jueves, 6 de enero de 2011

FAUNA Y FLORA DE EL CAFÉ GIJÓN (V, De los años tristes a la alegría de los sesenta)



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Mi abuela (con unos quince años hacia 1910), junto con unos parientes, vestidos de japoneses al estilo Madama Butterfly, ópera recién estrenada por aquel entonces y que tanto les gustaba. Arriba (en una foto redonda), quien luego se casaría con ella en 1918 (mi abuelo: Angel Santafé). Desde aquella época a mi familia le encantaba Japón; el país que casi cien años después, me acogió y me dio  hogar y trabajo.
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Innumerables veces me han preguntado "quién pudo preparar el asesinato de Canalejas". Quizás, por la proximidad al personaje, o por mi interés hacia la Historia, algunos han creído que podía aportar algún dato desconocido. Incluso el propio Jose Manuel Canalejas (quien es tan buena persona como su bisabuelo - o incluso, mejor-), me lo ha llegado a decir en una ocasión. Siempre que me lo cuestionan suelo contestarles lo mismo: Que este hombre, llamado Pepe por muchos (aún cuando era Presidente del Gobierno) y que paseaba por Madrid como un ciudadano más, intentando arreglar las cosas; sobraba en la política de entonces...
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Sobraba por dos motivos fundamentales: Primero, porque deseaba acabar con el belicismo y hacer una política de regeneración y cultura. Segundo, porque quería convertir a España en una democracia verdadera y acabar con las elecciones de voto comprado, tal como en el texto anterior explicábamos que se hacía. De tal manera, los "caciques" que compraban las papeletas a sus votantes (pagando entre las dos pesetas y un duro), lo último que podían permitir, era que Canalejas prohibiera la venta de votos y se celebrasen en España unas elecciones democráticas.... Aunque quizás, si no hubieran matado a Canalejas, España se hubiera convertido en un verdadero país democrático y los enfrentamientos políticos se hubieran resuelto en las urnas y no con las armas....
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Para mas problemas que daba "Don Pepe", su política promovió que todos estuvieran obligados a ir al ejército (a la mili o a la  guerra), fuera cual fuera su rango. Sin permitir el pago a un mercenario de tu puesto en el ejército (como hasta entonces se hacía). Ello, llevó a que muchos se lo pensaran antes de desear una  nueva guerra (sobre todo, los que creyeron que nunca iban a ir a ellas...). De hecho, durante sus mandatos, hubo un cierto periodo de paz, algo que no debió gustar nada a los fabricantes de armas y a los promotores de contiendas de entonces. Pues a principios del  siglo XX, comenzaron a escucharse teorías que proclamaban que debido a la proliferación de médicos y mejoras en la medicina, faltaba mortalidad  (sobre todo, infantil). Además, estaban viviendo mucho tiempo los viejos y no había tantas enfermedades entre la población pobre (que ya se iba alimentando). De lo que si se seguía por este camino, pronto nadie cabría en Europa, ni habría alimentos para los que en este continente nacieran.
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De hecho, estas teorías "del progreso visto como debiera observarse", desembocaron pensamientos que afirmaban, que la mejor solución para "arreglar" el Viejo Continente, era una gran contienda -que, precisamente, se produjo poco después de la muerte de Canalejas-. Algunos, incluso piensan que el atentado contra el  estadista español, pudo ser una provocación para ver si saltaba ya el polvorín, tan "esperado y deseado", por aquellos que veían necesaria una Gran Guerra (para limpiar Europa de prole y motivar la industria y la investigación). Ya que aunque hoy nos parezca terrible, una de las teorías mas seguidas a principios del siglo XX era que lo mas útil para "barrer" la suciedad de los países eran las guerras, tanto como para hacer avanzar las economías. De ello, nacieron ideologías aberrantes, que promulgaban la necesidad de expansiónismo de las naciones, para conquistar y eliminar las razas (o gentes) inferiores (a los mas débiles); para que así, la Humanidad mejorara, prosperase y se fortaleciera....
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Pero, dejemos ese triste pasaje de la Historia y volvamos al Madrid del Café Gijón, en el que nos centrábamos. Como dijimos antes, tras el asesinato de Canalejas, ya los abuelos de mi madre dejaron de "dejarse ver" por Madrid y decidieron "retirarse o esconderse" un poco en Las Peñas y Clubes, para que nadie supiera bien de qué pié cojeaban, ni como pensaban exactamente. Dicen que había miedo, mucho miedo... El que era primo de Canalejas (Manuel Cobo), al poco tiempo del atentado, cayó enfermo de disgustos y problemas.  Tres años después de la muerte de su querido familiar, no pudo mas con sus úlceras estomacales y se "trasladó a residir " definitivamente a la Sacramental San Isidro (donde aún está y de vez en cuando le "visito" ). Por lo demás, sus dos hijos huérfanos, pasaron a ser cuidados por el otro abuelo (el Santafé), del que tan amigo era el difunto. Y parece que debieron "congeniar" todos mucho, pasando muy pronto mis abuelos, del julepe y a la peonza, a "jugar a los médicos". Pues hacia 1918 ya había nacido el primero de los nietos de ambos (nacidos como Santafé Cobo).
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Pese a ello, aquella parte de la Historia ya fue triste. Una época envuelta en la Primera Guerra Mundial y con una inestabilidad política en España, muy dura. Se dice que desde allí y tras la falta de Canalejas, se inició un enfrentamiento entre "las dos Españas", que luego llegaría a la contienda del 36. Pues el Partido Liberal Progresista que quedó tras Canalejas, no podía actuar de intermediario, ni pactar con la nueva izquierda verdadera, que estaba naciendo entonces (la de Pablo Iglesias). Aquellos "Progresistas", continuaron con la compraventa de votos y pocos creían en las elecciones que en nuestro país se iban celebrando. 
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Así, tras la muerte de Canalejas (en noviembre de 1912) se vivió un decenio de profunda inestabilidad, que terminó en la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). Después, la huida del dictador  a Francia y luego la abdicación del propio Alfonso XIII, proclamándose la República (1931). Pero, tristemente solo cinco años después, comenzó la Guera Civil, que llevaría al país a casi  otros cuarenta años de directorio militar.... Vamos; que un españolito que naciera en 1912, hasta que cumplir los sesenta y cinco años, no vivió en una nación que tuviera una situación política "normal" (como la de los países que nos rodeaban....).
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En la Guerra Civil, quedaron huérfanos de padres, mi madre y sus hermanos. En agosto del 36 ya habían matado a mi abuelo en Sagunto y tenian que huir los hijos hacia Madrid, (mi madre acababa de cumplir doce años). Fueron traidos, cuidados y criados por algunos que sobrevivieron a la Guerra, pero sobre todo por la mujer del administrador de mi abuelo, que actuó como una nueva madre para ellos. Se llamaba Gregoria Zamarra, nacida en Tarancón. Ella era como nuestra abuela (la que nunca tuvimos) y la que me fue contando de niño muchas de estas historias que aquí recojo. Vaya en su memoria y en la de su hija -Celes, que es como una prima más-, muchas de estas palabras.
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Lo que a continuación voy a narrar sé que es desagradable, pero lo cuento porque es uno de los motivos por los que nuestra casa era tan especial: Continuando con relatos sobre la contienda del 36, me dijeron, que años después de terminar la guerra (sería hacia 1942), vinieron a casa de mi madre personas a comunicarles que habían apresado a los que mataron a mi abuelo. Querían que sus hijos firmasen, para que se llevara a cabo un juicio sumarísimo con sentencia en pena de muerte. Mi madre y sus hermanos se negaron a ello y solo dijeron que no querían saber nada mas de lo ocurrido; tanto, que si hacía falta, firmaban para que no les ejecutaran... Años mas tarde, supimos en Benidorm (por "esas cosas que se comentan"), que quienes habían matado a los ingenieros de Altos Hornos del Puerto de Sagunto en agosto del 36 (el director era mi abuelo), no fueron sentenciados a muerte. Mi madre se llevó una gran alegría al saber que en 1965 estaban libres y habían llegado a "ser personas" (no alimañas, como su tiempo les había exigido).  
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Ella me educó siempre en "el perdón" y me explicó desde niño que esa guerra, la habíamos perdido todos. Por eso en los años sesenta, nuestra casa era un ir y venir de gentes de todas las ideologías. Estaba llena de comunistas, capitalistas, anarquistas, curas raros (rojos, azules y morados), aunque lo que menos proliferaban, era los franquistas (porque los consideraban aburridísimos). De ello y de esta mentalidad, procedía la ilusión de mi padre por las tertulias y el ambiente de El Café Gijón, en los sesenta. Como ya dije, raro era el fin de semana  en el que no venía con un cuadro o una escultura, bajo el brazo; aunque muchas veces ni se acordaba cuando ni a quien, se lo había comprado.... La cosa creció tanto que mi madre le tuvo que advertir que dejase de traer ya mas cosas a casa, porque no cabían ni en los pasillos. Tras ello, comenzó a regalarlos a sus clientes. Aunque muchos de los constructores de los años sesenta, a los que les obsequiaba con una obra abstracta (de un novísimo pintor), a veces creían que era una broma y "aquello"  lo  había pintado yo  -o algún otro niño-, la noche antes....
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Como narro y por lo que vi, los años sesenta fueron los primeros de alegría que tuvo España, tras muchas décadas de tristezas y penurias. No solo la expansión económica ayudo a ello, sinó que una nueva generación que no había luchado en una guerra, floreció en nuestro país. Debieron de ser aquellos que se reunían en el Gijón en los sesenta, los primeros nacidos en nuestras tierras, que no habían ido a la guerra (en siglos y siglos). Pues si nos paramos a pensar, quizás desde que los fenicios fundaran Gadir en el siglo XI a.C., hasta estos españoles, del Gijón de los sesenta; seguramente no hubo una sola generación en nuestras tierras (hispanos, tartessios, iberos, o como queramos llamarles) que no viviera una guerra. Seguramente, aquellos que con tanto ingenió e ilusión se reunieron durante años en El Gijón, fueron los primeros españoles, que no se habían visto en la necesidad de empuñar las armas; por mandato de su ideología o su nación. De ello quizás aquel Café, pleno de gentes raras y con ideas prohibidas entonces, era una gran alegría a compartir por todos. Una luz de pensamiento e ilusiones, que ningún niño podría olvidar, si en casa fué escuchando día tras día las historias que de allí venían...







miércoles, 5 de enero de 2011

FAUNA Y FLORA DE EL CAFÉ GIJÓN (IV, Los abuelitos progresistas)





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ARRIBA: Nicolás Santafé con familiares y amigos en su casa de Carabanchel. Esta es la última foto que se tomó a la Emperatriz en primavera de 1920, justo antes de que muriera. Eugenia de Montijo fue una de las personas que mas le ayudó en toda su vida (desde su estancia en París hacia 1870), tanto que terminó regalándole una parte de su palacio de Carabanchel, para que lo usara como finca de recreo y pasara temporadas junto a ellos.

