sábado, 31 de agosto de 2019

ANGEL RODRÍGUEZ TEJERO (1837-1908): El General de los pinceles -y su saga-.



ÍNDICE GENERAL: Pulsando el siguiente enlace, se llega a un índice general, en el que se contienen los artículos de "Añoranzas, recuerdos y semblanzas" y sus enlaces. Para acceder al índice haga "clik" sobre esta linea: http://recuerdosyanoranzas.blogspot.com.es/2015/04/pulsar-sobre-las-lineas-de-enlace-hacer.html
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EL ARTÍCULO puede leerse enteramente, o bien de forma resumida -siguendo las letras destacadas en rojo y negrilla-.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos autorretratos pintados por mi tatarabuelo, Angel Rodríguez Tejero. Al lado, de cuerpo entero y como general, fechado hacia 1898. Abajo, en busto, que se supone realizado cuando era coronel (hacia 1880). Los dos retratos han sido tomados de la separata escrita por Javier Sanjuan Rodríguez (también tataranieto del general-pintor), en cuyo texto vamos a basar gran parte de cuanto escribo sobre este abuelo, del abuelo de mi madre. Agradeciendo de antemano al mencionado Javier Sanjuan Rodríguez, que nos permita divulgar imágenes y cuantos datos ofrece en su interesante biografía de Angel Rodríguez Tejero; militar y pintor, de joven apodado “el dibujante militar” y de mayor conocido por “el general pintor”. Deseo asimismo agradecer al primo de mi madre, el coronel Santiago Rodríguez Santafé, las directrices y fotografías que me ha aportado; enviándole desde estas lineas un enorme abrazo, para toda su familia y en especial a sus hermanos y cuñados. Recordándoles siempre con el mayor de los cariños y la mejor memoria; porque, como decían en mi casa: “Los hijos del tío Guillermo y de la tía María, son los mejores de todos. Como personas, como profesionales, como amigos y como familiares...”. Así pues, aprovecho para mandar un enorme abrazo a esa saga apellidada Rodríguez Santafé, compuesta por militares de enorme formación o de civiles con gran vocación; todos ellos, hijos, nietos o bisnietos, de aquellas magníficas personas como fueron la tía Maria Santafé (hermana de mi abuelo) y el tío Guillermo (al que ya conocí como general en la reserva).
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VIDA Y OBRA DE ANGEL RODRÍGUEZ TEJERO:
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I) Orígenes y Aborígenes:
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Cuando uno comienza a redactar la biografía de un general famoso y antepasado, después haber hecho “La Mili” de soldado raso -más raso que un rodapié-. Se ve sometido a ciertos complejos, aunque hayan transcurrido casi cuatro décadas desde aquel servicio militar. Es como si un albañil que subsiste arreglando chapuzas en El Vaticano, tuviera que afrontar el reto de escribir sobre Miguel Angel, acerca de Bernini o comentar la vida de Borromini... . Así pues, el problema que siento en estos momentos debe ser similar al que tendría aquel trabajador del ladrillo, que se ve obligado a redactar una biografía de los arquitectos papales y hace años laboraba arreglando grifos o escalones, en San Pedro de Roma. Porque la visión que obtiene un soldado cuando hace La Mili en Capitanía General, debe ser semejante a la del albañil que trabaja en El Vaticano; conceptuando todo en una vertical, en cuya base y final está uno solo y uno mismo. Uno y sus compañeros, con los que se fraterniza de modo tal, que los amigos del Servicio Militar seguirán siendo como hermanos para el resto de la vida. Eso sí, tan solo me refiero a los amigos; a los verdaderos, y no a aquellos que para “escaquearse de su deber” se nos juntaban, echando su trabajo a nuestros hombros -de los que también muchos había y tantos abundaban ...-.
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Por todo ello, no me va a resultar difícil realizar esta biografía del general Rodríguez Tejero; principalmente, porque en cada linea que escribo, recuerdo a los primos de mi madre. “Los militares” -como les llamábamos-; quienes tanto quisieron a mis padres y a los que tanto quisimos en casa. De quienes la vida y la muerte nos separó, dejado tan solo el recuerdo de maravillosos momentos vividos junto a tan buenas personas. Debido a ello, en muchas de las lineas que voy redactando, me veo obligado a parar; con los ojos humedecidos y la garganta anudada. Todo lo que no es fácil de vivir y menos, contar. Tanto es así, que debido a esta enorme unión con “los primos militares”, varias veces decidí desistir y no tocar este tema en mis memorias. Porque era tan magnífico su recuerdo y tan dura la realidad, que no podía siquiera referirme a ellos. Pero hay un momento en la vida en que debemos hacer lo que esta nos manda y creo que ya ha llegado el día de redactar los recuerdos y añoranzas junto a los primos de mi madre (Rodríguez Santafé); y la semblanza de Angel Rodríguez Tejero (nuestro tatarabuelo en común).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, mi bisabuela Carolina, hija de Angel Rodríguez Tejero y mujer de Nicolás Santafé Arellano. La fotografía está tomada en su casa de Madrid (C/ Pérez Galdós, 3), un edificio donde vivía toda la familia desde el siglo XIX. Allí se trasladaron a residir Carolina y Nicolás poco después de casarse y en esa casa nació mi abuelo, Angel Santafé Rodríguez (como todos sus hermanos). En el mismo edificio vivieron la tía María (la menor de ellos) y su marido (el tío Guillermo, al que conocí de general); naciendo de ambos y en esa casa de Pérez Galdós, la saga militar de los Rodriguez Santafé. En la imagen, la bisabuela con unos cincuenta y cinco años (hacia 1925). Si la observamos bien, veremos detrás de ella una fila de cuadritos; son en su mayoría acuarelas pintadas por su padre, quien también aparece en una foto (o acuarela) enmarcada, que se sitúa tras la protagonista y sobre el pulsador de la luz. Junto al hombro izquierdo de la bisabuela se encuentra esta foto (o dibujo) hoy perdida; con Angel Rodríguez Tejero, sentado y vestido de general -damos toda la referencia por si se tratase de una acuarela, que quizás exista en alguna colección, sin conocer su propietario quién la hizo o quién es el retratado-.
Abajo, el último cuadro que pintó la bisabuela Carolina, antes de casarse con Nicolás Santafé. Este lienzo lo trajo de regalo el tío Martín Santafé, un domingo de hace ya muchos años (quizás en 1977). Recuerdo perfectamente el día que vinieron con ese estudio de telas, que portaba el hermano de mi abuelo bajo el brazo, diciendo que debíamos tenerlo nosotros porque éramos grandes amantes de la pintura. Antes de quitarle el envoltorio de papel de seda; explicó que su madre siempre contaba entre lágrimas, que aquel bodegón con paños, fue lo último que hizo. Tras ello, parece ser que la bisabuela Carolina, regaló su caballete, sus pinceles y su caja de óleos a un estudiante que le acompañaba en las sesiones que compartía con Aniceto Marinas y en el taller, junto a discípulos de Eduardo Rosales (que eran sus maestros). Después, no pudo seguir pintando siquiera en privado o en su casa; porque por entonces aquella se había convertido en una profesión de bohemios y hasta de revolucionarios, todo lo que impedía ejercerla a una señora “de bien”; menos, si era casada y madre... .
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En algunos de nuestros capítulos anteriores hemos hablado sobre las pasiones y las aficiones familiares, que en casa de mis padres fue principalmente la pintura. Comentando que gran parte del interés por las artes plásticas procedía de la bisabuela Carolina y de su padre (Angel Rodríguez Tejero). Narrando -tal como hemos hecho en el pie de imagen anterior- que para casarse, tuvo que dejar su enorme pasión y no volver al caballete nunca más; renunciando así la abuela de mi madre a sus pinceles, con solo veintiún años. Lo que era imprescindible por entonces para poder contraer matrimonio con un banquero y “bolsista” -tal como llamaban a los directivos de La Bolsa-. Todo debido a que la rancia mentalidad de época prohibía a las madres y señoras casadas, trabajar aficiones como la pintura o la escultura. Primero, porque las artes plásticas se habían convertido en un nido de bohemios y revolucionarios; pero además, debido a que en los estudios o talleres pictóricos se exhibían cuerpos desnudos (incluso con modelos reales). Así fue como la hija de Angel Rodríguez Tejero -nuestra bisabuela Carolina-, dejó de estudiar junto a los discípulos de Eduardo Rosales, Joaquín Sigüenza y Aniceto Marinas (muy amigos de su padre); teniendo que dedicarse a ser madre y esposa, tal como su época le exigía. Pese a ello, jamás perdió su afición por la pintura, disciplina que fue inculcando a sus hijos y nietos; llevándoles de continuo a visitar museos y potenciando en ellos el amor hacia las artes plásticas.
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De esta pasión de mi bisabuela hacia los cuadros, nació la que tenía mi madre por el mismo arte; y de ella la heredamos en nuestra casa. Tanta, que mi hermano mayor (Mario 1952-2002) quiso ser pintor; aunque le obligaron a hacerse arquitecto. Pero tras acabar la carrera de arquitectura y con solo veintiséis años, creó el primer centro fundado en España para estudiar “arte y anticuariado” de forma oficial -en el C.E.N.P. de Madrid-. Por su parte, acerca de mis estudios sobre artes plásticas, bastará leer los blogs en los que ya he logrado más de cuatrocientos mil lectores y de los que doy reseña en cita (1) . También dibujo, pero es paa hacer chistes o bien diseños comerciales que vendo en Japón. Aunque mi profesión como músico parece haber sido heredada de los Santafé; de los que sabemos con plena seguridad, que fueron organistas al menos desde el siglo XVII. Conociéndose -aunque sin testimonio documental- que descienden de Pedro de Santafé. Trovador de origen converso, nacido en Tarazona hacia 1414, que embaucó a la Reina María con sus poemas y cantos; lo que parece finalmente le costó la vida -a él y a casi toda su familia; siendo quemados por el Santo Oficio en 1489-. Pero cuando preparaba este artículo, he podido comprobar que también los Rodríguez eran músicos; concretamente organeros y organistas de Segovia (como lo fueron, el padre y el abuelo de Angel Rodríguez Tejero). Todo lo que explica por qué emparentaron con los Santafé y porqué hay tantos músicos en nuestra familia.
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Pero regresando al origen de los Santafé, diremos que aquellos que huyeron de Tarazona, marchando a Tudela tras la imposición de la Inquisición aragonesa -asentándose algunos en el norte de Huesca-. Entorno a 1830, de nuevo se vieron obligados a trasladarse; esta vez llevados por una epidemia de cólera que arrastraba el Ebro. Emigrando hasta Caparroso, localidad muy cercana a Olite, lugar y corte de los reyes navarros (donde tanto cantó su antepasado, Pedro de Santafé). Allí nació ya mi bisabuelo -Nicolás Santafé Arellano- que finalmente se hizo banquero; tras tener que exiliarse en París, junto a su hermano Juan, al cumplir ambos los dieciséis años (entono a 1855 y al no querer su familia que sirvieran para el insurrecto Carlos VII)-. Pasando Nicolás a estudiar matemáticas y música en la capital francesa, trabajando más tarde para el Credit Lyonnais, y sin poder regresar a su Navarra natal hasta 1876; so pena de ser prisionero, o ejecutado por las tropas carlistas. No solo el amor a las artes explica la boda entre mi bisabuelo Nicolás y su mujer (Carolina), ambos muy aficionados a la pintura y a la música. Ya que uno de los hechos que despertó la admiración del padre de mi abuelo por su suegro, fue que Angel Rodrígez Tejero era uno de los libertadores de la Pamplona carlista; logrando para los liberales plazas como Irún, Tafalla y la propia capital, en 1878 (tal como iremos narrando).
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SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Arriba, uno de mis dibujos últimos, para promocionar el vino que vendemos en Japón (se trata de rotulador y bolígrafo en negro). Asimismo heredé de los Santafé y de los Rodríguez la pasión por la música, Quien desee escuchar en internet obra mía, interpretada por mí, puede hacerlo pulsando:
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Al lado, fotografía de mi madre tomada hacia 1980 en el Club de Campo de Madrid (con unos cincuenta y cinco años de edad). Su pasión eran los cuadros y las esculturas; unas aficiones que compartía con mi padre, pero sobre todo con mi hermano Mario. Al que desde niño le inculcó el amor hacia las artes plásticas; tanto que de niño, él no viajaba ni visitaba ningún lugar de importancia, sin su estuche de pintura y sus oleos (como hoy un chico puede coger el móvil o la cámara de fotos).
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Abajo, mi hermano Mario, pintando retratos de jóvenes alemanes hacia 1964, en Giengen (Brenz, Baviera). Tendría unos doce años y se iba los veranos a Alemania para aprender el idioma, pero sobre todo a pintar; pues en aquel país valoraban enormemente que un chaval con esta edad tuviera aptitudes de retratista. Finalmente se empeñaron todos en que fuera arquitecto (como mi padre) pero la sangre y raza de pintor le tiraba más. Pese a todo, en la Escuela de Arquitectura le aburrieron con las técnicas de “análisis de formas” y hasta le deformaron el estilo; por lo que dejó su gran afición y no volvió a pintar después de licenciarse. Un mundo interior que proyectó durante su etapa universitaria en las antigüedades, donde con solo veintiséis años llegó a ser una autoridad; tras fundar la primera Escuela Española de Anticuarios, el El Centro Español de Nuevas Profesiones (Valle de Suchil, Madrid).
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II) Orígenes y ancestros:
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Fue precisamente mi hermano Mario quien me narró que el tatarabuelo Angel Rodríguez descendía de San Alonso Rodríguez. Recuerdo el día que me lo contó, mientras tenía sobre sus manos abierto un enorme tomo de pintura escrito por Gudiol (el monográfico de Zurbarán). Allí estaba el cuadro que representaba a San Alonso, como Venerable coetáneo al pintor de Fuente de Cantos; al que el artista pacense había recogido en un enorme oleo, donde figura en estado visionario. La obra fue realizada en los días en que este santo, era declarado “Venerable Rodríguez”, solo diez años después de su muerte, acaecida en 1617; por cuanto el rostro que vemos en el lienzo de Zurbarán, se supone verdadero y retratado. Habida cuenta que a principios del siglo XVII aquel hombre se vida recatada y de bondad infinita, se hizo muy famoso, queriendo todo el clero hispano que le subieran pronto a los altares. Declarándole pronto Venerable, aunque solo siglos más tarde se le consideró Beato Rodríguez, y no fue hecho Santo hasta 1888. Tras publicarse su obra completa, en 1885; con una edición, que dicen fue promocionada por Angel Rodríguez Tejedor, para que elevasen a los altares a su pariente. Cuya ejemplar vida, conocida por todos los españoles del Siglo de Oro, se resume en los siguientes hechos:
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Nació en Segovia en 1531, en una casa que hoy se conserva y que vemos en imágenes (más abajo). Era hijo de un mercader de lanas y pudo estudiar en el Colegio de los jesuitas, pero cuando contaba veintitrés años su padre se arruinó, dejándole el negocio en quiebra. Así, intentando sobrellevar la familia y pagar las deudas paternas; regresó a su ciudad natal, donde se casó Alonso con una bella segoviana, de nombre María, a la que amó mucho. Con ella tuvo tres hijos, de los que solo uno sobrevivió al nacimiento; para mayor tristeza ella también falleció, quedando viudo con treinta y un años. Al poco tiempo murió el único hijo que Alonso Rodríguez tenía, lo que le sumió en una enorme tristeza, llevándole a una vida de meditación y rezo. Quiso por entonces ingresar en la Orden Jesuita, pero su falta de preparación y su avanzada edad, hizo que tan solo le admitieran como “lego” (lo que en la Compañía llaman “hermano laíco”). Así, superando los cuarenta de edad, fue enviado al colegio que los jesuitas habían abierto por entonces en Mallorca (Nuestra Señora de Montesión); donde trabajó como portero durante treinta y dos años. Destacando allí por su bondad y por su comportamiento. Sabemos que se acercaban hasta su portería los fieles y religiosos, para pedir consejo, rezar junto a él y solicitar su ayuda. Murió en 1617, tras ser haber realizado infinidad de obras buenas y caridad, asesorando también a personajes del clero, como a de San Pedro Claver (canonizado a la vez que Alonso). Fue enterrado en la iglesia mallorquina de Montesión, donde sirvió tantos años; y le hicieron Venerable en 1627 (un decenio después de fallecer). Muy posteriormente, es declarado Beato (en 1825) y finalmente santificado en 1888.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos imágenes de la casa natal de San Alonso Rodríguez, en Segovia. Al lado, detalle de la fachada, donde se indica que en este edificio vivió el Santo. Abajo, foto en la que vemos la casona entera de Alonso Rodríquez (señalada sobre la imagen). Como se observa, se trata de una gran casa del siglo XVI, muy restaurada, a la que han aplicado sobre fachada el típico esgrafiado a la segoviana (de un modo “demasiado perfecto”; aunque con el tiempo envejecerá y no quedará tan anacrónico). De igual forma, vemos que el edificio ha sido restaurado, cambiando ventanas y balaustradas (quizás con poca fortuna); aunque parece que se ha respetado la estructura y viguerías. Por ello, personalmente considero, que todavía mantendrá maderas, distribución y hasta habitaciones de época. Todo lo que resulta interesantísimo. En el piso último (arriba), existe una galería bajo cubierta, cuyos apoyos no parecen antiguos; quizás esa terraza cerrada fuera original del edificio, aunque yo diría que se añadió en la última restauración. Pese a todo, no cabe la menor duda de que está primorosamente conservada y magníficamente rehabilitada.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Imágenes de la casa de San Alonso Rodríguez en Segovia. Al lado, entrada principal, con gran portón y unas zapatas sosteniendo el balcón de primera planta. Todo ello, seguramente son maderas originales de la casona, del siglo XVI; aunque el portalón -a mi juicio- es posterior (del XVII al menos). La traviesa canecillos y las referidas zapatas que observamos, pueden ser las que en su día también vio San Alonso Rodríguez. Abajo, la casa del santo se encuentra a pocos metros del acueducto; en la foto bajo estas lineas podemos ver en qué zona del puente de agua se halla.





