la guitarra. Tan solo comparable en su genio con Sabicas, Melchor de Mairena o Carmona (Habichuela); en su genialidad y bondad creemos que fue un hombre incomparable. De un humor incomensurable, era capaz de hacer al mismo tiempo chistes en japonés, español y en "andaluz" (como él decía); provocando la carcajada entre los nippones, quienes le adoraban como guitarrista y como persona.
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Para quienes no conozcan el mundo de Tokio y las dificultades para moverse en los transportes japoneses, les invitamos a visitar esta página de Youtube (que me remite la Sra. Yamashita y que abajo incluimos). En ese video de Youtube, se parodia a un profesor (extranjero) enseñando japonés para orientarse en la ciudad. Precisamente va explicando las estaciones de Tokio, pero su pronunciación, tanto como la de los alumnos, son un verdadero desastre -muestra a veces del "triste habla" que tomamos los occidentales cuando intentamos comunicarnos con estos nippones; quienes tienen uno de los idiomas más difíciles y "enrevesados" del Mundo-. Para quienes tengan tiempo, les ruego que escuchen este video en donde se nombran además las estaciones antes referidas: Ueno, Yamanote, Ikebukuró, Sibuya etc.
LECCIONES PARA TOMAR TRANSPORTES EN TOKIO, VER EN:
http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=dfjkbv6wYvQ
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En otras entradas hablaré del librito en cuestión, pero hoy vamos a tratar tan solo de comprender lo que puede suponer vivir, sobrevivir, orientarse o trabajar en Japón (tal como nuestro amigo Paco de Antequera hizo con gran éxito y durante años). Evidentemente, nos puede extrañar por qué hay que tener tanta preparación y precaución para iniciar una "vida cotidiana" en este país, aunque si llegamos a experimentar lo que es habitar en lugar del Sol Naciente, fácilmente comprenderemos los "por qués" y las razones de tanto cuidado. Para entenderlo, vamos a poner unos pequeños ejemplos en imágenes, que podrán darnos una idea de lo que supone habitar en Japón (aunque sea, en casa propia). Para ello, comenzaremos imaginando que estamos en este país y nos despertamos de mañana, donde comenzaremos por dar al interruptor de la luz. Evidentemente, si Ud. tiene la suerte de encontrarse en un cuarto que solo contiene un interruptor (foto 1), debe tener conciencia de que es un privilegiado; así que apriete con prisa, alegría y tranquilidad la llave aunque no entienda ni patata de lo que en ella pone. Si tiene frío o calor, no dude en tomar el mando de la estufa-aire acondicionado (foto 2); aunque tras media hora intentando descubrir cómo funciona y habiendo puesto ya seis veces la calefacción (en verano), o encendido en ocho ocasiones el aire acondicionado (en invierno). Le recomiendo que no use más ese incomprensible mando a distancia, y que tan solo lo utilice para abanicarse (en verano) o darse golpes para calentarse (en invierno), pues no le va a servir de mucho más. Así que, simplemente, deposítelo en la mesilla de noche (si tiene la enorme fortuna de que en su dormitorio haya algún mueble...) y salga pronto de la cama.
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AL LADO (foto 1): El común interruptor de la luz, que no debe nunca precuparle. Apriete el botón siempre y sin preguntarse qué pone en la llave, pues de lo contrario se le amargará el día intentando saber lo que dicen y explican esa multitud de carteles y mensajes japoneses, que le van a rodear durante toda su estancia en aquel país. Si viera que al dar al interruptor se produce algún hecho extraño y ajeno a lo que Ud. pretende encender (puesta en marcha de ventiladores, de extractores, o hasta un apagón general de la zona); no tema. Los japoneses no van a culparle a Ud. nunca, siempre echarán la culpa a alguien de la casa (o del entorno) que les cae mal; comentando de aquel que no se puede dejar al alcance de un extranjero tan difícil interruptor.
ABAJO (foto 2): El típico mando a distancia de aire acondicionado-estufa eléctrica que hay en todas las habitaciones japonesas. No se confunda, lo mejor es no tocarlo si no quiere morir de frio o de calor; bien por haber encendido en el mes de agosto la estufa, o "el aire", en pleno invierno. Le recomendamos para una estancia cómoda en el País del Sol Naciente, no tocar (ni menos experimentar) con estos mandos; que pueden llevarle a tener la habitación a diez bajo cero, o a cincuenta grados de temperatura, en pocos minutos.