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ARRIBA: Nicolás Santafé Arellano y Manuel Cobo Canalejas, veraneando en 1914 juntos y con sus hijos. Eran íntimos amigos y tras la muerte de su lider y pariente (José Canalejas) se unieron mas (tanto que pocos años después se casarían sus hijos  -de donde venimos nosotros-)
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Como bien dije, en el texto anterior, los abuelos de mi madre eran de izquierdas. Bueno.... De lo que se entendía por izquierdas a mediados del siglo XIX  -ideario que no sabiendo como catalogarse por la Historia, finalmente  fué "bautizado" como Regeneracionismo-. Ambos dos, vivían francamente cerca del Café Gijón y al parecer, hasta que mataron a su primo (José Canalejas), iban casi a diario -junto a él-  a tomar un cafelito y charlar en este ilustre foro. Pues tras el asesinato del que fuera el político del regeneracionismo, la "cosa se puso fea" y regresaron a esconderse en las Peñas cerradas y los clubes privados (de Alcalá o la Gran Via -La Gran Peña, sobre todo-). El hecho cierto, es que eran de las izquierdas de entonces y algo radicales; quizás porque habían nacido poco despues de que Dios se llevara de este Mundo a "ese regalito de Pascua" que nos puso como Rey (con el nombre de Fernando VII).
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El padre de mi abuelo materno (que se llamó, Nicolás Santafé Arellano), había nacido en las cercanías de Pamplona en esos años en que Maria Cristina se peleaba por el trono con Espartero y cuando había acabado la primera Guerra Carlista. Omitimos el lugar donde vio la luz aquel hombre, por lo que luego vamos a comentar. Aunque él guardaba un gran recuerdo de sus orígenes, pese a que decía que la gente allí era "tan brava, que corría los toros en Sanfermín, a contrapelo" (en sentido contrario, pues correrlos por delante, era de cobardes). Pese a ello, pronto se dio cuenta de que no era lugar para vivir, tan solo al conocer los tres santos patronos que tenían. Estos eran, exactamente y sin engaño alguno: "Santafé la puerca", San Joderse" y "San Isidro el capucete".
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Corríjanme si alguien conoce bien a tan ilustres santos, por si aquello que digo, tuviera error alguno; pero por lo que nos contaron, estos tres, eran los santos-patrones de aquella villa. El San Isidro, parece que era así denominado (Capucete) porque cuando había sequía, se organizaba una procesión en domingo -desde la iglesia al puente del río Aragón-. Allí se llevaba a la escultura a hombros hasta la misma ribera. Una vez en el puente, todos los asistentes decían al santo labrador:
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-"San Isidro, que como no llueva, antes del domingo que viene... ¡Capucete!"-. Lo de Capucete, debía significar "chapuzoncete", pues contaban que si en tres domingos no había caído gota del cielo, la escultura del santo se arrojaba al río desde lo mas alto que pudieran. Aunque, a toda prisa, se intentaba pescar pocos metros mas abajo... . Digo, se intentaba, porque comentaban que desde la primera escultura gótica del santo que se fue hasta el Ebro, ya había habido varios "San Isidro Capucete" distintos, en aquella iglesia (que le cumplimentaba un rito tan "interesente" al patrón de los labradores...).
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El siguiente patrón era mas curioso, pues dicen que se llamaba "San Joderse" (tal como oyen o leen). Yo no podía dar crédito a que algo así existiera, pero de mayor lo estudié y me aclararon los "especialistas en el tema", que al parecer se trataba de una estatua que en su base llevaba la inscripción "San Joan de Jerusalem". A la que le habían quitado, o borrado a golpe de cincel las letras "a;n;J;e;u;a:l;n" y quedó como: "San Jo...de...r..s..e.". Dicen que era muy venerado, sobre todo por las que deseaban quedarse embarazadas....
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Por último, "Santafé la puerca" es el asunto religioso-etnográfico mas extraño, de los  que he tenido que estudiar y lo hice en profundidad (máxime cuando se trataba de algo relacionado con mis ancestros, e incluso, con mi apellido...). Al parecer, data de muy antiguo su culto allí y dicen que la denominación de "la puerca" tiene un origen parecido al de "San Joderse". Pues, al parecer, en el puente sobre el río Aragón que dicha villa tiene, había colocada una escultura de la virgencita francesa de Santafé (de Conque), a la que le borraron también letras. La aparción de la Virgen de Santafé, creen que se debió a que el lugar se encuentra en las proximidades del Camino de Santiago (que acaba en Conque). Pero en opinión de otros, la veneración a Santafé, se arraigó porque muchos marranos (judíos conversos) subieron a refugiarse a esta villa (fronteriza  entre Aragón y Navarra); entre ellos la familia nuestra, así apellidada. De esto, el sobrenombre de "la puerca", pues era la patrona de esos a quienes llamaban marranos por haberse cambiado de religión... . Sea como fuere, en el puente del pueblo y bajo aquella esculturita en la que estaba escrito en piedra "Nuestra Señora de Santafé, La  Patrone de Conque"; comentan que terminó poniendo "Nuestra Señora de Santafé La Puerca" y así fue adorada y llamada....
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Por lo demás, como decimos; a juicio de los mas expertos, el culto a esta Santafé se debe a la llegada a este lugar hacia el siglo XVI, de "marranos" huidos de la Inquisicíon desde Zaragoza; quienes traían este apellido que suena tanto a judeoconverso. De hecho, se dice que otra rama de la familia que se establece en la misma villa, no reconvirtió su apellido en cristiano y continuó usando el nombre original hebreo. Apellido antiguo que en los nuestros fue Azamel y el de otra familia Santafé, fue Lurki o Ha Lorquí. De lo que en aquel pueblo se ha conservado aún ese segundo apellido judío intacto y hay quienes se llaman así, si saber la mayoría de ellos por qué en medio de la Ribera del Ebro, uno puede apellidarse  Luki o Lorki. Por lo demás, en el mismo lugar, apareció una extraña familia que se conservó el nombre de aquella Villa y que terminó afrancesándolo como  Cabarrús. Comentando que  era igualmente de origen judío y que terminó haciendo grandes negocios en Francia, con muchos de los conciudadanos y paisanos de su pueblo natal navarro.
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Por lo demás, aunque el sitio le gustase mucho, el bisabuelo Nicolás, parece que estaba harto ya desde los diez años, de la situación que vivían con el carlismo. Cuando nació, acababan de perder la Primera Guerra Carlista, pero desde entonces, muchos de los que le rodeaban, solo preparaban la Segunda o la Terecera (y las que hicieran falta). Harto ya de tanto beligerante, decidió catalogar a los carlistas como: " Animales, de cresta roja, que una vez comulgados y confesados, atacaban al hombre".... Tras esta primera conclusión filosófica, que dijo, obtuvo hacia los dieciseis años (aunque la frase es de Baroja), tomó los bártulos y se largó a París a estudiar, sin poder volver donde andaban a tiros y donde los liberales estaban bastante perseguidos.
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Al parecer, alguna ayuda obtuvo en la capital francesa, de los Cabarrús (por amistad o parentesco) y terminó siendo hacia los veinte años, flautista y matemático (que era su vocación). Tras ello, se dedicó al dinero (que era su devoción) y entró en el Credit Lyonnais. Pasó a la bolsa parisina, donde al parecer, en esos años no hacía falta oposición para comprar y vender; y para ello  bastaba con tener suficientes conocimientos de números y leyes, como para poder engañar a muchos. Debió ser bastante su preparación en matemática y legislación (tanta como para dejar libros escritos) y pronto fué admitido en los círculos de bolsistas (así se llamaban). Acto seguido, se introdujo en las reuniones filosóficas de los banqueros, que justificaban la necesidad de crear y manejar dinero, para hacer a los pobres mas ricos. Esta teoría decía que era una parte fundamental del krausismo, que preconizaba la necesidad de que el proletariado tuviera propiedades y riquezas, para que el dinero cumpliera una función social y socializante. Así, el abuelito Nicolas, ingresó en aquellos años (hacia 1875), en esos círculos y vino a España unos años después a implantar esa filosofía y ese concepto del dinero y de la banca. Aunque el verdadero golpe de suerte lo tuvo al "caerle en gracia" a la emperatriz Eugenia de Montijo, que tras su destierro y destronamiento tomó a Nicolás Santafé como su banquero y financiero de confianza.
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Parece que hacia 1885 fundan en España el banco Hipotecario, con ayuda de los franceses. Cuyo cometido era facilitar dinero y dar préstarmos para que la gente "normal" pudiera comprar y construirse una casa propia -evitando la explotación de los prestamistas y promoviendo que naciera en la sociedad la clase media, con propiedades y cierta riqueza-. Así, mientras presidía este banco tan "caritativo", conoció hacia 1900 a quien luego sería su consuegro: Manolo Cobo Canalejas. Debido a que este último estaba casado con la hija de uno de los "constructores" de mas empuje del Madrid, de fines del XIX.