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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, vista del acueducto desde la casa de San Alonso. Abajo, foto inversa a la anterior, donde tenemos (al fondo y marcado) el edificio de los padres y hermanos de fray Alonso Rodríguez.










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Sobre la vida y obras este santo segoviano, podemos leer un interesante artículo firmado por Jesús Fuentetaja; publicado en 2017 (en Enraiza2), para conmemorar el cuarto centenario de su muerte. De este opúsculo, en cita (2) extraigo el decreto de canonización firmado por León XIII en 1888; donde se exponen los motivos para elevar a los altares, al “Beato” Alonso Rodríguez. Razones entre las que destaca preferentemente su bondad. Por lo demás, acerca de la ascendencia o descendencia del tatarabuelo Angel Ródríguez y este Venerable -finalmente canonizado-; era Gregoria Zamarra la que más comentaba y sabía. Quien conocía todo sobre las familias Santafé y Cobo, no solo por haber estado casada con el administrador de Nicolás Santafé (Antonio López Cabello); sino porque fue como una madre para mi progenitora y sus hermanos. Y es que para entender lo que era Gregoria en nuestra familia, necesitamos unas lines; por cuanto haremos un inciso, contando brevemente su historia (pues mucho tiene que ver su vida con la de los santos y los venerables):
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Entró de niña (hacia 1905) a trabajar en casa de los Cobo, en la Fuente de Pedro Naharro. Aunque tras morir mi bisabuelo Manuel Cobo (en 1916), pasó a la de su futuro consuegro y gran amigo, Nicolás Santafé. Poco después (en 1918), cuando se casaron mis abuelos -Angel Santafé y Concepción Cobo-; Gregoria comenzó a cuidar a sus niños, por lo que era como una madre para mi progenitora. Sobre todo lo fue durante la Guerra Civil, cuando ella sacó de Sagunto a mi madre y a sus hermanos; a los que pensaban mandar a Rusia, después de haber asesinado a su padre (Angel Santafé). Así, ante el terror que vivía la familia, Gregoria Zamarra dijo que esos niños eran suyos y logró traerlos hasta Madrid, para que vivieran con la bisabuela Carolina (hija de Angel Rodríguez) y con su tío Martín Santafé. Al poco tiempo, falleció mi abuela (Concepción Cobo), víctima de una enfermedad provocada por lo vivido en Sagunto; y al quedar huérfana mi madre, Gregoria Zamarra fue como una nueva tutora para ella y sus hermanos -pues la pobre bisabuela, era de otra generación...-. Así que Gregoria “controlaba” cualquier asunto de los Cobo y de los Santafé, desde 1905, hasta 1982 (año en que falleció); porque había sido “mandatodo” antes de 1936 y después fue considerada una más de la familia. Además se casó con el administrador, con lo que el “poder de información” que aquella mujer guardaba sobre nosotros, nadie lo superaba.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS : Al lado, una de las pocas fotografía que conservo de Gregoria Zamarra, que fue como una madre para mi progenitora y sus hermanos. La imagen está tomada en la playa, hacia 1968; cuando debía tener unos setenta años. Muchos santos no han podido ser canonizados y una de estas es Gregoria Zamarra. Mujer de una inteligencia natural magnífica y de una naturaleza maravillosa. Nació en Tarancón hacia 1895 y de niña ya estaba en casa de mi bisabuelo Manuel Cobo Canalejas. Conoció una época magnífica de la familia, cuando ascendió al poder José Canalejas, cuya mano derecha y hombre de gran confianza era mi bisabuelo Manuel (su “primo”, como él le llamaba).Tristemente, en 1912 fue asesinado Canalejas y el grupo cayó en “desgracia”. Con este asesinato terminó el Regeneracionismo en España y comenzó una triste época de marcados conflictos sociales, que desembocó en La II República y en la posterior Guerra Civil. Donde Gregoria ayudó a salvar la vida de mi abuela y logró que sus hijos llegasen a Madrid, para criarse junto a su familia más cercana (aduciendo que los niños eran suyos y se los iba a llevar a su pueblo -Tarancón-). Desde Sagunto viajaron a esta localidad conquense y luego pasaron a Madrid; así, finalmente todos vinieron a casa de su abuela (la bisabuela Carolina), donde los niños pudieron criarse con sus familiares. Pese a ello, mi abuela murió un año después, víctima de los nervios y de una enfermedad que -dijeron- le produjo el asesinato de su marido y el saqueo de su casa en Valencia. Tras su muerte, Gregoria pasó a ser como una madre para los cinco huérfanos que quedaron.
Abajo: Años felices en Sagunto. Imagen tomada hacia 1922 en la que vemos varios familiares asomados en una ventana del chalet de mi abuelo (las llamadas “casas de los ingenieros”, que dirigían los Altos Hornos). A nuestra izquierda, la tía María Santafé, sostiene en sus brazos a la primera hija de mis abuelos -que por entonces contaba unos tres años-. En el centro y detrás; mi abuela Concepción Cobo (madre de los niños). A nuestra derecha, Gregoria Zamarra lleva a en brazos al segundo hijo (Angel con unos dos años de edad).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Otras dos fotos tomadas en Sagunto, en el mismo año (hacia 1923) en casa de mi abuelos (Concepción Cobo y Angel Santafé). Al lado, una imagen un tanto deteriorada que hemos intentado mejorar. En ella aparecen: A nuestra izquierda, la tía María; en el centro, los dos niños mayores (Conchita y Angel) junto a sus padres. Llama la atención en la fotografía, el parecido de mi madre y el de mi abuela, que en este caso es asombroso. Asimismo es curioso ver que por entonces se conservaba parte del acueducto romano saguntino, donde están apoyados los fotografiados y que pasaba por el jardín de las casas de los ingenieros (como se llamaban estos chalets).
Abajo, otra imagen de Sagunto, donde aparece mi abuela, por entonces embarazada de su tercer hijo (Ma.Luisa) y junto a ella la tía María (su cuñada); al lado, la niña mayor (Conchita) de la mano de su padre. La tía María era la hermana pequeña de mi abuelo Angel y en estas fotos estaba aún soltera, no habiendo cumplido quizás los veinte años. Poco tiempo después se casaría con otro descendiente de Angel Rodríguez Tejero; un primo lejano, buenísima persona -conocido en la familia como el tío Guillermo- quien igualmente llegó a ser un militar muy destacado. De ambos (del general Guillermo Rodríguez y de María Santafé) nació una saga de militares con enorme preparación y de gran prestigio: Los Rodríguez Santafé (ó bien Rodríguez-Santafé). Primos de mi madre, muy queridos en casa.
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Volviendo a fray Alonso, recuerdo que Gregoria Zamarra siempre afirmaba que “el descendiente más directo del santo segoviano era Don Angel Rodríguez Tejero; el padre de doña Carolina” (como ella decía). Añadiendo que aquel general-pintor y las amistades tan cultas que él tenía en Segovia, fueron los que promovieron la publicación de las obras completas de San Alonso. Nada he podido comprobar sobre estos hechos que relataba Gregoria, ni históricamene ni genealógicamente. Pero en todo caso, la descendencia o ascendencia del santo debe ser troncal, desde uno de los diez hermanos que tuvo fray Alonso. No desde hijo alguno; pues hoy en día sabemos que tomó los hábitos al fallecer su mujer y cuando pierde el último de los vástagos (hacia 1569). Pese a ello, una vez estudiado el barrio donde vivía y cuanto nos dicen sobre parientes y parentesco; todo lleva a pensar que realmente puede ser cierta la unión de nuestra familia Rodríguez, con la del Venerable. Pues la proliferación de datos que existen sobre su vida, solo supera la de descendientes que aquel bendito tiene en ciertas zonas de Segovia capital. Tanto es así, que mi hermano dijo haber encontrado la linea que entroncaba con fray Alonso; un santo que a él tanto le gustaba, por ser el “protagonista” de una de las mejores obras de Zurbarán.
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En los años de juventud, verdaderamente nunca le presté mucha atención al caso... . Además, aquellas historias que mi hermano Mario me contaba, se perdieron cuando todos nos casamos y comenzamos a hablar de problemas y de la vida real. Así pues, nunca supe cómo habían hallado el tronco común con los Rodríguez del Beato. Aunque tanto él como Gregoria y mi madre, decían que el tatarabuelo Angel Rodríguez había sido destinado como gobernador militar de Mallorca, cuando le ascendieron a general y en memoria del santo antepasado suyo, que también vivió en la isla. Unos hechos que no he podido comprobar hasta que llegó a mis manos la separata de Javier Sanjuan Rodríguez (también tataranieto de Angel Rodríguez); donde se narra pormenorizadamente la vida de este militar pintor. Recogiendo que ciertamente fue destinado a las Baleares poco antes de ser ascendido a General. Pudiendo ser totalmente cierto aquello que afirmaba mi madre, Gregoria y mi hermano; cuando narraban que la marcha de nuestro tatarabuelo hacia las Pitiusas, tuvo relación con la canonización del Santo Rodríguez (en 1888). Ya que Angel Rodríguez Tejero, fue nombrado Sargento Mayor de Mahón en el año 1890 -siendo coronel (no general todavía)-; ascendido en 1892 a gobernador militar de Menorca. Evidentemente, no coincide lo que mi madre decía acerca de Mallorca, aunque tampoco difieren mucho los hechos relatados; pues tan solo se diferencian en que el destino fue Menorca y no Mallorca.
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Por otro lado, existen motivos para poder creer lo que relataban acerca del apoyo dado por el general-pintor, logrando publicar las obras completas del santo segoviano (hasta entonces inéditas). Pues por esos años Angel Rodríguez participa y edita numerosos libros, asistiendo a todo tipo de eventos culturales; llegando a obtener una medalla de bronce por mérito artístico, en la Exposición Universal de París. Sea como fuere, parece que la canonización de San Alonso Rodríguez, fue consecuencia casi directa de la publicación de sus obras completas, sucedida tres años antes. Aparecida en 1885 en Barcelona, constando de ocho tomos titulados: Obras espirituales del B. Alonso Rodriguez. Fue una edición que recopila el padre jesuita Jaime Nonell Mas, quien por entonces vivía en Veruela y que al parecer tenía contacto con un grupo de “ilustrados” segovianos, entre los que se encontraba Angel Rodríguez Tejero. Por lo demás, se dice que este general-pintor promocionó la santificación del Beato segoviano, pagando actos y libros, porque lo consideraba su antepasado y hasta porque se apellidaba exactamente como sus propios hijos. Al llamarse el Santo: Alonso Rodríguéz Gómez; como los vástagos del Angel Rodríguez, que al estar casado con Germana Gómez de Velasco, tuvo una prole apellidada igual que el canonizado.
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Finalmente añadiremos, que en cuanto se refiere a la genealogía, no he podido lograr entroncar directamente con el Venerable. Aunque gracias a la labor de estudio que realizó mi tío Angel Santafé -que vimos de niño, en fotos anteriores-. Componiendo un cuadernillo de linajes, que me hizo llegar su hija (MariSol) junto a su marido (Javier Casanueva). Hemos podido comprobar que los antepasados de Angel Rodríguez son nacidos en la capital segoviana y bautizados en el barrio de El Salvador (como el santo). Al menos tenemos esa certeza, hasta su abuelo, Francisco Rodríguez; cuya profesión desconocemos, aunque se cree que era fabricante-afinador de órganos y asimismo organista. Al igual que lo fue su hijo, Aniceto Rodríguez Gil; nacido en Segovia y que tras trabajar en Maderuelo durante su juventud, ejerciendo allí como músico y hasta de sacristán; luego abrió su fábrica de órganos en la capital. Donde tras casarse con Teresa Tegero Martín tuvieron como hijo a Angel Rodríguez Tejero -o Tegero-, venido al mundo en 1837. Pese a todo, nos faltan las fechas de bautismo del padre y del abuelo; aunque si suponemos que cada generación se distancia en unos veinticinco años; podemos deducir que Francisco Rodríguez nació entono a 1780; una fecha no tan lejana al tiempo en que fray Alonso había vivido en Segovia. Ya que el santo muere en 1613, apenas ciento setenta años antes de que viera la luz el abuelo de Angel Rodríguez, lo que pudo mantener perfectamente en el recuerdo familiar su parentesco. Relatado de abuelos a nietos, tan solo en tres saltos generacionales. A todo ello se une el hecho de que los antepasados de Angel Rodríguez Tejero fueran organeros y organistas; profesiones muy ligadas a la iglesia (lo que se explicaría al ser descendientes del santo).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos cuadros del siglo XVII donde vemos a San Alonso Rodríguez. Al lado, la gran obra de Zurbarán que habíamos mencionado al comienzo de este capítulo (tal como la muestra el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando -a la que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen-). El cuadro, firmado y fechado en 1630 por el maestro de Fuente de Cantos, es de tamaño natural y en él vemos al santo segoviano bajo una visión del cielo (tal como la relató fray Alonso). Abajo, otro lienzo de grandes dimensiones y de época un tanto posterior, representando también a Alonso Rodríguez. En este caso, se desconoce el autor; aunque a mi juicio es de escuela madrileña y pudiera tratarse de una obra de Francisco Antolinez (o de taller cercano). El lienzo es propiedad de la comunidad de Padres Jesuitas de Villagarcía de Campos, en cuya colegiata se expone (a la que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Bajo este, se contiene una leyenda donde se narra la visión de la Virgen y el Cielo -tal como el santo la relató-, tanto como los datos biográficos de aquel Venerable, que fue portero de convento, en la Compañía de Jesús. Todo lo que nos da muestra de la fama que tuvo San Alonso en el siglo XVII, intentando por entonces el clero hispano que lo canonizasen; algo que no fue posible hasta fines del XIX.
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JUNTO ESTAS LÍNEAS: Portada del libro, S. ALONSO RODRÍGUEZ, PATRÓN DE MALLORCA (editado en la isla en 1918). Este Beato que no fue subido a los altares hasta 1988, extrañamente era el protector de Mallorca desde 1631 (al poco de ser declarado Venerable). Logrando ser “santo patrón” sin haber sido canonizado. En el libro cuya portada presentamos, se exponen algunos de los motivos para ser elegido como guía espiritual de la isla, entre los que se encuentra la ayuda y defensa de los habitantes de esta Pitiusa. Asimismo, se sabe que reprochaba la conducta de quienes no aprendían el mallorquín, enfrentándose a los clérigos que predicaban en castellano. Llegando a protestar públicamente, cuando un jesuita no se acomodaba a la isla y hablaba a los fieles en un idioma que no fuera el local. En mi opinión, este hecho es el que le ha dado tanta fama y el que quizás hizo que a fines del siglo XIX le canonizasen; pues hablamos de una época en que España vivía el romanticismo de la Reinanxeça. Movimiento cultural nacido hacia 1830, que tomó enorme fuerza a fines del siglo XIX y que promovía las lenguas del ámbito catalán (junto a su literatura). Una tendencia directamente nacida del romanticismo, pero que tristemente abocó hacia el nacionalismo; llegando al anti-españolismo. Así pues, aquel renacimiento tan decimonónico, tuvo como finalidad esencial recordar a personajes que ayudaron a que se mantuviera y divulgase la lengua o cultura catalana. Incluyendo entre otros a este santo, nacido en Segovia, que hablaba mallorquín y que expresa en sus escritos que había de predicarse siempre en la lengua madre de cada lugar.
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No vamos a entrar en juicios de valor, pues existe una norma jurídica, por la cual toda persona también tiene derecho de declarar ante un juez en su idioma materno. Aunque sí creemos que la intención buena del santo, pudo ser tergiversada finalmente, utilizando su figura políticamente. Llegando a crear de él un líder casi catalanista. Todo lo que no concuerda ni con el espíritu, ni con la personalidad de San Alonso Rodríguez; aunque sí encaja con todos aquellos que usan el mínimo resquicio, para falsear la Historia, cambiar los hechos y crear un relato victimista. Sea como fuere, el deseo de fray Alonso por hablar en mallorquín a los oriundos de esta isla, no debe entenderse como un hecho anti-castellano, ya que él había nacido en Segovia. Sino como un intento de acercamiento al pueblo; pensando que quizás de ese modo serían mejor recibidos los jesuitas. Aunque sin comprender que los nacionalistas recogerían sus consejos, para crear una Historia en la cual Castilla obligaba y oprimía a los habitantes de la órbita catalana. Generado como consecuencia directa odio hacia el poder central. Tanto, que finalmente “la hermana” más rica de España (Cataluña), quiere separarse del resto de la familia; sin comprender que su gran fortuna procede de una herencia común y conjunta.
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III) Vida de Angel Rodríguez Tejero:
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Tal como dijimos, esta parte la vamos a basar en la separata biográfica que escribió su también tataranieto: Javier Sanjuan Rodríguez. Donde relata de manera absolutamente pormenorizada su vida militar, sus ascensos, tanto como las medallas y menciones honoríficas logradas por quien de joven era conocido como “el dibujante militar”, y de mayor por “el general-pintor” (también apodado “el general de los pinceles”). Así pues, comenzamos narrando que Angel Rodríguez Tejero (o bien, Tegero) nació en el barrio de El Salvador, en Segovia capital, el primero de marzo de 1837. Como era normal por entonces, el nombre de pila que se le otorgó fue el que celebraba el santoral; por lo que siendo el día 1 de marzo el dedicado al Santo Angel, se le bautizó así. Heredando durante siglos este nombre, varias generaciones de hijos, nietos, biznietos y choznos; entre los que están: Mi abuelo Angel Santafé, mi tío Angel Santafé Cobo, mi primo Angel Santafé Casanueva, su sobrino Angel Casanueva (nieto de MariSol Santafé), mi primo Angel Monmeneu Santafé, su hijo Angel y quien escribe este artículo (entre otros muchos).
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Parece ser que aquel “Angelito” Rodríguez Tejero, de joven era bastante bohemio y como su padre trabajaba de organista, afinador, reparador y fabricante de este instrumento; convenció a la familia de que también se dedicaría a las artes, pero en su caso pictóricas. Varios tumbos debió dar y muchas ayudas paternas necesitaría, para estudiar en Segovia (primero) y luego en Madrid; formándose en la Real Academia de San Fernando. Codeándose y aprendiendo junto a maestros como: José Madrazo, Pérez-Villaamil (que también fue militar) o Antonio Ma. Esquivel. Intentando por entonces lograr una beca para la Casa de Roma o la Escuela de París, sin lograrlo. Por lo que se supone que hartos sus padres, le obligaron a entrar en el ejército al cumplir los veinte años. No tratándose su ingreso de un alistamiento por quintas -que le hubiera reclutado a los dieciocho años (en 1845)-; se supone que entró como soldado dibujante, debido a que el ejército todavía no tenía fotografía instantánea y necesitaban láminas pintadas para conocer bien las batallas (dejando así testimonio de las ellas). Baste añadir que por entonces se estaba iniciando la “expedición militar a la Conchinchina” -más conocida por el refranero que por su historia-; pero que además comenzaron los conflictos que produjeron la Primera Guerra de África, ya que los marroquíes no cesaban de acosar a Ceuta y Melilla. Así, tras siete años de instigas e incumplimientos del sultanato, finalmente O´Donnell decide atacar en 1859; naciendo en ese momento una gran ola de patriotismo, que provoca el alistamiento voluntario de muchos jóvenes, que partirán hacia África. Uno de ellos será Angel Rodríguez Tejero, del que sabemos que con unos veintitantos años llega a las costas de Rif -pincel en mano-; para situarse en primera linea a dibujar las cargas, las operaciones militares y todo movimiento o estrategia que el alto mando le pide reflejar en sus bocetos.
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En mi casa narraban que cuando el tatarabuelo se alistó voluntario a la Guerra de África, iba movido más por razones artísticas que patrióticas. Pues durante el siglo XIX se había producido un movimiento ligado a la pintura costumbrista y preciosista, ambientado en el mundo árabe. Una moda llamada orientalista o arabista, encabezada en Francia por figuras como Ingres (con su “Baño Turco”) y Delacroix (en su etapa final); y principalmente seguida por otros afamados artistas galos, como Chassériau y Gérôme. En España puede decirse que fue Mariano Fortuny quien inicia este movimiento pictórico, que a mediados del siglo XIX siguen otros artistas de corriente preciosista, exótica costumbrista o historicista. Quienes mezclaban el orientalismo con escenas andaluzas o de España; donde aparecían musulmanes y cristianos en Granada, edificios como La Alhambra, danzarinas moriscas, harenes -y largo ectétera sobradamente conocido-. En estas corrientes posrománticas se englobaban por entonces la mayoría de los creadores españoles, quienes hacia 1850 pintaban las aldeas y las gentes comunes de nuestro país (como herencia de Goya, de sus majos o toreros); pero también plasmaban el sueño oriental de Andalucía, unido a escenas auténticamente árabes, del norte de África. Lugar al que se encaminó en 1859 nuestro general pintor, para llevar a cabo numerosos cuadernos en los que plasmará la famosa Primera Guerra de Maruecos.
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SOBRE ESTAS LÍNEAS: Acuarela de Angel Rodríguez Tejero, con una Carga de caballería, llamada La Batalla de Bailén (tamaño un metro por cuarenta centímetros). Esta obra que se subastó en Christie´s recientemente; fue en su día adquirida por la princesa S.A.R. Ma. Paz de Borbón y Borbón, princesa de Baviera. De quien fue apoderado y administrador, el yerno de Angel Rodríguez Tejero (mi bisabuelo Nicolás Santafé). Eran numerosísimas las láminas como esta, pintadas por el tatarabuelo, que guardaba el tío Martín Santafé. Cuadernos enteros que en su día me enseñó ese hermano de mi abuelo, poco tiempo antes de fallecer. Hablamos de 1980, cuando yo tenía unos diecinueve años y tío Martín se encaminaba hacia los noventa. Recuerdo haber visto varias acuarelas con este formato (un metro por cuarenta ctms.), pero sobre todo infinidad de cuadernitos pequeños, con notas y bocetos; donde se contenía dibujada la Guerra de África y las carlistas, junto a los apuntes explicativos. Tristemente, las herencias que dividen este tipo de colecciones, dejan desmembrado el sentido pictórico y hasta histórico del artista que lo hizo. Pues de haberse conservado entera la serie de apuntes sobre Marruecos, seguramente la obra de Angel Rodíguez Tejero hubiera sido muy reconocida. No solo por su calidad artística, sino por su importancia documental. Relevancia que se ha perdido en gran parte, al desmontar las láminas y separar los cuadernos; dejando sin sentido las acuarelas que en su momento eran apuntes que explicaban las cargas y batallas al detalle y por secuencias.
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JUNTO ESTAS LÍNEAS: Precioso oleo de Marcelino de Unceta, donde se representa a O´Donnell y sus ayudantes, en la Guerra de África (propiedad del Museo del Ejército de Toledo, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Esta contienda contra Marruecos fue un éxito absoluto para el gobierno de O´Donnell; surgiendo de ella figuras como la del General Prim (creado marqués de los Castillejos por su carga en este lugar del Rif) y promoviendo una enorme ola de patriotismo entre los jóvenes. En gran parte alentados por la Iglesia y en sobre todo vitoreados por una nación que se veía en decadencia. Decenas de miles de soldados se alistaron para encaminarse hacia las tierras norteafricanas, donde el ejército de O´Donnell logró una gran victoria, en tan solo cuatro meses. Sufrieron enormes bajas, debido al cólera, la disentería y enfermedades del desierto; pero el resultado final fue una clara victoria.
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El autor de este cuadro (Marcelino de Unceta) fue un pintor costumbrista, de escenas militares, coetáneo y gran amigo de Angel Rodríguez Tejero. Nacido en Zaragoza un par de años antes que el general-pintor (en 1835), parece que fue el que le puso en contacto con el padre Nonell Mas, que por entonces vivía en Veruela -muy cerca de la capital de Aragón-. Logrando que este jesuita compilase las obras completas de San Alonso Rodríguez, para que fueran publicadas por primera vez en 1885. Se supone ser que ambos pintores (Angel y Marcelino) estudiaron juntos en la Academia de Bellas Artes de Madrid; debido a ello, cuando las autoridades solicitan a Marcelino de Unceta varios cuadros con escenas de la Guerra de África, los basó en bocetos de Angel Rodríguez Tejero. Lo mismo sucedió con Mariano Fortuny, al que el general Prim y el ministerio de Defensa encargó numerosos lienzos conmemorativos sobre la contienda en Marruecos, componiendo cuadros desde los bocetos originales de Rodríguez Tejero. Aunque en este segundo caso, sabemos que finalmente el artista catalán decide viajar hasta África, para conocer de primera mano los escenarios que plasmaría en sus obras.
ABAJO: Jaima de las usadas por los oficiales españoles durante las campañas del Rif (tal como la muestra el Museo del Ejército; al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen).
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Regresa aquel “militar dibujante” a Madrid al acabar la guerra de Tetuán (en abril de 1959) y hemos de suponer que lo hizo junto a todos los soldados que venían de África a celebrar la victoria. Un ejército con más de cuarenta mil jóvenes, que fue acampando en la zona Norte de la capital, muy cerca de la última parada de tren y tranvía llamada Cuatro Caminos (porque sus destinos eran desde Alcalá a El Escorial, y desde Fuencarral a Carabanchel). Allí, en el cruce de esos cuatro caminos, estaría acampado Angel Rodríguez Tejero, esperando participar en el desfile de la victoria en Tetuán; una parada militar que tardó meses en prepararse, pero que finalmente nunca se celebró. Siendo tal el retraso en esa espera, que junto a los soldados allí acampados se asentaron comerciantes, vendedores ambulantes, artistas en carromatos y hasta casas de lenocinio móviles. Todo ello dio lugar al nacimiento de un nuevo barrio en Madrid, llamado hasta hoy, Tetuán de las Victorias; cuando el alto mando militar, sin saber qué hacer con miles de jóvenes que allí esperaban el desfile, dio permiso para que se comenzaran a construir barracas y casas, donde vivir o abastecerse. Esto ocurre en octubre de 1859, momento en que tenemos ya localizado a Angel Rodríguez Tejero, ascendido a sargento segundo y con puesto en el cuartel de Leganés (Madrid).
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Poco después (en 1860), fue destinado como dibujante al Depósito de Guerra de Madrid, sin dejar de pertenecer a su regimiento de Leganés. Aunque el año siguiente es trasladado al Batallón de Cazadores de Arapiles (como sargento primero) y el siguiente, a Jaén. Todo ello hace suponer que su labor era la de dibujante, por cuanto sus continuos traslados se debían a misiones artísticas importantes (realizar mapas y pintar determinados destacamentos, uniformes, maniobras o a jefes y altos cargos del ejército). En el año 1862 tristemente se incendia el Alcázar de Segovia, sede por entonces de la Academia de Artillería; y Angel Rodríguez participa económicamente -tanto como artísticamente- en las labores para su recuperación. Sigue destinado en Jaén aunque pronto será ascendido a subteniente (en 1863), posiblemente por su colaboración en la rehabilitación del Alcázar de la ciudad que le vio nacer. Al siguiente año contrajo matrimonio con Germana Gómez de Velasco (también segoviana, nacida en Maderuelo), regresando al Archivo de Deposito de guerra en Madrid y siendo pronto ascendido a teniente de infantería. En 1865 recibe la Cruz Blanca de primera clase al mérito militar, por su cooperación en el estudio de las campañas de Julio César en España. En 1866 parece que participa en el desmantelamiento de un intento de Golpe de Estado, que se cercena el dos de febrero. Por estos méritos y por sus enormes aportaciones en la creación del Mapa y Manual del Itinerario Militar de España, fue ascendido a capitán y recibe este año la Gran Cruz de Carlos III; empleo y mismo destino que se le concede en el siguiente bienio. Tomando el mando en 1868, momento en que es nombrado comandante -en el mes de mayo-, poco antes de que España entre en la enorme crisis que desembocará en la Primera República.
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JUNTO ESTAS LÍNEAS: Al lado, fotografía de Angel Rodríguez Tejero, cuando contrajo matrimonio con Germana Gómez de Velasco (1864).


