AL LADO: También muy común será encontrarse este tipo de interruptores; en el que arriba enciende la luz; aunque pulsando al botón de abajo, se pondrá en marcha un ventilador (extractor de humos y olores de la habitación). No se preocupe por dejar encendido el extractor, el siguiente lo apagará y siempre le echará la culpa al que cae mal a todos (del entorno familiar, o del grupo -y nunca será Ud., ya que es un extranjero-). Del mismo modo, si esa "oveja negra" por todos aborrecida, se encontrara encendido el ventilador, estará seguro de que ha sido él mismo quien lo ha olvidado. Puesto que sabe como todos están hartos y le tienen mucha manía, por los olvidos y bobadas que hace de continuo -así que es hasta bueno que Ud. meta la pata, de vez en cuando para poder culpár de sus errores al bobo del grupo (fundamentalmente de todas las picias que hacemos los extranjeros)-. Si comete un fallo u olvido, ni se preocupe, la "oveja negra" creerá de seguro que ha sido él mismo quien se ha dejado el extractor puesto; pedirá perdón y lo apagará. Vivir en Japón siendo extranjero es maravilloso, pues cuantas equivocaciones tiene uno, siempre terminan siendo muy útiles para culpar de ello a otro japonés: Aquel que cae muy mal en el entorno (siempre hay uno)... .
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ABAJO: Si al levantarse o para llegar a su dormitorio, ve que tiene un interruptor de este tipo (también muy común). Haga lo que quiera y apriete lo que le de la gana. Lo máximo que puede suceder es que se enciendan todas las luces (exteriores e interiores) y se pongan en marcha a la vez los ventiladores y demás aparatos de la casa u oficina. Luego vaya discriminando luces, una por una; bajando y subiendo la intensidad (tienen clavijas como las de volumen). Finalmente, cuando tras media hora apretando botones y válvulas (para acertar con la que desea), se harte ya de tanta maquinaria y tecnología, coja una lamparita de mesa y viva con ella en la casa; enchufándola donde pueda y sin tocar mucho los interruptores... . Así y solo así, será mucho más feliz en Japón -además, dejarán de echarle broncas por su culpa a la "oveja negra" del grupo-.
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Ya hemos visto algunos de los primeros problemas con los que nos podemos encontrar en nuestra vida entre Japoneses, ello nada más despertar. Ahora, si ya hemos conseguido dar al interruptor de la luz y parar la estufa-aire, quizás podamos salir del cuarto; así nos encaminaremos hacia la ducha-baño, que en japonés se dice ofuro. Muchos se lo pronunciarán "Ojuro", puesto que en este idioma no hay diferencia de sonido entre la "L" y la "R", al igual que tampoco existe entre la "J" y la "F". De ello que sea tan común que nos pregunten si una palabra inglesa se escribe con "R" de "Rondres", o bien con "L" de "Loma" (ambas dos, capitales bien conocidas de "Leino Unido" e "Itaria"). Ello, porque les es muy difícil recordar si una voz que significa "color" se escribe: "Coror", o bien "Corol"... . Igual sucede con otras palabras en castellano, como "joya"; que comunmente la pronuncian con "F" al principio; algo que solo es llamativo cuando se les oye durante los primeros años de estancia en Japón. Luego, se acostumbra el oido y se nos hace fácil oir lo de "Las Joyas", dicho con "F" en su primera letra. De tal modo y consecuentemente, indistintamente podemos decirles: -Me voy al "Ofuro", o al "Ojuro"-. Tanto es así, que tuve un amigo muy español y que simplemente les decía "Lo Juro"; con lo que los japoneses ya entendían que aquel se iba para la ducha, o el baño.
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Tal como les decía, si han conseguido de mañana, encender los interruptores de luz y por fin llegar al ofuro, vaya con cuidado porque aquí la bañeras tienen menos privacidad que los bares en España. Cualquiera puede meterse o asomarse al baño o a la ducha, mientras Ud. está dentro (carecen de pestillo), de lo que es siempre importante adoptar una postura elegante y digna -hasta en el baño...- . Otro día explicaremos lo que es el "ofuro" (una gran bañera donde se meten todos los japoneses, por las tardes-noches y tras haberse duchado), pero hoy bastará con avisarles de que sus dispositivos de encendido y apagado no solo tienen mil botones, sinó que además hablan. Como muestra les enseñamos un interruptor de Ofuro-Ducha, que como se lo encuentre Ud. apagado le puedo asegurar que es mejor que se duche con agua fria (sobre todo, antes de intentar manejarlo...) (foto 5). De lo contrario puede montar "una buena", ya que el dispositivo comienza a vaciar y a llenar automáticamente la gran bañera, conforme le venga en gana. Mientras, además, avisa de todo lo que va a hacer, en un japonés que solo es comparable al español hablado en los altavoces de las estaciones de tren (absolutamente incomprensible). De tal modo, si ha dado al botón intentando poner el dispositivo del "ofuro" en marcha y ve que comienza a salirle de todo por la bañera, o a cambiar de temperatura lo que sale por los grifos, no dude en llamar a un japonés. Puede perder media mañana tirando agua caliente, algo que mucho les incomoda a los nippones; sobre todo porque ellos se duchan y bañan por la noche y apenas hay quienes entran en el baño de mañana.
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AL LADO: Mando normal de baño japonés (ofuro). Le recomiendo no tocarlo, o bien de hacerlo, haberse aprendido perfectamente sus funciones. De lo contrario, si se pone Ud. a dar botones al tun-tun (como todos hemos hecho alguna vez) puede montar "una de cuidado". Pues créame que no hay nada más desagradable que encontrarse dentro de la ducha, sin ropa y ver como tras darle al mando, este empieza a hablarle en un japonés incomprensible, contándole todas las funciones que va a realizar y las que va a dejar de hacer. Ello mientras a Ud. (que está intentando lavarse) solo le sale agua fria de la ducha, y para colmo, observa como se vacía y llena automáticamente la bañera varias veces... . Un lío. En caso de haberlo tocado y no saber qué hacer, llame siempre a alguien que lo sepa manejar (aunque se encuentre en una situación y postura poco digna para ser visitado...).