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Decimos constructor, aunque realmente habría que escribirse "maestro de obras"; pues en aquellos años, los que así trabajaban haciendo pisos por doquier, no necesitaban ni de arquitecto y sus principios normalmente habían sido, de albañil. Por ello, aquel suegro del otro bisabuelo (Manolo Cobo) dicen que era apodado "sandalio", por haber llegado en alpargatas a la capital y gustarle pasear por la actual zona de Malasaña, con ese calzado, (aunque en verdad se llamaba Sandalo). Y es que resulta, que el mas pobre era el mas rico, tanto que se recuerda fue nombrado senador por la "cuota de impuestos anuales" que afrontaba (un tipo de sufragio que a fines del XIX existió). Afirmándose de él, que un día antes de ir al Senado (ya preparado vestido de gala), hubo una avería en la casa, se quitó la levita y arregló las roturas, previamente a acudir a la Cámara Alta. Y es que a los esta familia, les gustaba y les gusta más una obra, que a un tonto una tiza...
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Pero pasemos a su yerno, el que fue abuelo de mi madre y padre de mi abuela... Del que ya dijimos que se dedicaba mucho a la política. Pues, como se puede comprender leyendo estas lineas, eran todos muy de izquierdas. De lo que entonces se llamaba el "liberal- progresismo". Pues aquel primo de Canalejas, de nombre Manuel Cobo, dicen que había tenido un éxito fulminante con su partido en su zona natal (Cuenca). Ello debido a que hubo entonces una técnica electoral magnífica, que consistía en preguntar a los votantes cuanto les pagaban los otros por su voto y hacer una contraoferta...
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Eran los años en los que los votos se podían comprar y parece que una de las formas mas frecuentes de ganarlos era la de hacer propaganda electoral consiguiendo hasta el "contravoto". Para ello, se preguntaba  al "electorado", cuanto pagan los otros. Si el votante decía que 3 pesetas (que era lo que solían dar), rápidamente se le respondía:
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-"¡Menudos tacaños!. Anda; trae acá las tres pesetas, que yo te doy un duro, si nos votas. Hazlo así Coge dos papeletas en la mano, lleva la de los otros como si fueras a meterla en la urna; pero cuando la dobles, para echarla, cámbiala por  la nuestra. Guarda la que no has metido  y tráela en la mano con las tres pesetas.... Que te cambiamos todo por un duro"-.
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La ceremonia de aquellas elecciones tan democráticas, al parecer se desarrollaba de forma seria y perfectamente planificada... Los "compradores de votos", vigilaban con cautela, el transcurso de aquel acto. Esos que los habían adquirido, eran llamados  "los caciques del lugar", quienes pagaban  cada voto. Y como si fueran interventores del partido, estaban presentes en la mesa electoral, cuidando de que cada papeleta a abonar, fuera debidamente introducida. El votante se acercaba hasta la "urna" (que en ocasiones era un simple puchero), con "la papela" bien abierta, cerrándola ante la mirada del cacique y sus ayudantes.  Quienes (tras comprobar que la había introducido debidamente), a la salida, le daban el dinero acordado. Así es como dicen que algunos incluso se atrevían hasta a falsificar esta compra, enseñando al electorado a llevar dos papeletas en la mano, hacer que votaban con una, cobrar de aquellos; e ir luego a entregar la no echada, para que los contrarios se la pagaran....
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En este ambiente tan democrático se fraguó lo que entonces se consideraba izquierda liberal y el pobre Manuel Cobo, organizaba y coordinaba, la zona de La Mancha a los progresistas; como le mandaba el partido de su primo (José Canalejas). Pese a ello, el regeneracionismo intentó liberarse de aquello y cuando cayó Sagasta y entró Canalejas, se pretendió acabar con la compra y sobre todo, con los pucherazos. Ya que este segundo asunto era peor que el anterior, pues consistía en que una vez terminada las jornada de elecciones, metían en la urna, las papeletas "de los muertos" (o de quienes no se habían acercado a echarlas). Al parecer, dependiendo a veces de lo que hubieran abonado los caciques y terratenientes de la zona; tras cerrarse la jornada, traían unos pucheros llenos de votos, que se unían a los de los verdaderos electores y con ello, se rellenaba el "pucherazo"....
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Verdad fué que el Regeneracionismo pretendió acabar con estas costumbres, al igual que Canalejas, harto ya de que la gente quisiera meterse en guerras, dictó y determinó que todos debían de hacer el Servicio Militar (fuera cual fuera su origen y pagasen lo que pagasen). De este modo, se consiguió terminar un poco con la perseverancia guerrera, que entonces los españoles tenían (sobre todo, en las clases altas). Pues bastaba con pagar cinco mil pesetas al ejército, para que otro hiciera la mili por tí. Pero los que no podían ni dar mil pesetas, se veían obligados a ir a servir  en Colonias (a la guerra, en las peores condiciones de salubridad y equipamiento).
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De tal manera, aquellas familias que ni siquiera tenían para pagar esos cuatro mil reales, estaban casi condenadas a perder el hijo en Cuba, Puerto Rico, o Filipinas. Ya que allí, o morían en batalla; o aún mas seguro era que perderían la vida, debido a las enfermedades tropicales y a la malisima alimentación. Tanto fue así que el famoso ideólogo norteamericano Monroe, dijo al saber lo que sucedía en el ejército español: "Yo conseguiré de estos pobres, que no tienen ni las mil pesetas para liberarse del viaje a una segura muerte, al que les envía su país. Haré que se subleven contra sus compatriotas".... -Quizás si estudiáramos detenidamente y bajo estos prismas, la historia del Desastre del 98, comprenderíamos que la culpa de lo sucedido, fué de España (y de lo que con sus hijos hacía nuestra patria, por aquel entonces...).-
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Pero sigamos con los Regeneracionistas en la primera etapa de El Gijón, porque si nos detenemos en temas como el anterior, vamos a ponernos tristes (o algo que es peor.... Serios). Como decíamos, muchos días iban los de la tertulia de Canalejas allí, a tomar el café, dado que D.José era un hombre campechano donde los hubiera. Tan de la calle, que ello le costó la vida, pues se negaba a llevar escolta y paseaba por Madrid a pié, "como Perico por su casa" -hasta que un asesino aprovechó su fé en que todos eran buenos y en que carecía de enemigos, para darle un tiro en la cabeza-. Allí, se explicaba la filosofía de Regeneración y se sentaban los mas ilustres profesores, que por aquel entonces habían fundado La Institución Libre de Enseñanza.
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Aunque por su parte y conforme me comentaron, la filosofía krausista (o de Regeneración), se comenzó a divulgar fuertemente por Madrid, en los llamados "mitines de las tahonas". Donde, tras reunirse en las panaderías los intelectuales y los obreros, muchas veces decidían bajar de precio (o regalar) el pan durante días (o semanas). Tahonas o panaderías, que en su mayoría se situaban en los nuevos barrios de la actual Malasaña, o en la entonces naciente Gran Via (y  que evidentemente, habían sido patrocinadas con créditos o constructoras, de "amigos del krausismo"...).
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Podríamos pensar que todo aquello era un chanchullo y quizás estemos en lo cierto. Pero cada época es como es y cada hombre ha de sobrevivir en la Sociedad en la que nace, haciéndolo lo mejor posible. De tal manera, es mejor comprender que juzgar y comparar que sentenciar. Pues si unos nos parecen malos, tristemente, los otros eran mucho peores... Pese a ello, parece que una máxima en estos regeneracionistas siempre fue el que había que afrontar las situaciones con sentido del humor. Así, cuando el discurso sobre el proletariado se hacía duro y comenzaban las críticas al grupo de Canalejas, dicen que en aquellas tertulias del Gijón se levantaba Manuel Cobo a defender su ideología proclamando:
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-"Nuestra meta es hacer a los pobres ricos... No hacer a los ricos pobres. Eso es lo que hay que conseguir. Que cada obrero pueda comer carne y que los comerciantes y los trabajadores, tengan su propia casa... No hacer a los ricos pobres; sinó a los pobres ricos...."-
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Entonces se oían algunas voces que exclamaban en tono de chufla: -"Y a los ricos... Mas ricos.... ¿No?-" . Pero aquello no les paraba y contestaban: -"Eso por descontado."-
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Y es que la filosofía que seguían no estaba del todo equivocada, pues de algún modo los senderos de la izquierda moderna, han seguido esta linea del Regeneracionismo, en el que se piensa, que lo mejor es que todos seamos lo mas cultos y ricos que se pueda -pese a que siempre habrá quienes acumulen y amasen mucho mas de lo que necesitan-.   Y para evitar abusos, que el Estado los controle.... Por ello, el lema de "Despensa y Cultura" parece que no podrá morir fácilmente (aunque parece que hoy la gente prefiera mas seguir la máxima de: "Discoteca e incultura"...).