JUNTO ESTAS LÍNEAS: Germana Gómez de Velasco, esposa del entonces capitán de infantería, Rodríguez Tejero; recién casada (hacia 1864).












SOBRE JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Fotografías de las actas de ascenso a subteniente de Rodríguez Tejero, nombrado asimismo Caballero de Primera Clase de la Orden al Mérito Militar, en 1665. Agradecemos a mi prima Ma.Sol Santafé y a su marido Javier Casanueva, nos hayan prestado durante unos años estos documentos de ascenso, heredados desde la biblioteca del tío Martín. Una vez hayamos estudiado y publicado los pliegos, les serán devueltos a sus dueños, enmarcados y siempre con el mayor agradecimiento.







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SOBRE JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Fotografías de las actas de ascenso a comandante, firmadas en octubre de 1868 y cuyo nombramiento se hace efectivo dos años después (en 1871). La propuesta de ascenso se realiza aún en tiempo de Isabel II, pero “curiosamente” Angel Rodríguez Tejero no toma el mando hasta la llegada de Amadeo de Saboya (en 1871).









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En las imágenes que hemos recogido podemos leer algunas de las actas de ascenso de Angel Rodríguez, donde vemos la enorme fidelidad que guardó a la Corona. Pues habiendo sido nombrado comandante en 1868 -meses antes de que Isabel II fuera expulsada-, no recibe el mando hasta tres años más tarde; cuando ya se había restaurado la monarquía. Ascendiendo definitivamente a comandante en 1871, tras llegar al trono Amadeo de Saboya; después de dos años revolucionarios que dieron nombre al “sexsenio”, que se extiende desde 1868 a 1874. Para que comprendamos los pormenores, la época y las condiciones en las que Angel Rodríguez servía a España como militar, recordaremos algunos datos históricos de este tiempo, donde desde 1864 ya se estaba produciendo una enorme inestabilidad económica. Por lo que todo aquel patriotismo y espíritu positivo que trajo la victoria de Tetuán (de 1859), se había venido totalmente abajo un lustro más tarde. Sobre todo cuando la crisis llegó al abastecimiento de las ciudades, provocando hambrunas y desolación entre la población española. Todo ello hizo que volviera al poder el general Narvaez en 1864, quien con su espadón llegó a cometer atrocidades; siendo pronto expulsado del gobierno y sustituido de nuevo por O´Donnell.
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Tras dos años de mandato, Leopoldo O´Donnell traiciona a la reina y urde un complot para destronarla; golpe de estado que fue descubierto, costándole el mando al instigador. De nuevo llegó en 1866 el general Narvaez, con su autoritarismo manifiesto, impidiendo que la alternancia de poder pudiera existir y condenando al Estado a una enorme inestabilidad. Tanta, que se llega a un acuerdo firmado por todas las fuerzas políticas, con el fin de destronar a la reina. Pues al descontento político se unió la crisis económica; caos empresarial que se arrastraba desde hacía dos años y que en 1866 desembocó en una hecatombe financiera, provocando la falta de abastecimiento en las ciudades. Así se llegó a 1867, en que el la población -casi en su totalidad- ya hablaba de derrocar a Isabel II; desembocando todo ello en el pronunciamiento de Topete, ayudado por Prim (septiembre de 1868) y en la expulsión de la reina, que se ve obligada a marcharse en tren hasta Francia.
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Estos momentos históricos que hemos resumido en dos párrafos son los que Angel Rodríguez Tejero vivía, cuando servía ya como capitán -o comandante-, después de haberse jugado el pellejo de joven, para plasmar en sus acuarelas la Guerra de África. Llegando a Comandante en tan solo once años de servicio, tras haber entrado de soldado, con veinte años. Lo que supone una carrera de ascensos meteórica, que se debió a su valor y lealtad; pero también a sus grandes dotes profesionales (como pintor y hasta como geógrafo y topógrafo, creando mapas y rutas que los franceses habían robado y quemado en el archivo militar español). Por su parte, debió ser un hombre de enorme cultura; pues con solo veintisiete años años fue condecorado por sus aportaciones para comprender las campañas militares de Julio César en Hispania. Todo lo que nos hace entender la figura de este que fue nuestro tatarabuelo, quien hubo de tener una gran formación humanística e histórica (además de pictórica). Pues el estudio de las campañas militares de Julio César no es tarea fácil; ya que el rastro dejado por el general romano está bastante desvirtuado por la leyenda y por las aportaciones falsas que el mismo Cayo Julio dejó (engrandeciendo muchos de sus propios actos y borrando las acciones menos limpias). Tristemente este trabajo acerca de Julio César se perdió (como otros tantos de los que hizo Angel Rodríguez Tejero); ensombreciendo la grandeza de su figura como humanista y artista.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Ascenso de Angel Rodríguez Tejero a Teniente Coronel, firmado en mayo de 1876 por Alfonso XII. De nuevo agradecemos a mi prima Ma.Sol Santafé y a su marido Javier Casanueva, nos hayan prestado durante unos años estos documentos, heredados desde la biblioteca del tío Martín. Una vez hayamos estudiado y publicado los pliegos, les serán devueltos a sus dueños, enmarcados y siempre con el mayor agradecimiento.





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SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Ascenso de Angel Rodríguez Tejero a Coronel, en 1891. Firmado por La Regente Da. Ma. Cristina. Observemos que su nombramiento finalmente se firma en Palma de Mallorca, el 1 de abril de 1891. Todo lo que nos indica que en estos años ya está destinado el coronel en las islas Baleares; seguramente debido a su parentesco con el santo patrón de Mallorca: San Alonso Rodríguez (sobre el que tanto hemos hablado en epígrafes anteriores).










JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Ascenso de Angel Rodríguez a Coronel, en 1891. Firmado Alfonso XIII 
y por La Regente Da. Ma. Cristina. 