ABAJO: Si tiene la fortuna de que en su ducha hay un mando como este de la foto, no lo tema. Al revés, considere que es Ud. un hombre afortunado y que va a poder controlar su agua caliente (basta con girar la ruedecita). Solo si ve que hace extraños ruidos el aparatito, llame a un japonés . Además, el calentador tiene hasta un aviso en inglés y otro en portugués (advirtiendo de que debe de estar en un ambiente bien ventilado). Como le digo: No tema usarlo ni aumentar la temperatura, aunque a veces por mucho que se gira la rueda, sale el agua igual de fria (o de caliente)... .
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Bueno, pues si ya ha conseguido ducharse, tenga por seguro que ha hecho algo que merece un aplauso. Pese a ello, en el baño y al terminar de asearse siempre tenga cuidado de dos cosas: Primero de no usar los detergentes para limpiar la bañera (ofuro) como jabones o geles. Segundo y muy importante: Cuidar de no poner crema de manos (u otro ungüento extraño) en el cepillo de dientes. Ello, porque en Japón las zonas de aseo son comunes, por lo que nos dejarán siempre las cremas para la piel, el pelo (o hasta las depilatorias), en la misma estantería que la pasta de dientes. Siendo un problema muy común el de confundir el dentífrico con alguno de estos ungüentos, que para las manos -o la piel- se usa en la casa. Ello puede llevarle a tener un terrible disgusto antes de desayunar, sobre todo si lo que pone en el cepillo de dientes es una crema depilatoria, como me sucedió a mí en un despiste.

AL LADO: Limpia-vajillas japoneses. Hay que tener cuidado para separar siempre bien este tipo de detergentes (y los limpiadores de la casa), de los geles de baño. De lo contrario, como no hay quien entienda lo que pone, nos los echaremos al pelo con toda tranquilidad. Pero atención: Lo más difícil es distinguir la pasta de dientes de las cremas de manos, pues vienen en envases casi iguales. Mucho cuidado sobre todo con las cremas depilatorias, que son las peores en caso de intentar lavarse los dientes con ellas... .

ABAJO: Ya ha conseguido salir Ud. de la ducha, limpito y arreglado. Enhorabuena. Ahora acérquese al microondas y calientese la leche o el agua para el café... . Quizás mejor no se preocupe y póngala en un cazo a calentar. Si no sabe como encender la cocina o no la tiene, desayune un yogourt fesquito (por ejemplo). Mientras, puede intentar encontrar un modelo parecido al microondas que en su casa tiene, para ver si existen instrucciones en inglés en internet.




AL LADO: No se le ocurra ni intentar manejar la maquinita esta de hacer arroz. Necesita mil programas y saber a qué hora se va a poner en marcha. Si quiere desayunar con arroz blanco, lo mejor es que lo pida y sobre todo no toque este "instrumento" que puede llevarle horas para programarlo y al final hacerle automaticamente un arroz terrible.
ABAJO: Lo más seguro, como les digo es tener un yogur a mano. Aunque no dude en comprar el que primero ha cogido en el supermercado; pues para leerse las caracteríaticas de cada yogourt, podría pasarse una mañana entera entre las estanterías de la tienda. De ello, primero saber o preguntar lo que es un yogur; tras lo que una vez reconocido su envase, tomaremos el primero que hay en la estantería -que salga del sabor que quiera (como la suerte dictamine)-. Si le sale o sabe malo, sepa que ese es un mal día, y quizás esté de mala suerte (no debiera hacer negocios, ni menos comprar lotería).