lunes, 3 de enero de 2011

FAUNA Y FLORA DE EL CAFÉ GIJÓN (III Los Regeneracionistas)



Sobre estas lineas: Los Santafé Arellano y los Cobo Canalejas, veraneando  juntos. Eran años felices, en los que aún El Regeneracionismo, podía ser una via ideológica para "regenerar" España..
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Desde niño oí en casa, que la fama e importacia del Café Gijón, había comenzado a principio de siglo, con el Regeneracionismo. -Hablo del siglo XX, que es el mío; no este "21", en el que me encuentro todo el día abrumado por máquinas con botones incomprensibles-. Eso es lo que me contaron -corríjanme si me equivoco-, pero me decían que tras la pérdida de Cuba, comenzaron a reunirse allí los integrantes del "bando" que habían previsto "El Desarstre", con décadas de anterioridad. Aquellos que ya en 1870 eran partidarios de crear "autonomías" para Filipinas, Puerto Rico o Cuba; quienes incluso proclamaban que lo mejor era dar la independencia amistosa a estas tierras y centrarse definitivamente en reconstruir la economía, el civismo y la cultura en España. Esos mismos, que siguieron la tan repetida frase de "cerrar con doble llave el sepulcro del Cid"; o aquella "otra" (aún mas recomendable), que decía "cultura y despensa"...-.
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Pues El Regenereracionismo, aunque nos parezca obra de fines del siglo XIX, venía de muy atrás; naciendo de hombres que vieron la luz de nuestra tierra, cuando acababa de proclamarse en ella La Pepa. Su "iniciador", Julián Sánz del Rio, vino al mundo dos años después de que  los franceses regresaran detrás de los Pirineos y cuando junto a ellos se nos iban  -entre otros-, Francisco de Goya... Por cuanto sucedía, no sería muy difícil entender a comienzos del XIX, que esta nuestra patria, aquel entonces, se había degenerado hasta límites extremos y  que ello nos llevaba a  repetidas luchas fraticidas  (primero, Carlistas y luego, de todos los colores).
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Tuvo que perderse Cuba, Puerto Rico y Filipinas en un Desastre que produjo mas nostalgia  y risa, que vergüenzas y tristezas (algo que se observa, cuando se estudia El Desastre con detenimiento); para que el movimiento que imploraba la necesaria Regeneración de nuestra nación, se viera escuchado. Sobre todo, aquellos intelectuales que lo proclamaron desde mediados del XIX, fueron definitivamente oídos y secundados, cuando un bando político recogió sus ideas y las convirtió en estandarte principal. Aquel "ala de la izquierda", fue la de José Canalejas, quien desde la caída de Sagasta, comenzó a liderar al bando progresista, hasta llegar a ser primer ministro hacia 1910. Sus ideas Regeneracionistas también venían de antiguo, pues Canalejas , aunque nacido en Galicia, su familia era medio andaluza y bebió desde su infancia en las fuentes del "romanticismo nacionalista" , del "progresismo idealista" y en las ideas del krausismo (filosofía que trajo a España el rondeño, Julián Sanz del Rio).
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Dicen que fue hacia 1898, cuando los que sabían desde hacía décadas lo que iba a pasar en Cuba y en Filipinas, comenzaron a reunirse en El Café Gijón, para poder hablar abiertamente, sin ser interrumpidos por aquellos "otros", quienes aún proclamaban, que había de continuarse con la guerra con Colonias... Entre ellos, uno de los mas ilustres asistentes a la terulia y al cafelito diario en el Gijón, a principios de siglo, era Pepe Canalejas -quien después pasaría a la Historia como José Canalejas y Méndez-. Ello, porque tenía en despacho a poca distancia y porque su socio de bufete y primo, vivía casi al lado. Este último era Manuel Cobo Canalejas, quien tenía casa en la calle Barquillo (apenas a unos metros de El Gijón) y diariamente iba con su hermano Julían  -que también residía al lado-, a tomar el "cafetito". Ambos hermanos, eran primos y socios del político; tanto que Manuel Cobo regresaba a su oposición de juez, siempre que José Canalejas no tuviera cargo político y ejercíera de abogado. Pero volvía al bufete cuando el primo Pepe era nombrado ministro; entonces, Manolo Cobo, pedía la excedencia e iba a dirigir el bufete de ambos, haciendo unos negocietes bastante buenos (todo ello ayudado por Julián, el pequeño de los tres, quien era notario)...
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De estas cosas se entera uno solo cuando te lo cuentan a escondidas, aunque todo ello lo oí muy de niño, cuando me comentaron quien era Manuel Cobo: El abuelo de mi madre (querido,admirado y estimado por todos, pues se le considera una de las mas ilustres cabezas familiares). Realmente debía de serlo y sus virtudes como abogado no dejaron de ser mejores que las que tuvo como padre o abuelo (inmejorable). Un abuelo que "consideraban" todos de la izquierda mas izquierdosa y monárquica de entonces, aunque con un cierto sentido del progresismo "picassiano". Tanto, que su primo José Canalejas, poco antes de perderse Cuba y como "la cosa se iba a poner fea", consiguió comprar a su mujer (Maria Saint-Aubin) un palacio en la calle Huertas N.18 ; tan solo con lo que cobraron en una minuta, del bufete común  (edificio que es la actual sede de la Cámara de Comercio). Pues para muchos, la defensa del proletariado, para nada supone vivir como un proletario; ya  que para algunos, ello sería como decir que para defender a un delincuente, es imprescindible delinquir a diario... 
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Recuerdo que una vez, oyendo historias de "esos tiempos", le dije a mi madre: -"! Oye.  Pero esta gente estaba todo el día de chanchullo en chanchullo.!"-.
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Y respondió mi progenitora: -"Puede que ahora lo veamos así,aunque entonces era lo común. Es como comparar lo que se entendía por decencia, imagínate lo que sería en el año 1900, ponerse en bikini en una playa..... 
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Lo único que te puedo asegurar es que estos, los "Liberales Progresistas, Regeneracionistas", eran los mejores de entonces. Dicho por todos; desde ALfonso XIII, hasta Pablo Iglesias, pasando por Cánovas, Sagasta y Maura. Todos, absolutamente todos querían y creían en  José Canalejas. Era el líder más estimado por los políticos y el mas adorado por el pueblo. Además, dicen que mi abuelo siempre afirmaba que lo mejor para que los políticos no robasen, era que tuvieran dinero, o hicieran buenos negocios."-. Y qué le puede uno contestar a eso (sobre todo cuando uno tiene,  ocho o diez años de edad...).
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Así que dejando críticas y momentos sociales aparte, volvamos al Café Gijón y a sus tertulias de Regeneracionistas. Pues allí parece que comenzó a aparecer, junto a Canalejas, gente tan ilustre como Joaquín Costa y Giner de los Rios. Al igual que frecuentó el café otro primo del político; un gran filósofo y especialista en literatura (como todos los Canalejas), que se llamaba, Mario Méndez Bejarano. Este último era andaluz por los cuatro costados, tanto que fue uno de los mejores especialistas en Historia de Sevilla que en aquella ciudad nacieron. A punto estuvo Mario Méndez, de ser ministro (ocupando una cartera similar a la de Cultura), pero -creo recordar- que ello sucede en esos días tristes de Noviembre de 1912; cuando asesinaron a su primo José.
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Había tenido mucho contacto Mario Méndez Bejarano con los Machado, porque el padre de Manuel y Antonio, era también un famoso especialista en literatura y en folklore. Aquel progenitor de los dos poetas, apodado "Demófilo" (amante del pueblo) y llamado Antonio Machado Álvarez, en nuestra opinión ha sido una de las mas ilustres figuras de Andalucía (muchas veces olvidado; posiblemente eclipsado por el resplandor del arte universal, de sus dos hijos). Demófilo, a mas de ser literato, traductor, folkorista y profesor en los mejores foros europeos, ocupó el cargo de administrador de la Casa de Alba en Sevilla. Hacia 1993, fue susutituido en este cargo, por un flautista, matemático y bolsista, llamado Nicolás Santafe; quien acababa de fundar, con los regenacionistas, el Banco Hipotecario. Pues la misión de esta banca, era dejar dinero para que las personas pudieran adquirir sus casas propias y ello, concordaba con los principios del krausismo que promulgaba la expansión de la economía y la creación de una Sociedad igualitaria, en la que todos tuviera propiedades.
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Paraban todos casi a diario por ese café. Aunque -para mi entender-, el hecho mas importante que en esos años ocurrió en El Gijón, fué que allí se conocieron el hijo mayor de Nicolás Santafé y la hija de Manuel Cobo; de donde nacería después mi madre: Maria Teresa Santafe Cobo. Pese a ello, no fué aquello lo que el resto de los seres humanos recuerdan como destacado, sinó que hablan de que el asesinato de Canalejas, en noviembre de 1912, cambió mucho las tertulias y a los asistentes. Tras aquél magnicidio cometido en la Puerta del Sol, dicen que el grupo de regeneracionistas que se se reunía en El Gijón, se dispersó. De igual modo, se comentaba, que el ambiente entró en una profunda tristeza. Aunque, por fortuna, hubo "una nueva luz" que hizo regresar la alegría a aquel lugar: Comenzaba a visitar aquel café entonces D.Ramón (el ilustre príncipe de las letras, llamado Valle-Inclán), quién que de algún modo heredó el puesto de Canalejas -por la atracción e importancia en sus tertulias-.
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Pese a todo, con el asesinato de Canalejas, El Regeneracionismo moriría... Eran esos, los años previos a la Primera Guerra Mundial y a juicio de los mas ilustres historiadores, la exclusión de las ideas regeneracionistas del panorama político nacional, fué abocando a la Sociedad hispana a una horrible confrontación; que terminó terriblemente produciendo el "18 de Julio del 36".


domingo, 2 de enero de 2011

FAUNA Y FLORA DE EL CAFÉ GIJÓN (II José Quereda)

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SOBRE ESTAS LINEAS. Foto del interior de El Café Gijón: Uno de los veladores de ventana, que era el lugar preferido de Ernest Hemingway y donde se sentaron, poetas, artistas, actores, filósofos, bohemios y políticos que vivieron o frecuentaron el Madrid intelectual (desde el año 1888, en el que fué  fundado el Café).
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ABAJO: Foto mía tocando la guitarra, a los veinte años (1981), en uno de los días que venía Quereda a casa a tomarse una copita y recitar sus poemas al son de mis acordes (imagen tomada por Pepe Quereda -o bién, por Salvador Ruiz Santafé-).

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Entre todos los que asistían diariamente a El Café Gijón, parece que el mas asiduo y puntual fue durante años Jose Quereda; normalmente llamado Pepito Quereda y conocido entre los flamencos como "er Zeñó Querella". Aquel Pepe Quereda, al que nos referimos,  no  es precisamente el actual catedrático de climatología. Sino Pepito, el periodista, poeta y amante del flamenco, que no faltó noche alguna a ese Café del Paseo de Recoletos, durante los años sesenta (y parte de los setenta). Seguro que no fue el mas famoso de los que se sentaban en aquellas tertulias, pues entre los literatos que allí se reunían había figuras como Camilo José Cela, Ana Maria Matute y muchos de los que aún vivían, pertenecientes  la Generación del 27 y de la de Medio Siglo. Pero sin ser el que mas fama tuvo, sí consiguió ser Quereda el que mayor atención sostuvo, muchas noches.
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Según mi padre me contaba, Pepito era un antídoto contra D. Jaime de Mora y Aragón... Este último, cada vez que aparecía en El Gijón, acaparaba toda la atención de los asistentes. No solo porque unos años antes, su hermana (Da. Fabiola) se había convertido en reina de los belgas. Sinó, sobre todo, porque entraba en el café (o se sentaba en la terraza), ataviado con las mejores galas que había llevado en la noche, para tomarse allí  "una espuela" -era entonces como se denominaba a la última copita que bebían antes de dormir-. Narraba mi padre, que su aparición en El Gijón era siempre magnífica, parándose frente a todos, dejándose ver y admirar, girando la cabeza lentamente y dejando luego caer su monóculo. Tras mirar para el lugar donde se iba a sentar, se dirigía Don Jaime a la mesa elegida y allí daba dos goles con su bastón sobre el suelo (o en el tablero).  Presto acudía un camarero y el distinguido cliente decía, con tono adusto y seguro:
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-"Lo de siempre. Una copa; cargada del mejor hielo"-.
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De imediato, regresaba el camarero, sirviéndole la mayor copa balón que encontraban, cargada de cubitos. Don Jaime, después, le pedía disculpas, diciendo:
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-"Perdona, pero ya sabes que vivo aquí al lado y el garrafón que nos dais es horrible.  Así que me traigo el Chivas 24 años de casa, para que no me dé un infarto con lo que estos de alrededor beben".-
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El camarero, impertérrito debía aguantar luego la escena que llegaba, pues Don Jaime solía desenroscar el bastón que sujetaba con su mano, para volcar seguidamente sobre la copa lo que en el interior se contenía. Se servía así, una y otra vez normalmente, el whisky que había dentro del bastón trucado, mientras  charlaba con unos y con otros  -pidiendo mas hielo, si lo necesitaba-. Tras terminar la consumición, se levantaba y dejaba como propina una cantidad superior a lo que valían varios whiskyes....
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Sobre estos hechos, me narraron que un día, antes de marcharse, salió un tanto "tocado" por la bebida. Al levantarse de la mesa y verse mal de equilibrio, los camareros (que le adoraban) intentaron ayudarle; pero él hizo ademán de no necesitar apoyo alguno, dejando claro que su estado no se debía para nada a un exceso en "la espuela", que se había tomado. Muy por el contrario, comentó que le dolía la cabeza por algo malo que había ingerido y prosiguió preguntando así a los empleados de El Gijón:
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-"Siempre os pido que me pongáis hielo de agua mineral... ¿Estos cubitos con qué están fabricados?"- . A lo que el camarero contestó que eran de Agua de Solares, que por entonces era  la marca más común, mejor y más famosa. Don Jaime de Mora se llevó en ese momento la mano a la cabeza con gesto de horror y le explicó que aquellos cubitos tenían culpa de su cefalopatía. Advirtiendo de su estado con  palabras muy parecidas a estas que a continuación suscribo:
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-"¿Me habeis puesto hielo hecho con agua de Solares; esa la que anuncian por todas partes?....-. El camarero  asintió con la cabeza. Tras ello, el fino cliente continuó:   -"Pero hombre de Dios, a quién se le ocurre darme para mezclar un escocés de categoría, un agua mineral que se anuncia en las carreteras y hasta en la radio.... ¿Tú te crees que se me puede hacer a mí eso...?. Me voy que me duele un montón la cabeza. Y para la próxima, dile al jefe, que use agua mineral francesa o suiza; de los Alpes... ".- Dejó la propina acostumbrada sobre de la mesa y ante las carcajadas de muchos de los que le oían, salió de un Café Gijón; lleno entonces de comunistas, anarquistas y bohémios. Quienes, muchos días no tenían qué llevarse a la boca, pero aún así respetaban la flema de un personaje tan singular como este.
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Algunos consideraban que José Quereda, era "el antídoto" existente en El Gijón, para poder "soportar" las apariciones y excentricidades de Don Jaime de Mora y Aragón. En realidad, si no fue lo contrario, siendo lo mismo; sí se acercaba mucho a ello. Pues Pepito Quereda era tan amante de las mujeres como Don Jaime, pero tenía el enorme problema de que había nacido con una talla con la que todas le quedaban altas... Por ello, los bailarines flamencos le ayudaron a ligar  y para eso, le recomendaron un zapatero de calzado de danza, que le hacía a Pepito unos chapines con unas alzas tremendas. Quereda, se creía y estaba convencido, de que no se notaban nada los ocho centímetros de tacón que llevaba bajo los calcetines; pero en verdad cuando le mirabas al final del  pantalón, te daba vértigo ver a una criatura tan pequeña, andando sobre esas alturas....