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Los siguientes años, desde que Angel Rodríguez Tejero es nombrado comandante y antes de tomar el cargo (de 1868 a 1871), no fueron los mejores de la Historia de España; pudiendo considerarse algunos de los peores... . Donde se mezclaron numerosos hechos que a continuación resumo en breves palabras y que más tarde explicaré, para comprender bien la vida de este militar que fue nuestro tatarabuelo. Pues desde este trienio (68-71) nació el famoso “sexenio” en que comenzaron los pronunciamientos “legales”; el odio hacia la reina; el descontento general; la proclamación de una República eventual bajo regente; la votación para una monarquía electa; el asesinato del que promovía al monarca; la llegada y expulsión del rey elegido... . Y largo etcétera de situaciones difíciles (o incomprensibles), que terminarán en la proclamación de la Primera República; que fue todo un ejemplo de enajenación mental y patriótica. Debido a ello, estos seis años comprendidos entre 1868 y 1874 son denominados por algunos, el “Sexenio Democrático”; aunque si eso es democracia, “que baje Dios y lo vea...” . Por ello, histórica y verdaderamente, ese tiempo de enormes turbulencias se conoce como el “Sexenio Revolucionario”. Seis “añitos” en los que España prueba de todo; desde la regencia con un gobierno provisional encabezado por militares (1868-71); hasta el sistema visigodo de la monarquía electa. Nueva idea que se propone tras la expulsión de Isabel II y que tuvo como candidatos principales al famoso príncipe de Hohenzollern Sigmaringen (llamado por el pueblo “Ole-Ole-Si-Me-Eligen”) y Amadeo de Saboya (cuyo mote popular omitimos, porque rima con “miembro viril”).
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Bismarck apoyaba al duque de “Ole-Ole-Si-Me-Eligen” para rey de España, pero Francia se opuso a su elección con el fin de no quedar como el jamón del bocadillo (entre Alemania y España...). Por lo que aprovechó entonces el general Prim, para promocionar como candidato al hijo segundo del rey de Italia: Amadeo (del que maliciosamente se explicaba que su apellido Saboya, se escribía con “b”; no con “p”). Así fue elegido Don Amadeo I al trono (en 1870) quien vino a España un año más tarde, con el deseo de lograr una monarquía parlamentaria; todo lo que resultaba como quien entra en un campo de fútbol mientras tiran un penalty, con la intención de rezar el rosario... . Pero justo cuando aquel nuevo rey puso pie sobre nuestra tierra, en la calle del Turco de Madrid atentaron contra su mentor; el general Prim. Al que no lograron matar allí, pese a los numerosos tiros que le dispararon dentro de su landó. Aunque como en nuestro país siempre “se entierra muy bien”; al general Prim le fueron a ver esa misma tarde sus mejores amigos, visitándole en su casa mientras se sumía ya entre la vida y la muerte. Allí, junto a su cama, alguno de ellos debió quitarse el cinturón, para hacerle más fácil ir visitar a San Pedro... . Y con esa “ayudita” se logró que enterrasen rápidamente al ilustre general (con todos los honores). Aunque aquel que lo remató a cinturón abierto y calzón bajado -pues todos los traidores, se bajan siempre los pantalones-; no reparó en que Paco Abellán (3) un día abriría la caja de Prim. Pudiendo comprobar que había muerto por estrangulamiento llevado a cabo con gran fuerza y no debido los numerosos tiros recibidos en la calle del Turco -tal como la Historia hasta hace poco narraba-.
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Todo lo que referimos, lo incluyo para que el lector comprenda entre qué clase de golfos y qué tipo de “gente”, servía fielmente el pobre y honrado Angel Rodríguez Tejero (con sus pinceles y su gran cultura). Así, y continuando con aquel sexenio al que muchos denominan “democrático”; diremos que un año después de subir al trono Amadeo I, aprovecharon los “carcas” para montar otra guerra civil (la tercera carlista). Encabezados por su rey -Carlos VII-, formaron un ejército de cincuenta mil hombres y en 1872 proclaman la insurrección de Navarra, Cataluña y las tres provincias vascas (junto a oros puntos aislados, hacia Castellón, Teruel y etc). En este estado, sufriendo un atentado los reyes y viendo Amadeo que el país que gobernaba era más peligroso que un portugués al volante; decide marcharse y dejar el trono vacante (frase que también rima, como lo de “Saboya”). Proclamándose la Primera República en 1873; tomando los mandos de gobierno hombres de enorme cultura (sin lugar a dudas), pero con absoluta enajenación mental. Quienes en principio concebían a España como un Imperio creado por los Reyes Católicos, formado por federaciones (mini Estados) que podían segregarse; tal como lo habían hecho durante todo el siglo XIX los nuevos países nacidos en Hispano América. Con esta concepción de España (muy semejante a la que algunos radicales de izquierda siguen teniendo), toda región hispana, provincia y hasta ayuntamiento, que lo deseaba; podría declararse independiente de la Nación Española. La locura se desató en nuestro país durante veinte meses y como ya he narrado en otros de mis artículos, la Primera República se convirtió en una jaula de grillos, cuyo resultado final puede resumir en cuanto recojo en párrafos tras las imágenes.
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SOBRE, JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Algunas fotografías que muestran lo vivido en los años que hablamos Arriba, landó en el que viajaba el general Prim, cuando fue asaltado en la Calle del Turco, por varios pistoleros (tal como lo expone el Museo del Ejército de Toledo, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen) . Observemos el gran número de tiros, en el lado donde se encontraba Prim; aunque tras disparar contra la pared del carruaje y mientras el cochero paraba asustado, los asesinos abrieron la puerta intentando rematar al general, que increíblemente no murió en en acto. 