¿TÉ O CAFÉ?: La eterna pregunta del desayuno, pero si se encuentra solo, sepa que no le va a quedar más remedio que abrir las bolsas para saber el contenido de lo que quiere tomar. Así podrá elegir entre hacerse un café o tomarse un té por la mañana. En las fotos: Al lado empaquetamiento de café y abajo una caja con bolsas de té. En los comercios japoneses hay mil tipos de tes y cientos de cafés; no se preocupe mucho en elegir, al tun-tun y si le sale malo ya sabe que no está de suerte.



Bueno, pues parece que ya hemos conseguido ducharnos, encender la luz y hasta tomarnos un cafelito y un yogur. Estamos hoy de veras de suerte, sobre todo si en todo "este tramo" aún no hemos sufrido un imprevisto que nos hiciera terminar el baño con agua fría, limpiarnos la cabeza con lava-vajillas, bebernos un café hecho sin calentar el agua, o tomar un yogur que habían olvidado en la nevera desde hacía semanas y que estaba más caducado que la comida de una momia. De todos modos no se preocupe, si llega el caso en el que Ud. se limpia los dientes con crema de manos, o se come un alimento que desde meses atrás, estaba caducado en el frigorífico; no le va a pasar nada... . Bueno, al menos eso le asegurarán todos, entre risas y juergas, cuando les vaya contando sus tristezas y lo que le ha ocurrido esa mañana de infortunios... .
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Después de dar una vuelta a solas por la cocina, observará que lo único de lo que tiene verdaderamente certeza y de las pocas cosas que sabe usar correctamente, serán: El papel de aluminio y el plástico, de envolver. Otros objetos que también le serán familiares y que verá comunes a los de Occidente son: Las bolsas de basura y las de la compra (de plástico). El resto de enseres, comidas, objetos para cocina -y hasta las latas-, le serán tan extraños como a veces malolientes. No se preocuope, a los japoneses también nuestras comidas (quesos, ajos y etc) les huelen a rayos. Con el tiempo le ocurrirá lo mismo que en casa: No podrá vivir sin comer esas cositas que en los primeros dias le dieron tanto asquete (el daicon, el tacoan, el nató, o los riquísimos tskémonos).


AL LADO: El plástico de envolver alimentos y el papel de aluminio, son de las pocas cosas que uno sabe usar correctamente en Japón. Pese a ello, que no nos encarguen ir po ellos al supermercado, pues podemos tardar horas hasta encontrarlos (sobre todo en distinguir cual es cual...).
ABAJO: Si alguien te deja un recadito escrito en la nevera y te levantas estando solo en casa, lo mejor es esperar para después del desayuno por intentar saber qué te dicen... .


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Cuando estás solo y aburrido en casa, lo mejor es ir a ver un poco la tele. Es una suerte, pues muy de mañana ponen las noticias de Occidente, y en versión original. Ello siempre que consigas dar con el canal, ya que el mando de la televisión es un "galimatias" de cuidado. De todos modos, si no sabes muy bien en qué canal emiten las noticias occidentales, siempre se puede abrir un periódico y consultar la "cartelera" de T.V. . Finalmente, para cualquier duda, hoy en día es todo muy fácil de consultar, gracias al ordenador y a través de internet. Ello, siempre que no nos hayan dejado el teclado en idioma japonés, o que no sepamos desbloquearlo.... . Pese a todo, si tienes un pequeño problema siempre se puede telefonear desde un fijo, cuyas teclas son aún en su gran mayoría comprensibles.


Al LADO: Mando a distancia de la televisión, para cuyo uso han de intervenir dos cosas: El "conocimiento del medio" y (sobre todo) la buena suerte.
ABAJO: Un periódico en su cartelera de T.V., en la que podemos ver "facilmente" lo que anuncian y pondrán ese día.




AL LADO: Hoy en día tenemos la ventaja de internet y de poder consultar por ese medio cualquier duda. Ello siempre que el teclado no te lo hayan dejado en japonés bloqueado (como comunmente realizan en las empresas, para evitar extrañas "visitas").
ABAJO: Pese a todo, siempre está el clásico teléfono fijo con el que podemos resolver cualquier duda, llamando a un amigo. Ello, si acertamos en las teclas de descolgar y telefonear...