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SOBRE ESTAS LINEAS: Libro que contiene la conferencia e impresiones sobre El Café Gijón, del escritor conquense José Bárcena; quién desde 1974 trabaja en El Gijón y ha conocido a muchos de los que en mis "Añoranzas, recuerdos y semblanzas", reflejo (entre ellos a José Quereda, del que guarda un gran recuerdo). Es Bárcena, memoria viva de lo que fué la intelectualidad madrileña desde los sesenta, hasta la Transición y el fin de siglo... Hablar con él unos minutos, es un regalo de cultura y de bondad. En breve, le dedicaremos una semblanza, que prepararemos cuando tengamos más tiempo.
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Era Pepito un hombre entrañable y querido por todos. Principalmente por los de El Gijón. Ya que como le habían parido  "soltero nato" -como él decía- tan solo tenía como familia a sus amigos (aguantó poco mas de un par de meses casado).  Pese a ello, las mujeres y el lujo eran su pasión; y si Don Jaime de Mora disfrutaba de las féminas y el boato, gracias a sus relaciones, encantos, dotes y aspecto. Pepito lograba conquistar a las dolces "donnas", recitando versos y contando mil batallas increíbles; tanto como lograba meterse en cualquier casa, ambiente o palacio; haciéndose pasar por gitano blanco, como palmero en los cuadros flamencos. Pues, lo que mas le gustaba a Quereda era una juega flamenca. Tanto que en su casa tenía enmarcado un billete de cien pesetas que había ganado en una noche de verano (en 1965), dando palmas en la fiesta de un "señorito" potentado; haciéndose pasar por gitano. Aquel billete de veinte duros, firmado por todos los componentes del cuadro flamenco que le acompañaban; era una reliquia para él y lo guardaba y exhibía, como quien expone en la entrada de su casa la ejecutoria de nobleza, o el acta de hidalguía de su familia.
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Siempre me decía: -"Angel, cuando vengas a mi casa vas a alucinar.... Tengo enmarcado un billete de cien pelas que gané una noche haciéndome pasar por gitano blanco,  dando palmas en una juega flamenca. Está firmado por todos los componentes del grupo que tocábamos allí. Y en el centro tiene ni mas ni menos, que la firma de Perico el del Lunar...."-
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Pese a todo lo que pueda parecer, Pepe Quereda (alias "er Zeñó Querella", en el mundo flamenco) era uno de los tipos mas ocupados que conocí. No tenía apenas un momento libre, pues tal como me narró, su horario era de gallina ponedora japonesa:
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Se levantaba a las diez de la noche, desayunaba y se iba al Gijón, para escuchar "las noticias y lo que se cocía en la noche". Hacia las doce o una de la madrugada, se iba a la redacción del periódico, donde debía entregar la colaboración o pasar a dar unos toquecillos a los compañeros periodistas. Tras ello, se acercaba a la fiestecilla flamenca que tocara y hacia las ocho de la mañana iba a fichar al ministerio de Información (donde trabajaba en el gabinete de prensa). Tras fichar y ver lo que había, regresaba a casa hacia las nueve, para dormir hasta el medio día. Cuando se levantaba a la una, regresaba al ministerio a echar unas horitas (pues no tenía mas que un contrato temporal de cuatro horas al día -al menos eso afirmaba-). Sobre las seis, salía del currele y dormía la siesta hasta las diez, que volvía a levantarse, desayunar, prepararse e ir al Gijón, luego al periódico y finalmente al tablao, para volver a las ocho al ministerio.... Un Titán de la ocupación.
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Lo que más le gustaba era que le acompañasen a la guitarra mientras recitaba y cuando yo tocaba unas Soleares siempre "se arrancaba" con un poema suyo (perteneciente a su libro Diente de León) y que comenzaba diciendo algo así como:
"Ese rumor del mar que va a la arena /  esa luz que muere en el ocaso  /  la huella caminante de aquel paso / y la tristeza que te hunde hasta la pena...."
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Un día, tras este comienzo recitado por Quereda ante amigos, proseguí yo con otra versión de la misma letra, añadiendo un recitativo diferente, mientras tocaba mis Soleares, declamando:
"Ese rumor del bar que va a Quereda  /  Esa copa tomada en el ocaso  / La huella diletante de aquel vaso"
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Antes de terminar el último verso, Quereda ya se había enfadado mucho conmigo, replicando que con la poesía no se hacían bromas. Y es que para Pepito, la belleza en la palabra era sagrada. Pues siempre decía que por algo era nacido en Orihuela, el pueblo de Miguel Hernández y de otros tantos poetas. Concluyendo con la frase de que por todo ello, amaba tanto a La Mancha, "la patria inspiradora" de DonQuijote.  
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Así le recuerdo y así le recordarán todos. Siempre intentando ligar y siempre en sus fantasías y en sus poemas, con las palmas de flamenco y un artículo por publicar bajo el brazo. Mi padre, que se reía muchísimo con sus ideas y su forma de ver la vida, no hizo mas que ayudarle y le introdujo en cuantos grupos  y en cuantos trabajos, pudo. Pero a Pepe, lo que le gustaba era el flamenco, por lo que lo único que necesitaba, era venir por casa a estar con nosotros y a oír la guitarra, beberse una copita y soltar sus versos...
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Uno de los días que le trajimos (pues Pepe no conducía, como los "señoritos de antes"), resultó que el pobre se había tomado unas cervecitas y al llegar a la puerta de casa, estaba que no podía más. Se bajó como pudo del coche y se encaminó hacia el primer arbolito lejano que había, para poder aliviarse allí. Fue en ese momento, cuando otra amiga nuestra (que estaba peor de la cabeza que todos nosotros -que ya es decir-), llegó hasta nuestra puerta, gritando que alguien la quería violar. El pobre Pepito Quereda, que en aquellos momentos acababa de bajarse a toda prisa la cremallera del pantalón (porque no podía mas); vió como sus "partes impudendas" apuntaban hacia donde esa chica venía gritando que había un violador.... Del susto que se llevó, se la subió de nuevo como pudo, pillándose las nobles zonas.... Quedó en el suelo retorciéndose de dolores, diciendo que no iba a violar a nadie, que todo era un error, que no podía más y que le dejaran aliviarse....
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Por su lado, la que pensaba que le perseguía un violador,  se había confundido con otro llegado antes que solo se trataba de un electricista, que venía a cobrar una factura atrasada.... En esa terrible escena, llegaron los guardas, al oír los gritos. Así vieron al pobre Quereda lamentándose de sus dolores tirado en el suelo; a la chica pidiendo perdón ante quien solo deseaba ir al baño y al electricista protestando por no poder cobrar y haber sido confundido con un  violador. Nadie daba crédito de que aquello nos podía suceder... Y es que Quereda, tenía mala suerte con las mujeres....
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Pero antes de terminar, deseo narrar una de las anécdotas mas divertidas que me pasaron con este "Don Jozé Querella" (como muchos le llamaban). Sucedió a fines de los años setenta, un día que fuimos al cine los amigos -todos companeros de clase y casi adolescentes, por entonces-. Antes de la película, pasaron un documental sobre la ciudad de Albacete donde a cada momento, en ese reportaje, decía  un locutor: -"Albacete, el Nueva York de La Mancha"-. Cada vez que se oía esta referencia a Albacete, el cine entero rompía a reir en carcajadas (pues la frase era mas que surrealista). Cual fué mi sorpresa, cuando al ver los títulos de crédito del documental, en ellos ponía: "Textos y guión: José Quereda". 
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La siguiente vez que le vi, le comenté que había estado en un cine y había visto el reportaje suyo sobre Albacete, sugiriéndole que al oírse esa frase de "Albacete, el Nueva York de La Mancha", el cine entero rompía a reír. Se quedó pensativo y contestó algo enfadado diciendo:
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-"¿Sabes lo que te digo...?. Que esa frase es mía y no de Azorín, como todos afirman. Porque Azorín en el Suprarrealismo, lo único que refiere sobre Albacete es, su industria y sus edificios modernos (en mitad de La Mancha). Pero este dicho de: Albacete, el Nueva York de La Mancha; es mio... Y si la gente se ríe, es porque al cine solo van hoy pequeños burgueses e ignorantes. La gente ha de ir al teatro...  Por cierto, Angel. ¿Tú qué hacías en ese espectáculo tan barato?"-
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Así era Pepito Quereda, uno de los muchos hombres a los que tantísimo ayudó mi padre y que gracias a mi progenitor, lo pasó mucho mejor en este Mundo (pues sin el apoyo de su amigo Mario, quizás algunas penurias hubiera tenido). Descanse en Paz, quien nos hizo ilusionarnos tanto y quien nos obligó diariamente a reír y pensar bajo el espíritu de la poesía.

sábado, 1 de enero de 2011

FAUNA Y FLORA DEL CAFE GIJÓN (I: cambio de residencia)