Al lado, proyectiles sacados del cuerpo de Prim (tal como se guardan el Museo del Ejército de Toledo, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). Después del atentado en la Calle del Turco, lograron llevar al herido hasta su casa y allí un médico amigo le extrajo estos tres grandes plomos de su torax. Más tarde, el general quedó convaleciente en su cama, pero recibió la visita de autoridades y de amistades muy cercanas. Según ha podido descubrirse recientemente (tras la investigación que realizó Paco Pérez Abellán), alguien estranguló al general esa misma tarde; ya que murió con las cervicales dañadas y por efecto de una correa cerrada sobre su cuello -no por los tiros recibidos-. Con ello desaparecía el mentor y protector de Amadeo I, que fue proclamado rey en la más absoluta debilidad.
Abajo, casaca de uniforme carlista de segundo regimiento de Navarra (tal como se expone en el Museo del Ejército de Toledo, al que agradecemos nos permita divulgar nuestra imagen). En 1872 y aprovechando la falta de apoyos que tenía Amadeo I, los carlistas se sublevan de nuevo, formando un ejército de más de cincuenta mil hombres; declarando la independencia de Navarra, Cataluña y las provincias vascas. En su segunda etapa de vida -casado, con tres hijos y unos cuarenta años-, Angel Rodríguez Tejero se vio obligado a luchar en la última Guerra Carlista. Realizando campañas miliares desde 1875 hasta 1878, participando activamente en la liberación de Irún, Villareal de Álava y de Pamplona. Debido a ello, recibió numerosas cruces y medallas, ascendiendo a coronel (como veremos más adelante, cuando resumo su Hoja de Servicios).
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Pero continuando con los hechos históricos, que siguieron a la muerte de Prim y a la marcha de Amadeo de Saboya. Todo ello abocó hacia la Primera Republica, declarada en 1973 y que terminará con el Sexenio Revolucionario. Tras un periodo de unos veinte meses y de absoluta locura; donde hubo cuatro Presidentes de Gobierno y durante el cual los diferentes cantones, provincias y regiones, llegaron a declararse la guerra. Atacando la flota de Cartagena las ciudades de Alicante y Almería, hacia las que salieron las fragatas del país cartagenero, para "invadir tierra extranjera y recaudar fondos". Una gran hazaña bélica cantonalista, pese a que durante su regreso cayeron presos y a manos de piratas, los mencionados buques de guerra que habían ido a bombardear los puertos alicantinos o almerienses (considerados por Cartagena, potencias enemigas). Todo ello, en una etapa de tal anarquía que lo más común era recibir noticia diaria de cuantos pueblos y ciudades se iban proclamando Estados Libres y desvinculados de todo poder central (como hizo Alcoy). Llegando a declarar su independencia la Nación de Jumilla, al sentirse agredida por Murcia; proclamando el siguiente manifiesto de autogobierno en 1873:
"La nación jumillana desea vivir en paz con todas las naciones vecinas y, sobre todo, con la nación murciana, su vecina; pero si la nación murciana se atreve a desconocer su autonomía y a traspasar sus fronteras, Jumilla se defenderá, como los héroes del Dos de Mayo, y triunfará en la demanda, resuelta completamente a llegar en sus justísimos desquites, hasta Murcia, y a no dejar en Murcia piedra sobre piedra."
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Todo un abanico de hechos, deshechos y maltrechos que muestran y demuestran la idiosincrasia ibérica; plena de anarquía, individualismo e imaginación (como lo fue aquella Primera República, cuyos sucedidos nadie se atrevió a recoger en un sainete, porque parcerían tan absurdos como imposibles). Llegando a ser tal el desorden reinante, que uno de sus presidentes -Estanislao Figueras- comenzó su discurso parlamentario, gritando en catalán (quizás para que no le entedieran muchos):
-"Señores diputados, francamente he de decirles que... ¡¡¡Estoy hasta los cojones de todos nosotros!!!"-. (5)
Este estado y esas situaciones militares, son las que tuvieron que vivir nuestros tatarabuelos. Viendo a locos por doquier gobernando La República y sufriendo al observar cómo se desintegraba España, cuando -por ejemplo- los cartageneros atacaban los puertos de Almería o de Alicante con su flota de guerra. Mientras Alcoy o Jumilla se decaraban Naciones independientes. Así pues, en el momento en que regresó al trono el hijo de Isabel II (Alfonso XII), todos aquellos que eran normales, se propusieron restaurar nuestro país -que durante años se estuvo desarbolando-. Comenzando por entonces La Restauración, una etapa de paz y prosperidad que se inicia en 1874 y que perduró hasta que se declara la II Repúbica, en 1931.
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SOBRE ESTAS LÍNEAS: Fotografías de los Rodríguez y Rodríguez Santafé; que también nos pasaron Ma.Sol Santafé y Javier Casanueva (a los que agradecemos su enorme generosidad y amabilidad). Arriba, una imagen que ya habíamos divulgado, en la que vemos a Angel Rodríguez ya general, junto a dos de sus hijos y su yerno (acompañado de tres de sus nietos). La foto que antes fechábamos hacia 1899, creemos que es de 1898; pues en ella aparece mi abuelo Angel (el mayor de los niños) con unos siete años. Las personas que la protagonizan; son, de derecha a izquierda: La bisabuela Carolina (hija menor de Angel Rodríguez, con unos treinta y dos años). Mi abuelo Angel Santafé Rodríguez (frente a la balaustrada), nacido en 1891 y con unos seis-siete años. Detrás, nuestro tatarabuelo Angel Rodríguez Tejero, con unos sesenta años y ya ascendido a General. Bajo él y desenfocado, el tío Martín Santafé, hermano de mi abuelo Angel. Detrás y junto al tatarabuelo, Juan Rodríguez Gómez, hermano de la bisabuela Carolina y también militar, quien en estos días era Primer Teniente de Dragones, de la Lusitania XII (4) . Tras él, también en la balaustrada, la hermana de mi abuelo Angel, Teresa Santafé. Al final, mi bisabuelo Nicolás Santafé Arellano; agente de cambio y bolsa (bolsista) que por entonces tendría casi cincuenta años y era consejero del Banco Hipotecario de España, tanto como administrador de la casa de Baviera, Peñaranda, Tamames, Montijo y de Alba (entre otras fortunas que financiaba y administró).
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Narraba Gregoria Zamarra que cuando Nicolás Santafé y su hermano Juan, salieron al exilio hacia Francia; les dijeron sus padres que nunca se casaran con hijas de curas, ni de militares. Lo de “curas” ya suponemos todos por qué es; pero lo de emparentar con militares se debía a que aquellos dos hermanos tuvieron que partir hacia París, para no ser reclutados por las tropas carlistas. Ejército de Don Carlos que entre 1860 y 1869 se había alzado varias veces, viniendo repetidamente para alistar “quintos” a Caparroso (localidad navarra donde entonces vivían los Santafé). Así fue, como al ser liberales sus padres, deciden mandar a los dos hijos a París (hacia 1865). Donde continuaron sus estudios: Juan de arquitectura y Nicolás (mi bisabuelo) de música, y de matemáticas con contabilidad -lo que hoy se denomina “económicas”-. Al poco tiempo se encontraron en la capital francesa a toda la Corte de Isabel II, que llegó exiliada en 1868 (tras declararse la República en Regencia; para elegir un nuevo rey). Gracias a ello, los hermanos Santafé (Nicolás y Juan) prosperaron enormemente, pues por entonces trabajaban para el Credit Lyonnais; donde el mayor ejercía de asesor bancario y agente de bolsa. A su regreso de Francia, después de 1876, tras acabar las Guerras Carlistas y proclamarse La Restauración; colaboraron para fundar el Banco Hipotecario y gestionaron muchas de las fortunas españolas que debían volver desde París a nuestros bancos. Nicolás Santafé contrajo matrimonio en 1889 con la hija de un militar, contraviniendo los consejos paternos. Pero todo se comprende, porque su suegro -entonces el general Rodríguez Tejero-; fue precisamente uno de los libertadores de Navarra y un héroe de las guerras contra los carlistas. Lo que explica la gran admiración y la amistad de los Santafé hacia el padre de su mujer (la bisabuela Carolina).
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Pero, continuemos con la vida de Angel Rodríguez Tejero; pues no hay que olvidar que durante estos años, frente a tanta falacia y tales desgracias históricas, aquel tatarabuelo nuestro vivió y sobrevivió (que debía ser ya o más difícil por entonces). Además, manteniendo siempre absoluta fidelidad a la corona y a las instituciones “serias”; hechos de los que no cabe la menor duda, pues asciende solo cuando Amadeo de Saboya le nombra (comandante) o cuando lo hace Alfonso XII o su mujer regente (Ma.Cristina). Mientras en los años de locura o de República pachanguera, permanece sin subir de grado y ni siquiera trasladarse. Así es como se observa en su Hoja de Servicios, donde leemos que tras llegar el nuevo rey (Amadeo I) fue ya ascendido y trasladado al Cuartel del Ejército del Norte, para realizar trabajos topográficos y en 1874 luchar contra los carlistas, participando en la toma de La Guardia (un pueblo hoy famoso por su vino, pero que antaño lo era por su “requetequetismo”).
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Sigue este año en El Cuartel del Norte y solo un mes después logra la liberación de Irún, que se hallaba tomada por los de Don Carlos; consiguiendo esta plaza el 10 de noviembre. Finalmente, desde la zona recuperada inicia el bloqueo de Pamplona (empezando en febrero de 1875), cerrando el Valle de Echaurri y formando parte para una comisión de canje de prisioneros, entre ambos bandos. Siendo nombrado entonces Comandante de Estado Mayor, por las anteriores acciones; a las que se sumaron el reconocimiento de Manclares y Subijana, tanto como su participación en la batalla de Treviño y en el ataque a Villareal de Álava. Tomando desde este momento parte en distintos combates, entre los que destacaron el citado de Restia, Peñacerrada, Bermeo y largo etcétera; llegando hasta Navarra para sostener la linea de Abarruza, Miravalles, San Cristóbal y etc.. Acciones todas llevadas a cabo antes de que finalizase 1875.
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SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Reunión de los Santafé y Rodríguez en la casa de Nicolás Santafé en Madrid (Pérez Galdós, 3). La fotografía es casi coetánea al fallecimiento de Angel Rodríguez Tejero. La fechamos hacia 1910 (dos años después de que muriese el padre de mi bisabuela) y está tomada en el salón donde tenían expuestos los cuadros del tatarabuelo. En la imagen de abajo numeramos a los protagonistas, quienes de derecha a izquierda son:
1)-Teresa Santafé (hermana de mi abuelo Angel Santafé).
2)-Martín Santafé (también hermano de mi abuelo).
3)-Consuelo Rodríguez (hermana de la bisabuela Carolina).
4- Angel Santafé Rodríguez (mi abuelo materno).
5)- Nicolás Santafé Arellano (marido de Carolina y bisabuelo).
6)- Ignacio Corona Rodríguez, hijo de Consuelo y sobrino de Carolina (muerto poco después de esta fotografía en la Guerra de África).
7)- Carolina Rodríguez (madre de mi abuelo materno).
8)- Carlos Corona Rodríguez, hermano del militar (también hijo de Consuelo).
9)- Maria Pilar (esposa de Carlos Corona y madre del bebé que vemos en el centro).
10)- Jaime Santafé (hermano menor de mi abuelo).
11)- Primera bisnieta de Angel Rodríguez Tejero (hija de Carlos Corona Rodríguez). 12)- La tía María Santafé (hermana menor de mi abuelo Angel), con unos diez años, lo que nos lleva a fechar la foto hacia 1910.
Observemos al fondo, algunos cuadros del tatarabuelo Angel, entre los que destaca su autorretrato y varias escenas costumbristas.
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JUNTO ESTAS LINEAS: Recordatorio de fallecimiento en la Guerra de África de Ignacio Corona Rodríguez (nieto de Angel Rodríguez y sobrino de mis bisabuelos Nicolás y Carolina). La necrológica que incluyo, ha llegado hasta mí mientras redactaba estas líneas; pues al no estar muy seguro de los personajes que protagonizaban la foto anterior, pregunté al Coronel Santiago Rodríguez Santafé (quién podría ser aquel que vestía de militar). Me respondió a través de Javier Sanjuan Rodríguez, explicando que ambos hermanos (a la derecha de la imagen), eran Carlos e Ignacio Corona Rodríguez. Abuelo y tío abuelo de Javier Sanjuan Rodríguez y Corona. Asimismo, me hicieron llegar el recordatorio de la muerte en campaña de Ignacio; que cayó en Arcila, en febrero de 1914. Desde aquí, nuestro respeto y nuestra memoria a quienes dieron su vida por nuestra nación -como Ignacio Corona Rodríguez-; pues gracias a ellos y a su tremendo sacrificio, hemos nacido en una España estable, preciosa y plena de libertades.
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Tal como narrábamos, Angel Rodríguez Tejero, desde la llegada de La Restauración y de Alfonso XII al trono; se mantuvo en campaña, hasta el final de la III Guerra Carlista. Contienda que terminó el día de su santo de 1876, cuando además cumplía los treinta y nueve años. Siendo ascendido durante sus acciones militares a Teniente Coronel y nombrado Coronel por méritos de guerra, en el mes de abril. Destinándole más tarde -de nuevo- al Depósito de Guerra, después de declararle “Benemérito de la Patria”, por su participación activa al lograr la victoria sobre los carlistas. Poco antes, en 1875 y por los hechos referidos, le fue concedida la Cruz Roja de Primera Clase, del Merito Militar; por la liberación de la plaza de Irún. Siendo nombrado para la Encomienda de Isabel la Católica, tras la toma de Villareal de Álava.
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En 1876 además de ascender a Coronel, se le concede la Medalla de Alfonso XII con pasadores de Pamplona y Treviño, teniendo derecho al uso de los pasadores de Miravalles, Elgueta y Orio. Tras ello, se le nombra Sargento Mayor de la plaza de Cádiz, donde sirve durante unos diez meses. Finalmente, desde 1877 hasta 1888 se le destina de nuevo al Depósito de Guerra, en Madrid, para que continúe con su trabajo artístico y topográfico. Allí recibirá las siguientes distinciones: Ese año se le entrega la Cruz Roja de Segunda Clase, al Mérito Militar; en permuta por su encomienda de Isabel la Católica (en memoria de sus méritos anteriores y en especial en Bermeo). En 1878 la Medalla de la Guerra Civil, con los pasadores de San Marcos y San Marcial. La Cruz sencilla de San Hermenegildo y un Diploma equivalente a la Medalla de Bronce que gana en la Exposición Universal de París como pintor artístico, significando su labor en el ejército. En 1881, recibe la Cuz Blanca de Segunda Clase al Mérito Militar, por su obra: “ALBUM DE CAMPAÑA”, que finalmente se publica en 1883.
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Permanece en Madrid y en igual destino hasta 1888, recibiendo en 1886 de nuevo una Gran Cruz Blanca al Mérito Militar, tras editarse otro de sus libros con estampas bélicas, esta vez titulado: “EL DIBUJANTE MILITAR”. Asimismo, al año siguiente se le concede la Placa de San Hermenegildo; y finalmente, en 1888, el Depósito de Guerra designa que continúe con su labor artística y topográfica, teniendo por misión levantar planos y crear vistas topográficas y pictóricas de El Ferrol y Vigo. Tras ello, en 1889, se le nombra Sargento Mayor (equivalente a gobernador) de la plaza de Santoña, tomando el mando definitivo como Coronel de Estado Mayor. En 1890 es nombrado Sargento Mayor de la Plaza de Mahón; donde al año siguiente contribuye a la publicación de la “NARRACIÓN MILITAR DE LA GUERRA CARLISTA (desde 1869 a 1876)”. A comienzos de 1892 fue ascendido a Gobernador Militar de la isla de Menorca y meses después, Gobernador Militar de Tarifa (en Cádiz). En este último destino, entra en Septiembre de 1892, pasando en Tarifa sus últimos años como Coronel. Ascendido a General regresa a la Corte, fijando residencia en Madrid desde 1897, concediéndosele la Gran Cruz de San Hermenegido en 1900. Finalmente, en 1901 pasará Angel Rodríguez Tejero a La Reserva, muriendo en 1908 (con más de setenta años).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Otras dos fotos tomadas hacia 1910, en la casa de mis bisabuelos de Madrid (C/ Pérez Galdós 3); a los pocos años de que muriese el tatarabuelo Angel Rodríguez Tejero. Al lado, Nicolás y Carolina junto a dos de sus hijos y la profesora de idiomas. Detrás de ellos, de pie y en medio; mi abuelo Angel. Al lado derecho nuestro, su hermana María (con unos diez años); a nuestra izquierda, la institutriz -que me dijeron era profesora de alemán y vivía en la casa-.
Abajo: Jaime y María Santafé, los dos hijos menores de mis bisabuelos (Carolina y Nicolás). El niño en imagen era Jaime Santafé, que se hizo arquitecto y entorno a 1923 se casó con Rosario Mira, naciendo de ambos Ma.Francisca y Jaime. Tras llevar a cabo su primera obra y acabar un edificio en la calle Serrano 26 de Madrid; fallece en accidente de tráfico con apenas veinticinco años, dejando una niña de meses y a su mujer embarazada del segundo hijo. La chica que vemos en imagen, es la tía María Santafé, que por suerte tuvo una vida mucho más larga feliz: Hacia 1925 se casó con otro descendiente de Angel Rodríguez (el tío Guillermo), que era una buenísima persona y también llegó a General. De ambos nació una saga de militares, Rodríguez Santafé (o bien Rodríguez-Santafé) de enorme preparación y conocido renombre. Asimismo, las hijas de la tía María, eligieron a compañeros de profesión de sus hermanos para contraer matrimonio; habiendo sido todos muy felices.
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Recoge Javier Sanjuan Rodríguez en su separata sobre la vida de Angel Rodríguez Tejero, que su ascenso a general fue publicado por La Gaceta de Madrid, con fecha 23 de junio de 1998; firmada por la Regente Ma.Cristina en nombre de su hijo (Alfonso XIII). Saliendo la noticia de sus anteriores nombramientos como gobernador militar de Tarifa y de Mallorca, en varios periódicos de la época (entre ellos “El diario ilustrado El Globo” o “Periódico El Popular”). Dejando al margen la fama social de este general-pintor, diremos que es de enorme importancia observar que en 1897 se le hace llamar, para que fije su residencia en Madrid (La Corte, tal como figura en Hoja de Servicios); mientras se le asciende a general en junio de 1898. Pues hemos de pensar que este es un momento de enorme crisis en España, ya que se estaba produciendo la guerra con Estados Unidos y El Desastre del 98 (donde se pierden las últimas colonias; principalmente Cuba y Filipinas). Pero concretamente, en junio de este año estaba en su punto más duro la contienda Hispano Americana, que se inicia por la famosa voladura del Maine; declarando Estados Unidos la guerra unas semanas después de la falsa bomba en el acorazado estadounidense. Comenzando la Guerra Hipanoamericana el 19 de abril de 1898 y venciendo los Estados Unidos en mayo, a la armada española en Cavite (Filipinas); mientras la terrible derrota no llegó en Cuba hasta julio. Rindiéndose la plaza de Santiago el día 16 de este mes; tan solo dos semanas antes de que Angel Rodríguez Tejero fuese nombrado general.
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Su ascenso al generalato precisamente en la crisis de El Desastre, nos habla de que este militar era un reconocido liberal, enormemente fiel a la corona y moderado (politicamente hablando). Que es llamado en ese momento a la corte y para ocupar este cargo, con el fin de apuntalar la nación; debido al tremendo estado de caos que se vivía. Pues el famoso Desatre del 98 resultó ser uno de los grandes fiascos políticos de la Historia y alguno de los mayores errores militares cometidos por los parlamentarios españoles. Una enorme equivocación sobre la que advertían todos los Regeneracionistas, en especialmente los krausistas y los allegados a José Canalejas; quienes desde 1896, hablaban de claudicar como Imperio y pactar con Estados Unidos (intentando evitar muertes, sacrificios y una posible humillación militar). De tal modo, entendemos su ascenso a general, cuando sabemos a qué grupo ideológico pertenecía Angel Rodríguez Tejero; que era el Regeneracionista y liberal. Una tendencia que además le unía a su familia; en especial a la ideología que seguía su yerno, Nicolás Santafé (junto su gran amigo Manuel Cobo Canalejas). Pues los referidos Nicolás Santafé y Manuel Cobo, en 1898 ya eran socios y tenían un enorme vínculo de amistad procedente del krausismo; lo que llevó a que veinte años más tarde emparentasen como consuegros (pese a que Manuel Cobo fallece en 1916; dos años antes de que su hija mayor se casase con el primogénito de Nicolás Santafé -me refiero a la boda de mis abuelos: Concepción y Angel; que se celebró en 1918-).
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Pero regresando al momento en que Angel Rodríguez Tejero es ascendido a general y llamado a vivir en la Corte, vamos a explicar brevemente su posición y la importancia de la facción liberal que lideraban algunos miembros de su familia (junto a sus amigos). Me refiero concretamente al grupo krausista de los Canalejas, que se oponen desde un principio a la guerra de ultramar, intentando llegar a un acuerdo con Estados Unidos y otras potencias. Ello se acentúa precisamente en 1896, cuando José Canalejas Méndez, dimite como ministro y más tarde (con la excusa de haber enviudado) decide viajar hasta Estados Unidos, para visitar al presidente de Estados Unidos -acompañado por algunos de sus familiares-. Antes de continuar con este relato, diremos que José Canalejas, por entonces se encontraba en un momento duro y de crisis (casi expulsado del partido de Sagasta) y tenía dos incondicionales y principales hombres de confianza: El primero era su cuñado Alejandro de Saint-Aubin (hermano de su mujer, periodista y dibujante costumbrista). El segundo fue Manuel Cóbo Canalejas, al que llamaba “primo” y con el que le unía una enorme amistad profesional. Pues “su primo” era quien llevaba el bufete de José Canalejas, cuando este no podía ejercer como abogado, cada vez que le nombraban ministro. Debiendo entonces pedir Manuel Cobo la excedencia en el juzgado, para pasar a gestionar todo el despacho antes llevado por el ministro y que así continuase en perfecto funcionamiento (ya que los honorarios como político, eran pocos y bajos).
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Por todo ello, en el año 1895 ya Canalejas se distanció de Sagasta e intentó dejar la política, dedicándose plenamente al ejercicio de la abogacía. Pero en 1897, cuando enviudó, entró se sumió en una gran crisis y en estado de enorme tristeza, decide marcharse con su cuñado Alejandro Saint-Aubin hacia Estados Unidos y Cuba. Su intención era hablar personalmente con el presidente MacKinley y concertar un acuerdo de paz privado, para explicarlo en España, con el fin de evitar un conflicto bélico con los americanos. Así fue recibido en la Casa Blanca en noviembre de este año y tras llegar a un pacto con Mackinley, se dirigió a Cuba -creyendo que ya se podía solucionar por medios ajenos a la guerra, el problema entre España y Estados Unidos-. En la isla caribeña Canalejas se alistó como soldado camillero (pese a haber sido ya ministro de defensa), para conocer de primera mano la situación del frente. Tras ello, el 31 de diciembre de 1897, él mismo arrió por última vez la bandera española en Santiago de Chile y el 1 de enero izó el estandarte de la autonomía cubana (todo ello cumpliendo un mandato de Las Cortes españolas). Así pasó José Canalejas Méndez las navidades del año en que enviudó; vestido de soldado con uniforme de rayadillo, compartiendo cena y bailes con los compañeros del ejército y recogiendo en Cuba la última bandera española que lució sobre esta isla, marcándola como territorio soberano español.
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SOBRE JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Arriba, Alejandro de Saint-Aubin, cuñado y hombre de mayor confianza para Jose Canalejas. Era hermano su mujer, y ejerció como periodista en los diarios que compraba el estadista con el que tenía tanta amistad como confianza. Saint-aubin llegó a ser nombrado ministro, en los gobiernos de Canalejas (cuando ganan las elecciones en 1910). Su profesión era la de pintor costumbrista y se sabe fue amigo de Angel Rodríguez Tejero; con el que preparaba mercadillos y exposiciones de arte. 
Al lado, fotografía de “La gaceta Ilustrada”, año 1897, con una exposición-mercado de arte, en favor de los heridos en la guerra de Cuba y de Filipinas. Este mercadillo caritativo que se celebró en el ministerio de la Guerra, fue coordinado por Alejandro Saint-Aubin en 1997, poco antes de embarcare hacia Whasington y La Habana, junto a su cuñado, José Canalejas.
Abajo, cuadro que adquiere la reina Ma. Cristina en ese evento. Se trata de una escena costumbrista pintada por Alejandro de Saint-Aubin y regalada por él para esta ocasión (la obra se titula “Seguiriya” y en ella vemos militares bailando con gentes del pueblo). Este pintor y periodista estaba muy preocupado por la situación de los ejércitos de colonias; manifestando en sus artículos el enorme sacrificio que se estaba exigiendo a los pobres soldados españoles destinados en lugares tan lejanos. Pocos meses después Saint-Aubin y su cuñado Canalejas zarpan con destino América, donde se entrevistan con MacKinley, intentando evitar la guerra con Estados Unidos. Más tarde, Canalejas irá hasta Cuba, para conocer de primera mano lo que sucede en la isla y el potencial bélico americano. Al regresar advierte a todos de no entrar en conflicto armado con el gigante estadounidense, pero sin ser oído por nadie (ni siquiera por Sagasta, el jefe de su partido). Finalmente, El Desastre de 1898 fue tal, que la política se degrada y las organizaciones políticas se segregan; incluso la de Joaquín Costa (que hunde la propia izquierda al ver que era la tendencia más regeneradora y con mejores razones ideológicas). Pero siguiendo el Regeneracionismo, en ese momento en que se disuelve el movimiento de Costa, (1902) Canalejas crea su propio partido y ocho años más tarde gana las elecciones.
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Continuando con el viaje de Canalejas a Estados Unidos y Cuba; el político, tras pasar las navidades en La Habana, fijó su vuelta a España para mediados de enero del año 1898. Aunque tras embarcarse en Santiago, algunos dijeron haber encontrado una carta de puño y letra suyo, en la que insultaba a Mackinley; olvidada por el español, escondida en un cajón de su hotel. La extraña misiva (que él jamás reconoció haber escrito y que nadie pudo comprobar como cierta) fue divulgada por la prensa sensacionalista de Hearst -William Randolph- con la única intención de deshacer el acuerdo entre MacKinley y Canalejas. Mientras eso sucedía, llegaba en barco el estadista a España, sin poder comprender nada sobre lo que le preguntaban en el puerto, acerca de aquella absurda carta que le adjudicaban y sobre sus insultos al presidente americano. Sin advertir nadie que se trataba de otra patraña creada por la prensa amarilla, pues en esos días de enero de 1898, el yate de William R. Hearst (llamado Bucanero) estaba atracado en La Habana, de donde fue expulsado al publicar en su periódicos la falsa carta. Pero Estados Unidos decidió enviar entonces al Maine, que patrullaba en aguas cercanas. Entrando en una bahía extranjera ese acorazado, todo lo que contravenía las leyes mínimas de cortesía y diplomacia. Sea como fuere, El Maine no fue mal recibido en Cuba por los españoles, tanto que organizaron una fiesta para sus oficiales; precisamente la noche en que increíblemente el barco voló por los aires (muriendo gran parte de su tripulación y apenas algunos mandos).
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Todas las evidencias demostraban que la explosión se produjo en el interior del casco; pues las cuadernas se abrieron hacia afuera, no se vio columna de agua y no hubo apenas peces muertos alrededor del acorazado. Pese a ello, pronto Pulitzer y Hearst publicaron en sus periódicos que se trataba de una mina puesta por los españoles, comenzando así la guerra del 98. Declarada en Cuba, en abril de ese año y que tan solo duró mes y medio; pues el 16 de julio se rindieron los españoles en La Habana. Antes de todo ello, ya había informado Canalejas en el Congreso de Diputados, sobre el potencial bélico americano y sus intenciones (cuando llega de su viaje); aunque nadie le hizo caso. Pese a todo, muchos se interesaban por la historia absurda e inventada por Hearst, afirmando que el político español había escrito en La Habana una carta insultando al presidente americano; una increíble misiva que decían cayó en manos de los periodistas de Hearst (antes de ser enviada al embajador en Washington...). Así pues y sin atender a Canalejas, llegan los progresistas y conservadores al acuerdo de que si Estados Unidos vulneraban territorio hispano, lo mejor sería ir a la guerra. Todo lo que finalmente llevó al El Desastre, pues nunca debieron haber entrado al engaño del Maine (cuya bomba parece fue puesta por separatistas y anarquistas españoles, enrolados en la tripulación del acorazado americano). Ni menos haber contestado a la declaración de guerra del gigante americano; sino todo lo contrario: Seguir la política que aconsejaba Canalejas, pidiendo mediadores y acuerdos por doquier.
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Pero esta postura chocaba de frente con los liberales progresistas y más con los conservadores; por cuanto Canalejas se queda solo y los suyos llegan a escindirse en un nuevo partido (todavía sin fundar y liderado entonces por aquel exministro junto a su cuñado Saint-Aubin). Como dijimos, en este grupo de “canalejistas” incondicionales estuvo Manuel Cóbo Canalejas; hombre de confianza del político, que le siguió también en estos días en que aquel político estaba en contra de todos. Lo mismo hizo su amigo Nicolás Santafé; quien a través del Banco Hipotecario financiaba las obras que realizaba Manuel Cobo Canalejas en el Barrio de Maravillas (hoy llamado barrio de Malasaña). Debido a que el Hipotecario, como banco krausista y Regeneracionista; sabemos que apoyaba la política de Canalejas. Todo lo que explica a unión de estos dos grandes amigos; que años más tarde llegaron a ser familia (cuando se casan sus primogénitos). Por último, Angel Rodríguez Tejero, parece que estaba también muy unido a Alejandro Saint-Aubin (el cuñado de Canalejas); con el que había compartido estudios en Bellas Artes, concursos y sobre todo, certámenes de pintura. Exposiciones que realizaba el ministerio del Ejército en favor de los heridos o de los que servían en Colonias. Donde pintores famosos -como Cecilio Pla, Fortuny o Madrazo- donaban obras; a la vez que otros no tan renombrados (como Saint-Aubín y Rodriguez Tejero) también regalaban y vendían en aquellos mercadillos sus cuadros. En el caso de Angel Rodríguez Tejero, sabemos que normalmente solía aportar acuarelas o dibujos para todas exposiciones en favor de los militares en campaña; mientras Alejandro Saint-Aubin solía dirigír muchos de estos mercados en favor de los heridos o los caídos del ejército. Así pues, se puede entender por qué en 1897 fue llamado a la Corte Angel Rodríguez Tejero y en julio de 1898 fue nombrado general; debido a su talante liberal y a su Hoja de Servicios (con lealtad plena a la Corona). Pero asimismo en razón a sus amistades y familia; pues solo cuatro años más tarde, el grupo de Canalejas creó su propio partido, regerenando el progresismo y ganando las elecciones en 1910 (aunque eso ya no lo pudo ver el general-pintor, que murió en 1908).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Imágenes relacionadas con la guerra de Cuba. Al lado, un dibujo mío de José Canalejas, Presidente del Consejo en 1910. Tristemente, en noviembre de 1912, veinte meses después de haber sido elegido, fue asesinado por un anarquista (al igual que Mackinley, también matado en atentado ácrata, aunque un decenio antes -cuando intentó abrir una investigación sobre El Maine...-). Con la muerte de Canalejas terminó El Regeneracionismo en España; muchos de sus socios y amigos también fallecieron poco después, por tristeza o preocupación: al intuir que nuestra nación se encaminaba al caos de nuevo (tal como le sucedió a Saint-Aubin y a mi bisabuelo Manuel Cobo; desaparecidos ambos en la primavera de 1916). Tras Canalejas, comenzaron a surgir partidos políticos españoles progresistas de ideología marxista, con todo el empuje radical que iban adquiriendo desde Rusia (principalmente tras la Revolución de 1918, que irá creando la poderosa Unión Sovietiaca). Como contestación a ese radicalismo que se instauraba en los partidos de izquierda, Alfonso XIII en el año 1923 admite que España fuera gobernada por una dictadura militar. Pero ante las protestas internacionales, en 1930 se destituyó Primo de Rivera y comenzó la llamada “dictablanda”; con acciones absurdas como las ordenadas en África (directamente mandadas desde el Palacio Real). En 1931, los errores de Alfonso XIII le llevan a pensar que su destino puede ser semejante al del zar Nicolás; huyendo del país, renunciando a sus derechos sobre la Corona, proclamándose así la II República. Todo ello sucedió cuando la entonces recién nacida Unión Soviética, había decidido expandirse y mientras Alemania también deseaba hacerse con gran parte de Europa. Ambas naciones (por entonces aliadas) probaron sus armas y estrategias en suelo español; cuando estalló en una guerra civil, donde se ensayaron todos los ingenios y maquinarias bélicas que se iban a poner en práctica poco después: Desde 1939, cuando La Unión Soviética y Alemania, se repartieron el territorio europeo; tras haber firmado Hitler y Stalin el famoso pacto llamado de Ribbentrop-Mólotov.
Abajo, uniforme del ejército español en Cuba en los años de los que hablamos (1898) -agradecemos al Museo de El Ejército nos permita divulgar nuestra imagen-. Decíamos en el anterior pie de imágenes, que pocos meses después de esa exposición de 1997 yy que vimos en fotos anteriores; Saint-Aubin y su cuñado Canalejas, zarpan con destino a Washignton, donde se entrevistan con MacKinley. Más tarde Canalejas irá hasta Cuba, para conocer de primera mano lo que sucede en la isla y el potencial bélico americano. Se llega a vestir de rayadillo y alistarse como soldado; para ir a primera linea y saber en qué estado estaban combatiendo los españoles. Ve que mueren por enfermedades y desnutrición, por lo que al regresar, advierte en el Congreso para no entrar en conflicto bélico con el gigante estadounidense. Sin ser oído por nadie (ni siquiera por Sagasta, el jefe de su tendencia); finalmente, El Desastre de 1898 fue tal, que en 1902 Canalejas crea su propio partido y ocho años más tarde gana las elecciones.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos fotografías de José Canalejas y de Manuel Manuel Cobo Canalejas. Al lado, 12 de noviembre de 1912; el Presidente del Consejo yace muerto en atentado y al lado mi bisabuelo (Manuel Cobo). Abajo, ambos pocos meses antes de morir; José Canalejas fotografiado en 1911 y al lado Manuel Cobo Canalejas en 1915.