Durante los años sesenta, "la movida" intelectual madrileña, se "cocinaba y aderezaba" -en gran parte-, en el Café Gijón (sito aún en plena Castellana). Allí, desde la "posguerra", se habían dado cita y reunido diariamente los artistas, literatos, pintores, músicos y etc; hasta los mas importantes cineastas de la Villa y Corte. A aquel café, iba al menos dos o tres veces por semana mi padre, a sus tertulias; de las que muchas veces venía con un cuadro bajo el brazo (o con una cinta y cuadernos, llenos de poemas que algún amigo le había vendido). Al despertarse los sábados y domingos, comentaba mi madre que muchas veces, se encontraban en la entrada de nuestra casa; el objeto adquirido la madrugada anterior en El Gijón. Y pensaban que lo habían dejado allí mismo, los Reyes Magos (pues no recordaba haber comprado nada, eso sí, siempre decía mi padre, que aquella noche se lo habían pasado estupendamente)....
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En esos días de los años sesenta, no faltó a sus varias citas semanales en aquel Café, donde músicos, poetas y -sobre todo- pintores, arreglaban el Mundo y preparaban la Revolución Final que arreglaría España. Tristemente, hacia 1968 nos fuimos a vivir a una nueva casa en las afueras de Madrid, que se construyó en un terreno que facilitó Luis Miguel Dominguín. Digo tristemente, porque aquella nueva casa, pese a ser estupenda, estaba entonces en medio del campo.... Para "mas peor", se situaba en una calle llamada "de la Vaca", lo que completaba aquella indigna localización; pues entonces, vivir en las afueras era raro. Nadie podía entender en aquel tiempo, como mis padres decidieron irse a pleno campo, en mitad de una urbanización, llamada Somosaguas; en la que todavía no había ni una casa (porque todo aquello que ahora tiene hasta tranvía; eran solares mas pelados y con peor aspecto que una playa, el día después de San Juan). Por su parte, los dos o tres chalets que en aquella urbanización habían construido, eran de "gente bien"; que vivía en pleno centro y venía solo a pasar los fines de semana a esta zona de Pozuelo (que entonces se consideraba lugar mas bien de veraneo y nunca de residencia).
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Lo peor de todo era lo de la Calle de la Vaca, que era el nombrecito que tenía donde compraron la parcela... Quien gestionaba parte de la venta de la urbanización, era precisamente Luis Miguel Dominguín, así que un día se acercó mi padre hasta su casa y le comentó que aquel nombre había que cambiarlo. Que le pusiera Calle del Toro, del Morlaco o hasta del Miura... Pero lo  de vivir en la Calle de la Vaca, se nos hacía insoportable.  Consiguieron hablar con el Ayuntamiento y dando una y mil vueltas se llegó a cambiar el nombre, por el de la Calle del Ciervo (animal mucho mas digno, aunque de mayores cuernos).
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Cuando llegamos allí a vivir, como digo, éramos los únicos vecinos y el resto, solares por construir. La situación era mas que triste (penosa, a veces), porque no es lo mismo residir  en el campo,  que entre parcelas (con movimientos de tierra y obras). Aunque lo único bueno que aquello tenía; era, que con el trabajo de las excavadoras, proliferaban las ratas por doquier. De tal manera, las cacerías de ratas que organizábamos (mis amigos y yo), los fines de semana, eran fastuosas y nada tenían que envidiar a las mas ilustres monterías que entonces se llevaban a cabo en Cabañeros, o en Sardina -incluso a las de Luis Miguel, que llevaba a astronautas y a Ava Gardner a cazar y torear a su finca de Jaen-. Las batidas nuestras de ratas en Pozuelo, eran mucho mas divertidas y asistían a ellas "la crem de la crem" del gamberrismo madrileño.... Pese a ello, aquella nueva casa era un poco triste, por lo aislada y lejana que estaba entonces y sobre todo porque tuve que dejar de ver a File, a Nieves y a sus hijos  (los conserjes de Doctor Castelo 42, que eran una maravilla de gente).
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Tras cometer mis progenitores, aquella ordinariez de irse a vivir en pleno campo, en la calle de la Vaca y donde la gente veraneaba. Mi padre se "lió la manta a la cabeza" y construyó cuantos mas metros pudo (otra grosería); preparando una casa fabulosa con todos los materiales le sobraban de otros chalets de gente verdaderamente ricos.... Hasta le puso un telefonillo en cada cuarto, para hablar de habitación a habitación; algo que en los años sesenta era como tener en tu domicilio, una central de comunicación con la Nasa para hablar con Marte. Pese a ello, el único que usó alguna vez este telefonito inútil fui yo, que  con siete u ocho años hablaba de un cuarto a otro con mis amigos (horas y horas, haciendo el idiota). Los demás, como eran normal, cuando se querían comunicar con alguien salían al pasillo  o a la escalera y daban una voz....  -Creo que mi padre antes de hacer esta casa no comprendía que la comunicación natural  del hombre, es subirse al alto de un cerro y soltar un alarido-.
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Igualmente, me comentó que era mas barato hacer estanques y piscinas, que jardines (pues estos últimos había que plantarlos, cuidarlos y regarlos). Así que llenó el exterior de estanques y construyó una gran piscina -pero muy barata (según contaba)-. Pues, al parecer, lo costoso era darle profundidad al fondo, tanto como anchura al foso . De ello, la de casa, en su lado mas hondo tenía un metro setenta, pero era mas larga que la corbata de un baloncestista. Veintitantos metros de principio a fin, llenaban la parcela; pero como carecía de profundidad, todos nos pegábamos unos cabezazos contra el fondo de mil demonios -creo que debido a ello, muchos de los que frecuentaron nuestra casa acabaron igual de idiotas que nosotros-.
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Para completar este panorama de la "nueva casa", aquella era de estilo muy moderno (excesivo, por aquellos años), siguiendo las pautas del arquitecto preferido de mi padre: Frank LLoyd Wright. Tanto era así, que se comenzó a conocer por la zona con el nombre de El Bunker.... Debido a ello y para "endulzar" su aspecto, mi madre pidió a uno de los albañiles que allí trabajaba, que le hiciera en los muros un "revoco tirolés" (en cemento blanco).  Pero aquel hombre (que era un creativo), se puso a llenarla de pegotes  y cuando se dieron cuenta, estaba cubierta de algo que se asemejaba mucho a boñigas blancas, o lo que tiene aún ese restaurante llamado El Bulli (un "revoco aboñigado", podríamos decir). Así quedó la nueva casa, llena de pelotitas de cemento puestas sobre un precioso estilo "FrankLloydiano" y en ella vivieron mis padres durante casi treinta y cinco años (hasta que tristemente, murió en ella mi hermano Mario, en mayo del 2002).
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Pero pasemos a la época anterior, cuando aún vivíamos relativamente cerca del Café Gijón. Como escribíamos al principio, mi padre no dejaba de ir a este café dos o tres veces por semana; a "escuchar y participar en lo que allí se cocía".... Siempre venía de ese lugar con amigos divertidos, o contando los bulos e historias de extraños sucedidos de El  Gijón y su ambiente. Muchas de estas historietas que allí  le ocurrieron, me ha sido imposible olvidarlas; por cuanto le vi reir durante dias junto a mi madre y aquellos amigos de la bohemia madrileña  -comentando a veces durante semanas, lo que una tarde (o una noche) habían oído, o había sucedido en aquel café de los artistas-. Algunas de esas anécdotas, aún las recuerdo e intentaré recogerlas e este blog, pues considero que deben ser recordadas, por cuanto tienen de valioso, al reflejar como era la sociedad madrileña de los años sesenta (sus intelectuales y sus pensadores).


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La casa que inaguramos hacia 1968 era de un estilo "franklloydiano", uno de los arquitectos preferidos de mi padre ( y en quien se inspiró). Tan moderna era "entonces" que mi madre (harta de que la llamasen El Bunker), pidió a un albañil que en ella trabajaban, que la revocase en blanco. Pero este la llenó de boñiguitas blancas de cemento, muy parecidas a las que tiene El Bulli... Un extraño y difícil estilo de revocar fachadas, que apenas he vuelto a ver más (excepto en uno de los pabellones mundiales de Sevilla, en la primera Expo de 1927)





LUIS MIGUEL DOMINGUÍN (-"Papá, quiero ser torero"-)



Sobre estas líneas:
Mi padre toreando una becerra en la finca de Luis Miguel Dominguín (La Virgen), hacia 1967. Arriba y con gafas oscuras y abrigo; mi madre, observando "la peligrosa faena". A su lado, los astronautas y personas de la NASA para las que ese día, el famoso torero, daba la fiesta capea en su finca. (Estaban todos los españoles muy contentos, pues los astronautas americanos, pese a haber llegado cerca de la Luna, no se atrevían a bajar torear... Ello significaba que torear, era manifiestamente mas díficil que navegar por la estratosfera....)

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Lo que a continuación relato, ocurrió entre los años 1965 y 1967 (aproximadamente), cuando yo tenía entre cuatro y siete años. Muchos de los sucedidos que narro, los recuerdo tan solo porque años más tarde, me fueron comentados por gentes mayores (que me rodeaban; quienes las vivieron y rieron con ellas). Este que voy a contar, es el primer hecho destacado que memoricé en mi vida, realizado como una "proeza amorosa" y  llevada a cabo antes de los siete años, para intentar conquistar a las que hasta entonces, me habían enamorado....
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Hasta los cinco años de edad, la mujer mas maravillosa que había visto era mi niñera. Hoy  a estas chicas, se les llama "canguros"; pero por suerte, antes, se les denominaba niñeras  -pues enamorarse de tu canguro no suena nada romántico-. Aquella que me cuidó hasta esa edad, lo tenía todo bonito (al menos, a mí me lo parecía). Se llamaba Ramona, era nacida en Valverde de Llerena; y aquella acústica de nombre y apellidos, lugar de nacimiento y belleza, a mí me sonaba a angelical. Era buena y la mejor que había conocido hasta aquel entonces; me cuidaba. me vestía, me besaba, me sacaba de paseo, me achuchaba; y yo, a cambio, solo tenía que dejarme querer.... Aquello, era la gloria bendita, traída hasta este Mundo.
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Pero como todo Paraíso, al final -aquello- tuvo su "peor malage Miltoniano"; y un día, mi Ramona apareció en casa con su novio. Se llamaba Juan, era alto y gordito y para colmo agradable, bonachón y joyero -lo de joyero era lo que mas peligroso me parecía, pues para casarse, ningún problema iban a tener de encontrar el anillo y las alianzas-. Aquel bueno de Juan, era del Real Madrid; me compraba bufandas y guantes de su equipo, que me regalaba con todo cariño. Hasta incluso, quería llevarme al estadio del Bernabéu; pero yo me negaba a ir con ellos, pues no podía dejarme invitar por mi rival mas directo. Tristemente, pasaron  los meses y un día mi Ramona dijo que se casaba y que ya no podía cuidarme más....
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Aquel mazazo, para mí fue irresistible. Me puse enfermo y lloraba día y noche, me abrazaba a ella pidiéndola que no se fuera con otro, pero Ramona tenía ya su destino fijado con otro hombre y debería abandonarme. En ese terrible trance, fui el "hazme reír" de muchos, quienes me consideraban un niño idiota, todo el día llorando por mi niñera. De paso, me llevé algún guantazo que otro, de quienes ya no soportaban mas mis llantinas; sobre todo, cuando tenía por costumbre colgarme de las cortinas lamentándome, mirando al cielo; como si del mismo Gustavo Adolfo Bécquer fueran esas tristezas....
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La pobre Ramona, me dijo que no me preocupase, que iba a venir a sustituirla su hermana menor, que se llamaba Jose y era igual o mejor que ella.  Así, antes de que se fuera, traería  a su hermanita y yo no me quedaría solo. Unos días previos a casarse, vino mi amor Ramona, con aquella Jose; a quien, con solo verla,  se me quitaron todas las penas de un plumazo... Pues si Ramona lucía alta, delgada y guapa; la tal Jose era mucho mejor. Tenía el rostro de una japonesa y la sonrisa  una sevillana. Era simpática, agradable y mas alegre. Así, que a los pocos minutos de abrazarla, comprendí que ante la traición de mi Ramona; la vida me había premiado con algo mucho mejor.
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Pero pasaron los meses (o los años) y volvió el eterno problema Miltoniano.... Mi paraíso comenzó de nuevo a deteriorarse; pues resultaba que a Jose, le encantaban los toreros; y para más problemas, vivíamos en un edificio donde entraban y salían subalternos, como los proveedores de vino lo hacen en la Feria de Sevilla. Se trataba de una casa situada en la madrileña calle de Doctor Castelo 42, donde en el piso cuarto vivía el Sr.Corrochano, quien era el mejor especialista en mundo taurino de la época. De ello, a su casa no dejaban de subir y acudir las mejores figuras taurinas. Tanto como muchos de los novilleros que querían tomar buena Alternativa; quienes se colocaban a trabajar con aquel Corrochano, para que les fuera guiando y terminara apoderándoles o apadrinándoles.
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Pasaba yo las tardes normalmente en el portal de nuestra casa, jugando con File, Nieves y sus hijos (que eran los porteros de aquel edificio y unas personas maravillosas). Ellos siempre me avisaban cuando una figura del toreo aparcaba el coche en el garaje, para subir a hablar con Corrochano. Entonces, aprovechábamos  para acercarnos  hasta el ascensor y abrir las puertas al famoso diestro, pidiéndole un autógrafo (o estrechando  su mano, dándoles la enhorabuena). Por allí vimos pasar a los mejores de mediados de "los sesenta"; aunque nunca tuve la suerte de cruzarme con el que más me gustaba entonces: Santiago Martín (el Viti) -quien era mi héroe hasta los seis años-. 
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Pero, un día que aún no puedo olvidar y cuando tendría yo unos seis años, subió hasta el piso cuarto un chico joven, que marcó mi destino. A su paso por el portal, me dijo File:
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-"Allí va el que le gusta a Jose. Directo a Corrochano, para preparar la Alternativa..."-
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Me dio un vuelco el corazón.... De nuevo el horror y el temor. Jose se podía echar novio, incluso casarse, y además con un torero. Esto ya era lo peor que me podía pasar. Me quise enterar bien de quien era aquel "pollo" y me comentaron que se llamaba Paco Bautista, quien por las tardes iba a ayudar al Sr.Corrochano, a cambio de que este le enseñara las artes de toreo de salón y le facilitara el medio para tomar pronto la alternativa. Me hice el loco y no quise pensar que aquello pudiera ser cierto; pero un día llamaron a la puerta de mi casa y con terror vi que quien lo hacía era el tal Paco Bautista. Preguntaba por Jose y aquello a mí ya me sonó a certificado de matrimonio....
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Así fue como comenzó a venir muchas tardes el torero a casa, a recoger a mi amada Jose; que era tan buena, que salía de paseo conmigo y junto a su "novio". Por su parte, Bautista, no podía ser mas cariñoso y encantador, pero yo le odiaba porque con él peligraba "mi Jose".  Recuerdo que el diestro siempre llevaba en las manos, una barra recubierta de escayola, en cuyo interior debía haber plomo (no dejando aquella pesada carga, nunca). No lo olvido, porque veces me la pasaba, para que yo experimentase el enorme peso que tenía la barra.  Explicándome que ese era el medio de coger fuerza en las muñecas, para luego poder torear bien con la muleta. Muchas tardes, paseábamos los tres por El Retiro y un día vi lo peor que me podía esperar: Volvieron ambos cogidos de la mano....
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Mi corazón de nuevo se había destrozado. No sabía qué hacer, ni cómo volver a atraer la atención de "mi Jose" (que era la mas guapa del Mundo). Entonces se me ocurrió una buenísima idea. Rompí mi hucha de cerdito y con lo que allí había me compré una muleta pequeñita y un capote de mi tamaño. Al día siguiente, le dije a mi padre que iba a ser torero y me planté ante Paco Bautista, comunicándole que yo iba a seguir la misma profesión.  Jose y él me abrazaron y me felicitaron por la decisión, con lo que desde ese momento fuimos diariamente a entrenar al Retiro; donde yo daba los mejores pases de muleta  a los leones de piedra del estanque (y a cuantos perros, se  me cruzaban en el camino).
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Mi padre me vio tan ilusionado con la idea de ser torero, que me prometió -si sacaba buenas notas-, que me llevaría ante el mismo Luis Miguel Dominguín (a torear). Llegó Junio, hice lo que pude para "engatusar" a las profesoras (pues lo mío siempre fue aprobar gracias a gustarle a las docentes). Tras ello, le dije a mi padre que había de cumplir su promesa. Así lo hizo y fuimos a una casa, que posiblemente se trataba del chalet de la Avenida del Campo, que entonces acababan de estrenar Lucía Bosé y el diestro. Mi padre tenía que tratar temas de arquitectura y de solares con Luis Miguel Dominguín y recuerdo que me dejaron un rato largo, en una habitación con un niño mayor que yo.
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Aquel chico era como fabricado con otro "patrón" al común que hasta entonces yo había visto. Tenía el pelo lacio y rubio, los ojos claros y era leptosomático, bien vestido y agitaba una melena limpia y cuidadísima. Iba perfectamente vestido y miraba a los ojos, esperando mucho tiempo antes de decir nada; parecía muy callado y educado. Muy por el contrario, los niños que hasta ese día yo conocí, eran como yo: Regordetes, de pantalón corto y pelo rizado (caracolillo); gritones y revoltosos, inseguros y sobre todo, siempre con ganas de molestar. Dicen que cuando nos dejaron solos, me acerqué a él y le pregunté qué estudiaba (pues se encontraba ensimismado con un libro).  Me respondió que estudiaba inglés y entonces aseveré yo, con tono seguro y "demoledor":
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-"¿Todavía estudias inglés, con esa edad?. Pero si yo, ya lo he aprobado"-.
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Aquel chaval al que hoy llaman Miguel Bosé, se quedó estupefacto y no comentó nada ante mi fresa estúpida. Cuando, al rato entró su padre acompañado  del mío; solo comentó que ese niño que habían traído era muy raro; porque con la edad que tenía decía saberse ya todo el inglés y no dejaba de molestar  con  la muleta, dando pases a todos los muebles de la casa. Mi progenitor me recriminó y me contó que le dijo a  Dominguín:
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-"Ya ves lo que te traigo. A este, o lo conviertes en torero; o yo no sé que vamos a hacer con el amor propio y el optimismo, con el que ha nacido."-
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Me contaron que tras ello, me llevaron a la entrada de la casa, donde había una esculturita de un torito (de piedra o juncos, creo); y el maestro me dijo que le diera algunos pases. Comencé la faena y Dominguín empezó a animarme, pero al tercer o cuarto pase, me ordenó que me acercase más a los cuernos. Yo le respondí que no, que si lo hacía me podía pinchar. Al parecer, el diestro, soltó una carcajada y me tomo en brazos, queriéndome poner más próximo a los cuernos de aquel toro de farsa. Pero yo me negué y comencé a gritar que no lo hiciera,  que me pinchaba. Tras ello, me recomendó dedicarme a otra cosa....
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Mi padre y el maestro no podían parar de reír, pero yo salí cabizbajo y deprimido de todo aquello. Primero por ver un niño mucho mas guapo, fino y bien vestido que yo (algo que no cabía en mi pensamiento). Luego, por mi torpeza y las ironías con lo del inglés. Y finalmente, para colmo, había salido como un cobarde de la casa de Dominguín. Regresé a la mía hecho cisco y mirando a la muleta, como debían de hacerlo los mejores diestros, cuando les devuelven un toro vivo al corral. Días deprimido y malhumorado dicen que estuve, hasta que bajé a la portería a contar a File y Nieves lo sucedido. Ellos, que eran maravillosos, enseguida me dieron la solución y me aconsejaron ir a buscar otro apoderado; diciendo:
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-"Mira Angel, allí en el número 19 de esta misma calle, Diego Puerta, tiene un concesionario de coches. Como hay mucha rivalidad entre Puerta y Luis Miguel, si le dices lo que te ha pasado con Dominguín, a lo mejor el otro diestro te ayuda."-
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Ni corto ni perezoso, sin pensarlo, tome los bártulos y allí me planté, en el concesionario propiedad de este otro torero, en la calle Doctor Castelo (que recuerdo, era de la marca Dodge). Me fui con la muleta y el capote, y llegué hasta aquel, preguntando por el maestro Diego Puerta, diciendo que necesitaba hacerle una demostración de mi arte de "cúchares". Los que llevaban esa tienda de coches, sita en el 19 de Doctor Castelo, me recibieron cariñosamente, aunque muy extrañados. Me explicaron que el torero venía solo de vez en cuando por el concesionario y tras ello, quisieron saber por qué yo tenía tanto interés en demostrar mis dotes taurinas a Diego Puerta. Así, les expliqué que días atrás, Dominguín me había dicho que no servía para este arte. Por lo que, sabiendo que había mucha rivalidad entre ambos, pedía ayuda a este otro matador. Aquello les debió de parecer surrealista y me dijeron que para hacer algo de este tipo, había que venir con permiso paterno y acompañado del progenitor, pues el toreo era   muy, muy serio.... -evidentemente, tras lo vivido, no podía pedir ahora a mi padre que me acompañase hasta el rival de Dominguín; por lo que me sentí abatido y acabado-.
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Tras suceder aquel segundo fracaso, me quedé de nuevo chafado y regresé a casa intentando buscar una solución al tema. Porque lo último que deseaba era que Jose se enterase de que Luis Miguel Dominguín había dicho que yo era un cobarde. Pero aquello  fue inevitable.... Las malas noticias, corren como la pólvora al fuego. Por su lado, la alternativa de Paco Bautista se preparaba para muy pronto y cada día salían mas tiempo Jose y el torero, a pasear. Para colmo, aquel futuro diestro, era tan guapo y bueno que  había donado su corazón, para que experimentasen con él en un trasplante, si sufría  una cogida muy grave (eran los años en los que se hizo el primer trasplante de corazón).
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Mi rival ante Jose era invencible, así que viendo que no podría nunca luchar contra un torero, tuve una nueva idea: Dedicarme a la música para enamorarla. Dejé ese verano del 1966 (o del 67), la muleta y el capote; cogiendo hacia estas fechas, la primera guitarra que había en la casa. No la soltaba ni de noche ni de día y era tanto el entusiasmo que me vieron en ello, que pronto comencé a tomar clases en serio. Meses después empezó a sonarme bien las cuerdas y Jose escuchaba atentamente mis acordes. Tanto le gustó, que las siguientes Navidades,  ella y sus hermanas me regalaron el primer requinto que tuve en  mi vida (una pequeña guitarra, que guardé durante mucho, hasta que una niña me la pidió para también comenzar a aprender).
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Y así fue como para siempre; dejé de pretender ser torero y me pasé al mundo de la música (donde vivo feliz, finalmente; y muy lejos de los cuernos).