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BAJO ESTAS LÍNEAS: Gran Cruz al Mérito Militar con Distintivo Rojo que le fue concedida a José Canalejas Méndez, tras enrolarse como soldado en la guerra de Cuba y participar en ella como camillero, con el fin de comprender la situación del ejército. A los cuarenta y tres años de edad, tras haber sido varias veces ministro, Canalejas decide vestirse de rayadillo, para ir a primera fila en la isla caribeña. Fue poco después de enviudar (en 1897), cuando debió pensar que quizás era mejor “irse con su mujer”. Tras su experiencia y su viaje a Washington, intentó convencer a Sagasta de que debía desistir de enfrentarse a Estados Unidos. Sin recibir atención por parte de nadie, quedó en esos días apartado de la política y tomado como un loco visionario. Será poco después cuando todos se dieron cuenta de que debían haber seguido los consejos de Canalejas, al ver El Desastre del 98. Esta medalla le fue otorgada e 1898, por sus servicios en Cuba y como emisario de paz a Estados Unidos (una igual le fue entregada a Angel Rodríguez Tejero en 1875, por la liberación de Irún) -agradecemos al Museo de El Ejército nos permita divulgar nuestra imagen-.
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IV) Obra de Angel Rodríguez Tejero:
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Podemos afirmar que la obra de este pintor y militar, tristemente se ha perdido o desestructurado. A mi juicio por dos motivos; primero porque cuando murió debían haberla catalogado, fotografiando la mayoría de sus cuadros, bocetos y acuarelas (intentando recopilar todo cuanto pintó y dibujó). Pero en después, porque años más tarde su obra fue dividiéndose entre familiares, llegando a partirse hasta los cuadernos (en los que narraba de modo sucesivo las crónicas de cada batalla). Finalmente, el grueso de cuanto había escrito y creado este general-pintor, estaba en manos de mi tío Martín hasta que muere en 1982; quien al dejarlo enteramente a sobrino mayor, olvidó indicar que no se debían separar las láminas, ni menos dividir los cuadernos. Así fue como aquellos a quienes llegaron por herencia estas acuarelas y dibujos, tuvieron que repartirlos como buenos hermanos; sin que nadie les advirtiera de que el valor real se encontraba en la unidad de las obras. Pues en el caso de los cuadernos de batalla, al haberse separado, ya no se conoce cual es la estampa histórica que refleja cada dibujo, habiendo perdido su enorme valor documental. Ya que en gran parte se trataba de narraciones de las contiendas por imágenes sucesivas; recogiendo cada carga y salto, ordenadas y conservadas en cuadernillos cerrados.
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BAJO ESTAS LÍNEAS: Una bonita foto realizada hacia 1910 en el estudio de un escultor amigo de los Santafé y de los Rodríguez. En ella vemos al Martín Santafé (hermano de mi abuelo), sentado y posando; junto a él (a nuestra derecha) su tío Juan, el hijo de Angel Rodríguez Tejero (que sabemos era por entonces Teniente de Cazadores, del Lusitania XII). Tras el biombo, mi abuelo Angel y en primer término el escultor. La familia afirmada que el artista se trataba quizás de Sebastián Miranda (que retrató a mi bisabuelo), aunque he podido comprobar que no es así -por fecha, ni por aspecto-. Otros suponen que es Aniceto Marinas, gran amigo de Angel Rodríguez Tejero (aunque mucho más joven) y también segoviano -sin haber podido comprobarse si es el estudio de este escultor, al que tanto quiso y ayudó nuestro tatarabuelo-.
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Como decimos, tristemente, muchos de estos cuadernos se deshicieron, desarbolando parte de la obra de Angel Rodríguez Tejero; cuyo valor era tanto artístico, como testimonial. Pues no solo tenían un interés pictórico, sino sobre todo un enorme valor documental, ya que estaban realizados por un militar que había participado en las batallas; tomando apuntes en primera fila de combate, a la vez que daba y recibía órdenes. Todo ello confería un enorme valor a los dibujos de este jefe de infantería, que comenzó de soldado-dibujante y que de mayor fue llamado el general-pintor. Pues en sus bocetos, se podría ver claramente sucesión de tácticas militares y las formas en que se organizaban los ejércitos del siglo XIX; siendo documentos de enorme importancia para el estudio de formas de ataque o defensa, en su época. Así pues, al dividirse sucesivamente la obra de nuestro tatarabuelo, a mi juicio se ha provocado que a día de hoy apenas se conozca como pintor; pese a que su cotización en subasta es mucho más alta que la del resto de artistas similares y de misma época. Tanto es así, que podremos ver acuarelas de Angel Rodríguez Tejero en los anticuarios y en salas como Sotheby´s y Christies; con precios muy altos. Pese a ello, no encontraremos una sola biografía suya en distintas enciclopedias de época, aunque sí en Wikipedia y en las de hoy en día (donde incluyen como bibliografía este texto).Por el simple hecho de desconocerse su vida y su figura, al no haberse ocupado en ser famoso. Posiblemente, al ser un gran militar, antes que un pintor; todo lo que llena de prejuicios al mundo de la crítica artística, que comúnmente piensa que el mejor creador es aquel que contraviene las normas mundanas. Considerándose equivocadamente que el pintor debe ser un bohemio revolucionario, en vez de un hombre disciplinado, unido al orden y muy trabajador; tal como lo fueron: Velázquez, Rubens, Ticiano y todos los grandes del pasado.
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Debido a lo antes expresado, si abrimos un texto sobre pintura militar de fines del XIX y principios del siglo XX; primeramente mencionará famosos artistas, como: Mariano Fortuny, José Casado de Alisal, Francisco Pradilla, Eduardo Rosales, Vicente Palmaroli, José Moreno Carbonero o José Cusachs. A su lado aparecerán otros de menos nombre, como: Eugenio Álvarez Dumont (1864-1927); Dionisio Fierros Álvarez (1827-1894); Carlos Sáez de Tejada y Lezama (1897-1958); Francisco Sans y Cabot (1828-1888); Mariano Barbasán Lagueruega (1864-1924); incluso el sobrino de Dalí, llamado Salvador Domenec de Dalí y Domenech (1904-1989). Pero nunca encontraremos el nombre de Angel Rodríguez Tejero, entre los que realizaron obra pictórica militar. Pese a que este último, además de ser un gran creador; trabajaba en primera linea y dedicó toda una vida al mundo castrense (llegando desde soldado-dibujante a general de los pinceles). Es decir, que es el pintor militar por excelencia. Pero su olvido creemos se debe principalmente al desmembramiento de la obra, unido a la poca importancia que él mismo quiso darse; pues siquiera incluía en su currículum, las medallas y honores que recibía en exposiciones o en certámenes de pintura. Solo de este modo se entiende que su nombre haya desaparecido de la escena pictórica militar; mientras se conserva el de otros muchos con menor valor (artístico e histórico). Tal como son los casos antes citados de: Eugenio Álvarez Dumont, Dionisio Fierros Álvarez, Carlos Sáez de Tejada y Lezama, Francisco Sans y Cabot, Mariano Barbasán Lagueruega o Salvador Domenec de Dalí y Domenech.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos acuarelas costumbristas de juventud de Angel Rodríguez Tejero. Uno de los problemas que presenta este pintor es que en muchos casos no fecha la obra, resultando imposible un seguimiento cronológico. Al parecer, pintaba preferentemente en cuadernillos y debido a ello no databa. Por lo demás, tras su ascenso a capitán y con solo veintiséis años, se tomó su profesión de pintor, en gran parte como una gran afición. Todo lo que hace entender por qué no se preocupó de adquirir fama. La realidad a día de hoy es que sus obras se cotizan más que las de otros artistas coetáneos, aunque apenas aparece su nombre entre los pintores de su época (siendo incomprensible que no se halle entre los mejores que plasmaron escenas militares, en su tiempo).
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BAJO ESTAS LÍNEAS: Firmas de Angel Rodríguez Tejero. Observemos que no tienen fecha. La tercera a la derecha, es de época mucho más tardía y parece que por entonces signaba A. Rod.´ Tejero.
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Acerca de las medallas y premios artísticos que recibió Angel Rodríguez Tejero, también recoge Javier Sanjuan Rodríguez varios datos (en el apunte biográfico que redactó sobre su tatarabuelo y que me hizo llegar Santiago Rodríguez Santafé). Destacado la medalla de bronce que ganó con sus pinturas, en la Exposición Universal de París de 1878. Asimismo colaboró poco después en la edición de LA NARRACIÓN DE LAS GUERRAS CARLISTAS (1869-1876), donde participó con el entonces comandante Corona Cañeque; cuyo primogénito, llamado Ignacio, posteriormente se casaría con la segunda hija de Angel Rodríguez Tejero (Consuelo, Sra de Corona, a la que hemos visto con sus hijos en imágenes anteriores -uno de ellos caído en combate en África-). La publicación de aquel libro sobre las confrontaciones contra los de Don Carlos, recogía muchas de las láminas que por entonces pintó nuestro tatarabuelo. Quien había ilustrado centenares de hojas de periódicos con imágenes costumbristas y castrenses; que él fue tomando a modo de documento, mientras participaba en batallas y saltos. Acerca de ello, narra Sanjuan Rodríguez como desde su juventud era enviado a lo más alto de las montañas, para tomar posición privilegiada y desde allí dibujar exactamente la disposición y orden de los ejércitos. Bocetos que servían al mando superior para conocer estrategias o movimientos del enemigo, tanto como los propios. Un oficio de pintor, cuyo ejercicio de realización tenía enorme riesgo. Sobre todo, al deber situarse en plena soledad, en un punto de dominio; lo que podría llevarle a encontrarse con enemigos que hubieran tomado parecido camino, o con quienes le siguieran para apresarle. Ya que los bocetos reflejaban la estrategia y situación de los militares, propios y contrarios; todo lo que se pasaba rápidamente al Estado Mayor (dejando las láminas que no revelaban secretos militares, para editar en los periódicos).
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Recoge también Javier Sanjuan Rodríguez que entre las gacetas de época que publicaban sus dibujos y grabados, destacó “La ilustración española y americana”; antes llamado “Museo de familias”; que al parecer fue el primer periódico que incluyó litografías (lo que luego llamábamos huecograbado). Asimismo, nos dice este biógrafo y tataranieto que entre sus trabajos principales, hemos de destacar el CROQUIS DE TOPOGRAFÍA, Y CROQUIS MILITAR DE PAISAJE Y FIGURA, que publica en 1888. Cuya imagen de portada recogemos a continuación, tomada desde la separata repetidamente mencionada de Javier Sanjuan, donde el tataranieto suyo nos da como datos biográficos artísticos, los que resumo: Se consagró como acuarelista participando en las Exposiciones de Bellas Artes de los años 1871, 1878 y 1884. Además, presentó sus obras en los eventos de acuarelistas de Madrid, de los años 1878 y 1883. Habiendo adquirido sus obras La Reina Ma. Cristina (Regente) y las infantas; comprando también cuadros suyos Alfonso XII -antes de morir- y la infanta Isabel; quienes adquieren sus acuarelas en los años 1881, 1882 y 1883. Destacando la Batalla de Bailén (que hemos incluido en imágenes al principio del artículo); obra que compró a comienzos de siglo la Princesa de Baviera (Ma. Paz de Borbón), seguramente por indicación de quien entonces era su financiero, administrador y apoderado -mi bisabuelo Nicolás Santafé, casado con la hija del general y pintor-. Termina narrando Javier Sanjuan Rodríguez que son innumerables los grabados que hizo; muchos de ellos conservados en la Biblioteca Central Militar de Madrid y otros tantos en los archivos de la Comunidad Foral Vasca y en la de Navarra.
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos láminas de Angel Rodríguez Tejero. Al lado, portada del “Croquis de topografía...” publicado en 1888, firmando como El dibujante Militar (la imagen ha sido tomada de la separata sobre la vida de este general, escrita por Javier Sanjuan Rodríguez, al que agradecemos nos permita divulgarla desde estas lineas). Abajo, tambor de alabarderos, pintado en acuarela hacia 1890 por el mismo autor. Ese cuadrito me fue asignado cuando repartimos los enseres de la casa de mis padres. Desde estas lineas aprovecho para decir que yo no tendría problema alguno para donarlo al Museo del Ejército, si se expusiera siempre y a su lado tuviera una reseña biográfica del autor (con el fin de conservar la memoria de quien injustamente ha quedado en el olvido y sin obra expuesta en el Museo del Ejército).

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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos grabados tomados de la biografía sobre la vida de este general, escrita por Javier Sanjuan Rodríguez (al que agradecemos nos permita divulgarlas desde estas lineas). Al lado, composición de cuatro grabados con escenas de Pasajes; está pintado dos años después de que Angel Rodríguez Tejero participase como teniente Coronel en la liberación de Irún y Pasajes, de las tropas Carlistas. Abajo, El Ejército del Norte en Tafalla (recordemos que él mandaba parte de este batallón desde 1875 como comandante y desde 1877 como teniente coronel). Dos escenas de campaña, compuestas en una sola imagen. Habla Sanjuán Rodríguez de que se tata de un grabado en xilografía; lo que hace suponer que fue tallado sobre madera, para imprimirlo fácilmente (en periódicos o libros).

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V) Final:
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No querría terminar este capítulo, sin dar de nuevo las gracias a Santiago Rodríguez Santafé -el coronel Santafé como suelen llamarle- que me facilitó numerosos datos de nuestra familia, así como el trabajo de Javier Sanjuan Rodríguez (biografía de su tatarabuelo). A él y a todos sus hermanos, mi enorme cariño y agradecimiento. Pues son un modelo para todos; como familiares, como personas y como profesionales. Quienes tomando ejemplo de su padre y de sus antepasados, la mayoría siguieron esta vocación y profesión del ejército; tanto, que hasta sus hermanas también se casaron con militares. Personas cariñosísimas, aunque tristemente algunas ya no están con nosotros; como es el caso de Conchita de Atienza (íntima amiga de mi madre). Por lo antes escrito, querría aprovechar estas líneas para expresar que tanto ellos, como su padre, han sido verdaderos héroes. Esos héroes que han salvado vidas, han luchado por la libertad y que “se la han jugado”; sin preocuparse por la fama, el dinero o por lo terrenal. Personas de tremendo valor, de una enorme calidad humana y espiritual; a las que solo el servicio a España y la ayuda a los demás, les han movido o motivado. Coroneles y generales que desde su juventud han participando en múltiples conflictos, para prestar apoyo humanitario o para lograr estabilidad y la paz. Así fue como se iniciaron muchos de los Rodríguez Santafé (bisnietos de Angel Rodríguez Tejero) en Ifni-Sahara. Donde sufrieron y murieron españoles, protegiendo a sus habitantes y defendiendo esa franja de desierto, riquísima en fosfatos. Lugar donde estaba destinado su padre; el por entonces, coronel Guillermo Rodríguez (jefe del grupo de Tiradores; distinguiéndose como verdadero héroe). Bastando leer el libro de R. Santamaría “IFNI SAHARA, LA GUERRA IGNORADA”; para comprender la valentía y sacrificio del general Guillermo Rodríguez y de los suyos, en la durísima misión que tuvieron quienes defendieron esa zona de la África española durante años. Algo que también resume otra obra con título similar IFNI SAHARA, LA GUERRA OLVIDADA ; en este caso liberada en la red y que puede consultarse pulsando:
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos fotografías de quienes fueron el matrimonio Rodríguez Santafé (padres de la saga de militares). Al lado, María Santafé, hacia 1910 y con unos diez años (hermana menor de mi abuelo Angel). Unos quince años más tarde se casó con Guillermo Rodríguez González (también descendiente de Angel Rodríguez Tejero). Abajo, Guillermo Rodríguez (esposo de Maria Santafé) pasando revista en Ifni Sahará como coronel de infantería, en 1958.