SEBASTIÁN MIRANDA



Comenzaremos estas Añoranzas y  Recuerdos, por los que Sebastián Miranda nos dejó. Aquel escultor que de niño conocí (hacia 1973). Como contábamos en la anterior "entrada", el  primer día que le vi, puso en mis manos su libro de memorias titulado Recuerdos y Añoranzas. "Ordenándome", antes de dedicármelo, que cuando yo fuera mayor, debería escribir otro muy similar (sobre mis memorias y amigos). Y que en aquel, tendría que dedicarle algunas páginas; recordándole:
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Sebastián Miranda era uno de esos hombres a lo que nadie podía olvidar, después de haber hablado con él. Cuando le conocí, tristemente se trataba de los días finales de su vida y por entonces,  ya tenía mas de ochenta años. Había nacido en Oviedo (en la calle Santa Susana número 4); increíblemente, en el mismo edificio en el que vino al Mundo mi padre -treinta y dos años después-. Ambos, nacidos en aquella casa de Santa Susana, se habían conocido en El Centro Asturiano de Madrid y entablaron amistad, al saber que habían visto la luz, procedente de las mismas ventanas.... Un día, hablando los dos (de lo cotidiano) supo Sebastián Miranda, que mi madre era la nieta del banquero que compró la primera escultura que el artista vendió en toda su vida profesional. Así quiso venir a conocernos.
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De este modo, entró aquel escultor en casa -hacia 1972-; para hablar con mi madre, sobre su abuelo Nicolás Santafé. No pude estar presente en sus conversaciones, pues apenas tendría yo entonces once o doce años. Pero bien recuerdo lo que se comentaba acerca de aquella comida, en la que Miranda no paró de recordar anécdotas del bisabuelo. La reunión entre ellos fue tan buena que el escultor ovetense decidió que; cómo la primera escultura que había vendido, había sido la que le compró Nicolás Santafé en 1915. Una de las últimas que deseaba realizar, era la de mi madre (su nieta). Así quedaron que la prepararían, tras terminar Sebastián la restauración de su "retablo del mar" (la obra que por entonces realizaba). Aunque, poco después, mi progenitora, prefirió que Miranda hiciera un retrato escultórico de mi padre y ella decidió darle la sorpresa de regalárselo por Navidades.
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De este modo llegamos al estudio de Sebastián Miranda, aquel mes de diciembre, y aún recuerdo algunas cosas que allí pasaron, mientras mi progenitor posaba.  Cuando le dijo al escultor, que mientras trabajaba; me contase "algo sobre su vida";  para que yo aprendiera a valorar como era el Mundo de los hombres inteligentes. Comenzó el artista a relatar cosas relacionadas con su trayectoria profesional y empezó contándome, cómo vendió aquella primera escultura, al abuelo de mi madre.
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Narraba, que en 1914, al comenzar la Gran Guerra (como él llamaba a la Primera Guerra Mundial), tuvo que regresar de París, donde estudiaba arte. Había terminado la carrera de Derecho en Oviedo pocos años antes, licenciatura que realizó por deseo expreso de su madre, pero huyó a París para hacerse artista (que era su vocación). Tristemente comenzó la Conflagración del 14 y  hubo de volver a España, dirigiéndose a Madrid; pues si volvía a Oviedo, de seguro le pondrían a trabajar como abogado, o en alguna oficina... .
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Frecuentó entonces las chocolaterías y horchaterías donde se reunían los intelectuales y entabló amistad con Ramon Maria del Valle Peña, que se daba a conocer en esos días de batallas, como el "Comandante General de los Ejércitos" (quién no era otro mas que el fabuloso Valle-Inclán). Le tomó apuntes para hacerle una escultura, pero carecían ambos de dinero para pasarla a bronce. De tal manera, paseando junto a la Cibeles, bajando de la Horchatería donde quedaban los artistas (que se encontraba en la Calle Alcalá); le preguntó Sebastían Miranda a D. Ramón María, dónde podía encontrar algún dinero.
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-"¡Dinero!"- Exclamó Valle Inclán, con tono de asombro.  Se tocó la barba y prosiguió:
"¡Dinero quieres!. ¡Esa basura!. Yo pensé que eras algo mejor.... Allí enfrente tienes todo el dinero de España. Lo manejan y fabrican esos dinosaurios repelentes de bombín, que de aquel edificio ves salir...". -
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Acto seguido, D.Ramón Maria señaló con su bastón el edificio de La Bolsa y le gritó a joven escultor, que con apenas veinticuatro años, buscaba sus primeros clientes:
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-"¡Vete hacia allí... Calamidad, que eres una calamidad....!"-.
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Con sentimiento de culpa, pidiendo perdón al literato y sonriente por ver una excentricidad más de Valle-Inclán; se dirigió Sebastián Miranda a La Bolsa. Aunque en ese momento estaban cerrando. Los bolsistas (antes llamaban así a los Agentes de Cambio y Bolsa) a la hora que él fue al edificio de cambio -la de almorzar-; se echaban las siesta en los butacones de recepción y en los salones en aquel gran hall. Narraba que el espectáculo de ronquidos y barrigas de aquellos desparramados negociantes (que tapaban su cara con el bombín para dormir), le produjo "una tremenda inspiración". Así, nada más verlos, empezó a tomar apuntes en su cuaderno. Decidido a completar una gran obra; durante  semanas, fue diariamente a la misma hora a La Bolsa, para retratar en sus salones, a aquellos banqueros que dormían (sin que en su mayoría se dieran cuenta de que estaban siendo dibujados).
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Tras ello, comenzó a preparar una serie de esculturas-caricaturas de todos los presidentes de bancos y de los financieros importantes (durmiendo la siesta y "desparramados"); piezas que en unos meses tuvo terminadas. Finalmente, las expuso en un salón muy cercano a La Bolsa, presididos todos, ni más ni menos, que por el retrato del ilustre D. Ramón María del Valle-Inclán... . Contaba que el aspecto de aquel evento, era un auténtico esperpento: Con los banqueros retratados durmiendo, luciendo sus panzas llenas y con su bombín (cubriendo la luz). Presididos por el "príncipe de las Letras"; bien despierto y con cara de llevar semanas sin tener ni para un pedazo de pan.
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Nada más inagurarse, Sebastián Miranda avisó  a los bolsistas de que sus retratos estaban allí expuestos. Se acercó como primero, entre ellos, el abuelo de mi madre: Nicolás Santafé. Quien había fundado y presidía entonces el Banco Hipotecario; pero sobre todo, quien era un gran amante del arte. Pues se casó con la hija de un gran dibujante (el general Rodríguez Tejero) y lo que en realidad le gustaba, era ser músico (flautista como fue). Habiéndose casado con una gran pintora; que -tristemente- al contraer nupcias, hubo de dejar los pinceles, por ser entonces un oficio innoble para una mujer con familia...-.
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Entró el abuelo de mi madre en aquella exposición y al ver su retrato-caricatura dormido, le encantó. Pero al darse la vuelta y observar junto a él, la escultura de Valle-Inclán, dicen que soltó una gran carcajada  (exclamando que  aquel ambiente, era en realidad esperpéntico). Tanto le gustó aquello, que le compró de inmediato la escultura y algunas más (de otros amigos financieros, para regalarlas). Luego, volvió a La Bolsa, a avisar a todos sus compañeros de que en una sala muy cercana, estaban sus efigies expuestas en caricatura -esculturas de un joven artista, divertidísimo, que no era otro más que Sebastián Miranda-.  Así es como obtuvo este ovetense, su primer gran éxito en Madrid y por ello quiso que una de sus últimas obras fuera el retrato de mi madre (que luego se convirtió en el de mi padre).

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Pero pasemos al Sebastián Miranda; al que yo conocí hacia 1972. Un hombre amante de la belleza de la mujer y sobre todo de sus cánones praxitelianos (como él decía). Pues a Sebastián, lo que mas le gustaba era el cuello de las féminas y por ello, no toleraba que ninguna fuera con el pelo suelto. De tal manera, para las desconocidas, llevaba siempre en sus bolsillos gomas de cabello y cuando veía una joven que le gustaba, sacaba aquel "utensilio" diciendo: -"¿Señorita no le importaría recogerse el pelo?"-. Tras ello, la observaba con detenimiento y si aquella línea, desde la clavícula hasta la oreja, le parecía bella; se quedaba adulándola durante minutos.
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Pese a todo, si alguna conocida entraba en su estudio (o se presentaba frente a el escultor) con el cabello cayendo sobre los hombros; el viejecito comenzaba a soltar improperios, advirtiendo de que aquello era un comportamiento "salvaje"... Y es que por aquel entonces, el pobre D.Sebastián estaba "un poco sordo" (solo se oía a sí mismo); por lo que, cuando protestaba de que alguna fémina se presentaba frente a él, con el pelo suelto; a veces, los gritos, se escuchaban en el otro lado de la casa. Aunque, en esas ocasiones, yo me preguntaba cuales serían los motivos que llevaban a el artista; insistir en lo del cuello. Si realmente, con solo ver una mujer guapa; sus ojos chispeantes se iban y venían recorriendo todo el cuerpo de ella...
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En ocasiones sucesivas, comentaba D.Sebastián que ninguna cultura había llegado al grado de mal gusto como la nuestra, saliendo a la calle las mujeres sin peinar y escondiendo su parte mas bella. Tanto era así, que afirmaba como en otros tiempos, Praxíteles, Fidias o Mirón; se hubieran atrevido a promover una ley que multara a las griegas que paseasen mal peinadas (con el cabello suelto y sin dejar ver sus cuellos). Tras ello, se quedaba mirando a cualquier chica que le gustaba, y la mantenía en jaque; hablando de las proporciones y cánones helenos ("ocho cabezas un cuerpo etc..."). Consiguiendo siempre la atención de cuantas se acercaban a él. Pues era D. Sebastián  el clásico caballero español, que sabía conseguir con la mirada y sus encantos, aquello que nunca podría llegar a conquistar con la punta de su espada...
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Uno de los recuerdos finales que tengo de él, es de la última vez que le vi. Fue hacia 1973  y tendría yo doce años. Era un día en que el escultor se encontraba mirando hacia una pared llena de cuadros, iluminada con focos. En esta actitud, sentado frente a la galería de mi padre, me llamó y me dijo:
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-"Angel, te voy a contar algo que ocurrió hace casi setenta años; apenas un lustro después de que se perdiera Cuba"-
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Yo me acerqué a él, pensando que me iba a narrar algo referente a la Historia, o a la misma pérdida de Colonias del 98; pero en su lugar me dijo:
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-"Hacia 1905, me fui a estudiar ingeniería a Alemania. Tendría yo entonces unos cuatro años mas que tú de edad. Allí viví en una de las mejores universidades que por entonces existían y un día me llevaron a una habitación a oscuras. En ella me dijeron que apretase un botón; lo toqué y vi una luz fortísima, que iba en línea recta. Explicaron que se trataba de un foco, un modelo de luz que se estaba inventando entonces, para iluminar en las noches y que serviría también para los teatros.
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Aquello no me pareció nada interesante, hasta que un día vi a una actriz iluminada con una de esas luces y comprendí que alrededor de ella, se creaba un halo de magia y de arte, completando toda la escena. Igualmente, he observado algunos cuadros modernos iluminados con estos focos especiales; comprendiendo también, que esas obras mejoraban y crecían en su expresión con esta luz. Entonces, entendí que la técnica y la tecnología podían completar y crear arte.... Pues muchas obras modernas empeoran con luz natural y sobre todo, muchas actrices, al quitarle los focos y sacarlas de escena, se convierten en mujeres normales (por no decir vulgares)... . Y es que la tecnología puede crear sensaciones muy bellas.

Fue esta, quizás, la última vez que vi a Sebastián y las últimas palabras que le oí decir. Aunque siempre recuerdo de él algo que nos narraba con mucha tristeza; como lo fue para él, haberse encontrado destruida una de sus obras: El Retablo del Mar. Una obra, sobre la que trabajó al final de sus días; cual verdadero héroe. Pues pocos años antes de morir (con mas de ochenta), tuvo el arrojo de ponerse a restaurar aquel retablo, hasta dejarlo como estuvo, antes de que los vándalos los machacaran. Pese a ello y a haberlo arreglado, con sus manos, siempre dijo que no era lo mismo que había hecho, ni modelado antes de 1939, cuando lo destruyeron. Pues las manos de un hombre joven siempre son diferentes... Además,  tenía la tristeza de que allí ya no quedaba testimonio "pleno" de cómo Sebastián Miranda esculpía a sus cuarenta años (sino a los ochenta)...





Escultura-caricatura de Sebastían Miranda. Retrato de Nicolás Santafe Arellano; durmiendo en La Bolsa de Madrid (1915).