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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos fotografías de la familia Santafé. Al lado, la bisabuela Carolina cumple ochenta años. En la mesa todos sus nietos; en primera fila y sentados junto a la mesa, los Rodríguez Santafé (primos más pequeños de la familia); detrás, en última linea y de izquierda a derecha: Gonzalo de Villa Santafé; mi madre (Teresa Santafé); su hermana Ma. Luisa Santafé y su hermano Angel Santafé. 
Abajo, los bisabuelos con sus hijos en el Monte Igueldo; verano de 2014. En verano de este año comenzó la Primera Guerra Mundial; por lo que Nicolás Santafé y Manuel Cobo, se dirigieron a Biarritz, donde se celebraba una convención para conocer qué países participarían en la contienda. Con enorme preocupación por si movilizaban a sus hijos, fueron a la reunión del palacio de Eugenia de Montijo, a fines de julio de 1914. Por fortuna, la política de Canalejas había dejado a España fuera del sistema de poder que obligaba a apoyar uno de los bandos. Pues sabiendo los liberales canalejistas que se estaba preparando una gran conflagración europea, decidieron no optar por bando alguno, con el fin de no participar en ella. Dicen que esta decisión de imparcialidad pudo ser uno de los motivos que provocó el atentado de Canalejas; algo que puede explicar por qué el terrorista que lo mató en 1912 llevaba un papel en el bolsillo en que ponía “conflagración mundial”. En la imagen de San Sebastián año 1914, de izquierda a derecha: Martín Santafé y Teresa Santafé (hermanos de mi abuelo); mi abuela Concepción Cobo, con unos veinte años, cinco antes de casarse con Angel Santafé. La bisabuela Carolina, con velo oscuro en rostro y María Santafé, con unos doce años. El bisabuelo Manuel Cobo Canalejas y a su lado el bisabuelo Nicolás Santafé; el último y en primer término, Jaime Santafé, hermano menor de mi abuelo Angel.
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BAJO ESTAS LÍNEAS: Otra foto de los Santafé, hacia 1910. En este caso, vemos otro cuarto con cuadros de mi bisabuela, antes de dejar de pintar. En primer término Nicolás Santafé con su hija Teresa; detrás a nuestra izquierda, mi abuelo Angel; en medio, su hermana María Santafé y a nuestra derecha su hermano, Martín Santafé.
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VI) Comentarios y añadidos:
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No quisiera confundir un artículo tan serio y dedicado a figuras históricas, expresando mis ideas junto a hechos como los antes relatados. Por ello, hemos de advertir que a continuación voy a añadir algunas de mis reflexiones; pero destacando que el capítulo sobre Angel Rodríguez Tejero (y sus descendientes) realmente ha acabado en el epígrafe anterior. Pese a todo, deseo escribir ideas añadidas que me han venido a la mente, tras leer y redactar este opúsculo (ya finalizado). Pero no quiero que se viera en ello la intención de unir mi forma de pensar, a los acontecimientos anteriormente referidos; apoyándome en figuras familiares o en sus actuaciones heróicas. Debido a esto, previamente a exponer algunas reflexiones que han venido surgiendo al redactar la vida de mi tatarabuelo. Quiero dejar claro que estos comentarios que siguen, tanto como otras opiniones que dejo caer en el capítulo; solo se corresponde a ideas puramente mías. Sin que nadie -ni nada- me haya inducido a escribir acerca del ejército y sobre las situaciones que nuestro país ha vivido. Así pues seguimos con mis comentarios, comenzando por resumir lo que sucedía en tiempos de Angel Rodríguez Tejero. Pues basta leer su vida, para comprender cuánto tuvieron que perdonar y cuánto que superar, las personas nacidas en su tiempo. Una época terrible; quizás una de las peores de nuestra Historia -a mi juicio tan solo comparable a la Caída de Roma y la llegada de los Bárbaros, o al fin del mundo visigodo y la invasión de los árabes-.
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VI-a) Cuanto superó la generación de nuestros tatarabuelos:
En el artículo anterior vimos como Angel Rodríguez nació cuatro años después de que muriese Fernando VII; el peor rey imaginado, que dejó a su pobre hija (con apenas tres años de edad) en un debilitadísimo trono. Así, comenzó en 1833 el reinado de Isabel II y la regencia de su madre (Ma.Cristina); que al poco de enviudar, se tiene que casar con su Guardia de Corps -tras quedarse embarazada, enviando a sus sucesivos hijos a Francia; para que no se conociera la prole nacida de la regente y de su alabardero (Agustín Muñoz)-. Por su parte, el hermano de Fernando VII se proclama también rey, sublevándose con el nombre de Carlos VII (en base a la ley Sálica). Tomando el mando del ejército al morir el padre de Isabel II; recibiendo el apoyo de varios generales, de algunas zonas españolas y de numerosos países; mientras otros reconocen a su sobrina como reina. Ello provoca una primera Guerra Civil, de las llamadas Carlistas (1833-1840); momento en que nace quien luego seria el general Rodríguez Tejero. Durante esos años de infancia en Segovia, de Angel Rodíguez; la niña Isabel II veraneaba en La Granja y se había convertido en una pobre humillada. Terminando por ser una desequilibrada, desde que abusaron de ella sus preceptores (mientras era menor) y al ver que todos deseaban quitarle el trono. Hablamos de los intentos por destronarla de: Su madre, su hermana, su tío Carlos, sus primos, sus generales y hasta su marido (pues se casó con un hombre que la rechazaba; del que hasta se piensa preparó atentados contra ella). Así comprendemos que quien gobernaba España, en tiempos de nuestro tatarabuelo; fue la desgracia personificada. Que nació casi reina, pero quien terminó bulímica, histérica, loca y exiliada (sin que su hijo la dejase regresar a España). Las consecuencias de un trono en manos de esta pobre enferma (mental y física) llamada Isabel II y a quien todos despreciaban; fue la constante repetición de alzamientos, pronunciamientos y guerras -llevados a cabo por sus tíos y primos carlistas, por sus generales o a través de intrigas familiares-. En estos años que narramos, llega el dibujante-pintor, al ejército; participando en la Primera Guerra de África después de cumplir los veintitantos. Tras ello, se produce en España la enorme crisis económica del medio siglo y los sucesivos golpes de Estado contra la reina; terminando por echarla del trono. De tal manera, cuando Angel Rodríguez Tejero era ya comandante, vio la llegada de Amadeo de Saboya; sustituto y electo, que duró apenas dos años como rey. Desatándose después “la gran locura”; llamada “la gloriosa” y que fue “La Primera República”... . Durante este periodo republicano de apenas veinte meses; Jumilla y Alcoy se sublevaban a España como naciones independientes, mientras las flotas de Cartagena y Alicante se enfrentaban a cañonazos, tras declararse diversas guerras interiores cantonalistas.
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Finalmente se llega a La Restauración en 1874 y a la Constitución de 1875; un periodo en que el Estado comienza a progresar y se establece un consenso, olvidando el pasado y los grandes problemas vividos. Fue un momento similar al de la Transición de 1975 y a nuestra actual Constitución de 1978. Aunque en tiempos de nuestro tatarabuelo, cuando parecía que todo iba a arreglarse tras proclamar rey Alfonso XII; su tío Carlos VII se subleva definitivamente (declarando independientes Navarra, Cataluña y las provincias vascas). Es entonces cuando Angel Rodríguez Tejero tendrá que volver a la guerra; con unos cuarenta años, casado y con tres hijos (para servir en el Ejército del Norte como pintor, teniente coronel y grabador). Regresando a primera linea de combate contra los Carlistas; donde afortunadamente no cae, vence y recibe enormes galardones. Todo gracias a sus dotes y a la protección divina; pues en la guerra casi todos pierden: La mitad al ser derrotados y más de un tercio, al morir o regresar gravemente heridos. Así fue como desde 1878 puede dedicarse durante unos años a lo que más le gustaba: Pintar y viajar. Transcurrió una quincena de cierta tranquilidad Social y militar, durante los que será nombrado coronel y tomará el mando como gobernador de plazas en Mahón o Tarifa. Pero a finales del siglo XIX, el ejército español se verá envuelto en una de las peores guerras de la Historia: La Hispanoamericana. Declarada contra los Estados Unidos, tras ser aceptada por los políticos Progresistas y Conservadores (pese al asesoramiento de muchos, que -como Angel Tejero y los canalejistas- advertían que podía terminar con fatales consecuencias). Tal como aseveró Canalejas y los de su grupo, aquella contienda fue un horror, llamado El Desatre del año 98; momento y fecha en que nombran general a Angel Rodríguez Tejero (con la clara intención de estabilizar el mando y retirar a quienes apoyaban seguir guerreando en ultramar).
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Por lo narrado sobre su vida, se hace evidente que nuestro tatarabuelo jamás dejó de ser liberal y monárquico; manteniéndose siempre fiel a la corona y a España. Aunque analizando cuanto tuvo que vivir, soportar, perdonar y aguantar -dentro y fuera del ejército, debido a las circunstancias del país-. Nos quedamos perplejos de lo que vivió y superó; admirando su temple, su fidelidad, su congruencia y sus dotes como pintor y militar. Pues veremos su Hoja de Servicios limpia y tan solo sirviendo a la Corona o a su Nación (algo inusual en la época). Porque vivió en un momento en que todos cambiaban de bando de un día para otro; siendo normal que un político -o un militar- se acostase republicano y despertara monárquico, para volver a declararse republicano a la hora de comer, mientras se proclamaba en favor de los carlistas a la de cenar, y volvía a despertar apoyando a los cristinos. Así pues, en unos años de tanta convulsión y con tales bandazos sociales, culturales y políticos. Nos resulta increíble ver la Hoja de Ascensos y la de Servicios de este que entró de soldado y llegó a general, manteniéndose siempre al lado de su patria y de su jefe de Estado (sin un solo “borrón” en todo su historial).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, mi abuelo Angel Santafé, vestido de rayadillo hacia 1915; cuando ya se había promulgado la ley de servicio militar “sin redención”. Pues hasta que Canalejas cambia la ley de Servicio Militar, en 1912; “La Mili” podía evitarse pagando una cantidad para que un soldado “redentor” realizase el servicio sustituyendo al que lo compraba. Esto suponía que solo los pobres, o los profesionales del ejército, iban finalmente al frente. Un hecho que permitió durante el siglo XIX entrar en guerra, sin miedo a que tuvieran que ir a combate, familiares o conocidos de quienes la declaraban. Así sucedió todavía en Cuba o en Filipinas, donde los infelices que estaban allí destinados (por ser militares o por no tener dinero) a casi nadie les importaba. Solo de ese modo se explica que un país como España, con una flota envejecida y todavía de madera; entrase en guerra con Estados Unidos, famosa por sus acorazados de acero y a vapor. También en relación con la Mili, años más tarde de El Desastre se generó una enorme protesta, durante una de las contiendas de África, cuando el general Weyler se empeñó en reclutar soldados de Barcelona en 1907. Los alistados se amotinaron y todo terminó en la conocida Semana Trágica; que provocó muertos y más de diez días de enfrentamientos callejeros. José Canalejas llegó a defender como abogado a los anarquistas que -se decía- habían protagonizado los hechos; comprendiendo que no había derecho de obligar ir a la guerra, tan solo a los que no podían pagarse su “redención de amas”. Finalmente al llegar al poder, Canalejas impone el Servicio Militar obligatorio. Abajo, una foto mía con veintiún años, en el CIR de Cerro Muriano (Cetme en mano); septiembre de 1982.
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VI-b) De La Restauración a La Transición (la juventud y su desprecio):
Antes de las imágenes, hemos resumido los hechos que se produjeron en vida de Angel Rodríguez Tejero; una Historia que finalmente logró regenerar España. Pues desde 1873 a 1902 se pasó de la locura nacional, a un país que se convirtió de nuevo en potencia Europea. Una nación donde la mayoría de sus jóvenes quisieron estudiar y en gran parte no tuvieron que ir a la guerra (ni en España ni en Ultramar, como habían hecho sus padres y abuelos). Naciendo una nueva generación, plena de estudiosos; a la que sus progenitores liberaron incluso de participar en la Primera Guerra Mundial (donde tristemente combatieron el resto de jóvenes europeos). Pues los que trajeron al Mundo a aquellos que vieron la luz en España, entre 1880 y 1900; intentaron por todos los medios evitar contiendas. Movidos por un sentimiento de reconciliación que se impuso en nuestro país, desde La Restauración de 1874. Una idea nacida después de tres guerras civiles (carlistas), varias internacionales y de El Desastre del 98; apoyada por filosofías como el krausismo y las regeneracionistas, que trasformaron la mente de las personas (pretendiendo no generar belicismo y educar a todos en la cultura). A ello se referían las famosas frases de Joaquín Costa, cuando proclamaba: “cerrar con doble llave el sepulcro del Cid” y “escuela y despensa”.
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Siguiendo estos idearios, José Canalejas (en 1911) impone la Mili obligatoria; debido a que hasta entonces se permitía pagar un rescate, para que un soldado profesional realizase el Servicio Militar por el que ingresaba la cantidad estipulada, en el Ministerio de Defensa. El precio, hasta tiempos de la Guerra de Cuba y Filipinas, fue de mil pesetas para librarse del servicio en Ultramar y de cincomil, para redimirse enteramente. Una inmoralidad consentida en el siglo XIX, que obligaba a los pobres y a los militares, a ir a la guerra; mientras los hijos de rico simplemente pagaban su “redención de armas”. Debido a ello y con la intención de evitar más males y más contiendas absurdas, José Canalejas aprueba la primera ley de mili obligatoria en 1912 (sin exención por pago). Un decreto que lleva a cabo, argumentando que la Semana Trágica de Barcelona se había producido -cinco años antes- porque los jóvenes reclutados, reclamaban que los hijos de adinerados también fueran con ellos a luchar en África. Comprendiendo José Canalejas esta protesta, ya dijimos que llegó a defender como abogado a los anarquistas acusados de las revueltas de la Semana Trágica. Intentando que no fueran ejecutados, y sin lograrlo; muy a su pesar. Aunque más a su pesar, un anarquista -como los de la Semana Trágica- fue el que años después le disparó un tiro en el oído (en noviembre de 1912, mientras este Presidente del Consejo miraba libros en un escaparate de la Puerta del Sol) .
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Mucho nos hace pensar que precisamente los anarquistas fueran quienes mataron a Canalejas, cuando este estadista solo cinco años antes había intentado salvar de la ejecución a varios ácratas -acusados por los hechos de Barcelona-. Pero aquello no fue por entonces extraño; porque cuando se produjo el asesinato de Canalejas, ya se habían impuesto las ideologías radicales en nuestro país (ideas donde nadie es bueno y todos somos culpables). Una moda nacida de los “ismos” de finales del XIX y de filosofías decimonónicas, como la de Nietzsche o la de Hegel (en las que el hombre superior, tiene derecho a imponerse sobre las razas inferiores). Originadas cuando los jóvenes europeos nacidos después de Napoleón; consideraron los estados de su tiempo (en su mayoría monarquías), como naciones cursis e idiotas. Idealizando la Revolución Francesa, las luchas y hasta los actos heróicos napoleónicos; al vivir en una Europa gobernada por cinco familias reales, que la mantenían como una balsa de aceite. Siguiendo por ello a filósofos como Hegel, cuyas ideas provienen de la nada intelectual y de una locura emocional; donde finalmente se proclama solo la superioridad de los germanos (puramente anticristianas y anti-mediterráneas). Principios que tomaron Nietzsche y Marx -desde el ideario de Hegel- para crear teorías basadas en la lucha y en el supremacismo de algunos, que deben imponerse sobre el resto -incluso aniquilarlos-.
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Algo que parece sucedió también en España; cuando nace la nueva generación venida al Mundo después de 1880, quienes consideraron “blandos”, “tontos” e “incultos” a los antecesores. Sus padres y abuelos, que habían decidido dejar de matarse, olvidar el pasado y Restaurar la Nación en 1874. Pasando desde entonces a educar con esmero a la juventud; lo que comienza a hacerse desde 1880, con sistemas nuevos de enseñanza, entre los que destacó la Institución Libre. Bajo la intención principal de crear una nueva generación, sana, sin prejuicios y que no cometiera los errores vividos. Logrando, incluso, que España no participase en la Primera Guerra Mundial (salvando a los nacidos entre 1875 y 1900, de una de las peores contiendas que jamás hubo). Pero esos jóvenes, en vez de agradecer a sus padres el cuidado, el bienestar que tuviero y la restauración social que sus progenitores lograron. Idealizaron la lucha y las contiendas; considerando la revolución o el enfrentamiento, casi como una religión. Creando nuevas ideologías basadas en la lucha (de izquierda o de derecha), surgiendo así “filósofos” e intelectuales, cuyo arte y pensamiento tuvo como única misión alentar a las masas a pelear. Toda esta sucesión de despropósitos, unida a los desprecios que sentían los jóvenes por la mentalidad decimonónica, que había mantenido a Europa en paz, después de Napoleón (incluso terminando con las guerras en España). Produjeron centenares de ideas y facciones, que seguían las ideologías de lucha o de revolución; lo que desembocó en la Guerra Civil Española y en la Segunda Guerra Mundial. Ello, gracias a una juventud (nacida a fines del XIX y comienzos del siglo XX), que idealizó las guerras y las pugnas; todo lo que sus padres -años antes- habían logrado evitar.
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Deseo destacar que cuanto he narrado en párrafos anteriores, lo expreso con verdadera preocupación, pues parece que también sucede con la gente joven de hoy; que vive enamorada del maximalismo y del rencor. Unos de extrema Izquierda y otros en la Derecha más rancia y radical; pero todos intentando volver al pasado, con el fin de polarizarse (en vez de progresar y olvidar cuanto de malo existió). Sin darse cuenta esos jóvenes radicalizados actualmente, que La Transición española fue un tremendo esfuerzo de reconciliación y de olvido. Un ejemplo de transformación social y política, que de despreciarse, puede llevar a nuevos enfrentamientos entre españoles (por ideologías maximalistas o de segregación nacional).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Al lado, cartel que hace algún tiempo vi en las calles de Segovia y que me llamó la atención por su congruencia. Pues el modo de protestas de los pacifistas -hace años- era absolutamente violento. Esos movimientos pacifistas parece que han cesado; principalmente desde que se eliminó el Servicio Militar Obligatorio. Todo lo que muestra más un interés personal que ideológico ... . Sea como fuere, no nos puede caber duda, que detrás de este tipo de ideologías (como las del desaparecido pacifismo), suelen estar Naciones o intereses, que tan solo desean desgastar a otras. 
Abajo, uno de los chistes que suelo subir a Facebook. En esta viñeta, pintada por mí en una calle de Cáceres; me pegunto si las feministas hicieron algo en su día, para que las mujeres hiciesen La Mili, o para fueran a la guerra -como los hombres-. Por cierto, de nuevo añado que mis dibujos no tienen la calidad de los del general-pintor; aunque sí heredé la enorme afición por ese arte, educándome junto a mi madre y mi hermano.
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VI-c) La Mili de nuevo, como solución a los incendios forestales y a la despoblación de los campos:
La mayoría de los que hicimos la Mili, pensamos que fue un tremendo error quitarla. Quizás tenían que haber cambiado su fórmula; obsoleta al existir centenares de miles de estudiantes en edad de cumplirla (que no debíamos servir, tan solo como soldados). Incluso, creo que en los años ochenta, debieron obligar ir el servicio militar también a las mujeres. Para no discriminar a nadie, porque todos fuéramos realmente iguales; y para que -además- se pudiera acortar el tiempo de cumplimiento. Pues el mayor de los problemas que presentaba el Servicio Militar, es que era muy largo y que te quitaba casi un año y medio, en plena juventud. Por lo demás, a mi juicio, se trataba de una etapa educativa, en la que primeramente aprendías que en la vida han de hacerse determinadas cosas, “por que sí”. Te gustasen o no; algo que finalmente te llevaba a reflexionar sobre lo que te perjudica, frente a lo que beneficia a todos. Un sentimiento común y social, que se despertaba por entonces y nos obligaba moralmente a hacer la Mili; tal como hoy se deben pagar bien los impuestos. Luego, en el ejército, comprendías otras muchas facetas vitales; entre las que estaba la de ser buen compañero, ayudar a los demás, ser igual a todos y no intentar ponerte por encima de nadie. Asimismo, en La Mili se entendía lo absurdo de la anarquía y por qué a veces hay que obedecer; un tema importantísimo para el mundo de la empresa y para el del funcionariado. Pero sobre todo, era un tiempo en que salías de casa de tus padres, apenas con veinte años; y en el que te tenías que “buscar la vida”. Logrando casi todos los que a hacíamos, ser muy felices durante ese año y medio; pese a estar sin nadie de tu entorno (fuera de la protección social y familiar). Por lo demás, sus destinos de servicio, normalmente muy lejos de la casa paterna; te obligaban a conocer Mundo, a codearte con personas de todas las regiones y a conocer España. Enseñando a los chicos a entender nuestra nación y a vivir durante más de un año en un lugar ajeno al suyo. Donde aprendías múltiples cosas y te hacías amigo de gente de muy distintos lugares, con todo tipo de origen o de profesiones.
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En lo que se refiere a mi caso: Yo llegué a La Mili con mi guitarra y como me tocó hacerla en Andalucía, gracias a ese año y medio en Córdoba y Sevilla, aprendí cuanto no estaba escrito en los libros sobre música y Flamenco. Pero además, a los amigos de esa época, los recuerdo como si fueran de la familia. También es verdad que nos desesperábamos por lo larga que se hacía; debido a ello, no hubiera estado nada mal que por entonces hubieran ido al Servicio Militar también las chicas, reduciendo unos meses nuestro cumplimiento. Sea como fuere, a mi juicio ha sido un enorme error quitarla; no solo por la injusticia que supone, que los de ahora no pasen por ello, mientras antes casi todos nosotros la hicimos. Pero principalmente, porque inculcaba ciertos valores a los jóvenes. Una serie de sensaciones, que cohesionaban la Nación; uniendo esta España, que tanta ayuda necesita hoy para mantenerse junta y no “pegada”... . Pues aunque todos protestábamos de las marchas, las maniobras, las guardias o de la instrucción (el Orden Cerrado). Al final, un chico de veinte años se hace un hombre responsable cuando se ve solo, durante la noche, en una garita, con un cetme o una zeta; debiendo cumplir un deber de guardia y centinela. Además, nadie hay más pacifista -de verdad- que aquel que está, o que ha pasado por La Mili. Pues cuando has vivido casi año y medio vestido de soldado y ves en las noticias una guerra, te identificas plenamente con lo que allí sucede... . No como los chicos de ahora, que pueden observar imágenes de un bombardeo, pensando que aquello nada tiene que ver con ellos (como el que lee un libro sobre La Peste, sabiendo que es una enfermedad que nunca volverá a existir).
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JUNTO Y BAJO ESTAS LÍNEAS: Dos fotos tomadas en el Museo del Ejército de Toledo, al que agradecemos nos permita divulgarlas. Al lado, rancho de los soldados en el siglo XVIII y XIX (principalmente contenía salazón de carnes y de pescado, garbanzos, pan, vino y agua). Diremos que según las Ordenanzas de Carlos III; aquellos ciudadanos que recibían a las tropas en sus casas (cuando se movilizaban, por guerra o maniobras); tan solo estaban obligados a dar a los soldados: Sal y vinagre (para las heridas), agua (para beber) asiento en la lumbre (para calentarse) y un lugar donde dormir. Así de dura era la vida por entonces. Algo que vemos en la foto de abajo, donde tenemos un botiquín del siglo XIX, tal como se expone en el Museo del Ejército. Observemos los enseres médicos para operar y comprenderemos qué distinta era la vida en tiempos de Angel Rodríguez Tejero.
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Finalmente, diremos acerca del antimilitarismo que prolifera en España; que es otro de los síntomas de enfermedad social (principalmente en la juventud de nuestro país). Pues el ejército español, desde hace más de medio siglo, tan solo ha participado en operaciones de paz o de ayuda humanitaria. Ya sea limpiando inundaciones, apagando incendios forestales o acudiendo a Bosnia y a Oriente Medio. Pero los chicos ven todavía algo oscuro en la milicia; lo que debe suceder porque no saben que “castrense” nada tiene que ver con lo que ellos entienden (habida cuenta la gran cultura de la que gozan). La frase anterior la escribo porque nuestra nación está cayendo en una catarsis pueril; en la que un chico está autorizado a decir o pensar de todo (sin estudiar nada) y además se llama joven alguien de cuarenta y tantos años -cuya única afición suele ser ir los viernes y sábados a la discoteca o los domingos al fútbol-. Un país invadido por la mentalidad del ñoños adolescentes y que se va volviendo cada día más hortera. Donde todos bailan a cualquier hora el chunda-chunda (sean jóvenes de cuarenta o semijóvenes de sesenta); y en el que casi nadie oye ya música bella, de calidad o folklórica (lo que ya solo sucede en Andalucía, donde conservan El Flamenco). Además, parece que las nuevas generaciones han perdido toda afición bonita; pasatiempos entre los que antaño destacaba el ajedrez y las cartas (para tardes de lluvia). Pero que en días claros, se convertía en montar a caballo, pasear por el campo, cazar o pescar. Deportes y aficiones preciosas, pero que la puerilidad nacional de hoy, considera casi pecaminosas (no digamos ya los toros...).
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Lo que antes comentábamos sobre las aficiones, podría comprenderse debido a que -en teoría- la juventud hoy vive muy preocupada por los animales (algo muy loable). Aunque no puedo comprender por qué tanto problema en cazar un pato y ni se inmutan por las consecuencias que tiene lo de “ponerse hasta arriba” en las fiestas, o no se preocupan por el consumo de ciertas “sustancias”. Así que se reúnen, sin temor alguno y desde edad nubil; para beber desmesuradamente en lo llaman “conciertos”, o para tomar allí todo tipo de “cosas”. Siendo otro tema aparte, lo que hoy en día se denomina “concierto”; que consiste en un espectáculo de luces sobre un escenario, donde se pincha música a decibelio de cañonazo. O bien, un garito donde se grita y se salta a ritmos tremendos; mientras los asistentes consumen todo lo que pueden... . Mientras justifican lo que fuman, se beben o tragan; diciendo que es necesario para disfrutar de la música... . Si a cuanto allí oyen se le puede llamar “música” y menos se le puede decir “disfrutar”, a drogarse (o a caer de coma etílico).
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Sea como fuere, nuestra España ha cambiado mucho y en algunos aspectos podemos decir que se ha degenerado. Me refiero sobre todo al mundo del arte, que en la música ya se ha convertido en un “chunda-chunda” continuo. Un “pumba-chunda-pumba” que la juventud baila noche tras noche, saltando como si perteneciese a una tribu de la Edad de Piedra. Una “música” de hoy, que ha acabado con todo lo bonito que tenían antaño los recitales de folk, los de pop y los conciertos de clásica. Pero como es lo que vende y gusta a los adolescentes, actualmente es lo que suena en todas las discotecas; tanto como en las fiestas patronales, de pueblos y ciudades. Así pues, parece que debemos imitar y tragar todo lo que gusta a estos niñitos del siglo XXI. Por lo que si extendemos el mismo criterio al mundo gastrónómico; debido a que los chuches, las patatas fritas y los refrescos con gas, son lo que más compran los chicos. Habríamos de considerar esa comida basura, la mejor gastronomía; desechando el buen vino, cambiándolo por los calimochos de tetrabrik; y prescindiendo del cordero o del chuletón, consumiendo a diario los aperitivos que venden en bolsas de plástico.
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¡Ay madre!... Qué época vivimos. Y mientras tanto; los pueblos cayéndose a cachos, sus calles despoblándose a diario y los campos ardiendo como teas. Sea donde fuere: En Soria, Teruel, El Pirineo, Castilla, Galicia, La Mancha, Andalucía o Extremadura. Todos ellos, llenos de lugares maravillosos, de edificios levantados con rocas o con adobe; de casas centenarias y de montes con una belleza inimaginable. Aunque a partir de ahora, lugares solos y despoblados, mientras los chicos jóvenes pasan sus días de descanso bailando el chunda-chunda y veraneando en el Caribe o en playas famosas. Considerando al campo como algo atrasado y dejando abandonada la “España Vacía”, que se deshace y desaparece como un terrón de arena caído en un charco. Porque ya apenas van los jóvenes a los pueblos; ni menos tienen interés por los caballos, las gallinas o por las ovejas. En parte, debido a los “mas listos” entre ellos, enseñan que comer carne es casi un pecado y la leche o los huevos, son un robo que el humano hace, abusando de los animales... . Eso, sin pensar que todas las razas autóctonas y especies de cerdos, ovejas, vacas, toros, caballos, burros, gallinas o patos; desaparecerán el día en que no se consuman productos de ganadería o en el que se deje de montar sobre equinos.
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Y yo me pregunto: ¿Qué será de los pueblos, cuando nadie coma carne, leche, queso, miel o huevos?. ¿Se vaciarán y luego arderán sus montes?... . No deberíamos consentirlo. Y a mi juicio, la mejor solución para evitarlo sería imponer una mili obligatoria, de seis o de nueve meses. Para que todos los jóvenes tuvieran que vivir durante ese tiempo en el medio rural (acampados, o directamente en los pueblos). Chicos y chicas; unos desbrozando los bosques y evitando incendios, otros en casas abandonadas, para mejorarlas y ayudar a los servicios de quienes allí viven -bien reconstruyendo hogares o bien rehabilitando monumentos (de los que cientos se caen a trozos)-. Así y solo así, volveremos a tener una juventud sana; que deje de hacer el bobo con el chunda-chunda y que pare de beber alcohol en las fiestas, como cosacos. Pero sobre todo, que comprenda que tomar drogas no es algo ni moderno, ni elegante; sino una forma de destruirse el cerebro y su futuro. Un futuro que en España está en los montes y en sus áreas vacías o despobladas; lugares que hoy desaparecen gradualmente. Pero que lograríamos rehabilitar si en ellos acampásemos a miles de jóvenes, destinados en una nueva Mili (un servicio forestal o rural).
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BAJO ESTAS LÍNEAS: Otra foto mía en el CIR de Cerro Muriano, al comienzo de mi Servicio Militar (en septiembre de 1982). En ella, estoy junto a mis amigos de instrucción. Aparezco a nuestra derecha y con el cetme en la rodilla. En el lado opuesto, a la izquierda, un famoso guitarrista flamenco con el que compartí parte de la Mili.
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CITAS:
(1): RECOMENDAMOS VER, ENTRE OTROS:
TARTESSOS Y LO INVISIBLE EN EL ARTE:
Arte, simbología y humanismo
De Cnossos a Tartessos (matemática, filosofía y sacerdocio, en la Antigüedad)
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(2): Enraiza2 // REVISTA DE DIVULGACIÓN E INVESTIGACIÓN, Número 20 año II; noviembre 2017
Pags 21 y ss. "Alfonso Rodríguez. Un santo en la memoria del un pueblo" IV Centenario de su muerte // por Jesús Fuentetaja
(SIC) “DECRETO: LA CANONIZACIÓN DEL BEATO ALFONSO RODRÍGUEZ, CONFESOR, COADJUTOR MIEMBRO DE LA ORDEN DE JESÚS.
A la pregunta: Sobre la prueba existente de dos milagros, después de la veneración concedida a este Beato por la Sede Apostólica, ¿se puede proceder con seguridad a su solemne Canonización?
Sobre el humilde beato Alfonso Rodríguez, alumno de la Compañía de Jesús a la manera de los laicos se puede decir por su mérito: “(Dios) lo hizo semejante a la gloria de los santos”. Llevado (propuesto) durante mucho tiempo por el Sumo Pontífice León XII sa. me. al culto de los beatos, hoy se acerca al mismo nivel con los máximos honores en la iglesia al beato Pedro Claver, que, siendo joven, se prepara para la santidad desde hace tiempo, e iluminado por la luz divina, se preparó para el apostolado, y también con el beato de su edad Juan Berchmans, al cual se asemeja por la sencillez de su carácter y fue semejante por su afecto filial a la Virgen, madre de Dios, concebida sin pecado original.
Después de concedida la veneración, afectado él por los nuevos milagros producidos, de los cuales dos han sido probados conforme al rito y costumbre religiosa hace poquísimo en el decreto apostólico dado en la solemne fiesta de Todos los Santos, en la siguiente Congregación General de Ritos Sagrados en el XVII Kalendas de Diciembre (14 de noviembre), celebrada en el año en curso en las sedes Vaticanas, en presencia de Nuestro Santísimo Señor Papa León XIII, el Reverendísimo Cardenal Carolus Laurenzi, Relator de esta causa, planteó la pregunta: Sobre la prueba existente de dos milagros después de la veneración concedida a este beato por la sede apostólica, ¿se puede proceder con seguridad a su solemne canonización?. + En efecto el Santísimo Padre, recibido el unánime sufragio de los Reverendísimos Cardenales y de los Padres Consultores a favor de la Canonización, propuso dar la sentencia suprema, habiendo solicitado para este tema la opinión del divino consejo.
Finalmente, como hubiese propuesto la resolución de este ilustre proceso para este primer domingo del sagrado Adviento, presentada la Hostia antes de ser ofrecida junto a estas sedes pontificales en el Aula más noble, sentándose en el solio llamó a los Reverendísimos Cardenales Angelo Bianchi, prefecto de los ritos de la Sagrada Congregación y al relator Carolo Laurenzi con el reverendo padre Augustino Caprara, promotor de la Santa Fe y suscribiendo yo (firmando yo abajo) como secretario y, estando ellos presentes, decretó : “puede procederse con seguridad a la Canonización del beato Alfonso Rodríguez”. Hágase un decreto de este juicio, recójase en el acta de la Sagrada Congregación de Rituales y ordenó que se expidiesen cartas apostólicas, selladas con plomo, informando sobre la Canonización que se había desarrollado de esa forma. V Kalendas de Diciembre (26 de noviembre) de 1887. A. Prefecto Cardenal Bianchi S. R. C. (Congregación de los Sagrados Ritos) Secretario Laurentius Salvati S.R.C. (Congregación de los Sagrados Ritos) L. + S”
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(3): Aunque hemos relatado el asesinato de Prim, con una nota de humor, al ser uno de los acontecimientos más “chuscos” de nuestra Historia -tan solo comparable con acciones como la de Vellido Dolfos o Bertrand Duguesclin-. El hecho que descubrió Paco Abellán era terrible; demostrando que no había muerto en el atentado, ni siquiera en su casa debido a los tiros recibidos en la calle del Turco. Sino que alguna visita le habría estrangulado esa misma tarde y con un cinturón de cuero (por la fuerza que se observaba en el cuello). Desde aquí nuestro recuerdo a este insigne investigador llamado Francisco Abellán, tan bueno como gran persona; que falleció las Navidades pasadas (diciembre de 2018).
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(4): Este dato sobre la vida de Juan Rodríguez, está también obtenido desde la biografía de Angel Rodríguez Tejero que redactó su tataranieto Javier Sanjuan Rodríguez. Quien aporta los siguientes fechas y habla de ese modo sobre el único hijo del General Rodríguez Tejero:
Juan Rodríguez Gómez, hermano menor de Carloina y Ma. Consolación.
-Nace en Madrid en 1869 y muere en Cien Pozuelos en 1928.
-Se casó con Cándida Orio-Zabala y Gragera en 1921, sin conocerse descendencia.
-Ingresó en 1887 en el cuerpo de caballería
-En 1893 era segundo teniente de Dragones, en la Lusitania XII
-De 1895 a 1899, primer teniente de dragones de Lusitania XII
-De 1901 a 1905 Primer Teniente de Cazadores de Lusitania XII
-De 1906 a 1910 Primer Capitán de Cazadores en Talavera XV y Lusitania XII
-De 1916 a 1921 Comandante en el regimiento Cazadores de Villarrobledo XXIII
-De 1921 a 1926 Teniente Coronel destinado en el ministerio de la guerra. Puesto 19º, en grado de escalafón
-En 1927 Teniente coronel excedente (por enfermedad, imaginamos)
-En 1928 coronel, falleciendo en el hospital de Ciempozuelos en octubre de este año.
-Dejó viuda a Cándida Orio-Zabala Gragera, siete años después de celebrar matrimonio y no se les conoce descendencia.
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(5): Palabras tomadas de mi artículo:
DE LOS NACIDOS EN TIERRAS DEL FIN DEL MUNDO; ENTRADA DEL EREBO (parte segunda).
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